viernes, 26 de octubre de 2012

¡Quédate con tu premio (literario)!

Las reacciones normales al recibir un premio suelen ser de alegría, de modestia más o menos falsa, de gratitud o de educado menosprecio de los premios en general ("Sí, me han dado un premio, pero yo no escribo para ganar premios, escribo para mis lectores / para expresarme / porque no sé hacer otra cosa"). Pero a veces, por razones diversas, el premiado reacciona de una forma inesperada y rechaza el premio, dejando a los otorgantes con un palmo de narices y un problema de relaciones públicas para resolver.

Eso es lo que hizo ayer Javier Marías al rechazar el Premio Nacional de Narrativa, dotado con 20.000€, que le había sido concedido por su última novela, Los enamoramientos. Hasta cierto punto, podía preverse este rechazo: Marías siempre ha dicho que un escritor no debe cobrar del Estado, por lo que desde 1995 no acepta ni premios ni invitaciones para eventos que sean organizados con dinero público. Al parecer, los miembros del jurado han querido ofrecer el reconocimiento a su obra, aun sabiendo que corrían el peligro de que Marías no aceptase el premio.

Pero si hablamos de no aceptar premios literarios, es imposible no mencionar a los dos únicos escritores que han rechazado el premio Nobel de Literatura: Jean-Paul Sartre y Boris Pasternak. Las circunstancias de ambos rechazos fueron muy diferentes: Sartre, que tenía por costumbre no aceptar ningún tipo de distinción, rechazó el premio porque "ningún autor debe permitir que lo conviertan en una institución, aunque sea en el modo más honorable".

El caso de Pasternak es muy diferente: cuando el autor de Doctor Zhivago supo que había ganado el Premio Nobel de Literatura en el año 1958 se mostró "infinitamente agradecido, conmovido, orgulloso, sorprendido, abrumado"; sin embargo, al aparato político de la URSS no le gustó ni la novela de Pasternak ni el premio "occidental", y organizó una campaña de protestas "espontáneas" en su contra. Tras ser amenazado con no poder volver a la URSS si acudía a la gala de entrega en Suecia, Pasternak escribió una carta a la Academia Sueca renunciando al premio. Pero esto no fue suficiente para el estado soviético, que continuó su campaña de acoso y desprestigio contra Pasternak hasta su muerte en 1960, e incluso después.

Aunque en circunstancias menos trágicas que estas, la política suele estar detrás de muchos de estos premios rechazados. Por ejemplo, hace apenas un mes la escritora portuguesa Maria Teresa Horta rechazó recibir el premio D. Dinis de manos del Primer Ministro Passos Coelho, como muestra de repulsa por la política de austeridad del actual gobierno; y también recientemente un poeta estadounidense, Lawrence Ferlinghetti, ha rechazado un premio otorgado por el PEN Club húngaro, dotado con 50.000€, como protesta por las políticas del partido derechista gobernante en Hungría, que "tienden al autoritarismo y al consecuente retroceso de la libertad de expresión y de los derechos civiles". También Albert Boadella y Els Joglars rechazaron en 1994 el Premio Nacional de Teatro, por considerar que llegaba "demasiado tarde", en un momento en que ya no necesitaban el reconocimiento de "la oficialidad".

En otros casos, sin embargo, el rechazo de un premio significa el rechazo de todos los premios, o del concepto mismo de premio, distinción o competición entre creadores. Desde una postura en cierto modo cercana a la de Sartre, el poeta griego Dinos Cristianópolus no aceptó el Gran Premio de las Letras griego por estar “en contra de cualquier tipo de distinción honorable. No hay ambición más grosera que querer distinguirnos. Este terrible ‘ser mejor que los demás’ (υπείροχον έμμεναι άλλων) que nos dejaron los griegos antiguos. Estoy en contra de los premios porque disminuyen la dignidad del ser humano… Recibir premios significa aceptar jefes intelectuales y algún día debemos eliminar a los jefes de nuestras vidas”.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Los enamoramientos aburre, aburre muchisimo. El sabra lo que hace. De aceptar el dinero y haberselo entregado a Caritas habria merecido mi Respeto.

Francesc Bon dijo...

Me gusta mucho el comentario del escritor griego. Y me gusta mucho cómo retrata a Albert Boadella su rechazo del premio en 1994. Creo que deberían probar a dárselo hoy, que seguro que lo aceptaría.
Excelente e interesante entrada.

Maese_Salakov dijo...

«Las concesiones de premios, si prescindo del dinero que reportan, son lo más insoportable del mundo, había tenido ya esa experiencia en Alemania, no ensalzan, como creí antes de recibir mi primer premio, sino que rebajan, y por cierto de la forma más humillante. Sólo porque pensaba siempre en el dinero que traen las soportaba, sólo por esa razón fui a los más diversos ayuntamientos viejos y a todos esos salones de actos de mal gusto. Hasta los cuarenta años. Me sometí a la humillación de esas concesiones de premios. Hasta los cuarenta años. Dejé que me defecaran en la cabeza en esos ayuntamientos y salones de actos, porque una entrega de premios no es otra cosa que una defecación en la cabeza de uno. Aceptar un premio no quiere decir otra cosa que dejarse defecar en la cabeza, porque le pagan a uno por ello. He sentido siempre las concesiones de premios como la mayor humillación que cabe imaginar, no como una exaltación. Porque un premio se lo entregan a uno siempre sólo personas incompetentes, que quieren defecar en la cabeza de uno y que defecan abundantemente en la cabeza de uno si se acepta su premio. Y están en su perfecto derecho de defecar en la cabeza de uno, que es tan abyecto y tan bajo como para aceptar su premio. Sólo en la mayor necesidad y cuando están amenazadas la vida y la existencia, y sólo hasta los cuarenta años, se tiene derecho a aceptar un premio que lleva consigo una suma de dinero o, en general, un premio o una distinción. Yo acepté mis premios sin estar en la mayor necesidad ni tener la vida y la existencia amenazadas, y con ello me hice abyecto y despreciable y, en el sentido más exacto de la palabra, repulsivo.»
—Mis premios, Thomas Bernhard—

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Dicho lo cual, yo también he dejado que defequen sobre mi cabeza en numerosas ocasiones. Aún lo hago, de hecho. Así, bien por Marías.

En cuanto a "Los enamoramientos" en concreto, es una novela que está bien, sin más. Algunas disertaciones son ambrosía. En cambio, el hilo-detectivesco-argumental es bastante flojo. Yo creo que por ahí falla la novela que, no obstante, incluye perlas en su interior...

Francesc Bon dijo...

Maese Salakov: ando hurgando por librerías de antiguo de Barcelona en pos de algún libro recomendado de Bernhard: y ahora leo ese delicioso y escatológico pasaje. El mundo es muy cruel conmigo, ergo me merezco un premio.

Santi dijo...

Grande, muy grande, la cita de Thomas Bernhard :)

Mi opinión sobre Los enamoramientos ya la di en la reseña que escribí en su momento: me parece un libro muy flojo, con algunos pasajes bien escritos, pero muy superficial y tópica, con personajes planos y un narrador inverosímil. Desde luego, no la considero merecedora de un Premio Nacional de Narrativa. Pero doctores tiene la iglesia...

Maese_Salakov dijo...

Lo mejor de "Los enamoramientos", en mi caso, es la cita que el Sr. Marías me dedicó en sus páginas.

"Para David, que conserve el suyo (mientras le sea bueno)".

¡Me encantó el entrecomillado! Fue en Madrid, en la Feria del Libro de este año, y compré este libro porque él, un escritor consagrado, apenas tenía gente interesada mientras que Mario Vaquerizo y El Hombre de Negro tenían unas colas infames.

Un poco de justicia poética, que debe tratarse de esto, ¿no?