jueves, 16 de enero de 2014

Shirley Jackson: Siempre hemos vivido en el castillo

Título original: We have always lived in the castle
 Idioma original: inglés
 Fecha de publicación: 1942
 Valoración: Muy recomendable

 Hacía tiempo que no disfrutaba tanto con la lectura de un libro. Tanto, que a medida que se acercaba el final, intentaba rebajar el ritmo de lectura para degustar con más cuidado la historia, pero como Siempre hemos vivido en el castillo no es un libro muy largo, la técnica me sirvió de bien poco: en dos tardes me lo leí. Y qué pena me dio que el placer durara tan poco…

 Yo sabía de Shirley Jackson gracias a algún que otro artículo o apunte en prensa, y bueno, también sabía que era la escritora de un escalofriante relato llamado La lotería que cuenta cómo cada año, en un idílico pueblo, eligen por sorteo a una persona que deberá ser apedreada hasta la muerte por el resto de los habitantes. Para desahogarse un poco y esas cosas…

 No hace demasiado que leí La lotería, pero ya conocía la historia por dos telefilmes que vi hace unos cuantos años y en los que aprovecharon la aterradora premisa para tejer tramas más complejas. Muy recomendable también este cuento.

Pero vayamos a Lady Shirley y su fortaleza…

 Shirley Jackson, nacida en San Francisco en 1916, fue una atípica escritora centrada, casi siempre, en el suspense y en el terror psicológico (también escribió libros para niños, entre otras cosas). Madre de cuatro hijos y esposa de un intelectual judío, murió antes de los cincuenta debido a un cúmulo de achaques probablemente originados por su obesidad y su adicción al alcohol y a toda clase de fármacos (los trastornos mentales también hicieron mella en ella). Pasó por la universidad pero la vida doméstica se llevó buena parte de su energía, y empezó a publicar libros a los treinta y pocos. Venerada por autores como Joyce Carol Oates (que hace un magnífico postfacio a este libro) o el maestro Stephen King (que ha reconocido la influencia de Jackson en su obra), se dice que en sus libros, Jackson destripa mediante alegorías o insinuaciones bastante directas la hipocresía y la inhumanidad pasiva de comunidades humanas aparentemente civilizadas, inspirándose en lo mal que sus educados vecinos de Nueva Inglaterra se lo hicieron pasar a ella y a su esposo, por ser éste hebreo.

 Siempre hemos vivido en el castillo cuenta la historia de las dos hermanas Blackwood, Merricat, adolescente de dieciocho años y la narradora del libro, y Constance, una bella y maternal veinteañera, que viven aisladas del mundo en su magnífica aunque algo anticuada mansión. Tan sólo están acompañadas por su gato Jonas y por el tío Julian, un anciano que está en silla de ruedas y al que se le va mucho la cabeza, pero no tanto como para olvidar que él es el único superviviente, aparte de las hermanas y el gato, de un envenenamiento masivo que seis años atrás se llevó al resto de los Blackwood: padre, madre, hermano y tíos. Crimen del que Constance fue acusada y absuelta, pero que enseguida comenzamos a sospechar que es achacable a otra persona…

No quiero dar demasiados detalles sobre la trama porque me gustaría que el lector de esta reseña se hiciera con el libro lo antes posible y degustara sin demasiadas pistas ni explicaciones su impagable savia. Creo que destripar y analizar la novela desde aquí, restaría encanto a la gran experiencia que constituye su lectura. Porque en Siempre hemos vivido en el castillo no se explica, se insinúa, una tremenda historia, al contrario de lo que sucede en los mamotretos superventas que tanto gustan en estos días, donde se describen a conciencia individuos de manual y situaciones folletinescas y predecibles. Pero no me resisto a afirmar que las personalidades de las Blackwood son dignas de un hondo análisis psiquiátrico (son dos agorafóbicas de manual, siendo Merricat una chiquilla maquiavélica y obsesiva, y Constance una trágica princesa entregada y contagiada de la locura de su hermana, a la que cocina y cuida como si fuera su única misión en la vida); que la irrupción en la casa de las Blackwood de cierto personaje masculino es una prueba de fuego para esa insana relación, y que la descripción de las personalidades y conductas de los envidiosos vecinos de las chicas es una magnífica continuación del pueblo de miserables civilizados de La lotería.

Leedlo y luego hablamos…

5 comentarios:

Santi dijo...

Qué buena pinta tiene, creo que me lo voy a comprar ya mismo...

Gabriela Lago dijo...

Gracias por la reseña. Me lo apunto para mi próxima visita a la librería. Gracias. Gaby

Ana Blasfuemia dijo...

Pues nada, habrá que comprarlo, leerlo y volver a comentarlo.

Gracias y un saludo!

La lectora dijo...

Delicado y maravilloso, un tesoro pequeño en el que la belleza y el dolor comparten páginas. Qué especial es este libro. Qué historia al tiempo aterradora, tierna y luminosa. Estoy enamorada para siempre de Merricat.

Yemila dijo...

¡Gracias por los comentarios! La verdad es que es una obra que da para hablar mucho...