martes, 23 de mayo de 2017

Dragan Velikic: Bonavia

Título original: Bonavia
Idioma original: Serbio
Traducción: Luisa Fernanda Garrido y Tihomir Pistelek
Año de publicación: 2012
Valoración: Bastante recomendable

En 1914 comenzó la Primera Guerra Mundial, que supuso la descomposición del Imperio Austro-Húngaro y el final de un orden social o de un sistema de valores que había prevalecido sobre el resto durante décadas. Cronistas de estos cambios y de los efectos los mismos sobre las personas fueron una serie de grandísimos escritores centroeuropeos como Stefan Zweig, Robert Musil o Hermann Broch.

73 años después de la finalización de la Gran Guerra comenzaron lo que podríamos llamar las "Guerras Balcánicas". Bosnios, croatas, serbios, serbobosnios, kosovares, serbocroatas, etc volvieron a enfrascarse, con la inestimable colaboración del resto del mundo, en una serie de guerras fratricidas que tuvieron como consecuencia principal la desintegración de Yugoslavia y de orden político y social imperante desde 1945, aproximadamente.

Dragan Velikic podría ser, al igual que lo fueron Zweig, Musil o Roth, cronista de este ambiente fin de siècle estilo Tito / Milosevic. Al igual que estos, Velikic no se centra el los acontecimientos bélicos, estos aparecen únicamente de forma tangencial, sino que se centra en sus efectos sobre las vidas humanas.

Las páginas de este libro están pobladas de seres desorientados, de hombres y mujeres "sin atributos", de personas que tratan de sobrevivir y que se agarran, como un náufrago a una tabla, a una relación, a un amor acabado hace décadas, a un futuro al otro lado del océano o a un pasado del que no resulta fácil escapar.

Belgrado, Budapest, Viena, Estados Unidos. La extinta Yugoslavia desmoronada, el Imperio Austro-Húngaro desmembrado hace cien años, sus rescoldos. Escenarios, telones de fondo por el que pasan los principales personajes del libro (Miljan, Marko, Marija y Kristina) y sus existencias, con lazos que se unen y se deshacen, destinos heredados y destinos repetidos, en una sucesión de encuentros y desencuentros, de pasados, presentes y futuros que forman lo que normalmente llamamos vida.

Evidentemente, Velikic no es Zweig ni, probablemente, pretenda serlo. Pero este libro puede ser leído, igual que los del vienés, como el testimonio de un tiempo y de un orden que ya no volverán y de cómo ese tiempo, ese orden y su desaparición nos afectan. 

Un libro que, pese a un comienzo un tanto extraño (por la forma de escribir de Velikic y por la sensación de que las piezas no encajan del todo), acaba enganchando, acaba llegando al lector. El puzzle cobra sentido, si es que la vida lo tiene, y uno termina con ganas de más. Quizá en el próximo libro de Velikic.

lunes, 22 de mayo de 2017

Pío Baroja: Fantasías vascas

Idioma original: español
Valoración: Recomendable


Habrá observado el avezado lector que me he comido la información sobre el año de publicación del libro, que siempre se suele incluir en la cabecera de nuestras entradas. De entrada digo que el motivo es, sencillamente, que no tengo ni idea de la fecha. Aunque uno es bastante vaguete para hacer indagaciones en internet, esta vez me he esmerado en buscar cuándo se publicó originariamente ‘Fantasías vascas’, sin resultado. De manera que, aun arriesgándome a meter la pata, me tiraré a la piscina: yo creo que el libro está constituido por relatos y escritos dispersos que Baroja fue elaborando a lo largo de los años –seguramente, entre 1.900 y 1.910- y que alguien reunió en un volumen, puede que allá por los años 40 ó 50 del siglo pasado, que son las fechas de las ediciones más antiguas que he encontrado.

La osadía (bastante infrecuente en mi) se basa, además de la comentada ausencia de otros datos, en la dispersión y escasa coherencia de la colección. ‘Fantasías vascas’ es un compendio de diecisiete relatos, entre los que dos de ellos ocupan más de la mitad del volumen, en tanto que otros varios apenas se extienden por dos o tres páginas. Como su título indica, su común denominador es que todas ellas se sitúan en el escenario vasco, diríamos genuinamente vasco.

Las diez primeras narraciones son poco más que estampas visuales de ese entorno tópico del País Vasco rural: escenas de mar embravecido, brumas sobre las casas en que se intuye el calor del hogar, aldeanos silenciosos, caseríos montaraces. Una galería de paisajes en la que los escasos personajes son poco más que parte del escenario, en el que se funden como un elemento más. Parece un mero ejercicio de estilo, pequeños bocetos en los que, no obstante, vemos con claridad algunos de los motivos que Baroja utilizará en varias de  sus trilogías posteriores.

El primero de los relatos de mayor envergadura es ‘La infancia de Silvestre Paradox’. Más que un arranque de las famosas aventuras de este personaje, da la impresión de ser una precuela (dios mío, el palabro más abominable que se ha inventado) escrita tal vez después, o al margen de la historia principal. Sea como fuere, vemos aquí a ese Baroja genuino a la hora de dibujar personajes de acción, en este caso un mozalbete, que huyen del desarraigo a base de peripecias, pillería y algo de temeridad. Aquí está el Baroja de la frase corta y el relato vertiginoso que encontramos en sus libros de aventuras.

‘La dama de Urtubi’ es, desde mi punto de vista, la estrella de la compilación. Es en principio una historia de amores, protagonizada por una señorita de la nobleza y situada en el siglo XVII o XVIII en esa mágica zona montañosa entre el norte de Navarra y el País vasco-francés (muy cerca de Bera de Bidasoa, donde don Pío tuvo su casa familiar). Sin embargo, tras su apacible inicio el relato da un giro brusco y sorprendente para meterse de lleno en el mundo de los akelarres que tenía su epicentro en la conocida cueva de Zugarramurdi. Casi se pierde de vista el origen de la historia, ésta adquiere la aceleración barojiana habitual, y desemboca en una descripción, vigorosa y brillante, de los ritos y el desenfreno a que se entregan brujas, nobles, curas y aldeanos en la mágica caverna. Aunque el argumento es sumamente simple, me parece una narración espléndidamente construida, sin un altibajo. Para que luego se diga de las deficiencias técnicas de Baroja.

Los últimos relatos vuelven a la brevedad aunque son muy diferentes de los primeros. Si en aquéllos se dibujaban paisajes, ahora son más bien retratos que se articulan en torno a un personaje, diferentes pero con rasgos comunes: de nuevo el desarraigo, huida de la vida acomodada, búsqueda de la acción. Personajes que se identifican con el omnipresente arquetipo vasco pero que, no obstante, tampoco ocultan una emotividad bastante singular: unos más ruidosos que otros, pero todos mantienen, medio ocultos, rasgos de humanidad, como de tipos siempre disconformes, que van buscando algo que no saben lo que es.

Aparte de ‘La dama de Urtubi’, tampoco puedo dejar de destacar otras dos narraciones muy breves: ‘La venta’, poética descripción de la llegada del viajero a la posada, donde encuentra descanso y calor, y la que cierra el libro, ‘El viejo y su canción’, apenas dos páginas para una alegoría, potente y escueta, del personaje que no encuentra su lugar entre la gente, ni alcanza a comunicarse. Aunque no lo dice expresamente, ese viejo anónimo parece buscar la ataraxia también anhelada en 'El árbol de la ciencia'. Empieza así:

‘Yo soy un hombre que ha salido de su casa por el camino, sin objeto, sin saber por qué, con la chaqueta al hombro, al amanecer…’

El resto, como los demás relatos de este encantador librito, recomiendo que lo lean ustedes mismos. Lo disfrutarán moderadamente.

Otras obras de Pío Baroja en ULAD: El árbol de la ciencia

domingo, 21 de mayo de 2017

Álvaro Colomer: Los bosques de Upsala


Idioma original: español
Año de publicación: 2009
Valoración: recomendable

Es bueno comprobar que los autores, sobre todo, decid que son manías propias, los de ficción, tienen capacidad para el cambio de registro. Ello no debe sonar peyorativo. La creación de universos propios no debería estar reñida con la posibilidad de probar con distintos ámbitos, de salirse de los esquemas. No es que algún autor favorito personal (Houellebecq) sea un ejemplo de ello. Pero gusta ver a un escritor intentando, con éxito, adoptar distintos tonos.
Leo Los bosques de Upsala como consecuencia del deslumbramiento (pasadas unas semanas, dista mucho de ser un fogonazo) ante la muy brillante Aunque caminen por el valle de la muerte. Y no tiene nada que ver. Para empezar en una se sitúa en un primer plano la faceta periodística y esta que hoy comento es una novela más pura de ficción: casi un thriller psicológico que no desentonaría en la obra de Lemaitre, aunque uno pueda hallar aquí rastros de Kafka o de Bernhard, o de Sábato. Palabras mayores, lo sé, pero quien se adentre en esta novela no podrá desmentirme esas influencias. 
La historia empieza cuando Julio, entomólogo dedicado a localizar un primer ejemplar de mosquito tigre en la geografía nacional, llega a casa y se encuentra ante un escenario que lleva tiempo temiendo afrontar: Elena, su mujer, víctima de la depresión, ha desaparecido. Justo el día en que se cumple su quinto aniversario de boda. Julio se teme lo peor, y una de sus primeras sospechas es que se ha suicidado, idea que sabe que anda por su cabeza hace tiempo. Julio descubre que no ha sido así, pero el hecho desencadena la búsqueda de los motivos que empujan a su mujer hacia esa situación, momento en que la novela toma un viraje al uso de cierto tipo de thriller psicológico. Colomer nos conduce, estilo sobrio al que empuja el uso constante de la primera persona con algunos -pocos- diálogos intercalados, en un monólogo interior que progresivamente nos sume en dudas. Julio arrastra sus propios traumas, uno de ellos contundente cuando, siendo un niño, presenció el suicidio de una vecina, un hecho aparentemente accidental que ha arrastrado toda su vida y que parece haber condicionado su personalidad. Y esa investigación, esa duda que le turba en lo concerniente a lo que anida en la cabeza de su mujer, empieza a mostrar sombras.
Los bosques de Upsala juega, como novela, con esa imagen del individuo que aplica su prisma subjetivo a interpretar una situación, como una cámara que empieza a desplazarse respecto a un plano fijo. Con las debidas distancias, Kafka o el Sábato de El túnel parecen asomar como influencias y, con un desarrollo digno y correcto, es una novela interesante aunque quien quiera ver los esbozos o la incipiente genialidad que Colomer ha demostrado en Aunque caminen por el valle de la muerte va a encontrarse con algo diferente.

sábado, 20 de mayo de 2017

Marguerite Duras: Las diez y media de una noche de verano

Idioma original: francés
Título original: Dix heures et demie du soir en été
Año de publicación: 1960
Valoración: Está bien



Una novela que leeremos en un par de horas y nos parecerán bien aprovechadas si no tenemos prisa por averiguar qué nos están contando. No solo se aterriza muy despacio en la trama, es que esta parece moverse en círculos en vez de avanzar hacia un desenlace. 
Más que novela, Las diez y media de una noche de verano, por su extensión y pautas narrativas, podría considerarse un relato largo al gusto del llamado nouveau roman, un movimiento que constituyó una novedad por entonces al eliminar muchos recursos de la novela clásica en aras de una objetividad transmitida a base de sensaciones para evitar la interpretación personal del narrador. A pesar del título, la acción transcurre a lo largo de veinticuatro horas y supone un vuelco en la vida de cinco personas. Aquí la imagen es la protagonista: cada retazo de paisaje, oscilación climatológica, gesto, actitud y sensaciones de los personajes son descritos minuciosamente. Hasta los diálogos, aunque significativos, parecen anecdóticos y fuera de contexto. El relato progresa, sin que apenas nos demos cuenta, a un ritmo exageradamente lento, de la forma menos explícita posible. La autora consigue con ello, por una parte, un marcado clima poético que de alguna forma equilibra la crudeza de ciertas escenas, por otra, nos convence de la veracidad de unos hechos que nos parece estar viviendo paso a paso. Lástima que la traducción resulte algo forzada y muchas veces poco convincente.
Aunque ni de lejos puede encuadrarse en el género policíaco, el argumento se abre con un asesinato y tendremos garantizado el suspense siempre que nos armemos de paciencia. Claro que no es el tipo de suspense que puede esperarse con un planteamiento de ese tipo. Ni su objeto es siempre el mismo, se va renovando con el tiempo: cuando un conflicto se resuelve otro ocupa su lugar. Conflictos soterrados en su mayor parte, que se producen en el interior de los personajes o que ocurren tan en secreto que apenas repercuten en su entorno.
El episodio culminante es sin duda esa persecución nocturna -silenciosa y de andar por casa- que se va gestando al compás de la lluvia, los relámpagos, la respiración de los durmientes y que, al margen del desenlace, servirá al lector para hacer elucubraciones de todo tipo. ¿Estará la policía sobre la pista y perseguirá a la familia francesa? ¿Habrá cogido María la pistola y se tomará, ella también, la justicia por su mano?
Pero la cuestión es mucho más simple. Lo que se plantea es un paralelismo entre dos situaciones similares que se resolverán de forma muy distinta. El melodrama que tiene lugar en tierras aragonesas se opone a la suave transición que –por usar el tópico– se producirá entre gente civilizada: ese reducido grupo de turistas que la tormenta detiene en su viaje hacia Madrid. Matrimonio, infidelidad, venganza, alcoholismo, celos. En diferentes grados y condicionados por los fenómenos naturales. Es cierto que la tragedia surgida en el ámbito rural ni siquiera se insinúa entre los visitantes, pero advertimos en estos una especie de nostalgia, de envidia por unos sentimientos tan a flor de piel, un aburrimiento, en definitiva, que aflora en ese afán por inmiscuirse en la aventura ajena, con el propósito de vivirla aunque sea de forma indirecta ya que no hay agallas para asumir la propia.
¿Qué desenlace puede esperarse de un conglomerado tan prosaico? Pues nada espectacular, una escena cotidiana parecida a cualquiera de las que Duras nos ha ido mostrado hasta ahora.

También de Marguerite Duras: El amante, Moderato cantabile, Escribir

viernes, 19 de mayo de 2017

Maggie O'Farrell: Tiene que ser aquí

Idioma original: inglés
Título original: This must be the place
Año de publicación: 2016
Valoración: está bien

Uno ya le tenía ganas a este libro después de las buenas críticas cosechadas. Como es habitual en la obra de Maggie O'Farrell, la temática de este libro sigue centrándose en las relaciones familiares y de qué modo el pasado influye en ellas. De esta manera, el libro objeto de esta reseña trata sobre la familia, no únicamente como unidad sino también como una suma de personas individuales.

En unas primeras páginas de alto nivel, con una prosa muy cuidada, la autora nos empieza a dar las primeras pinceladas de las personalidades dispares de la preja formada por Daniel y Claudette mientras va introduciendo los demás miembros de la familia. De este modo, la autora nos sitúa de entrada en un momento cercano al presente, donde vemos a la pareja con sus hijos, en una casa en Irlanda, en medio del campo, en un paisaje que podríamos tildar de idílico. En un momento determinado, Daniel oye por la radio la grabación de una entrevista realizada hace treinta años a una joven que conoció en el pasado y que murió poco tiempo después de conceder la entrevista. Oyendo de nuevo la voz de la mujer, se despiertan en Daniel recuerdos lejanos que le retornan a un pasado aparentemente olvidado, causándole la necesidad de saber qué sucedió con esa mujer. Este hecho es el desencadenante y punto de partida de la novela, que la autora utiliza para tejer una novela coral entorno a la familia y a las decisiones tomadas.

A pesar de un comienzo muy interesante por su acertado enfoque partiendo de una escena puramente cotidiana y habitual, cabe de decir que cuesta entrar en este libro. La prosa críptica e irónica que utiliza la autora da muestras evidentes de situar al lector en clara inferioridad en la narración, mostrando que el autor sabe mucho más que el lector sobre lo que sucede y que lo contará cuando lo considere oportuno (sé que estoy diciendo algo que ocurre en muchos libros, pero no siempre se hace de forma tan evidente). Asimismo la autora adelanta sucesos que ocurrirán en algún momento de la historia al cual el lector aún no ha llegado, hecho que personalmente me incomoda.

En cuanto a estructura, la narración es compleja hasta el punto de que cada capítulo (de los veintisiete) ocurre en un momento temporal y con un narrador diferente al capítulo anterior (incluso hay saltos temporales dentro de un mismo capítulo). Estos factores dificultan la lectura de una historia que, con la diversidad de personajes que contiene, ya es suficientemente calidoscópica. La decisión de la autora de explicar la historia de forma no cronológica genera gran cantidad de idas y venidas, componiendo un puzle con múltiples personajes y ubicados en diferentes momentos que, aunque la habilidad de la autora en consigue que se mantenga la coherencia del relato, rompen tan a menudo la continuidad temporal que uno tiene la sensación de que este recurso se utiliza en exceso y hay un serio riesgo en que el lector se pierda ante tanto cambio. Demasiados saltos temporales y variedad de personajes que, aunque sí conforman un paisaje común, provocan cortes en la narración que apartan al lector de su implicación en la historia, crean distancia y pierden foco. Sí cabe destacar que la narración realizada desde el punto de vista de diferentes personajes ayuda a dar mayor redondez a la definición de los mismos al ir conociéndolos a través del resto de ellos aunque, como ocurre en muchas novelas corales, hay personajes que sobran y otros que como lector hubiera agradecido que se profundizara más (reconozco que echo de menos especialmente más páginas dedicadas a Niall y Ari). En cualquier caso, la autora es hábil al dotar de una voz propia a los diferentes personajes, con un lenguaje y una forma de expresión adaptada a sus respectivos caracteres. Le reconozco a la autora una gran habilidad en la construcción de los personajes, en dotarlos de características y profundidad más que suficientes para entender sus comportamientos, otorgándoles una identidad propia.

Afortunadamente, una vez el lector se acostumbra a tanto cambio de tiempo y personaje, y superado un tramo central del libro excesivamente disperso, el último tercio del libro es narrado de forma más continúa, siguiendo el orden cronológico, y es en este momento cuando la autora recupera el pulso del libro, donde empieza a encajar las piezas que ha ido repartiendo a lo largo de las casi quinientas páginas, donde la narración coge el ritmo que la historia demanda, con el punto de pausa y reflexión que se requiere para poder echar la vista atrás y ver la historia en perspectiva, tomando el aliento necesario que la intensidad de las últimas páginas nos han robado.

Dicho esto, y para resumir, a pesar de una estructura que no favorece su lectura y con momentos flojos que aportan poco a la narración, sí que es interesante en cuanto a enfoque y temática ya que nos habla acerca de la relación de pareja, la paternidad, las relaciones familiares y también de la distancia que nos une y la que nos separa; de los hijos como elemento que une ambas partes de una pareja y la sujeta; de la redención y los temores. Nos hace reflexionar sobre las decisiones tomadas en el pasado, que nos llevan por caminos no siempre deseados; donde los actos realizados en nuestra vida siguen siempre presentes en nuestro interior y pueden, en cualquier momento, volver a tomar forma en nuestra consciencia y hacernos dudar, forzándonos a revisar el presente y evaluar la vida que hemos tenido. Nos habla de la necesidad de encontrar un sitio físico, pero también espiritual, donde nos sintamos cómodos y pertenezcamos. Ese lugar que todos encontramos en algún momento de la vida, donde sentimos el placer de cerrar los ojos y tener la seguridad que éste es nuestro sitio, nuestro lugar, que tiene que ser aquí.

jueves, 18 de mayo de 2017

Miguel Bonnefoy: El viaje de Octavio

Idioma original: francés
Título original: Le voyage de'Octavio
Año de publicación: 2015
Traducción: Amelia Hernández Muiño
Valoración: entre recomendable y está bien


Curiosa combinación, la de esta novela, que corresponde además con la biografía de su autor; francés hijo de padres hispanoamericanos, en éste su debut literario ha elegido como escenario el país de su madre, Venezuela. Y no sólo para la ambientación: también ha escogido para ello un léxico y una contexto histórico -quizá sería más exacto decir la contextualización que debe hacer el lector... y perdón por el palabro- inequívocamente venezolanos... sólo que escribiendo en francés. La combinación, ya digo, resulta interesante, pues la exuberancia y hasta el barroquismo tropical se ve domeñado o, mejor aún, encauzado por el rigorismo cartesiano galo, dando como resultado una prosa firme al tiempo que colorista y perfumada (la mezcla ha de ser más sugerente aún en la lengua original, supongo).

Por otra parte, también resulta algo chocante el formato elegido para esta contarnos esta historia, que ya desde el título parece remitir a la "epopeya" y, sin embargo, se despacha en poco más de cien páginas. Aclaro que si he escrito epopeya entre comillas no se debe a un ánimo irónico, sino porque la novela no se ajusta, claro está, a la definición exacta de este género literario, pero sí creo que bebe de él, de forma que trata de otorgarle un carácter simbólico, de explorar a través de la narración el concepto de "mito fundacional" de todo un pueblo, más allá de la realidad histórica. Y eso que el argumento de la novela parte de unos presupuestos bien modestos: el protagonista es don Octavio, un maduro y fornido lugareño de un pueblo de los alrededores de Caracas, devenido en barrio de "ranchos", en la segunda mitad del siglo XX. Analfabeto, entabla una relación con una actriz retirada y llamada -mira tú qué cosas- nada menos que Venezuela. A resultas de una falta cometida contra ella -no quiero especificar más para no estropearle la lectura a nadie-, don Octavio se autoexilia y comienza un periplo que le lleva por buena parte del país y que le transforma de una manera que ni él ni los lectores pueden imaginar. Junto a él, encontraremos además los consabidos personajes peculiares, desde ladrones de intachable profesionalidad a niños mendigos, ermitaños menguantes o patriarcas que reinan entre la chatarra. Ni que decir tiene (llevo toda la reseña tratando de evitarlo, pero no queda otra que admitirlo) que la novela es hija y nieta de esa corriente literaria que tanto éxito y grandes obras ha dado a la literatura latinoamericana (aunque no sólo); sí, ése que empieza por "real-" y acaba en "-ágico"... En fin, ¿hace falta explicarlo?

Lo cierto es que resulta algo complicado valorar esta novela; por un lado, es indudable el talento literario, la capacidad narrativa que tiene Bonnefoy; por otro, en esta su primera novela ha transitado por senderos ya bien abiertos, por campos ya trillados. Es evidente que ningún autor novel tiene la obligación, per se, de revolucionar la literatura, innovar o simplemente buscar el riesgo, ni mucho menos, pero es algo que se agradece o al menos se valora. Verdad es, también, que esta novela no deja de trasmitir cierta ambición, al pretender, como he mencionado antes, al proponer un relato que sirva como metáfora mítica de la Historia venezolana (o eso creo... y, por favor, no me estoy refiriendo a la Historia más pegada a la actualidad). Pero lo hace con unos límites tan marcados, en un espacio tan exiguo, que quizás la intención que se le adivina quede tan sólo esbozada; apenas unos trazos de carboncillo sobre un dibujo ya bastante apretado. Esta novela hubiese necesitado más aire y más piel libre que permitiese respirar al tatuaje; más tiempo de reposo para que los sabores se mezclasen adecuadamente y desplegasen todo su potencial en las papilas del degustador... Aún así, no deja de ser un debut notable de un autor que promete. El tiempo dirá si esta promesa se confirma.




miércoles, 17 de mayo de 2017

Higuchi Ichiyo: Cerezos en la oscuridad

Idioma original: Japonés
Año de publicación: 1892-1896
Traducción: Hiroko Hamada y Virginia Meza
Valoración: Muy recomendable

Higuchi Ichiyo fue una escritora japonesa que falleció en 1896, con apenas 24 años. Pese a su temprano fallecimiento, Ichiyo obtuvo en vida (no como suele ocurrir habitualmente) el reconocimiento de relevantes escritores de su época, como Ogai Mori.

Hoy día, y a pesar de que su rostro aparece en los billetes de 5.000 yenes, lo que nos puede dar una idea de la importancia de la autora en su país natal, se trata de una absoluta desconocida en España. Así que hoy en ULAD... ¡trataremos de hacer justicia!

Si por algo destaca la obra de Ichiyo, o al menos la reunida en este volumen, es por la denuncia del papel y el destino de la mujer en la sociedad Meiji y por la fina observación y caracterización de sus personajes. Hay que recordar que en 1868 comenzó la era Meiji, que supuso la ruptura del secular aislamiento japonés y su apertura a la cultura e influencia occidental. Pese a esto, las costumbres y tradiciones heredadas de la época anterior seguían enraizadas en la sociedad nipona. En lo referente a la situación de la mujer, la ausencia de derechos sociales y políticos seguía siendo terrible, y es en este contexto en el que hay que situar los relatos de Ichiyo, protagonizados mayoritariamente por mujeres víctimas de situaciones injustas. Veamos.

Abre el volumen "Cerezos en la oscuridad", temprano relato adolescente que narra la historia de un amor imposible. En el, como en algún otro relato que veremos más adelante, encontraremos redención, dolor y muerte. 

En "Día de año viejo" se trata más abiertamente la situación de la mujer. En este caso, la de una muchacha de 18 años vendida como sirvienta a una familia pudiente. Los temas fundamentales son las relaciones familiares, en particular su efecto sobre las mujeres, y la pobreza. Tanto una como otro llevarán a su protagonista a una situación límite, dominada por la impotencia y culpa, aunque aliviadas ambas con un sorprendente final redentor.

"Aguas cenagosas" sigue la senda del anterior. Ichiyo vuelve a denunciar el papel y el destino de la mujer, en este caso a través de un triángulo amoroso protagonizado por una prostituta, un hombre casado y la esposa de este. La situación, para sus protagonistas femeninas, es tan insostenible que una de ellas, en uno de los párrafos más terribles del libro, llega a decir:
"¿Hasta cuando estaré atada a esta situación insignificante, indigna, absurda, miserable, triste e inquietante? ¿Es esto la vida? ¿Pasar toda la vida así? Ay, la detesto. Me da asco.
"Noche de plenilunio" presenta nuevamente un matrimonio desdichado, fruto de la utilización de la mujer como mercancía debido a la escasez de recursos. Es una historia marcada por el dolor y la resignación, pese a que en un determinado momento se abre la posibilidad (remota, ligera) de una vuelta a la verdadera vida, a una felicidad apenas entrevista.

Los dos relatos que cierran el libro tienen un tinte más costumbrista. "Encrucijada" narra la amistad entre un paragüero huérfano (un ser puro) y una costurera que, para salir de su vida de miseria, decide entrar a trabajar como concubina. Ichiyo, sin entrar en juicios de valor, presenta fríamente el conflicto entre la pureza y la necesidad.

Cierra este libro el relato más costumbrista del volumen, el más extenso de los relatos y el que mayor fama supuso a su autora: "Dejando atrás la infancia". Ambientado en el barrio del placer, como su propio título indica, se trata de un relato sobre la pérdida de la inocencia de los adolescentes que lo protagonizan. Si algo caracteriza este relato es la sensibilidad de la autora a la hora de reflejar las contradicciones y el desconcierto de los protagonistas sin caer en estereotipos ni sentimentalismos y su atención al detalle.

De los seis relatos, quizá "Cerezos en la oscuridad" y "Encrucijada" sean los más flojos. Pero los cuatros restantes, destacando por encima de todos "Dejando atrás la infancia" son cuatro muy buenos relatos, plenos de sensibilidad, en los que la autora da testimonio de situaciones, por lo general, duras y crueles, sin entrar a juzgar las acciones de sus personajes. Relatos, en definitiva, imprescindibles para los interesados en una etapa fundamental en la historia de Japón, narrados desde un punto de vista, tradicional y desgraciadamente, ignorado. Una pequeña joya que, por suerte, podemos leer por fin en español.

P.S.: Mención especial para la introducción de Carlos Rubio, completísima e indispensable para comprender y difrutar de los relatos de una autora que se fue demasiado pronto. 

martes, 16 de mayo de 2017

Colaboración. Vernon Subutex 2 de Virginie Despentes

Idioma original: Francés
Título original: Vernon Subutex 2
Año de publicación: 2017
Valoración: Decepcionante

Si han leído la primera parte de la última obra de Despentes, Vernon Subutex 1, recordarán que acaba con el protagonista en caída libre hacia el sinhogarismo, tras un largo periplo por las casas de amigos, amigas, ex amantes y varios personajes más que no recuerdo, en una historia con poca trama y muchos personajes, unos imprescindibles, otros prescindibles y otros innecesarios. Pues bien, me temo (y ese verbo lo anticipa todo) que la tónica continúa en esta segunda parte, donde el argumento avanza con una lentitud agotadora en algunos momentos, y los personajes continúan saliendo de debajo de las piedras. Vernon sigue siendo un sintecho, pero de la desesperanza de la primera parte pasa poco a poco a adoptar un papel casi mesiánico, en torno al cual se concentran (literal y figuradamente) los personajes ya vistos y algunos nuevos.

Sí, algunos asuntos van resolviéndose, gracias a Dios, pero a una velocidad insuficiente para un libro de más de 300 páginas (y al que le sigue una tercera y última parte). He de admitir que terminé el libro pidiendo la hora, y no sé si influenciado por ello, tengo la impresión de que la autora también lo acabó con prisas. El problema radica es que todo lo que comenzó a no gustarme en la primera parte, se muestra sin pudor en esta segunda parte. Les cuento.

Empezamos con los personajes. Si al acabar la primera parte se quedaron con la impresión de que había muchos, tengo una sorpresa: al acabar la segunda parte hay más. Y no es que la abundancia de personajes sea un defecto en sí mismo, pero sí lo es cuando muchos de ellos parecen existir con el único propósito de servir de vehículo para que la autora nos dé un punto de vista sobre el racismo, la derecha, las drogas, la burguesía, la izquierda, la religión, el feminismo, los pijos o cualquier otro tema que se les ocurra, y no siempre de manera disimulada. Es como si Despentes hubiese escrito la trilogía con el firme propósito de tocar todos los palos desde todos los puntos de vista. Y desgraciadamente, eso lastra todo el argumento, porque la historia se detiene con demasiada frecuencia en detalles de la vida de los personajes que son accesorios para el lector, hasta el punto de que en cierto punto del libro te parece estar asistiendo a un desfile de biografías, una tras otra, muchas irrelevantes, y en las que, por una cuestión de economía, se cuenta mucho y se muestra poco, lo que le resta todavía más agilidad al desarrollo.

El segundo problema del libro son las referencias, que aunque puedan parecer accesorias, no creo que lo sean (y su número apoya mi argumento). Por un lado, las musicales, y por otro las geográficas. Para las primeras voy a recurrir a un ejemplo. Aquellas personas que lo hayan leído, recordarán que en American Psycho hay párrafos extensos con divagaciones sobre Genesis o New Order. Te podía gustar más o menos, lo podías leer o no, pero sentías que era algo que emanaba de Patrick Bateman, que encajaba en su personalidad psicopática y obsesiva, como sus conversaciones sobre la calidad del papel de las tarjetas de visita. Era Patrick el que hablaba, no Bret Easton Ellis. Sin embargo, en Vernon Subutex no pasa eso. Y no lo hace porque el narrador es tan omnisciente y cambia tanto de punto de vista que cuando aparece una referencia musical, sabes que es Despentes, y no Vernon, quien está incrustando en el texto los nombres de los grupos. Y no cuela, porque parece estar dando lecciones de sabiduría musical (tan legítimas como innecesarias). Por otro lado, están las referencias geográficas. Las páginas, yo diría más que en el primer volumen, están plagadas de calles y localizaciones de París, que a los que no somos de la capital francesa nos cuesta retener y ubicar. No estoy pidiendo que Despentes sitúe la historia en un lugar indeterminado, pero tengo la sensación de que tanta concreción dificulta la inmersión o desde luego, no la favorece. 

En mi opinión, lo que Despentes trata de hacer con Vernon Subutex 2 es continuar con su radiografía más o menos realista de la sociedad francesa, y para ello utiliza los dos pilares vistos: los personajes y las referencias. Las referencias como recurso para dotar de realismo a la narración: ubicar al lector en un marco temporal y espacial concreto, y la variedad de tipos de personajes como un intento de abarcar un gran número de grupos sociales, es decir: posiciones sociales y políticas. La multiplicación de personajes puede tener una segunda interpretación, y es que el lector perciba a Vernon y sus acólitos no como un conjunto de individuos con nombre, sino como una masa colectiva que es en realidad la que protagoniza el segundo libro, pero esa es una especulación mía que veremos si se cumple en la tercera parte. 

Y aunque el intento es loable, como ya he anticipado, el resultado no funciona. Por un lado, las referencias no consiguen su propósito, en mi caso principalmente porque no conozco la música o los lugares que menciona, pero también porque a diferencia de la primera, la segunda parte introduce en algunos momentos un componente místico en torno a Vernon que resta parte de esa verosimilitud que busca. Por otro lado, para "colgar" los personajes hace falta algo, y ahí es donde entra la trama de Alex Bleach, sus cintas y las circunstancias de Vernon, que actúan de excusa narrativa en la que encajar lo que la autora nos quiere transmitir, de manera en ocasiones poco sutil. No obstante, el problema con el que nos encontramos es que Despentes no le presta la suficiente atención como para que la trama pueda sostener por sí sola todo lo demás, y acaba siendo un hilo demasiado fino para mantener la atención del lector.

Quizá alguien piense que estoy siendo un poco duro con la valoración de "Decepcionante", pero dadas las expectativas con las que enfrentaba el libro y a esta autora, para mí está más cerca de eso que de "Se deja leer". Pero en fin, ya saben lo que se dice de las opiniones.

Firmado: MBt

lunes, 15 de mayo de 2017

Shaun Usher: Listas memorables


Idioma original: inglés
Título original: Lists of Note
Año de publicación: 2014
Traducción: Javier Guerrero
Valoración: muy recomendable

Listas. Uh. Menudo tema para tratar. La gente (mucha gente, y sí, el firmante de esta reseña se incluye y de forma muy entusiasta) ama las listas. Desde su forma conceptual (una manera de poner orden) hasta su estimulante misterio implícito. Cada uno tiene su lista de cosas y cada uno piensa que la suya es la mejor, quizás, pero seguro que es la única. Puede haber listas sobre todo y para todo, y bastante que me he parado y no he hecho una lista para ordenar mis listas favoritas. No nos vayamos muy lejos, aquí en este blog hemos organizado unas cuantas y la publicación de nuestras elecciones como libros del año se ha ido erigiendo en un pequeño acontecimiento.
¿Significa tener la costumbre de relacionar cosas en una lista (con orden o sin él) ser un obseso cuadriculado? Pues estaríamos bien, y leer (o consultar, más que leer) este libro solo haría que confirmar que, en cualquier caso, no estaríamos solos en esa, lo digo ya, sana y fascinante costumbre. Uno escribe lo que no quiere dejarse cuando prepara la maleta para viajar (puntos débiles: pijamas, zapatillas, cargadores de todos los gadgets  que hoy nos acompañan), los libros que querría leer (ejem), lo que ha de comprar, lo que ha de hacer, a quién ha de invitar,  a quién ha de enviar ese e-mail. Los pros y los contras de alguna decisión importante, las llamadas que ha de hacer en su jornada laboral, los ingredientes de algún plato de esos que son un reto (puntos débiles: esas especias de nombre extraño que no hay santa manera de encontrar).
Y Shaun Usher recopila un montón de listas en este libro que es un regalo para los sentidos, desde su generoso formato hasta el mimo de su maquetación, pero sobre todo que nos sume en una reflexión sobre esta costumbre y su arraigo, y de paso, menuda nadería, un recorrido panorámico por las cosas que han obsesionado a nuestros congéneres a lo largo de los tiempos. Aquí hay de todo y el mundo literario, como no podía ser, está muy bien representado (bueno, sobre todo el de habla inglesa). Listas de las cosas más extrañas y con los pretextos más curiosos, en un recorrido tan heterogéneo que abarca desde Einstein a Sid Vicious, pasando por Pérec, Newton, Houdini, Marilyn Monroe, Nick Cave, Edison o Borges, incluyendo un fascinante y obviamente anónimo Decálogo de la Mafia o una relación agotadora de regalos recibidos por un monarca o un listado de seres concebidos para las obras de Lovecraft o... qué desorden el mío. Hay varias listas de libros favoritos, claro. Más de 120 listas que abarcan, parece , toda época y mucha fobia y mucha filia de la humanidad. Hay una que enumera las ocho clases de ebriedad. Pero ya paro de saturar. Este libro es bastante más que una curiosidad que queda cuqui recostada horizontalmente en una mesa de centro. Es una especie de recorrido por el sentido de la inquietud intelectual, tan variado y tan inabarcable como lo ha sido la humanidad desde que ha dispuesto de la escritura, esa herramienta que sirve para perpetuarse. Quizás alguno lo vea como un juego o un entretenimiento, pero este libro es una cosa muy seria.

domingo, 14 de mayo de 2017

Leonardo Sciascia: Los tíos de Sicilia

Idioma original: italiano
Título original: Gli zii di Sicilia
Traducción: Rossend Arqués
Año de publicación: 1.958-1.960
Valoración: Recomendable


Como se puede ver al final de esta reseña, Leonardo Sciascia es un autor al que hemos dado bastante bola en ULAD. Algo que llama la atención en él es su versatilidad, tanto dentro del propio mundo literario como en sus fronteras: es Sciascia hombre de notable erudición, experto en temas históricos desde el siglo XIX hacia atrás, donde construye algunas de sus tramas, pero tiene la habilidad de combinar y simultanear a veces estas aptitudes con narraciones que caerían en el ámbito de lo que podríamos llamar género policíaco. Algo que recuerda un poco por ejemplo a Umberto Eco.

En esta ocasión tenemos sin embargo algo diferente. ‘Los tíos de Sicilia’ es una de las primeras obras de Leonardo, diríamos una obra de juventud, formada  inicialmente por tres relatos, a los que se añadiría un cuarto en ediciones posteriores.

Se podría elucubrar acerca de quiénes son esos tíos de Sicilia (está bastante claro en los dos primeros relatos, quizá también en el tercero y mucho menos, o nada, en el último), pero me parece más oportuno ir por partes. El libro arranca con ‘La tía de América’, donde se dibuja un pueblo siciliano en los compases finales de la Segunda Guerra Mundial. Desde la perspectiva de un chaval de familia pobre tenemos un retrato de individuos anclados a la tierra para quienes la guerra es un accidente, algo cuyo valor radica en la posibilidad de hacerles salir de la pobreza. Algunos toman partido, otros se muestran indiferentes y no pocos cambian sin pudor de chaqueta esperando colocarse cerca del ganador. En lo que todos coinciden es en la fascinación por América y la expectativa de que con la victoria de los aliados algo de la supuesta opulencia del tío Sam (¿otro tío?) acabe pegándose a la reseca tierra siciliana.

En parecidos registros se mueve ‘La muerte de Stalin’, donde las esperanzas de un tal Calogero se depositan no en América, sino en el líder soviético que da título al relato. Calogero sigue con devoción su trayectoria política y durante años justifica a duras penas sus decisiones, aunque esto le lleve a duros enfrentamientos con sus vecinos y por supuesto con la Iglesia. Stalin es por tanto también ‘lu zi Peppi’, el tío Pepe, el padre del mundo ideal de justicia e igualdad que se está fraguando, una ilusión a la que agarrarse desde una polvorienta aldea del extremo sur de Europa.

Las dos historias rebosan el aire inconfundible del realismo italiano. Uno siente que está viendo una película de Alberto Sordi o de Vittorio de Sica: chicos vivaces, mujeres malhumoradas, hombres que discuten de política de forma apasionada, viejos socarrones que se limitan a jugar y charlar en la taberna, curas iracundos. Mucho humor ácido, personajes ridículos pero profundamente humanos, gente en la que la esperanza parece una broma.

‘El quarantottu’ (barullo, follón) se mantiene obviamente también en Sicilia, pero cambia el decorado a un siglo antes, durante los episodios revolucionarios de 1.848. Aquí los estamentos sociales son todavía más nítidos, y por encima de los demás emergen los personajes de un barón, enredado en un notable lío de faldas, y el obispo, celoso de los bienes de la Iglesia (o de los suyos propios, que viene a ser lo mismo). Metidos nobles, clérigos y pueblo llano en confusos acontecimientos sin un rumbo político definido, los potentados maniobran con habilidad, resueltos a conservar sus privilegios, olvidándose de sus principios en cuanto se vea la necesidad. La sátira es feroz y el relato resulta tronchante, aunque desde el punto de vista literario el argumento resulta más endeble, quizá por abarcar un periodo demasiado largo y acumular multitud de sucesos.

Como decía al principio, el último relato, ‘El antimonio’, se añadió en ediciones posteriores, y está claro que no guarda demasiada relación con los demás. En esta ocasión nos encontramos en la Guerra civil española, a donde el protagonista ha llegado integrado en las tropas enviadas por Mussolini. Una vez más, su única intención es escapar de la pobreza y, en paralelo al primer relato, buscar una oportunidad para huir a América. Sin embargo, se verá inmerso en la brutalidad de una guerra que poco a poco empieza a percibir desde enfoques diferentes a los que traía. En realidad, ‘El antimonio’ no cuenta exactamente episodios de la guerra, sino que pronto adquiere un tono ensayístico, el argumento desaparece bajo las reflexiones que el protagonista va desarrollando a partir de lo que vive en primera persona. Se diría que es la voz de Sciascia la que va descubriendo lo absurdo de la situación: es una guerra de clases, y por lo tanto nada pinta un italiano pobre luchando contra españoles pobres.

De manera que no es fácil encontrar un denominador común a las cuatro historias. Si acaso, la voluntad de retratar a esos sicilianos ‘que no se agitan, que se reconocen por dentro y sufren en silencio, pobres que nos saludan con gesto cansado, como desde la lejanía de siglos’. Esa imagen la encontramos a lo largo de todo el libro, es lo que se oculta detrás del humor dislocado, de esas esperanzas depositadas en cosas lejanas o absurdas, en mitos americanos o rusos, en la huida de esa tierra que parece retenerles como un imán. Y sin embargo, no nos transmite desánimo ni pesadumbre: los sicilianos pasan penalidades, anhelan un mundo mejor, pero no parecen haber dejado de disfrutar de la vida.

Otras obras de Leonardo Sciascia en ULAD: Aquí

sábado, 13 de mayo de 2017

Marcello Fois: Estirpe




Idioma original: Italiano
Título original: Stirpe
Año de publicación: 2009
Traducción: Francisco Álvarez
Valoración: Recomendable



Aunque radicado en el continente desde su ingreso en la Facultad de Filología de Bolonia, el universo literario de Marcello Fois (Nouro, 1960) –al menos, lo que de él está publicado por aquí- respira tercamente el aire de la Barbagia, la zona central y montañosa de la isla de Cerdeña, y de Nuoro, la pequeña capital provincial que ejerce de centro urbano de esta comarca aislada e irredenta, pero que ha aportado a la literatura un Premio Nobel, el de Grazzia Deledda en 1926, y autores tan notables como Salvatore Satta.

Y Estirpe no es una excepción. La novela nos remite a las vidas de Mercede y Michele Angelo en un tiempo que transcurre entre finales del siglo XIX y la II Guerra Mundial. Una pareja de orígenes más que humildes, que conseguirán salir adelante con tesón y discreción; dos cualidades imprescindibles para sobrevivir en una sociedad impregnada de tradición y ensimismamiento pero en la que también se dejan sentir los primeros rayos de una Modernidad que se presenta con nuevas ideas, comportamientos y exigencias: “Si subes arriba, demasiado alto, está la bestia verde y lívida que engulle, pero no digiere. Abajo, en lo profundo, está el bufón campechano guardando luto, que con una mano te acaricia y con la otra te apuñala”.

Estirpe es el inventario de unas gentes hacendosas y sacrificadas. Gentes sencillas y temerosas de Dios, que luchan con encono y decencia por evitar a sus descendientes la escasez y desamparo de sus orígenes. Y que, pese a todo, enfrentarán con granítica entereza los dolorosos tajos que el destino impone cuando se conjura para que la dicha que los hijos han de propiciar se evapore entre trágicos golpes de violencia, furia y frustración. El relato sobre Michele Angelo y Mercede serpentea por una sociedad dominada por los propietarios y pastoreada por la Iglesia a la que comerciantes y artesanos practican los primeros rasguños por los que se colarán sin pedir permiso nuevas ideas, como la belle époque, la exigencia de justicia social o el fascismo, y los avatares de una época –conflictos bélicos, emigraciones, lucha de clases- que pese al aislamiento y olvido llegaron para agitar intensamente la aparente placidez insular.

No queda otra. Tras las embestidas, tajantes y dolorosas, la vida debe continuar y volver a asomar tímidamente por los flancos más insospechados. De esta materia están hechas tantas y tantas familias, sagas de personas intentando sobrevivir y progresar pacientemente, conformando estirpes que son el trayecto que otros ya han recorrido por nosotros. Y que en el caso de los Chironi de Nuoro –“El amor dura únicamente un momento de perfección, el resto sólo es evocación, pero ese momento puede ser suficiente para darle sentido a más de una vida”- nos traza un periplo tan local y particular -sardo, insular, mediterráneo- como inequívocamente universal. Estirpe es la primera pieza traducida al castellano de una trilogía que se extiende a lo largo de Nel tempo di mezzo (2012) y Luce perfecta (2015), que permanecen inéditas en España.

viernes, 12 de mayo de 2017

Ramón María del Valle-Inclán: Sonata de primavera

Resultado de imagen de sonata de primavera amazonIdioma original: español
Año de publicación: 1904
Valoración: Muy recomendable



La gran ventaja de un escritor es que puede vivir varias vidas. Crear un alter-ego que protagonice aventuras imposibles, viaje a lugares ignotos, nazca en una cuna diferente o posea unas dotes de seducción de las que carece el original es una tentación demasiado fuerte en la que muchos escritores han caído para satisfacción de su público y en beneficio de la excelencia literaria.
El Marqués de Bradomín, como Peter Pan, Sherlock Holmes y otros muchos, es uno de los personajes que flotan en el panorama cultural sin que haga falta haber leído ni una página de las obras en que aparecen para tener una ligera idea –demasiado ligera, a menudo– de quiénes son y lo que significaron en su contexto social y literario. Su acogida y trascendencia se ha visto reflejada en el marquesado que se concedió a los descendientes del escritor hace unas décadas, en el premio literario creado en su honor y hasta en una breve mención en un poema de Antonio Machado. Este Valle Inclán idealizado no solo aparece en las cuatro novelas autobiográficas denominadas Sonatas y en su adaptación teatral de 1906, lo encontramos también en la trilogía carlista titulada Comedias bárbaras. Y fue, precisamente, un militar carlista quien sirvió de modelo al autor para crear uno de sus personajes más célebres.
Valle Inclán era un maestro de la caricatura, facultad que puso en práctica ante todo con su propia persona, estilizándola y añadiendo a su figura ciertos rasgos inconfundibles que la memoria colectiva ha guardado desde entonces. Lo mismo hizo con el marqués: con solo tres adjetivos (feo, católico, sentimental) consiguió dotarle de entidad convirtiéndolo en una figura inconfundible. Conseguir esto con un personaje que de original tiene más bien poco y cuyo precedente -ese don Juan, tan reconocido, que transita por las obras más diversas- no es un secreto para nadie, podría considerarse una de las grandes operaciones publicitarias de la historia de la literatura. Los otros donjuanes se pueden confundir entre ellos, este no, pues a un apelativo diferente y a los –más que significativos– rasgos mencionados se añade un título nobiliario nada menos.
El marqués cuenta su historia en primera persona, pero no lo hace por orden cronológico: comienza en la edad adulta o verano de la vida, continúa en la época otoñal, para descender a continuación a esa primavera juvenil que ambienta esta novela y, ya en la última etapa, poner el broche a sus confidencias. Lo hará durante aquel invierno en el que, se supone –dejando aparte pequeñas inexactitudes cronológicas–. tienen lugar las anotaciones que acabarán constituyendo sus memorias.
Hablamos de un individuo que, ya desde su primera juventud, posee una alta opinión de sí mismo, que se vanagloria de cada una de sus ocurrencias, tengan las consecuencias que tengan para otros, y que, en general, se mueve por el mundo pisando fuerte y guardándose muy bien de darlo a entender, al menos desde un principio.
Las grandes obras literarias lo son, entre otras cosas, porque se convierten en un retrato fidelísimo de personajes, actitudes y conductas de cara a la posteridad, independientemente de las intenciones de quienes las firman. Ese es el motivo de que a su creador le cayese más simpático Bradomín que a nosotros. Él triunfa, él se vanagloria, pero el lector de hoy puede considerarlo hipócrita –más aún, si cabe, que su entorno–, calculador, desconsiderado, frívolo, egocéntrico y soberbio. Nada ni nadie puede interferir en los planes de este enviado de su Santidad que viaja por Italia para otorgar los honores cardenalicios a un obispo y se lo encuentra en su lecho de muerte. Pero, teniendo en cuenta que los desplazamientos eran entonces mucho más largos e incómodos y que nadie con un ego de ese tamaño se va a desplazar para nada, Bradomín tiene a bien encapricharse de la hija mayor de la Princesa que le da hospedaje, además del tiempo que necesita para llevar a cabo el encargo, todo el  que considere conveniente. No sé si les sonará de algo esto, pero se trata de una chica muy joven, que no conoce nada del mundo y está a punto de entrar en un convento. La opresión de las convenciones religiosas –que unos padecen y otros se saltan a la torera–, la del ambiente de palacio, la de las reglas no escritas y la de los testigos que rodean a los personajes principales –que apenas conocemos pero cuya mirada fija en lo que ocurre el lector tiene muy presente gracias a la habilidad de Valle Inclán– va creando un caldo de cultivo cada vez más angustioso que acabará convirtiéndose en tragedia.

También de Valle-Inclán: Tirano Banderas, Luces de Bohemia

jueves, 11 de mayo de 2017

Erri de Luca: El contrario de uno

Idioma original: italiano
Título original: Il contrario di uno
Traducción: Carlos Gumpert
Año de publicación: 2003
Valoración: recomendable


Escritor napolitano nacido a mediados de siglo XX, cuando a los 18 años se trasladó a Roma empezó a implicarse en la política uniéndose a «Lotta Continua» (grupo de extrema izquierda). Además de ejercer de escritor (muy prolífico si nos fijamos en la gran cantidad obras publicadas) también ha sido reportero del Corriere Della Sera, La Reppublica Il Manifiesto. Sus opiniones y reivindicaciones políticas le han llevado recientemente a los tribunales por incitación al sabotaje de la construcción de la línea del TAV en el valle de Susa, acusación de la cuál ha sido absuelto (a raíz de este juicio escribió «La palabra contraria» donde explica el caso y defiende la libertad de expresión).

Saco a colación estos apuntes sobre su biografía porque se trata de un escritor que basa gran parte de sus libros en las experiencias vividas, a pesar de ser un escritor de ficción en la mayor parte de su obra. En este caso, el libro objeto de esta reseña y escrito a la mitad de su vida como escritor, consiste en una recopilación de relatos muy cortos (un poema y quince cuentos en poco más de cien páginas). En este conjunto de relatos se tratan los diferentes temas que han formado parte de la vida de Erri de Luca anteriormente expuestos: encontramos la parte política en los relatos que nos habla de la revolución, de reivindicaciones sociales, de desobediencia civil; vemos también la parte dedicada a una de sus grandes aficiones como es el montañismo; asimismo describe situaciones relacionadas con otro tema general que trata en todas sus obras, en menor o mayor medida: el enamoramiento y las relaciones sentimentales.

Debido a la ingente cantidad de relatos que este libro incluye, por motivos obvios no describiré de qué trata cada uno pero sí recalcaré los que más me han gustado. De todos ellos, sin duda me quedaría con «Mamm'Emilia» (un precioso poema dedicado a las madres), «Viento en la cara» (relato sobre la desobediencia y el derecho a manifestarse), «La falda azul» (historia acerca basada en el enamoramiento de un revolucionario impresor de octavillas y una joven ayudante de distinta clase social), «La camisa en la pared» (narración que trata sobre la atracción que el autor siente por una joven), «Oído» (cuento acerca de las separaciones y la angustia que provocan), «Vista» (historia sobre la guerra y el desaliento causado al pueblo), «Olfato» (breve relato sobre un recuerdo de infancia), «La cuenta» (texto acerca el fin de una relación sentimental) y «La conjunción y» (relato sobre el enamoramiento).

Contando por encima, veo que he destacado prácticamente la mitad de los relatos lo cual sustenta la buena valoración que hago de este libro. Este hecho no es de extrañar, dada la capacidad narrativa del autor por quién, además, siento una gran admiración.

Libro de lectura fácil por la delicada elección de las palabras se podría decir que puede ser de lectura rápida si se quiere simplemente leer; aún así, se aconseja una lectura pausada si se quiere gozar con el detalle ya que la escritura de Erri de Luca siempre es de muy alto nivel. Puede que algunos relatos nos gusten más que otros por su temática, por su ritmo o por la historia que nos cuenta pero, por encima de todo y en cada uno de ellos, lo que queda evidente es la gran calidad de su prosa. Habrá más reseñas de este autor en este blog aparte de las ya existentes. Es de justicia que así sea.

También de Erri de Luca en ULADTú, míoMontedidio

miércoles, 10 de mayo de 2017

Robert Louis Stevenson: El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde

Idioma original: inglés
Título original: Strange Case of Dr. Jekyll and Mr. Hyde
Año de publicación: 1886
Traducción: Juan Antonio Molina Foix
Valoración: imprescindible

El gran, inmenso escritor escocés Robert Louis Stevenson fue el creador de uno de los arquetipos literarios más conocidos y que ha servido para simbolizar desde entonces mejor que ningún otro, la dualidad del alma humana e incluso el enfrentamiento, mítico en todas las culturas, del Bien contra el Mal. me refiero, claro está, al que componen los personajes que dan título a esta corta novela: el doctor Henry Jekyll y su "pariente", el señor Edward Hyde.

A estas alturas, sospecho que todo aficionado a la literatura conoce, siquiera grosso modo, el argumento de esta novela, pero, en atención a quienes no -si es que existen-, trataré de no estropearles su futura lectura. De hecho, conocer de antemano el intríngulis de esta obra juega en contra, todavía más de lo habitual, de quien se dispone a leerla: por culpa de ese conocimiento previo nos perdemos el placer de admirar el cuidado y la maestría con que Stevenson, durante las primeras tres cuartas partes del libro, administra el suspense in crescendo de la narración; cómo nos va ofreciendo poco a poco la información sobre el misterio que atañe al doctor Jekyll, casi -o sin casi-, a la manera de un thriller policíaco. Una narración no sólo dosificada con inteligencia, sino además conducida , con no menor habilidad, por un tercer personaje, el abogado Utterson, que hace el papel de "detective" de la novela, pero también el de mero observador, de intermediario entre el lector y la historia que está leyendo. Y con una insuperable creación de una atmósfera ominosa.

A la interpretación más obvia -y correcta, puesto que el propio autor hace referencia a ella en el libro-, que ya he mencionado, se pueden añadir (y, ciertamente, se ha hecho) otras que enriquecen y contribuyen a aumentar la fascinación algo morbosa que provoca esta narración: también puede ser una parábola sobre la adicción, ya sea a las drogas (obvio) o el alcohol, y los excesos que conlleva. Por otro lado, aunque algo más traída por los pelos, sería una fábula sobre la pérdida no aceptada de la juventud por parte de los hombres y de las complicadas consecuencias que suele acarrear. No obstante, la interpretación más conocida es que el Dr. Jekyll & Mr. Hyde representa una metáfora bastante acertada sobre la hipocresía y doble moral que regían en la sociedad victoriana británica, pues recordemos que en esa época fue escrita y se desarrolla la novela. Es, por último, un estupenda historia de misterio  e incluso terror.

En cualquier caso, por todas estas razones y, más aún, por su excelencia literaria, es ésta una obra que nadie puede dejar de conocer; un indudable imprescindible, todavía más cuando nos encontrados con una edición tan cuidada, ilustrada por María Gómez-Pintado.


Otros títulos de R. L. Stevenson reseñados en Un Libro Al Día: La isla del tesoroEnsayos literariosEl club de los suicidas

martes, 9 de mayo de 2017

Hugh Walpole: El otro hombre

Idioma original: Inglés
Título original: The killer and the slain
Traducciñon: Susana Prieto Mori
Año de publicación: 1942
Valoración: Entretenido

La portada y la contraportada de este libro parecen anunciar una novela de misterio al uso. Pero ya en la primera página nos quedamos sin intriga (aparentemente), pues en ella John Ozias Talbot confiesa haber asesinado a un tal James Oliphant Tunstall.

Es el propio Talbot, vía confesión escrita, quien se encarga de contar la forma en la que cometió el crimen y sus motivos, los cuales vienen de muy lejos. Talbot y Tunstall tienen la misma edad, se conocen desde la escuela, pero mientras aquel es introvertido y asocial, este es extrovertido y sociable. Aquel podría representar el "bien" y este "el mal". Se establece, ya en su infancia y adolescencia, una relación de fascinación / odio (de Talbot hacia Tunstall). Fascinación porque siempre nos atrae aquello que no podemos tener, aquello que no podemos ser. Odio porque la consciencia por parte de Tunstall de su superioridad le lleva a ser cruel con Talbot.

Y, aunque la vida les lleva por caminos diferentes, sus vidas se reencuentran años después. Siguen siendo seres antagónicos. Talbot es puritano, un hombre gris, anodino y sin éxitos visibles, mientras que Tunstall es un pintor de éxito, un tipo expansivo, la antítesis de Talbot. Los sentimientos de fascinación / atracción / odio vuelven con más fuerza si cabe y Talbot acaba asesinando a Tunstall.

Lo que en un primer momento provoca una sensación de orgullo y alivio en Talbot acaba convirtiéndose en todo un descenso a los infiernos. Talbot, víctima de alucinaciones, comienza a ver a Tunstall, a sentir que este se va apoderando de su interior, a estar poseído, en cuerpo y alma por el espíritu de Tunstall. Esto provoca que su relativamente plácida vida se venga abajo.

Porque a partir de ese momento Talbot entra en una espiral de locura. Páginas bipolares, con doppelgangers (o similares), el bien y el mal, Ormuz y Arimán, etc. La novela se adentra más por los caminos del terror psicológico que de la novela negra convencional. Y es, en mi opinión, un acierto. Walpole trata de penetrar en los entresijos de una mente perturbada, una mente que parece un juego de espejos del que no será fácil salir.

Así que de novela de misterio al uso, poco. Más bien diría que se trata de una novela negra de claros tintes psicológicos, muy "british", tanto que uno se imagina a Peter Cushing o a Christopher Lee poniendo rostro a los personajes, y de lo más entretenida. Más que suficiente, oigan.

lunes, 8 de mayo de 2017

Eileen Chang: Un amor que destruye ciudades

Idioma original: chino
Título original:  Qing Cheng Zhi Lian (傾城之戀)
Traducción: Anne-Hélène Suárez y Qu Xianghong
Año de publicación: 1943
Valoración: muy recomendable

Es difícil encontrarse con este libro en una estantería y que no te llame la atención el título: Un amor que destruye ciudades. ¡Caramba! (En inglés he visto que se suele traducir como Love in a fallen city, que tampoco está mal, pero no es lo mismo). Es un gran título; de hecho, en gran medida me compré el libro gracias a él, porque, como la mayoría de los españoles, nunca había oído hablar de Eileen Chang: esta es la primera de sus obras que se publica en España. (En cambio, es posible que muchos conozcan la película Deseo, peligro, de Ang Lee, sin saber que está basada en un relato de Eileen Chang).


Es un gran título, pero también induce un poco a confusión: uno piensa que va a encontrar una historia de amor arrebatado, una pasión a lo Madame Bovary o Anna Karenina, destructiva y brutal. Y lo que cuenta la novela es algo bastante diferente: la lucha de una joven divorciada, Liusu Bai, por recuperar su independencia económica, sentimental y vital, huyendo del control de su opresiva y envidiosa familia, pero evitando también ser controlada por el seductor Fan Liuyuan, otro ser independiente y fuera de las convenciones sociales. La relación entre Liusu y Liuyuan se desarrolla entre dudas y sospechas, hasta que la ocupación japonesa de Hong-Kong en 1941, durante la Segunda Guerra Mundial, los une profunda e indefinidamente. (De ahí el título: para que su amor triunfase, Hong-Kong tuvo que ser destruída).

Eileen Chang muestra en esta novela su capacidad para construir una narración densa, con múltiples elementos en muy pocas páginas (menos de 100 en la edición de Asteroide). Por una parte, tenemos las tensiones, envidias y celos de la familia Bai, que ocupan fundamentalmente el primer tercio de la historia; después, la historia de amor entre Liusu y Liuyuan, en la que ambos aparecen como personajes complejos e independientes, individuos en un medio social controlado por la convención; finalmente, el desenlace de la novela relaciona la historia romántica con el contexto histórico y social de la época, aunque este esté claramente supeditado a la trama principal. Personalmente, me habría gustado que se extendiese más en este aspecto histórico, quizás porque es muy poco conocido para los europeos; pero encaja perfectamente dentro de la lógica del relato, según la cual todo puede suceder, incluso una guerra y la muerte de miles de inocentes, para que se consolide un amor.

El libro publicado por Asteroide incluye también un relato breve, "Bloqueo", en el que se nos presenta a un conjunto de personajes atrapados en un tranvía durante un bloqueo en Shangai. También aquí hay un esbozo de historia romántica (un hombre casado que se aproxima a una joven desconocida e imagina una futura relación con ella), pero es solo un breve sueño que se desvanece cuando el bloqueo termina, como si la paralización del tranvía (y de la ciudad) hubiera anulado las reglas y abierto la puerta a nuevas posibilidades vitales.

Con este pequeño volumen se nos da a conocer a una escritora sutil, elegante y compleja, capaz de retratar el ambiente de Shangai y Hong-Kong antes y durante la guerra, y de describir con maestría la psicología y los conflictos de una mujer en busca de su identidad e independencia. Esperemos que esta no sea la última obra que se traduzca de ella.

domingo, 7 de mayo de 2017

Tochoweek II #7: Por el bien del Imperio, de Josep Fontana

Idioma: español
Año de publicación: 2011
Valoración: recomendable (incluso muy) para interesados

En 2011, cuando ya contaba con 80 años de edad, el conocido catedrático de Historia Económica Josep Fontana publicó este monumental "tochaco" sobre el devenir de la política internacional, y sobre todo estadounidense, desde el final de la II Guerra Mundial hasta ese momento (hay que señalar que no se trata del último libro que ha escrito este profesor: este mismo año se ha publicado El siglo de la revolución. Una historia del mundo desde 1914 sobre la historia contemporánea de los últimos 100 años, es decir, desde la Revolución Rusa hasta ahora, y prestando más atención, en principio, a la Unión Soviética y derivados).

Es imposible resumir en pocas líneas las casi mil páginas del libro -para quien esté interesado, hay además otras 200 de bibliografía al respecto-, que abarca 70 intensos años de Historia mundial, con cientos de protagonistas y de hechos relevantes. Siendo muy concisos, diremos que el libro trata desde las consecuencias inmediatas del fin de la guerra -o antes incluso, a partir de las conferencias de Yalta, Postdam y la no menos decisiva de Bretton Woods-, el trazado del nuevo mapa europeo y mundial, y los primeros indicios de la "Guerra Fría" que se avecinaba, hasta la crisis y disolución de la Unión Soviética medio siglo más tarde. Asistimos al proceso de descolonización (no siempre pacífica o pocas veces) de los países de África y Asia al ascenso y corrupción de los regímenes laicos árabes, hasta llegar a la eclosión islamista y la "guerra contra el terror" por parte de las potencias occidentales. Vemos cómo en este "Primer Mundo" occidental se desarrollan las políticas sociales del "bienestar" hasta que el modelo entra en crisis en los años 70, provocando un involución social que propucia la contrarrevolución conservadora de Reagan y Thatcher, que ha determinado el triunfo (por el momento) de lo que Fontana llama "el capitalismo realmente existente". Y, sobre todo, asistimos a la interpretación de un guión en el que la temperatura de fricción entre las dos superpotencias sube cada vez más, se llega al boiling point durante los primeros años de la década de los 60 y el vapor resultante encontraría una válvula de escape -Vietnam, Afganistán...- hasta perder buena parte de la presión resultante. Y mucho más: el devenir de gigantes como China, Pakistán o la India; las disputas por el petróleo que pueden ser sólo la antesala de las que nos esperan en el siglo XXI por el agua y la tierra cultivable; las revoluciones culturales y la dificultad de cambiar los sistemas dominantes desde dentro...

De igual forma, Fontana le da un buen repaso a los dirigentes -norteamericanos, sobre todo- que han llevado las riendas de la política internacional durante estos 70 años: entre los presidentes republicanos, sale mejor parado Eisenhower (pese a ser el presidente que le dio el abrazo fraternal a Franco) que, desde luego, Reagan o ambos Bush; incluso a Tricky Dick Nixon, pese a sus conocidos defectos y los desmanes que auspició durante su mandato, le reconoce cierta visión global con su política de distensión. Por parte demócrata, quien mejor parado sale es Lyndon B. Johnson, aunque fuera el presidente que más implicó a su país en la guerra de Vietnam; habla mucho mejor de él que de su conservador antecesor Kennedy, Truman o Jimmy Carter (todos, sin embargo, hubieran quedado como preclaros hombres de Estado de de haber incluido a Trump en el libro... aunque también es cierto que el advenimiento de alguien como éste ya se veía venir con la implantación del "populismo republicano", vigente desde entonces, durante la campaña de Nixon). En el lado soviético, el autor reivindica sobre todo la figura renovadora de Jrushev y también lo que podía haber sido el truncado mandato de Andropov.

La tesis que sustenta toda esta obra de Fontana (muy similar a la de la serie de reportajes La historia no contada de EEUU de Oliver Stone, por si alguien la ha visto) es que todo el entremado de poder militar y político organizado por los gobiernos de Estados Unidos con el aparente propósito de enfrentarse al "peligro soviético" (y sus consecuencias. tanto conflictos en los que intervinieron directamente, como Corea y Vietnam, como el apoyo y patrocinio a dictaduras y autocracias por todo el globo: Guatemala, Persia, Indonesia, Grecia, República Dominicana, todo el Cono Sur...), sino que estaba encaminado a conseguir y mantener la hegemonía mundial norteamericana, expandiendo su ideología y por supuesto, favoreciendo sus intereses y negocios...en crear, en suma, un verdadero "Imperio americano"; la prueba está en que, en los últimos 25 años, transcurridos desde la desaparición de la URSS, la política exterior norteamericana ha seguido la misma dinámica -aun cambiando de escenarios- e incluso ha incrementado su presencia militar en el mundo (865 bases militares). Que durante todos estos años se hayan disparado de manera desorbitante los índices de pobreza y desigualdad ( y no sólo comparando el Tercer Mundo con los oaíses desarrollados, sino también entre la población de éstos), según los datos disponibles y que nos proporciona el profesor Fontana, puede ser considerado una casualidad o no (?); eso ya que lo dilucide cada cual... Pero, a ser posible, después de haber leído este libro.

sábado, 6 de mayo de 2017

TochoWeek II #6. La broma infinita, de David Foster Wallace

Idioma original: inglés
Título original: Infinite Jest
Año de publicación: 1996
Traducción: Marcelo Covián
Valoración: otro nivel

Ya estamos. Ya lo sé: valoraciones que nadie entiende. Va, pongámosle otras valoraciones: todas las valoraciones y ninguna, extenuante, inabarcable, necesario, panorámico, ditirámbico, ambicioso, colosal.
Todas valen: hasta alguna negativa. No se crea nadie que no he estado tentado de estampar este libro contra la pared en algún momento. Y se ha pasado algún día en la mesita, en la bolsa en bandolera, mientras servidor se entregaba a ese invento ULADiano de los Espaciadores, acusando, tarde o temprano, nostalgia que era curiosidad por lo que albergaban esos montones de páginas que siempre parecían estar pendientes. Y siempre he regresado, y el viaje, la paliza, la experiencia, el trayecto, ha valido la pena.
Pero nadie osará pensar que yo vaya a zanjar más de 1200 páginas (entre texto y notas tan extensas y complejas que, en algún momento, me vi obligado a usar hasta tres puntos de libro para controlar no perder ni un detalle) y vaya a hacerlo con tres o cuatro parrafitos.
Primero: hay mucha gente que no debe ni intentarlo con este libro. Por ejemplo, todos aquellos que sientan la mínima satisfacción literaria por finiquitar libros de Ken Follett y alardeen de ello, como si fuera un gran hito. Con todo el respeto; este no es su libro. Los que buscan sensibilidad poética tampoco lo tienen muy bien aquí: salvo improbables rimas consonantes con los nombres de los diversos compuestos químicos (casi todos participantes en alguna sustancia narcótica), la prosa de DFW es torrencial y arrolladora, en ocasiones casi de prospecto o de manual técnico o de memoria de calidades. Los escasos de paciencia, los ávidos de tramas que hay que descifrar, los maniáticos del minimalismo (minimalismo en una reseña sobre un libro de DFW, ay, que me parto de la risa), los que desprecian el valor de los detalles. 
La broma infinita, que toma su título del de una película en la filmografía amateur del padre del protagonista, es un agotador repaso por las incongruencias de la sociedad americana: una sociedad que extiende la competitividad a todos los aspectos de la vida y a edad muy temprana. Esos estudiantes expuestos a horas y horas de entrenamiento en una mediocre y convencional escuela de tenis, y que no encuentran otro modo de huida que el consumo desaforado y experimental de toda droga habida y por haber. Esa sociedad que ha llegado al paroxismo mercantil de encontrar patrocinadores comerciales para los años. 
Segundo: incluso descartando esos amplios sectores, nadie garantiza aquí que la experiencia sea agradable. Esta es la obra magna de ficción de un escritor cuyos ensayos de, pongamos, 50 páginas, ya eran ejercicios exhaustivos, ya eran colosales muestras de tomar un tema y sacarle hasta la última gota. DFW no es que escriba de espaldas al oyente: es que dice, como David Simon, que se joda el lector medio. O como diríamos algunos, la moderación está sobrevalorada. No es una broma (no es otra broma). El aluvión de opiniones sobre este libro es abrumador. Su anecdotario crece exponencialmente y me quedo apenas con algunos detalles. Como que se especula que solo el 10% del millón de ejemplares vendidos ha sido leído, como que existe una web (Brickjest.com) donde se han reproducido sus principales escenas con piezas de Lego, como que sus reseñas son muchas veces encabezadas por guías de lectura, para ayudar al lector en la experiencia. Esto pone muy complicado (pone imposible) ser original. Las 1.200 páginas (a un tipo de letra que se empequeñece para notas al pie y se hace minúscula en las notas de las notas al pie) representan, insisto, un desafío para resistencia y paciencias y mi consejo es obvio. Cederle al libro el ritmo que requiere y comprender que cualquier avance es importante, que la novela no hay que estudiarla y que todo el texto tiene algún aporte (las notas esconden más de una escena muy jugosa), pero que no hay Huevos de Pascua ni sorpresas argumentales y que el libro ya deja claro en su esencia que se precipita hacia un faux finàle. 
Porque la influencia más clara es Pynchon, claro. La trama surge de entre los matojos y los zarzales que Foster Wallace sitúa por doquier. Países que se han reconfigurado "exportando" territorio. Organizaciones terroristas con aroma a romanticismo. El tenis y su proyección como deporte individual sobre la vida real. Personajes crueles o víctimas de la crueldad. En casos extremos. Las siglas descabelladas, los personajes de nombres estrambóticos, que parecen mal escritos, la constante sensación de anarquía y de piezas que no encajan todavía. Y la lectura subliminal, claro. Aquí es imposible abstraerse a conocer sobre el futuro que le esperaba a Foster Wallace o incluso especular sobre las pistas que ahí dejaba. Las palabras depresión y suicidio y adicción están muy presentes. Los suicidios de las formas más extravagantes y repulsivas dejan en muy pulcro y discreto un ahorcamiento. Las notas contienen un vademecum de estupefacientes legales e ilegales del cual el autor parecía saber bastante. Las adicciones proliferan por doquier y la búsqueda del placer en sí misma o para mitigar la ansiedad acapara a las decenas de personajes. Protagonistas relativos, los Incandenza, una salingeriana familia cuyo patriarca, James (o cualquiera de sus diferentes motes) dirige la Academia Enfield de Tenis, donde Hal, uno de los hijos, despunta y convive con jugadores y toda clase de estupefacientes cuya detección en los controles rutinarios evitan a través de una red de tráfico de muestras "limpias" de orina. Pero escenas las hay a centenas, los saltos temporales son constantes (y difíciles de seguir, pero no hay que obsesionarse)  y Foster Wallace nos abate por saturación. Hay, ya lo he dicho, crueldad, mucha, escatología, humor negro a raudales y escenas truculentas, sórdidas, descriptivas de forma incómoda y a veces críptica (estoy seguro que en el libro hay por lo menos una centena de palabras inventadas), con todo el lujo de detalles que la extensión permite.
Alguien me dijo que el libro le había enternecido. A mí me sigue pareciendo que el mejor, el glorioso Foster Wallace está en sus relatos y en sus ensayos, pero estoy completamente seguro de que cualquier interesado en el curso de la literatura contemporánea ha de leer este libro, ha de obligarse a hacerlo o prometerse intentarlo, lo cual ya puede que constituya una declaración de principios (puede que uno de los blogs que debe haber se dedique a levantar testimonio de los intentos fallidos). No (opiniones encontradas las hay por doquier), por lo que se dice de la sensación de superioridad que puede derivarse de haberlo leído y creer (¡!)que se ha comprendido. Sino por la calidad intrínseca de la forma de escribir, que, comprendida su dificultad de digestión, aparece de forma constante. Frases extensas, párrafos intimidadores, tramos casi disuasorios (el fantasma del abandono pulula hasta la página 700 o así), todo lo que queráis sobre el hype y la exageración y sí, qué cojones, la reconsabida necrofilia. Pero, veinte años más tarde, tras montones de imitadores o inspirados (o iluminados) por él, tan actual que da rabia.

viernes, 5 de mayo de 2017

Tochoweek II #5: El hombre sin atributos, de Robert Musil

Resultado de imagen de el hombre sin atributosIdioma original: alemán
Título original: Der Mann ohne Eigenschaften
Año de publicación: 1930-1933-1943
Nº páginas: 1568
Valoración: Imprescindible (para consumir en pequeñas dosis)


¿Cuánto puede haber puesto un autor de sí mismo en una novela que le ocupó alrededor de treinta años y acabó convirtiéndose en el proyecto de su vida? No puede atribuirse carácter autobiográfico a El hombre sin atributos, pero me parece razonable afirmar que Ulrich, su principal personaje -en un contexto muy cercano a la novela coral- contiene muchos rasgos constatados de su autor y, probablemente, otros tantos de sus preocupaciones, forma de pensar y sentir y que, por tanto, habrá servido de modelo para construir a ese complejo y escurridizo, y por eso mismo sugerente, hombre sin atributos. Ya en las primeras páginas, se aclara el sentido de la expresión: según yo lo entiendo, califica a aquellas personas que se adaptan, mimetizándose, a la dificultosa complejidad de la vida moderna. Una vida que, según él describe, no difiere tanto de la que estamos viviendo. Es más, si sacásemos algunos párrafos de contexto se diría que se han escrito hoy mismo.
"Si se pudieran medir los saltos de la atención, el rendimiento de los músculos de los ojos, los movimientos pendulares del alma y todos los esfuerzos que tiene que hacer un hombre para conseguir abrir brecha a través de la afluencia de una calle, es de presumir que resultaría -él así lo había imaginado al jugar a investigar lo imposible- una dimensión frente a la cual sería ridícula la fuerza que necesita Atlante para sostener el mundo. De ahí se podría deducir qué esfuerzo tan titánico supone el de un individuo moderno que no hace nada. El hombre sin atributos era en la actualidad uno de ellos."
Hay que leer con atención la novela para darnos cuenta de toda la ironía que contiene tras esas reflexiones tan circunspectas, pero en cuanto captamos la peculiar forma de expresarse de Musil reparamos en que su prosa está llena de guiños, paradojas, verdades a medias, así como alusiones caricaturescas a personalidades más o menos relevantes. Tras empaparme de su forma de ver el mundo y aun sabiendo que el proyecto le costó mucho tiempo y esfuerzo, creo adivinar cuánto se divirtió dando forma a este espectacular fresco de una sociedad que dejaría una profunda huella antes de esfumarse del todo.
Musil no tiene nada en común con esos escritores que se encierran en la torre de cristal y no tienen más vida que su obra. Fue a su modo un hombre de acción que, por otra parte y al estilo de los sabios renacentistas, acumuló toda clase de saberes. Interesado, al igual que su protagonista, por las disciplinas científicas, primero abandonó la Academia Militar para estudiar Ingeniería Mecánica, y luego su actividad profesional en el sector por los estudios de filosofía y psicología aplicada. Esto sin contar una Primera Guerra Mundial -responsable de su posterior interés por la política- que tuvo que vivir a la fuerza, y una segunda cuyo final no tendría la suerte de ver. Su personalidad era, pues, muy parecida a la de Ulrich, indefinida, sin atributos, con muchas vocaciones diferentes y ninguna que le caracterizase del todo.   
El hombre sin atributos -que fue prohibida por los nazis y supuso el exilio definitivo de su autor- muestra la efervescencia ideológica de la alta burguesía austriaca de preguerras, así como su afán por que el decadente Imperio Austrohúngaro -aquí llamado Kakania- recupere el protagonismo y la libertad de movimientos frente a la creciente hegemonía de la nación alemana.
Lo que finalmente conciben se reducirá a un conglomerado de ideas, proyectos y personas denominado Acción Paralela, bastante ambiguo en sus comienzos y nunca concretado del todo. A la corriente -que simboliza el fracasado objetivo de alcanzar la concordia entre naciones europeas por falta de un corpus ideológico, sólido y a la vez tan flexible que impida caer en dogmatismos- se le opone un grupúsculo juvenil seducido por el nacionalsocialismo que nunca llegará a hacerle sombra. En su núcleo encontramos a Gerda. la eterna aspirante a prometida de Ulrich. Pero el personaje femenino más relevante -al menos durante las primeras novecientas páginas-, quien concibe la Acción Paralela y presta sus salones como punto de encuentro, es una prima lejana de Ulrich, Hermelinda Tuzzi, más conocida por Diotima, casada con un oscuro y aburrido funcionario y, más o menos secretamente, enamorada de un tal Arnheim, de nacionalidad prusiana -rasgo que lo convierte en sospechoso-. acaudalado empresario, además de escritor y hombre de mundo que, al representar al hombre con infinidad de atributos, se convierte en el oponente del protagonista.
Entre Ulrich y cada uno de los personajes femeninos -incluida su hermana, de quien le apartaron cuando eran niños, su prima Diotima y Clarisse, amiga de la infancia casada hace tiempo- se establece una corriente de seducción que, como pasa con todo lo demás, nunca  veremos resuelto. Pero también es requerido como secretario y hombre de confianza por el correcto e ineficiente conde Leinsdosff responsable final de la Acción Paralela; requerido también, constantemente, por un grotesco general -único representante del ejército en la novela y con quien el autor se ceba a base de bien- que nunca logró aprender a montar a caballo y que se empeña en presentarse allí constantemente aunque nadie lo reclame nunca. Todo ello bajo la permanente sombra de Moosbrugger, asesino confeso y condenado a muerte, objeto oscilante de las preocupaciones de algunos personajes y símbolo de todo lo excesivo y amenazante que, sin embargo, induce a compasión.
El hombre sin atributos es una novela fría y meticulosamente construida, de lectura más bien complicada, que refleja fielmente una época. Aunque se publicó mucho más tarde, describe el ambiente que se respiraba en la Viena inmediatamente anterior a la guerra de 1914. Y lo hace a base de acumular detalles, de presentar situaciones, de mostrar los rasgos y actitudes de cada individuo, nada de facilitarnos las cosas -y facilitárselas a él mismo- elaborando sencillas síntesis de su visión particular. Lo que hace, en cambio, es construir un mundo, minuto a minuto y pedazo a pedazo, por eso necesitó tantas páginas y más tiempo del disponible. El proyecto, como sabemos, quedaría inacabado, pero si lo contemplamos a fondo y en conjunto, cabría preguntarse si estaba inconcluso ya desde el momento en que fue concebido, si en el caso de que Musil hubiese dispuesto de toda una eternidad para llevarlo a cabo, hubiese logrado poner punto final.