sábado, 6 de octubre de 2012

Semana de la Ciencia Ficción: Solaris, de Stanislav Lem

Título original : Solaris
Idioma original : Polaco
Año de publicación : 1961
Valoración : está bien

Supongo que formo parte de ese público que accedió a la lectura de ciencia-ficción como consecuencia del visionado de ciencia-ficción. O sea, que la fascinación visual tiró de la curiosidad literaria, y esas secuencias de clásicos, con mayor o menor profusión de efectos especiales, ese espectáculo para los sentidos que fueron y son tantas películas, desde los 50, incluso antes, hasta hoy, definieron perfectamente los escenarios en que, los que así empezamos con el género, situaríamos esos libros en el proceso de su lectura.
Curiosamente, no fue así con Solaris. Ni he visto la mítica película original de Andrei Tarkovsky ni el, dicen, fallido remake de Steven Soderbergh. A pesar de lo cual, yo ya situaba los escenarios conforme avanzaba en la lectura del libro. Sí: la ciencia-ficción es, para los no especializados, un género cautivo de ciertos estereotipos. Algunos de los cuales constituyen para sus fanáticos tanto motivo de fascinación que para otros lo es de escepticismo. Esa sensación no me abandonaba leyendo este libro. Como lector más inclinado a géneros, digamos, más terrenales. No es un pretexto: géneros como éste, o el fantástico, han acercado a muchos a la lectura: los Lovecraft, Poe, Asimov, K. Dick son autores que hacen que muchos se inicien en ella. Pero había mencionado la palabra escepticismo: Solaris es la obra de mayor repercusión de las que escribió el polaco Stanislav Lem, escritor especializado en el género. Y supongo que lo es como consecuencia de su simbolismo.
Solaris es un planeta al que es enviado el científico Kris Kelvin, a una base espacial que gravita sobre un óceano, óceano al que se atribuye una condición genérica de enorme ser vivo (no sé por qué, pienso en la teoría Gaia), y la capacidad de generar seres humanos miméticos a aquellos que pueblan los recuerdos de los que están en el planeta. En el caso de Kelvin, el océano genera a Harey, émula de su mujer fallecida por suicidio.
Así que Kelvin no tarda en verse atrapado en el confuso juego de presencias en la base, con investigadores desaparecidos o enajenados, con seres cruzándose por los pasillos, como acompañantes generados, o aceptados, mentalmente, para compensar el desespero del confinamiento (no sé por qué, pienso en The shining). Este juego es, en un principio, el atractivo de la novela, que va dando pistas a través de las conversaciones entre los tres científicos reales que aún permanecen allí. De cómo asimilan el juego del planeta y de los personajes irreales que se han generado a su alrededor y cómo intentan hallar una explicación satisfactoria a esa situación. De cómo, contra toda lógica que no sea la onírica o la alucinatoria (no sé por qué, pienso en Levrero) se adaptan a un hábitat extraño y viciado.
Lem sume al lector en algunos momentos de lectura francamente difícil: un par de pasajes en la parte final de la novela son puras elucubraciones sobre las teorías que han urdido antiguos especialistas en la materia, pesados párrafos (no sé por qué, pienso en el capítulo de Cetología en Moby Dick) de explicación científica algo farragosa a la que no se puede negar, en su concepción, originalidad e incluso inventiva. Lem especula sobre la ciencia dedicada a estudiar el planeta, la solarística, y crea su propio léxico sobre los fenómenos que se producen. En algún momento, entre tanto ensayo de corte especulativo, el lector cree estar leyendo alusiones a la raza humana y a las deidades y a una serie de metaconceptos que voy a considerar propios del género y de la época: ciertos autores teorizaban sobre sociedades futuras y construían mundos utópicos, a veces a costa de tejer artimañas algo forzadas.
Este es el lastre de Solaris: su trama, sencilla y hasta excitante en su planteamiento (una especie de submundo alienador en el que cada uno acepta una realidad más reconfortante que la soledad) se complica y se torna confusa en medio de tanta mística a la, como lector, uno cree necesario buscarle segundas o terceras lecturas. Renunciando a la ligereza de las aventuras en el espacio, Lem nos sume en un complicado laberinto del cual yo, al menos, no he conseguido salir.

También de Stanislav Lem en ULAD: La investigación

8 comentarios:

Marcelo Z dijo...

Comparto tu visión, Francesc, de un libro que he leído hace veinte años. El género Sci Fi no me atrapa, mas reconozco que éste es uno de los destacados, entre otros.
De todas maneras, te sugiero ver cuando puedas el film de Tarkovski. Vale la pena. Saludos

Francesc Bon dijo...

Muchas gracias por el comentario: y apunto la sugerencia del film. Curioso pues es un género por el que se pierde entusiasmo en muchos casos, a medida que uno se hace mayor. Freud haría maravillas con eso.

Cities: Moving dijo...

A mi Solaris me pareció espectacular, en cuanto la terminé se instaló en el top 1 de mis novelas preferidas de scifi y de momento no he encontrado quien la destierre de dicha posición. Mi simpatía por Lem se debe sin duda a que sintonizo a la perfección con el anti-antropocentrismo que refleja en este libro. Es cierto que tiene pasajes bastante difíciles de seguir por la complejidad de las ideas que quiere transmitir, pero al menos en mi caso esto no ha supuesto pérdida de crédito alguno. Muy en esta línea especulativa + burla del antropocentrismo está Golem XIV, con párrafos e ideas aún más enrevesadas pero igual de fascinantes. Por cierto, la adaptación de Tarkovsky no está mal y los decorados y ambientación retrofuturista a lo 2001:Una Odisea del Espacio le añade un atractivo extra.

Francesc Bon dijo...

Gracias por los comentarios: qué sano es discrepar aunque parece que respecto a la película de Tarkovski hay unanimidad. La cuestión es que las novelas que incluyen partes en clave de ensayo deberían ir con cuidado en la medida en que esa exposición a veces puede complementar la acción pero a veces la lastra. Tu opinión es muy bienvenida.

izas dijo...

Yo leí Solaris hace mucho tiempo, pero recuerdo que me sorprendió y me gustó muchísimo.
Quizá debería releerlo y comprobar si esta opinión se mantiene, después de los años transcurridos... Pero, hasta que lo haga, sigo pensando lo mismo: ¡me encantó! :)

Francesc Bon dijo...

A mí ahora mismo... no sé... la herida está muy tierna para releerlo. Esas páginas sobre las mimoides y las simetriadas... me recordaba a mí mismo estudiando biología en primero de BUP...
Gracias por comentar.

von Valen dijo...

Las partes "técnicas" de Solaris son tan parte de la novela como la historia de Kelvin. Al final, es una novela sobre un intento de comunicación con una inteligencia no humana.
La leí hace unos meses, una semana después de leer Fiasco (otra de Lem con un tema similar, pero más densa), y me dejó con una sensación optimista bastante reconfortante, no tan dramática como la pintan en las películas. Me hizo acordar a una frase de J. B. S. Haldane: el mundo no es más raro de lo que nos imaginamos, es más raro de lo que nos podemos imaginar.
Saludos.

m dijo...

Siento decir que Solaris es de las pocas excepciones en que me ha gustado más la película que el libro. ¿Quizás porque la vi primero? Algún día probaré a releer la novela y a ver la película después, a ver si a la inversa... Mientras tanto, mi opinión es que es una obra de una imaginación y un componente filosófico muy fuerte, pero las partes en clave de ensayo o técnicas me la hicieron bastante pesada de leer. La historia me encanta, pero no mucho la forma en que está narrada. Cuando haga lo que he mencionado arriba, hablamos.