lunes, 27 de enero de 2014

Dino Buzzati: El desierto de los tártaros

Idioma original: italiano
Título original: Il deserto dei Tartari
Año de publicación: 1940
Valoración: Imprescindible

Cómo empezar la reseña de un libro como este. Diré cómo llegué a él. (Me acuerdo ahora, aunque no viene a cuento, del verso de Cernuda: "Diré cómo nacisteis, placeres prohibidos").

Diré cómo llegué a él: llegué a él gracias a una compañera de la Facultad, que en una asignatura de Teoría de la Literatura (creo) dedicó unas sesiones a la idea del Otro, el "bárbaro", lo desconocido; y habló de "Esperando a los bárbaros" (el poema de Kavafis), de Esperando a los bárbaros, la novela de Coetzee, y, sí, de El desierto de los tártaros, de Dino Buzzati, que es de hecho la inspiración para la novela del Nobel sudafricano. (Tiene mérito, dicho sea de paso, tomar un libro "Imprescindible" como inspiración, y escribir a partir de él otro libro "Imprescindible", pero tan diferente).

Los tres textos (el poema y las dos novelas) comparten, sí, la idea de lo Otro, el invasor, el bárbaro (el tártaro), que viene de fuera a invadir y a destruir lo nuestro, lo de dentro, el orden, la cordura. (O mejor, que con la simple amenaza de su posible existencia es capaz de introducir, en el orden, el caos; en la cordura, la locura, etc. O de mostrar, a lo mejor, que el caos y la locura siempre existieron dentro de nosotros).

El protagonista de El desierto de los tártaros es Giovanni Drogo, un joven teniente de un país desconocido que es destinado a la Fortaleza Bastiani, un bastión aislado y casi ruinoso en la frontera septentrional del país. "Te puedes ir cuando quieras", le dicen"; "te puedes ir ya, o dentro de cuatro meses, o dentro de cuatro años, cuando quieras". Y pasa el tiempo y Giovanni Drogo sigue, por un motivo por otro, en la Fortaleza Bastiani, esperando a los tártaros (esperando a los bárbaros), que si no han atacado hoy a lo mejor atacarán mañana. Y en esa espera, en el interminable aplazamiento de la libertad o la realización, se consume la vida del protagonista, y la novela (que no decae, esto hay que decirlo, hasta la última línea).

Se ha usado mucho el adjetivo "kafkiano" para describir esta novela: comparte, sí, algo del ambiente opresivo y del tono alegórico de algunas de las novelas de Kafka; también cabe relacionarla con otras obras que representan lo absurdo de la vida castrense (como Trampa 22 o Las aventuras del soldado Svejk) con sus reglas implacables, sus jerarquías idiotas o deshumanizadas y su eliminación de la voluntad y la identidad individuales. (El episodio del soldado Lazzari y el caballo perdido es ejemplar en este sentido). Cabe decir, también, aunque a los efectos de la lectura no tenga mayor importancia, que la novela pudo tener una inspiración inmediata en la vida del escritor, que durante la Segunda Guerra Mundial fue destinado a Addis Abeba como enviado especial del Corriere della Sera.

El desierto de los tártaros funciona, por lo tanto, como novela alegórica, pero también como otras cosas. A diferencia de los protagonistas de Kafka, por ejemplo, Giovanni Drogo es un hombre con voluntad, que escoge -claro que influido exteriormente, quizás hasta engañado- su destino, y termina por asumirlo como propio, contagiado de la fantasía épica enfermiza de la Fortaleza; así, cuando vuelve a la ciudad durante un permiso, la encuentra extraña, ajena, inhabitable. A diferencia del agrimensor K. o de Yossarian, Drogo termina por identificarse con ese poder opresivo que, con más o menos fuerza, lo retiene en la Fortaleza.

¿Cómo terminar una reseña de una novela como esta? Simplemente así: un clásico, un gran clásico. Leedlo.

(Me acuerdo ahora del verso de Aleixandre: "Se querían, sabedlo").

7 comentarios:

David Villar Cembellín dijo...

Magnífico libro, para mí también un "imprescindible" como la copa de un pino.
Y magnífica también la alusión a "Esperando a los bárbaros" de Cavafis —imposible no pensar en ese poema al leer esta novela, y viceversa—, si bien el poema que más creo capta la esencia de esta novela inmortal es este otro: "Espera", de Oliverio Girondo.

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ESPERA

Esperaba,
esperaba
y todavía
y siempre
esperando,
esperando
con todas las arterias,
con el sacro,
el cansancio,
la esperanza,
la médula;
distendido,
exaltado,
apurando la espera,
por vocación,
por vicio,
sin desmayo,
ni tregua.

¿Para qué extenuarme en alumbrar recuerdos
que son pura ceniza?
Por muy lejos que mire:
la espera ya es conmigo,
y yo estoy con la espera...
escuchando sus ecos,
asomado al paisaje de sus falsas ventanas,
descendiendo sus huecas escaleras de herrumbre,
ante sus chimeneas,
sus muros desolados,
sus rítmicas goteras,
esperando,
esperando,
entregado a esa espera
interminable,
absurda,
voraz,
desesperada.

Sólo yo...
¡Sí!
Yo sólo
sé hasta dónde he esperado,
qué ráfagas de espera arrasaron mis nervios;
con qué ardor,
y qué fiebre
esperé
esperaba,
cada vez con más ansias
de esperar y de espera.

¡Ah! el hartazgo y el hambre de seguir esperando,
de no apartar un gesto de esa espera insaciable,
de vivirla en mis venas,
y respirar en ella la realidad,
el sueño,
el olvido,
el recuerdo;
sin importarme nada,
no saber qué esperaba:
¡siempre haberlo ignorado!;
cada vez más resuelto a prolongar la espera,
y a esperar,
y esperar,
y seguir esperando
con tal de no acercarme
a la aridez inerte,
a la desesperanza
de no esperar ya nada;
de no poder, siquiera,
continuar esperando.


- Oliverio Girondo -

Juan dijo...

"El desierto de los tártaros" es una novela maravillosa. Y una metáfora casi perfecta de lo que puede ser la existencia humana.
Muy buena reseña.

Gonzalo dijo...

No he leido el libro todavia, pero lo he conocido a través de Nassim Taleb y su libro "Cisne negro" donde habla de este libro como ejemplo de cisne negro. Drogo esta siempre a la espera de ese suceso improbable y raro como es un ataque de los tartaros hasta que al final ocurre pero el se lo pierde.

Anónimo dijo...

Cómo llegó a mi esta magnífica obra? El Desierto de los Tártaros llegó a mis manos como llegan muchas cosas en la vida.... Una casualidad.
Hace aproximadamente 10 años, en una Feria Internacional del Libro, en República Dominicana; fui a un librero que vendía solo libros usados, y le pedí que me recomendara una obra que él entendiera que fuera imprescindible conocer. El Señor buscó entre sus viejos títulos y me dijo: para mi este es un libro para un buen lector.
....... Y tenía razón, cuando tomé en mis manos aquel libro de páginas tostadas y amarillentas, ya casi no pude detener la lectura hasta que lo concluí.
Aunque la rutina de la legión de soldados día a día es casi predecible, el desenlace se hace esperar a lo largo de la obra, y lleva al lector a una vigilia constante, integrándose como soldado en posición de alerta desde la montaña.
La recomiendo.

T.S.S. dijo...

Saludos,

Alguien podría indicarme cuantas páginas tiene la novela? Tengo un libro de Buzzatti que contiene El desierto de los tártaros, pero no estoy de que la novela este completa. Gracias

Santi dijo...

La novela tiene unas 250 páginas, aunque claro, depende del tamaño de la letra, del formato del libro, etc.

Anónimo dijo...

No comparto más que levemente lo comentado. He leído el libro entero (270 págs.) y me ha resultado agobiante y no termino de entender la metáfora de la vida de Dino Buzzati, a través del protagonista, un hombre indeciso que se pasa la vida esperando ¿Qué? ¿la nada? Desde luego no comparto ese nihilismo vital.
En cambio puedo entender en cambio que una generación de europeos que vivió las dos guerras mundiales tal vez tenga motivos para ello. Sin negarle su valor literario que lo tiene, no me parece una obra maestra y no recomendaría su lectura, y me equivoqué al elegirla.
En cambio brujuleando por Internet veo mucho más interesante la vida de Dino Buzzati, un hombre seguramente superior a su obra de artista polifacético.
En cuanto a la fantasía de la novela la veo más como una pesadilla que como otra cosa y por tanto sumamente irreal.