domingo, 14 de octubre de 2012

Margaret Atwood: Doña Oráculo

Idioma original: inglés

Título original: Lady Oracle

Año de publicación: 1976

Valoración: Recomendable




Como se sabe, toda novela es, fundamentalmente, la constatación de una búsqueda. La que nos ocupa puede considerarse una obra iniciática, ya que describe el camino que debe recorrer la protagonista hasta descubrir quién es y qué papel le ha tocado en suerte. Joan Foster nos cuenta su historia – la de una avispada niña que enseguida asimila los prejuicios adultos, la de una mujer inteligente y resolutiva que ha resuelto ocultar sus muchos talentos –, empezando por sus primeros años hasta el momento en que se encuentra atrapada en una pequeña aldea de Italia, después de haber fingido su propia muerte, temiendo ser reconocida, perseguida y, sobre todo, encontrarse frente a frente con sus particulares demonios.

Utilizando la ironía, el sarcasmo, incluso cierto histrionismo, la heroína traza la caricatura de una vida corriente que, de este modo, transforma en singular. En un proceso repleto de paradojas que empieza, naturalmente, por la relación con sus padres, Joan aprende a rechazar la excesiva rigidez de las costumbres sustentada en la figura materna, quien, por otra parte, cumple a la perfección el rol que le ha sido asignado, aunque sus continuos esfuerzos (por aparecer elegante, mantener una envidiable figura, ser una cocinera excelente….) acaban por convertirla en antipática. Su hija la ve como la responsable de todo lo malo que ocurre en su vida. En ese rechazo frontal del perfeccionismo materno usará como arma la glotonería, convirtiéndose casi a propósito en una niña obesa que se mantiene como tal firmemente, a pesar de limitaciones y complejos, hasta que alcanza la juventud. En cambio, al padre – que permanece toda la vida a una cómoda distancia de ella – le imagina colmado de cualidades que está muy lejos de tener.

Joan es un personaje entrañable, dotado de una ingenuidad congénita, frágil y enormemente fuerte a la vez, con un gran sentido del humor que le ayuda a encontrar siempre el lado cómico. Mientras se siente bajo el influjo materno, utiliza la estrategia vital que ha elegido, esforzándose por conciliar el complejo que le produce su cuerpo y la terquedad en mantenerlo así y por conservar la lealtad hacia un padre con quien convive y, sin embargo, apenas conoce. Pero una circunstancia fortuita la libera repentinamente de esa tiranía autoimpuesta. Solo entonces adelgaza, solo entonces se permite aprovechar su innata disposición para comprender la realidad y manejarla a su antojo, ocultándola, a la vez, a toda costa para complacer a sus sucesivas parejas. Toda su vida habrá de elegir entre sentirse acompañada o ser fiel a su naturaleza (creativa, racional, independiente). Para suerte y desgracia suya, nuestra protagonista es una mente lúcida que se ve obligada a disfrazar su verdadera forma de ser, a ocultar sus aptitudes, a mentir sobre sus ambiciones, sólo para lograr la ansiada aprobación del hombre que ama y con ella el afecto. Hasta después del fallecimiento materno no se percatara de su tremenda injusticia.

Atwood se vale de la obesidad como medio de oposición a los cánones de belleza femenina rechazando, a través de ella, la constante regulación de las conductas. Autores más modernos han utilizado otros recursos, por ejemplo la tendencia a la androginia, para expresar más o menos lo mismo: la rebeldía frente a un programa corporal, social y psicológico prefijado de antemano que las uniformiza y no tiene en cuenta su opinión.

La afición por el folletín dota de estupendos recursos a la autora, que lo usa para crear un personaje creíble y lleno de matices, pero también la traiciona en cierto modo, pues la lleva a armar un complejo entramado que, finalmente, demuestra carecer de consistencia y se derrumba con la mayor facilidad, como una enorme y engañosa construcción de cartón piedra.

Su similitud con nuestra novela picaresca –, en la causticidad de la sátira, en la vocación aventurera, en el carácter anti heroico del personaje – no es tan casual como parece ya que manifiesta rasgos que se encuentran impresos profundamente en la genética humana, al margen de espacios y tiempos.

Es innegable que Atwood, incluso en esa primera etapa de la profesión, sabe manejar sus herramientas, estructurales, estilísticas, y de todo tipo. También se agradece su gran sinceridad, esa implicación, tanto emocional como ideológica, en todo lo que nos está contando. Porque, a pesar de su complejo contenido expresado de forma simbólica, Doña Oráculo no deja de ser una obra divertida y fácil de leer que mantiene la intriga hasta el final y que, sin duda, entretendrá a todo tipo de público.


De la misma autora: Érase una vez, El asesino ciegoOryx y Crake

2 comentarios:

Yemila dijo...

Qué reseña tan buena, y qué ganas me han entrado de leer este libro...

Montuenga dijo...

Muchas gracias, compañera.

Pienso que te "pega" un montón y que te lo vas a pasar genial. Yo no lo encontré en librerías pero en cualquier biblioteca lo tienes.