martes, 30 de octubre de 2012

Haruki Murakami: De qué hablo cuando hablo de correr

Título original: Hashiru koto ni tsuite kataru toki ni boku no kataru koto
Idioma original: Japonés
Año de publicación: 2007
Valoración: recomendable (para los fans: imprescindible)

Estoy preparado para todo. Después de escribir un título tan prolongado, hasta en japonés, mis fuerzas están renovadas y mi cabeza alta: mis sentidos, prestos a detectar cualquier flecha o cualquier proyectil. Preparado hasta para morir por el fuego amigo. Porque si ya sus obras de ficción ponen a Murakami en el disparadero, y es tildado, para mí de forma completamente injusta, de escritor lindante con la autoayuda, imaginad a Murakami hablando de su experiencia como corredor y estableciendo paralelismos con su condición de escritor. Incluso haciéndolo en 2007, cuando aún no detentaba su actual posición de fenómeno superventas, cuando apenas Tokyo blues y alguna otra novela habían sido traducidas, cuando Tusquets no había empezado a explotar el filón del japonés ese del que todos hablan. Ajeno, aún, al provechoso futuro que le esperaba como escritor mediático global. O, en todo caso, inconsciente del acelerón que se acercaba, o si acaso entonces ya se insinuaba.
Porque este libro es un magnífico diario de a bordo. Lo es porque está escrito en una clave de sinceridad desprovista de pedantería. Está escrito desde el profundo amor por la escritura, o por la literatura. No está escrito, como alguno podría interpretar por esa foto de la portada (cargada de simbolismo, en la que el propio Murakami parece ir a afrontar un camino u otro) o por la inclusión de fotos en el interior, con intenciones de restregar por la cara el propio éxito, o de aleccionar a potenciales escritores sobre cómo hacerlo para triunfar. El autor se limita a trazar esa alegoría entre carrera literaria y carreras deportivas. No alecciona: habla de su propia experiencia y de lo que le ha servido. Murakami no le dice a nadie que se ponga a correr maratones y entonces será mejor escritor, o mejor abogado, o mejor empresario. No creo que haya que culpar a Murakami por tener éxito o por vender mucho. Parece que el mundo de la literatura occidental vaya loco por encontrar escritores con un cierto exotismo. Mirad, si no, los premios Nobel. Cualquiera se endiosaría y tardaría siglos en sacar un nuevo libro, dejaría crecer la bola de nieve de la expectativa, y haría que sus seguidores sufrieran y salivaran, pero Murakami, como Auster, que me temo que es otro incomprendido, escribe, y escribe, y publica con tal frecuencia que cuando uno piensa que aún no ha leído su último libro, ya te ha plantado otro en el mercado. Es comprensible, entonces, que no siempre sea brillante.
Pero en fin, volvamos al libro. Sí que establece analogías entre cómo afronta su afición por correr y cómo afronta su carrera de escritor. Pero no es dogmático; no es cargante. Lo hace con  sencillez y con sincero sentido de la modestia. Lo hace como el tipo que triunfa y le dice, sentado en el sofá de su casa, a los amigos de toda la vida: "joder, no sé cómo coño me ha salido todo esto". A los que están hastiados de ver las portadas negras de sus libros por doquier, a los que les gustaría que el japonés de moda fuera cualquier otro (del que también despotricarían, seguro), me gustaría preguntarles cuántos libros de Murakami han acabado, y cuántos no han acabado, a base de resollar constantemente pensando en lo mal que les cae el tío. Vamos: decidme si Murakami no es la misma virgencita al lado de De Prada o Sánchez Dragó. Aun así, no caeré en la tentación de añadir un "muy" a la valoración del libro. Quien ya sea refractario ante la obra del nipón, mucho más lo será ante un ensayo autobiográfico que supera con mucho la mera sucesión de anécdotas para acabar convirtiéndose en un entretenidísimo diario de experiencias. Quien obtenga placer hasta de sus largas obras más densas aullará aquí. Parece no haber puntos intermedios. Ajeno a ello (y cada vez más relajado viendo como su cuenta corriente aumenta), estoy convencido de que Murakami seguirá escribiendo.

También de Haruki Murakami en Un libro al día:  After dark, Kafka en la orilla y sobre Haruki Murakami en Un libro al día: A vueltas con Murakami

15 comentarios:

Iván dijo...

Este es mi libro favorito de Murakami. Es un decir: solo he terminado este y Tokyo.
Me encanta la nueva etiqueta.

Francesc Bon dijo...

Tokyo Blues fue mi primer Murakami y me agobió su mensaje depresivo. Los libros que he acabado de él son cortos todos: un día he de probar uno de esos más largos, y ya veré que pasa. La etiqueta está a disposición de toda la fauna Uladiana completamente gratis. Externos, hablen con mi agente, que ahora mismo está comiendo.

Un libro al día dijo...

Pues en mi caso puedo decir que he leído enteritos un buen puñado de libros de Murakami (incluido este) y cuanto más le leo, de más mala leche me pone.

Este libro en concreto es una curiosidad, una rareza de la que disfrutarán especialmente los fans de Murakami y los corredores vocacionales o profesionales. A mí me pareció "psché".

También de escritores japoneses aficionados al ejercicio físico: El sol y el acero de Mishima. :)

Santi dijo...

(El anterior comentario es mío...)

Montuenga dijo...

Hola Francesc
Solo he leído Tokyo Blues y, seguramente, es poco para tener una opinión formada, pero me lo estoy pensando porque, después de aquello, prefiero leer libros de otra gente.
No me pareció una mala novela pero tampoco tan excepcional como se da a entender: muchas expectativas, abuso del drama, presonajes con poco fondo, anécdotas no demasiado trascendentes... pero razonablemente bien contadas, con una disposición amable, de contentar a todo el mundo.
Es lógico que no estemos todos de acuerdo. Lo que quería decirte es que sacar un libro cada año sin madurarlo debidamente no me parece un punto a su favor, como pareces dar a entender sino al contrario: una forma de explotar el filón sin madurar debidamente sus obras. A mi juicio, le honraría mucho más escribir más despacio, tomarse su tiempo. Y, seguramente, daría a la imprenta obras con mucho más calado. Pero es lo que se hace hoy, lo que están haciendo todos los autores de éxito, en España también es la tónica. Cuanta más producción, más facilona y más vendible. Y, claro, cada vez escriben peor. Pero se están forrando, eso hay que reconocérselo. (Aunque a mí no me parece un mérito, que conste)

Francesc Bon dijo...

Bueno Santi, estaremos de acuerdo que el libro en cuestión no merece ser obviado como una especie de manual de autoayuda. O sea, que Murakami no es Jorge Bucay, digo.

Francesc Bon dijo...

Tokyo Blues fue el primer libro de Murakami con revuelo mediático y no me lo explico. Yo no es que considere un punto a favor el que sea prolífico: no sé que tiene negociado con su agente, aunque a mi entender, para una persona que sólo se dedica a escribir, un año ha de ser más que suficiente para entregar algo de cierto nivel. Tampoco he leído sus obras más recientes y no sé si está bajo una especie de síndrome de exprimir a fondo su éxito. Sé que a veces no es escritor quien escribe sino quien no puede dejar de escribir. Qué polémica más política: cuándo van a empezar los ataques??

Marcelo Z dijo...

Francesc, Santi, Montuenga. En gran medida comparto con vosotros ese sentir acerca de la escritura de Murakami. Sólo he leído 'Tokyo Blues' y he expresado hasta el cansancio que percibo una infinita necesidad de agradar al lector, por más que el libro me haya gustado. No me he animado a dedicar más tiempo a su obra, aunque tengo 'El fin del mundo...' pendiente. Tengo la sospecha de que, por debajo de una prosa fluida, hay un boom editorial que pide su espacio. Eso. Saludos, gente!

Francesc Bon dijo...

Gracias por comentar, Marcelo. Personalmente pienso que, aunque seamos escépticos, el deseo de agradar de Murakami (obviamente deseo que ha resultado exitoso a nivel global) podrá predisponernos en contra si lo apreciamos como algo forzado. Pero su carrera anda por la decena larga de libros. No es garantía de nada, lo sé, pero yo lo sigo apreciando como literatura, y no veo el sentido de compararlo con Coelho o Bucay.

Ana Biarge dijo...

Hola, gentes de ULAD! Yo soy de las que opinan que Murakami en general es bastante flojillo, cuando oí que sonaba para el Nobel casi me atraganto... Este libro en particular es flojo entre los flojos y, al contrario que a FB, a mí me pareció bastante pretencioso, Murakami se lo cree como escritor y como corredor. Yo sólo se lo recomendaría a los grandes forofos de las maratones, aunque en mi opinión no tiene interés ni como diario de su evolución deportiva (no digamos literaria...). Saludos a todos, me encanta vuestro blog.

Francesc Bon dijo...

Muchas gracias por el comentario y por tu disidencia: yo aprecio sinceridad, pero con Murakami no hay puntos intermedios. A mí también me parecía escandaloso para el Nobel, pero la ejecución en la plaza pública y las comparaciones con ciertos patanes, pues, em, tampoco.

Santi dijo...

¡Que viva la disidencia!

A ver, la comparación de Murakami con Coelho era más una provocación que otra cosa. Murakami es obviamente mucho más escritor que Coelho o Bucay. Pero sigo diciendo que es un escritor poco profundo, no demasiado original, y que no está al nivel de un premio Nobel, ni mucho menos.

También insisto: si no se le sobrevalorase tanto, probablemente me cayese bastante mejor. Una amiga me escribía esta misma semana y me decía: "Tienes que superar la tirra a Murakami. Con la cantidad de escritores asquerosillos que hay, este solo es un escritor japonés simpático que no se mete con nadie..."

Pues puede ser. Pero vamos, que no me lo pongan como un maestro de la literatura, porque no.

Francesc Bon dijo...

En nada desvelamos los detalles del pacto poli bueno-poli malo que tenemos para promover polémicas... después de la publicidad !!

Arrate dijo...

Para desviar un poco la atención hacia otros elementos, me gustaría comentar la enorme diferencia entre las traducciones de Murakami. He leído Norwegian Wood ("traducido" al castellano como Tokio Blues) y una colección de relatos titulado Blind Willow, Sleeping Woman, ambos en inglés. Fue así como descubrí que me gustaba lo que escribía este tipo. Entonces salió 1Q84, cuya traducción española salió mucho antes de que se anunciara la inglesa, así que fans como era ya, me la compré. Y de repente me cambian al escritor que tanto me gustaba y me lo convierten en un sensiblero pedante.

No digo que no pueda haber enormes diferencias de estilo entre sus novelas, pero mi experiencia cambió muchísimo. Me quedo mucho antes con el Murakami inglés.

Francesc Bon dijo...

Gracias, Arrate, por esa puntualización. La simple traducción del título de Norwegian Wood es digna de figurar en antologías de lo absurdo, es como una declaración de principios, con el título, de todo lo que uno está dispuesto a cargarse de lo que viene a continuación.
Pues el matiz sobre Murakami y la traducción no es nada desdeñable. A ver si los detractores lo tienen en cuenta, y se deciden a aprender japonés, narices. Por cierto, estoy disfrutando con una traducción excelsa: la que hace Javier Calvo de cierto libro de David Foster Wallace. Claro, así se entiende que Calvo se decidiera también por escribir sus propias novelas.
Pues, eso, gracias por comentar, y por poner de nuevo a Murakami en el microondas de la polémica. Así da gusto.