martes, 23 de octubre de 2012

Ivan Klíma: Amor y basura

Idioma original: checo

Título original: Láska a smetí

Año de publicación: 1986

Valoración: Muy Recomendable






"Aquel que cree haber hallado lo realmente eterno, que transmite a los demás la esencia divina diciéndoles que ha descubierto la fe que más se adecúa a ellos, que ha comprendido por fin el misterio de la vida, es un necio o un loco, y casi siempre es peligroso."
Ivan Klíma


Las vivencias, sobre todo las propias, constituyen un material impagable para cualquier escritor que pretenda dar la impresión de autenticidad en lugar de perseguir el aplauso a toda costa. El principal atractivo de esta novela reside precisamente en que transpira sinceridad. Klíma crea un trasunto suyo en el personaje del escritor convertido en barrendero, oficio que no le agobia en exceso al practicarlo, no por obligación sino como un gesto testimonial y simbólico. De esta forma, el autor refleja su propia frustración al ver su obra prohibida y la imposibilidad de publicar en su país teniendo que dedicarse a oficios que nada tenían que ver con el mundo literario. Y lo hace sin dramatismos, como si barrer las calles y recoger desperdicios no fuera más que la ocasión de conocer a fondo a las gentes más diversas y, sobre todo, un pasatiempo, la mejor manera de olvidar que el hecho de escribir ha perdido toda utilidad.

No obstante, el drama real del personaje se encuentra en su encrucijada personal. Es cierto que las incidencias de un triángulo amoroso constituye un leitmotiv literario que, al haberse repetido hasta el aburrimiento, puede parecernos banal y tópico. Pero Klíma lo impregna de realidad gracias a su buen hacer literario. Es tanta la autenticidad que transmite el personaje, hasta tal punto le vemos torturado y dividido, sin exageraciones ni melodramas, de tal modo consigue involucrar al lector que la historia acaba convirtiéndose en única e irrepetible y podemos sentirla como tal. Asistimos como espectadores a los vaivenes de una indecisión, convertida en forma de vida aunque asumida a medias. En un mundo que se tambalea a causa de la dictadura, del recuerdo del gueto, de las prohibiciones, de la imposibilidad de seguir escribiendo, de la falta de certezas, vivir dónde, cómo y con quién se ha vivido siempre proporciona un extra de seguridad imprescindible.

En ese impecable engranaje se incluye un tercer elemento: las reflexiones del propio Klíma, cuya identidad de autor es indivisible de las de narrador y personaje. Con una prosa introspectiva, meditativa, en ocasiones poética, urde un armazón sin fisuras, utilizando un constante y efectivo vaivén argumental en el que las incidencias laborales y amorosas se mezclan con pensamientos y estados de ánimo sin dar tregua a la atención ni a la emoción del que lee. El pensamiento es denso pero apasionado, ameno también. Multitud de temas: sociales, históricos, literarios, políticos, van desfilando con coherencia y ligazón absolutas, casi siempre desde un punto de vista crítico. Ocurre así con la alusión al yerkish: idioma elemental concebido para la comunicación con chimpancés, que Klíma utilizará a menudo para referirse al lenguaje oficial, censurado, banal o propagandístico.

Pero el personaje es humano. Por eso su resistencia a la mentira, la necesidad de mirar a la realidad sin filtros, el rigor con el que pretende enfrentarse al mundo, su rechazo a cantos de sirena que considera engañosos: “Lo sagrado no forma parte de la vida, fue inventado por unos infelices que no se atrevían a vivir y que querían torturar así a los que lograban hacerlo“ contrasta con su doble vida, las mentiras reiteradas que, al intentar perpetuar una supuesta autenticidad personal sumergen a autor y lectores en una paradoja constante.