lunes, 6 de enero de 2014

John Brunner: Todos sobre Zanzíbar

Idioma original: inglés
Título original: Stand on Zanzibar
Año de publicación: 1968
Valoración: está bien

De John Brunner, uno de los autores referentes de la New Wave de la ciencia-ficción británica, reseñamos ya hace un tiempo El rebaño ciego, una novela apocalíptica con un trasfondo ecologista. Las similitudes entre esta novela y Todos sobre Zanzíbar son bastante evidentes: novela coral, técnica fragmentaria, preocupaciones socio-políticas que caracterizan de hecho a casi toda la New Wave... Pero si El rebaño ciego es una novela sobre la destrucción de la naturaleza a manos de las grandes corporaciones, Todos sobre Zanzíbar trata sobre todo de las consecuencias geopolíticas, filosóficas y sociales de la proliferación tecnológica y del capitalismo extremo en el año (futuro) de 2010.

Es difícil resumir el argumento de una novela tan compleja como Todos sobre Zanzíbar. Hay, fundamentalmente, dos personajes principales, asociados con dos líneas argumentales lejanamente interrelacionadas: Donald Hogan, un inteligente estudiante que ha sido "captado" como espía por la Inteligencia estadounidense; y Norman House, un ambicioso ejecutivo de General Technics, una empresa tan poderosa que se a veces es indistinguible del propio Estado. El primero será enviado a Yatakang (un ficticio país del Sureste de Asia) para investigar un supuesto avance revolucionario en el campo de la eugenesia; el segundo, a Beninia, un país del África subsahariana que puede convertirse en una pieza clave de las relaciones políticas y económicas internacionales.

Pero tan importantes como estas dos tramas, que ocupan los capítulos titulados "Continuidad", son los fragmentos dedicados a crear un mundo (distópico) alrededor de ellas: se trata de los capítulos titulados "Viendo primeros planos", "Las cosas que pasan" o "Contexto". Los primeros son viñetas individuales de personajes secundarios, algunos de los cuales no vuelven a aparecer en la novela: pequeños relatos o microrrelatos de hechos simbólicos o significativos del estado del mundo. "Cosas que pasan" son recopilaciones de noticias breves, eslóganes, panfletos, todo tipo de textos sobre la actualidad (del mundo de ficción, claro). Los capítulos titulados "Contexto" ofrecen fragmentos y reflexiones extraídas en su mayor parte de los libros del ficticio escritor Chad Mulligan (no muy distinto de Slavoj Zizek, aunque Zizek era todavía un chaval cuando se escribió la novela).

Aunque Brunner es, por cronología y por inquietudes, un escritor de la "Nueva Ola" de la ciencia-ficción, sus obras anteceden también, en cierto modo, a las novelas del cyberpunk creado por William Gibson, sobre todo en su concepción del mundo distópico: ciudades cubiertas por cúpulas, brutales desigualdades sociales, cuerpos modificados por la ingeniería o la genética, poderosas empresas multinacionales que controlan la política y la economía global... En la novela de Brunner no faltan tampoco las preocupaciones por el control de la información y la manipulación de la opinión pública, con resonancias de los métodos del Gran Hermano en 1984.

No cabe duda de la maestría técnica y narrativa de Brunner, que en esta novela, como en El rebaño ciego, consigue no solo sostener en el aire varias tramas y conjuntos de personajes simultáneamente, sino también construir todo un mundo narrativo y ficcional cargado de significación y de advertencias sobre nuestro futuro. El mayor problema que tiene la novela, sin embargo, es su (en mi opinión) excesiva extensión y la larga espera hasta que las dos tramas principales entran en juego. La novela tiene casi setecientas páginas, pero hasta la página trescientos, aproximadamente, uno no tiene muy claro de qué va. Y esto puede ser excesivo; yo mismo, si no existiera ULAD y me sintiera obligado a terminarla para escribir esta reseña, no sé si habría seguido leyendo hasta el final...

Todos sobre Zanzíbar es una novela compleja, ambiciosa, visionaria, abrumadora. Pero corre el peligro de perder algunos de sus lectores a medio camino, y es una pena, porque el final consigue cerrar los hilos que las seiscientas páginas anteriores habían dejado abiertos.

También de John Brunner en ULAD: El rebaño ciego