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viernes, 22 de mayo de 2026

Monika Zgustova: La intrusa


Idioma original: español

Año de publicación: 2018

Valoración: recomendable

Aunque el tiempo se empeñe en enterrar ciertos iconos, en especial a medida que la generación para la que éstos han representado algo avanza, hay que reconocer ciertas personalidades extrañas, controvertidas, cuya luz puede atenuarse, pero que continuarán ancladas en el inconsciente colectivo, al menos, algunas décadas.

Gala Dalí podría responder a ese perfil. Pocos podrían decir con seguridad los motivos de su celebridad, pero su mención parece definir una época. Monika Zgustova, en un ejercicio que me resulta cercano al brillantísimo texto análogo de Eduardo Jordá sobre Anna Ajmatova (figura también mencionada en este libro, por cierto), se lanza a una semblanza (retrato íntimo) sobre la enigmática esposa de Salvador Dalí, por supuesto hay que apuntar el término de musa para definirla, presente en algunos de sus más célebres pinturas. Sitúa sus orígenes, en la Rusia anterior a la Revolución, su curiosa relación familiar, su muy temprano interés por contactar con las vanguardias artísticas. 

La narración se inicia coincidiendo con su estancia en una clínica en Los Alpes para curarse de los tuberculosis, donde se encontrará con el que sería su primer marido y padre de Cécile, hija con la que mantendría una relación distante y discontinua. Un inicio que tizna toda la narración de una tonalidad europea, decadente, siempre a un paso de la precariedad, de la tragedia. Su actitud hacia la vida, una mezcla heterogénea y cambiante de frivolidad, sofisticación, desclasamiento, sensación (de ahí el título) de no encajar al cien por cien en ninguno de los entornos en que se movió, que cubren todas las vanguardias europeas de las primeras décadas del siglo XX, de mantener una relación ambivalente con su país de origen, respecto al movimiento revolucionario - tan alejado en su desarrollo posterior respecto a sus premisas iniciales y, desde el aspecto íntimo, sus relaciones de pareja hasta llegar a su matrimonio con Salvador Dalí, colofón de su colosal, y el libro parece apuntar que casi involuntario, ascenso a la fama.

De Zgustova en ULAD; aquí

sábado, 5 de abril de 2025

Karel Čapek: La fábrica de Absoluto

Idioma original: Checo
Título original: Továrna na absolutno
Año de publicación: 1922
Traducción: Rafael R. Ortega
Valoración: Recomendable

Imaginaos que existe una máquina revolucionaria llamada Karburátor, capaz de producir energía ilimitada combustionando sólo un poco de materia. Dicha máquina destruye la materia que la alimenta al completo, sin dejar residuo tangible alguno. Resultado de esto es que Dios, o el Absoluto, que se encuentra confinado en todas las cosas, queda liberado por el mundo, provocando exaltación mística, milagros de todo tipo y el colapso de la civilización tal y como la entendemos («el mundo se sacudía bajo el estruendo de los ejércitos, (...) las fronteras de los estados se retorcían como lombrices en la tierra, y todo se desmoronaba en ruinas», pg. 203).

Esta es la premisa de La fábrica de Absoluto, un clásico de la ciencia ficción con un interesantísimo concepto de base, grandes dosis de crítica social y generosas paletadas de humor. Sin duda, esta sátira se encuentra a la altura de otras de Karel Čapek, su autor, como la también genial La guerra de las salamandras.

Al igual que la mentada La guerra de las salamandras, por cierto, La fábrica de Absoluto es capaz de exprimir al máximo su premisa. También, al igual que la otra obra mencionada, ofrece una admirable visión panorámica del mundo en el que transcurre, porque, en ella, un cronista nos muestra cómo el Absoluto afecta a la gente, a la industria, a la religión, a la Iglesia, a la economía, a la medicina, a la causa proletaria, a distintos países, etc... Y lo hace a través de un puñado de personajes recurrentes, mostrando viñetas secundarias, describiendo «eventos aparentemente locales» (de los que «se puede extraer un gran caudal de acontecimientos históricos», pg. 191) o citando la opinión de varios intelectuales con respecto al Absoluto.

Semejante argumento permite a Čapek arrojar ideas de un ingenio asombroso en torno a Dios, la religión y la fe. Por ejemplo, sobre la relación entre los técnicos y Dios expresa lo siguiente de boca del ingeniero Rudolf Marek, inventor del Karburátor: «Yo no creo en nada. (...) No quiero creer. Siempre he sido ateo. He creído en la materia, en el progreso, y en nada más. Soy un hombre de ciencia (...); y la ciencia no puede aceptar la existencia de Dios. / (...) Es un caso de Él o la ciencia. No afirmo que Dios no exista; solo digo que no debería exitir o, al menos, que no debería mostrarse. Creo que la ciencia lo está desplazando poco a poco, o en todo caso impidiendo que se manifieste; y considero que esa es la misión importante de la ciencia.» (pg. 29)

Por su parte, G. H. Bondy, director de la Metallo-Electric Company, sirve a Čapek para entregar una perspectiva más permisiva sobre este tema: «Desde el punto de vista empresarial (...), es una cuestión indiferente. Si quiere existir (...), que exista. No somos mutuamente excluyentes.» (pg. 29)

Otra idea muy sugerente la dedica Čapek a la Iglesia. El obispo Linda afirma lo siguiente: «Señores, no se engañen pensando que la Iglesia trae a Dios al mundo. La Iglesia lo encierra, lo controla.» (pg. 46)

El elenco protagónico de La fábrica de Absoluto no es particularmente memorable. Esto, sin embargo, no molesta, pues ya hemos aclarado que esta es una novela de ideas, y que prioriza la construción de su mundo a la de sus personajes («Abandonemos el intento de psicologizar a los grandes hombres», dice el cronista en la pg. 180).

Sin embargo, hay que admitir que Bondy, quizá lo más parecido a un protagonista en esta obra, tiene cierta complejidad. Čapek lo usa para mostrar a un ser humano promedio (es decir, egoísta y plagado de defectos) rodeado de santos. 

Bondy explica a la que fuera su prometida: «Nunca podría casarme con una mujer capaz de leer mis pensamientos. Podría ser religiosa hasta el extremo, caritativa sin límites con los pobres; yo puedo permitírmelo, y además, eso me da buena publicidad. Soportaría incluso la virtud, Ellen, por amor a ti. Soportaría cualquier cosa. (...) Pero Ellen, ni los negocios ni la vida en sociedad son posibles sin pensamientos privados. Y el matrimonio, sobre todas las cosas, es inconcebible sin esos pensamientos ocultos.» (pg. 84)

El propio Bondy es eventualmente afectado por el Absoluto. A Marek le comenta al respecto: «Lo he superado, Rudy, lo he vencido. (...) Cuando me invadió, fue el momento más feliz de mi vida.» A continuación describe los síntomas: «Amor por el prójimo. (...) Estaba frenético de amor. Jamás hubiera creído que podía sentir algo así. (...) / Lo he expulsado. Como un zorro que se arranca una pata para liberarse de una trampa.» (pg. 122-123)

Ah, Bondy. Ya en el clímax de la novela (muy redondo, por cierto), afirma a alguien tan «independiente y experimentado» como él: el Absoluto «es el verdadero Dios. (...) pero (...) este verdadero Dios es demasiado grande. / (...) Es infinito. Ahí está el problema. Cada quien se apropia de una pequeña parte de Él y luego cree que posee el todo. (...) Para convencerse de que Dios les pertenece por completo, tienen que eliminar a cualquiera que piense lo contrario.» (pg. 200)

Poco más que añadir. Sólo reiterar que La fábrica de Absoluto es un clásico de la ciencia ficción que presenta y desarrolla un concepto interesante, que ostenta un cierre perfectamente redondo y que derrocha ideas y humor de una agudeza sorprendentes. Čapek en su máximo esplendor, señores.


También de Karel Čapek en ULAD: Aquí

domingo, 10 de diciembre de 2023

NOVELAS PIRAÑA #7: Trenes rigurosamente vigilados de Bohumil Hrabal

Idioma original: checo

Título original: Ostře sledovane vlaky

Año de publicación: 1965

Traducción: Fernando de Valenzuela

Valoración: sin duda, más que recomendable

Quizá ésta no sea la más famosa de las novela del escritor checo Bohumil Hrabal, pero sí que es una manera más que aconsejable de acercarse a su obra, por varios motivos: la brevedad del texto, la agilidad narrativa y la combinación del humor con tragedia, que convierten en irresistible esta novela corta. La trama se sitúa en 1945, en la estación de tren de un pueblo o pequeña ciudad bohemia, entre  Dresde y Praga, adonde el joven Milos vuelve a trabajar después de tres meses de baja por un intento de suicidio -más adelante conoceremos la causa-; allí conoceremos al resto de personajes de la historia: el hedonista factor Hubicka, el peculiar jefe de estación y su mujer, la telegrafista Zebricka, etc. 

La estación  viene a ser un microcosmos o una representación de la sociedad checa durante la guerra: encontramos desde personajes totalmente opuestos a la invasión alemana, como a algún otro que no sólo está a favor, sino que trata de medrar como ciudadano del Reich (recordemos que Bohema y Moravia fueron anexionadas como provincias alemanas). Además, por esa línea de ferrocarril no sólo pasan trenes de pasajeros o de carga, sino también numerosos convoyes militares, tanto trenes- hospital que vuelven del frentte llenos de heridos y muertos como otros que llevan en sentido contrario soldados y municiones. ëstos son los "trenes rigurosamente vigilados" a los que hace alusión el título del libro y a los que los ferroviarios de esta estación prestan una atención especial, como veremos... 

Cualquiera podría pensar que en una novela como ésta, que transcurre en medio tanto de una tragedia general que supone una guerra, como en una particular, que es la tendencia suicida del joven Milos, el tono predominante sería dramático y oscuro... pero nada más lejos de la realidad: aquí el humor -un humor socarrón e incluso rijoso, por lo general, pero a veces también más fino y en ocasiones algo naïf; en todo caso, siempre vitalista- está presente desde el comienzo de la narración hasta casi el final. Por puntualizar, hay que explicar que este tono humorístico no es que se alterne con los momentos dramáticos, sino que ambos se superponen, más bien, y sin problemas. El tono recuerda, sin duda, al que imprimió otro gran escritor checo, Jaroslav Hasek, a su célebre Las aventurasa del bravo soldado Schweik, que al parecer fue una gran influencia para Hrabal. En ambos casos, la tesisi de fondo está bastante clara: la guerra es una tragedia, sin duda, pero además es absurda, y como tal, no puede dejar de resultar cómica. La influencia del libro de Hasek también se deja ver en el carácter del joven Milos, quien, en esta ocasión nos cuenta lo sucedido en primera persona, es de alguien muy ingenuo o muy listo, dejándonos con la duda... 

No me quiero extender más porque , al ser una novela corta, prefiero que quien la lea por primera vez las virtudes de su más que recomendable lectura. Solamente mencionará que el argumento está basado en las vivencias del propio Hrabal, que durante la II Guerra Mundial y tras haber estudiado, sin mucho entusiasmo, la carrera de Derecho, trabajó unos años como ferroviario; la experiencia laboral lejos de los libros le debió de gustar, ya que , posteriormente trabajó también en lugares tan diversos como una fábrica metalúrgica, una prensa de papel viejo o la tramoya de un teatro, actividades todas que, por cierto le sirvieron para escribir sendas novelas  (y cualquiera diría que inspiraron las Andanzas del impresor Zollinger). Tampoco, por lo visto, fue ajeno a la idea del suicidio, y, de hecho, aún caben dudas sobre su propia muerte...


Muchos otros títulos de Bophumil Hrabal reseñados en este blog: Bodas en casaAnuncio una casa donde ya no quiero vivirLas desventuras del viejo WertherLa pequeña ciudad donde se detuvo el tiempoClases de baile para mayoresMi gato AutickoYo que he servido al rey de InglaterraUna soledad demasiado ruidosa

miércoles, 22 de junio de 2022

Zuzana Kultánová: Augustin Zimmermann

Idioma original: Checo
Título original: Augustin Zimmermann
Año de publicación: 2016
Traducción: Patricia Gonzalo de Jesús
Valoración: Recomendable

Augustin Zimmermann es el debut narrativo de la escritora checa Zuzana Kultánová. Fue galardonado en 2016 con el premio Jiří Orten, concedido a autores menores de treinta años. 

Antes que nada, aclaro algo: estamos frente a un novelón. Un novelón que derrocha factura artística, sensibilidad y subtexto. Un novelón que presenta a unos personajes muy humanos, psicológicamente complejos y con idiosincrasias particulares. Un novelón que hace un retrato de una época y lugar con una maestría inusitada. 

Protagoniza dicho novelón el tal Augustin Zimmermann, un alcohólico vago, envidioso y violento. Fracasó como comerciante y es incapaz de mantener su oficio de molinero. Pega palizas a su mujer y aterroriza a sus hijos. Desdeña a sus conocidos, a quienes también mendiga dinero.

En apenas doscientas páginas seremos testigos de la debacle de Zimmermann y el resto de integrantes de su hogar. Veremos cómo transicionan de la pobreza a la miseria, de las dinámicas disfuncionales a la toxicidad absoluta.   

Asimismo, esta obra nos trasladará hasta la Praga de la segunda mitad del siglo XIX. Escrutaremos los claroscuros de la revolución industrial, seremos testigos de las falsas promesas del modernismo y asistiremos al incremento de una desigualdad social y económica amparada por el progreso.

Al fin y al cabo, «este no es un mundo para individuos como Zimmermann. Por más que se hayan roto las antiguas cadenas y que todo apunte a un nuevo orden en el mundo, nada de eso incumbe a personas como él, personas que, atemporales, se arrastran por el mundo al mismo ritmo desde la noche de los tiempos. Las ideas brillantes y los grandes proyectos empresariales les son esquivos, al igual que el dinero, el respeto y la dignidad. Para Augutin el tiempo no discurre a través de formidables planes, obras literarias, joyas pictóricas, empresas u oficios, cálculos satisfactorios, sino bajo los augurios de un paulatino peregrinaje encaminado a una muerte que no conmoverá a nadie.»

En fin: insisto en que Augustin Zimmermann es un novelón. Un novelón oscuro, amargo, repleto de humanos aborrecibles y escenas grotescas, que contra todo pronóstico logra emocionarnos. Pocas veces una historia de autodestrucción, degradación y resentimiento me había parecido tan entretenida y profunda.    

Por ponerle alguna pega a la obra de Kultánová, diré que, a mi juicio, tiene cierta tendencia a repetir información, a veces es demasiado enfática al ilustrar sus tesis, desaprovecha a determinados personajes y adolece de un final un tanto abrupto. En cualquier caso, repito por si todavía no ha quedado claro: estamos frente a un novelón.

domingo, 3 de mayo de 2020

Franz Kafka: Cuentos completos

Idioma original: alemán
Traducción: José Rafael Hernández Arias
Año de edición: 2015 
(la mayoría publicados entre 1914 y 1922, aprox.)
Valoración: Recomendable con matices

La editorial Valdemar tiene cierta tradición en la publicación de obras completas o cuerpos homogéneos de obras incluyendo tanto materiales muy conocidos como otros fragmentarios o inéditos, según los casos. En esta ocasión se recoge toda la ficción narrativa de Kafka que no puede calificarse como novela (es decir, El proceso, El castillo y El desaparecido o América), incluyendo por tanto La metamorfosis, unos cuantos relatos más o menos extensos y un buen número de cuentos y fragmentos, totalizando unos ochenta. Vistas algunas enumeraciones que circulan por ahí da la sensación de que quedan fuera unos cuantos títulos, pero tampoco importa demasiado. Más interesante resulta –en lo que se refiere a este volumen- que se trata de traducciones directas del material original del autor, libres por tanto del aggiornamento al que Max Brod sometió a la mayor parte de la obra del autor checo. 

Hechas las presentaciones, entramos en materia. Evidentemente, lo primero que encontramos es un alto nivel de heterogeneidad. Es lo que tiene meter el diente a compilaciones de este tipo, a las que personalmente no soy nada aficionado: los textos pueden extenderse desde unas pocas líneas hasta más allá de las cien páginas; hay algunos realmente intensos y atractivos, otros más oscuros, incluso alguno más bien aburrido; de perfiles más reconocibles para quien haya leído las obras más emblemáticas de Kafka, o realmente extraños; en tono de fábula, metafóricos, con sesgo ensayístico o vocación más intimista. Un poco de todo, pero siempre (o casi) dentro del tono singular propio del autor, y pudiendo detectarse elementos y líneas maestras muy característicos que es interesante ir observando con la perspectiva de totalidad que ofrece el libro. 

Como los textos siguen aproximadamente un orden cronológico, los primeros muestran todavía un perfil ligeramente particular. Son relatos en general muy breves, de tono intimista, escritos en primera persona, en los que domina la soledad y la incomunicación, con importante presencia de lo onírico y primeros síntomas de esa pugna entre padre e hijo que irá dejándose ver en distintas ocasiones. Personalmente, me identifico con esa especie de retazos tan radicalmente subjetivos y en apariencia espontáneos. Pero no deja de ser una apreciación personal.

Un segundo bloque –por identificarlo de alguna forma- lo constituyen varios de los relatos de mayor peso, y que ilustran sobre la narrativa más reconocible del autor: La condena (uno de los textos preferidos por Kafka, aunque en mi opinión no es de los mejores), El fogonero (un relato algo anodino incorporado luego a América), Ante la ley y En la colonia penitenciaria (donde Kafka deja traslucir inquietudes sobre la legalidad y el aparato judicial, en la línea de El proceso) y, naturalmente, La metamorfosis, sobre lo que no comentaré más por sobradamente conocida y reseñada de forma impecable en este blog.

A partir de ahí no me siento capaz de agrupar las decenas de textos que siguen, de extensión muy variable y asunto diverso. La impresión general es que la gran mayoría son relatos inconclusos, seguramente esbozos o primeras ideas, alguno de los cuales tal vez hubiera tenido continuidad después. Pero aun en los casos en que es menos evidente ese carácter fragmentario, estos cuentos no tienen apenas desarrollo, y el poco que puede observarse no circula hacia algún tipo de desenlace sino que se enrosca o se dispersa sin tomar casi distancia con el punto de arranque. Son como recortes aleatorios de una situación dada, sin principio ni final, que dejan una sensación extraña, con un punto inquietante.

La creatividad de Kafka, yo diría su carácter insólito, queda de manifiesto también en el contenido de esos retazos. Asistimos a veces a situaciones inverosímiles por la irrupción de seres extraordinarios (un par de bolitas con vida propia, esa especie de muñeco de hilos llamado Odradek), o de individuos que protagonizan acciones extrañas (el ayunador, el cazador Gracchus, un Poseidón que nunca ha surcado el mar, o Josefina la cantora, que interpreta melodías que apenas merecen ese nombre), o por monólogos que se prolongan sin medida, provocando el desasosiego de una búsqueda infinita. En el fondo, lo que casi siempre subyace –al menos así lo veo yo- es una reflexión amarga sobre la condición humana, el sinsentido descubierto en medio de una vida vulgar, la incomprensión ante un mundo que no se sabe si es más absurdo o amenazante. Rasgos de un existencialismo a veces muy patente, otras más oblicuo.

Se podría decir mucho más, claro está, que para eso hay una amplia bibliografía en la que se ha intentado desentrañar los enigmas de este autor inigualable. Pero no creo que deba terminar sin por lo menos citar los relatos que me han parecido más interesantes:

- Blumfeld, un solterón: es el de las bolitas animadas que decía antes. Un personaje que recuerda un poco al Bartleby de Melville y, sobre todo, al silenciero de Di Benedetto.
- Un médico rural, con ambiente más gótico de lo habitual y algún golpe surrealista
- Un fratricidio y El puente, los más brillantes de entre los cuentos más breves.
- El matrimonio, extrañas combinaciones entre lo real y lo soñado
- Y La guarida, creo que el penúltimo de la colección, obsesivo, una espiral enloquecida a partir de la soledad y las propias inseguridades.

Imagino que no es difícil encontrar estos u otros relatos sueltos por la red, y recomiendo con entusiasmo sondear algunos de ellos, porque tal vez digerir los ochenta textos y sus cuatrocientas y pico páginas completas resulte algo excesivo, a no ser que sea uno muy devoto del autor.

Todas las obras de Franz Kafka reseñadas en ULAD: aquí

lunes, 18 de noviembre de 2019

Egon Erwin Kisch: ¡Escríbelo, Kisch!

Idioma original: Alemán
Título original: Schreib das auf, Kisch!
Traductora: Rosa Pilar Blanco
Año de publicación: 1930
Valoración: Recomendable

El reportero Egon Erwin Kisch (1885-1948) luchó como cabo del ejército austrohúngaro en la Gran Guerra. Estuvo en el frente serbio primero y en el ruso después. ¡Escríbelo, Kisch! es su diario de campaña, y abarca desde su movilización en el verano de 1914 hasta el momento en que es herido en la primavera de 1915. Huelga decir que este testimonio tiene un valor incalculable; como documento histórico, por supuesto, pero también en tanto que artefacto literario.

¿Por qué en tanto que artefacto literario? Me explico. En primer lugar, porque puede leerse esta obra como si de ficción se tratara; a ratos, su protagonista recuerda a un personaje salido de una picaresca moderna. Pero, sobre todo, porque la prosa de Kisch es deliciosa. Uno nunca tiene la impresión de estar frente a un texto periodístico. Kisch trasciende el mero registro taquigráfico de los hechos e imprime en ellos factura estilística, bellísimas descripciones, referencias eruditas, ingeniosas observaciones, lúcidas reflexiones y algo de humor desencantado. Todo lo narrado se transmite de un modo directo y vívido. Kisch escribió estas páginas cuando tenía hambre, cuando pasaba frío, cuando estaba bajo fuego enemigo, robándose horas de sueño, con escasa iluminación, incómodo, y esto se nota. Vaya si se nota. 

Resulta sorprendente que este diario burlara la censura militar. Y es que Kisch se mofa en él de sus aliados (superiores incluidos), de la idiosincrasia del ejército del cual forma parte, de su patria... No deja títere con cabeza, vamos. La ironía es, junto a las bondades previamente destacadas (su valor testimonial y la prosa con que ha sido redactada), uno de los puntos fuertes de esta obra.

Con tal de preservar la frescura de sus apuntes, Kisch decidió no modificarlos a posteriori. Este apego al material original no lastra en lo absoluto al conjunto. Aunque este volumen tiene pasajes lentos o repetitivos, no son demasiado ostentosos y contribuyen a transmitir la honestidad de Kisch. En fin, que ojalá quedaran más "reporteros frenéticos" como tú, Kisch. Perspicaces, sinceros, cultos y con sentido del humor. Falta nos hacen. 

lunes, 11 de noviembre de 2019

Rainer Maria Rilke: Los cuadernos de Malte Laurids Brigge


Idioma original: alemán
Título original: Die Aufzeichnungen des Malte Laurids Brigge
Traducción: Francisco Ayala
Año de publicación: 1910
Valoración: Está bien (pero no es fácil)

Por una vez, la ilustración de la cubierta (vetusta edición de Losada) dice mucho de lo que encontraremos en el interior, al menos de sus elementos más básicos. Vemos un libro o cuaderno cuyas páginas entreabiertas están escritas a mano, con la caligrafía descuidada de unas notas personales. Es eso justamente lo que es el libro, los apuntes (así aparece traducido en otras ediciones) de un joven escritor danés, reflexiones  escritas en aparente desorden durante una estancia fuera de su tierra. El dónde nos lo indica, aunque no lo parezca, la cubierta de ese cuaderno en la que se ve a un individuo definido con trazos básicos, monocromo y casi neolítico, que pasea su soledad bajo farolas que no iluminan, sobre un fondo urbano de edificios grises, anónimos, que podría ser cualquier lugar, pero siempre un lugar frío, que no acompaña ni acoge ni inspira. Ni más ni menos que París.

Malte es, como digo, un escritor en ciernes, de familia noble, que seguramente llega a París como tantos otros buscando su lugar en el ombligo del mundo artístico. Pero lo que encuentra es la desolación que vemos en la imagen, nada de cafés, bulevares ni torre Eiffel. Es quizá la primera sorpresa que depara el texto: acostumbrados como estamos a la bohemia, el glamour y las buhardillas, la ciudad áspera y deshumanizada que presenta Malte es como un puñetazo, descargado además de forma poco convencional, a través de escenas en que domina la sordidez y hasta la deformación del entorno, como la terrible sala de espera de una consulta médica, o el hombre que camina con movimientos espasmódicos. La cosa se explica mejor si pensamos que el libro tiene un cierto sesgo autobiográfico, porque efectivamente Rilke estuvo en París –en concreto, trabajando para el escultor Rodin- y su estancia no parece que resultó muy satisfactoria.

La verdad es que tampoco se nos cuenta nada más, si a hechos concretos nos referimos. Casi la totalidad del libro son, como decía al principio, reflexiones de Rilke a través de la voz de Malte, expuestas con técnica y estética expresionistas, sin apenas orden lógico y discurriendo sin interrupción entre experiencias personales, teorías y recuerdos. Sin llegar a ser un exactamente un monólogo, el lector se puede hacer idea de que estamos ante ese tipo de literatura fronteriza que oscila entre la novela, el diario, el ensayo y la autobiografía, como activada por un impulso que hace fluir las ideas sin que sea posible estructurarlas del todo.

Estas ideas se mueven por campos diversos, aunque siempre en torno al ‘yo’, con un cierto trasfondo existencialista. Por ahí circulan algunas reflexiones inusuales, como la dignidad de una ‘muerte propia’, un final identificado con el individuo en paralelo a la construcción de una ‘vida propia’; o el valor del 'amor intransitivo', algo que se parecería a lo que en lenguaje de bar llamaríamos amor platónico, pero elevado al más alto nivel de pureza e intensidad no degradadas por su traslación a la realidad. El proceso creativo ocupa también un no despreciable número de páginas, o más bien la necesidad de escribir para salir de ese cierto marasmo vital en que Malte parece verse sumido. Realmente, la cosa no es tan sencilla, porque el grado de abstracción del texto es bastante elevado y, sinceramente, no es difícil perderse en los recovecos de la lógica de Rilke. Más todavía: tengo la profunda sospecha de que la traducción de don Francisco Ayala no facilita mucho la tarea. No tengo ni idea de alemán, y el estilo de Rilke cuando se interna en esos campos de la conciencia individual tiene un aire espontáneo y quebradizo que seguramente es complicado para el traductor. Pero da toda la sensación de que Ayala se dejase llevar por la literalidad, y a veces el texto parece sacado de una especie de traductor de Google avant la lettre. Complicado de seguir.

No siempre, porque en otros momentos, en especial cuando los pensamientos de Malte se remontan a su infancia, la prosa resulta luminosa y disfrutamos de pasajes brillantes, figuras poéticas a veces complejas, descripciones sorprendentes (la medianera desnuda de un edificio, la tapa de un tarro de cristal y su imagen reflejada) y escenas inquietantes, como la madre obsesionada con agujas amenazantes, o la mano cercenada que cobra vida. Las manos, cuya presencia surge en distintos momentos, centran la atención de Rilke y le llevan a fijarse en su textura, su forma o temperatura, como aquellas que ‘al formar el puño eran, en verdad, como cabezas de locos’. Todo un repertorio de imágenes poderosas conducidas sobre el papel por el genio poético del autor.

Con todo, se pregunta uno hasta dónde hubiera llegado Rilke de haber querido (o de haber sabido) construir una narración algo más lineal e integrar todo este caudal creativo en una historia más sólida o con mayor desarrollo. Pero en fin, eligió sumergirse en ese magma íntimo y expresionista que, salvo para los muy iniciados o muy interesados, quizá deja al lector medio un poquito descolocado. Una vieja amiga a quien no nombraré escribió su tesis precisamente sobre Rilke, así que solo espero que no lea esta reseña porque seguro que no me perdonaría la vulgaridad de mis opiniones sobre este libro.

jueves, 19 de septiembre de 2019

Monika Zgustova: Un revólver para salir de noche

Idioma original: español
Año de publicación: 2019
Valoración: Recomendable



Antes de nada he de advertir que bajo este título encontrarán una biografía novelada del matrimonio Nabokov, Vladimir y Vera, su vida en común, personalidad de cada uno, así como la relación entre la vida del escritor y su obra. Y es que el título, por muy impactante y atractivo que sea, puede disuadir a sus potenciales lectores y atraer a quien esté buscando otra cosa. ¿Dónde está, pues, el revólver? Aparece uno, es cierto, pero muy a trasmano y creo que tiene un sentido fundamentalmente simbólico: Zgustova lo utiliza para caracterizar a uno de los personajes. En cuanto a su función literal, no sé si el hecho al que alude está comprobado o se basa en la mera rumorología.
¿Cómo enfocar una vida tan compleja, tan rica en amores, títulos publicados, giros en la trayectoria vital, migraciones más o menos voluntarias, vida social intensísima? Se podía optar por elaborar un grueso volumen repleto de datos, fechas, nombres, sucesos históricos, éxitos y catástrofes con abundante bibliografía adjunta, pero ese no es el estilo de la autora checa afincada en Barcelona, que además de traductora y periodista tiene unas cuantas biografías en su haber. Ella se inclina por un tratamiento más literario, le gusta evocar, crear ambientes, utilizar el flujo de conciencia, centrarse en unos cuantos hitos escogidos de forma totalmente subjetiva para ofrecer su particular visión del personaje principal. Que, en mi opinión, es el equipo Nabokov –no solo Vera como se anuncia en la sinopsis– ya que la vida y el trabajo de esta se desarrollaron siempre en función de Vladimir.
Leyendo la novela nos queda la impresión de que, de no haber conocido a Vera y al margen de su talento, es muy posible que Nabokov no tuviese el reconocimiento internacional que tuvo y sigue teniendo. En primer lugar, porque ella fue quien se propuso que su marido llegase a ser alguien, y por ello le apartó de la poesía y le metió de cabeza en la novela, también porque su condición de judía les obligó a huir de Berlín a Estados Unidos en la época de Hitler, y ya se sabe que quien triunfa en ese país no pasa inadvertido en el resto del mundo, pero sobre todo porque se empeñó en que Vladimir, si quería hacerse un nombre, no tenía más remedio que dejar su idioma materno y obligarse a escribir en inglés. Opinaba lo mismo el círculo de escritores que frecuentaban, así que se puso a ello, y aunque le ocasionó bastantes quebraderos de cabeza, ya conocemos el resultado. A Vera se la describe como una mujer ambiciosa, voluntariosa, autoritaria y testaruda. El personaje está muy bien trazado, desde luego, se trata de un carácter de una pieza con muy pocos puntos débiles que disimula bastante bien. Pero esto es literatura, tampoco hay que tomárselo todo al pie de la letra. Quizá fuese así, no digo que no. Quizá.
Descubriremos también de dónde han salido algunos personajes y argumentos, en qué momento de su vida se originaron, cuándo los recuperó, cómo los distorsionó y qué dejó tal como estaba. Sí, también conoceremos el origen de Lolita. Sus diversos orígenes, porque el escritor se basó en más de una vivencia. Les aseguro que van a sorprenderse. Pero, insisto, el único que sabía a ciencia cierta si lo afirmado se ajusta a la verdad era Nabokov, y no puede desmentirlo ni confirmarlo. Zgustova recrea una época y construye unos caracteres ensamblando hábilmente los datos objetivos con su propia imaginación. El resultado es un relato homogéneo en el que todo transcurre con fluidez, sin fisuras entre ficción y realidad. Esto supone un predominio del aspecto novelesco sobre el histórico y es la causa de que no sepamos a que atenernos. Con ello es la literatura quien sale ganando, si alguien desease completar la información no tendría más que consultar otras fuentes.
Un texto agridulce y melancólico que nos deja con ganas de seguir leyendo pero al que en realidad no le falta nada, porque acumular datos eliminaría nuestra sensación de habernos trasladado a otro mundo, de haber acompañado casi físicamente a personas que transformaron la realidad de alguna forma. En otras palabras, dejaría a la novela sin su magia.

lunes, 23 de julio de 2018

Bohumil Hrabal: Mi gato Autíčko

Idioma original: checo
Título original: Autíčko
Año de publicación: 1986
Valoración: recomendable

Tengo dos gatos: Fluzo y Lua. Fluzo es blanco, hijo del gato de una amiga, que dejó preñada a la gata de la vecina. Lo adopté cuando tenía dos meses (Fluzo, no yo) y ha crecido siempre en casa, habituado a los mimos y la tranquilidad. Lua, en cambio, es negra; era una gata de la calle, que fue rescatada por la União Zoófila (que suena muy mal, pero en es el equivalente portugués para "asociación animalista"). Lleva con nosotros unos seis meses, y todavía sigue siendo algo asustadiza, solo se deja acariciar cuando se siente segura.

Toda esta introducción sirve para explicar que me encantan los gatos y que tengo alguna familiaridad con esos bichos adorables e imprevisibles que lo mismo se frotan contra ti con un amor que no es de este mundo, que te arañan una córnea porque quieren que les pongas comida. Y por eso me atrajo este libro, y por eso mismo también esta lectura ha sido por momentos particularmente incómoda. Porque, claro, quien conozca mínimamente a Bohumil Hrabal ya debe imaginarse que esta no es una novela cuqui de gatos monísimos que hacen travesuras.

En realidad, Mi gato Autíčko (luego hablaré del título) es una obra que solo una persona realmente obsesiva podría escribir. El protagonista de la novela/autobiografía/autoficción, el escritor Bohumil Hrabal, vive entre dos casas: una en Praga y otra Kersko, en las afueras de la ciudad. Solo que esta segunda la comparte, además de con su mujer, con sus gatos, muchos gatos, gatos casi incontables. Al principio son cinco, luego son tres, luego sus dos gatas favoritas tienen simultáneamente dos camadas de cinco gatitos cada una... Y ahí viene la culpa constante: la culpa por abandonar a los gatos cada vez que va a Praga, la culpa por lo que les pueda pasar en su ausencia, la culpa por no poder cuidarlos a todos y sobre todo la culpa por tener que matar a muchos de los gatitos, para sobrevivir entre tanto mimo y tanta confusión. Y mientras tanto, su mujer llorando y preguntando constantemente: "¿Qué vamos a hacer con tantos gatos?"

En realidad, casi se podría decir que los gatos son una manifestación física de la culpa del escritor, que no consigue librarse de ella ni cuando trata bien a los gatos ni cuando los abandona; solo lo logrará cuando sienta que ha pagado por sus pecados de una forma completa y definitiva (aunque irracional). El propio estilo, plagado de repeticiones y redundancias, casi estribillos, como la propia trama, acentúa esta sensación opresiva y obsesiva, como de cuarto cerrado, oscuro y con olor a polvo húmedo. El lector se pierde entre nombres de gatos y gatas, y asiste aturdido a las sucesivas masacres de gatos que en ocasiones, para añadir profundidad y densidad al conflicto gatuno, se comparan con algunas de las peores masacres del siglo XX (incluido el Holocausto).

Se entiende, imagino, que la lectura no se me haya hecho fácil, con Fluzo tumbado entre mis piernas y Lua dormida en su camita enfrente de mí. Que conste, claro, que no estoy juzgando a Hrabal desde un punto de vista animalista; pero si se lee la obra con alguna sensibilidad, se convierte en un canto a la esterilización.

Acabo con un comentario sobre el título, "Mi gato Auticko", que resulta sorprendente por varios motivos. En el original, Autíčko es el nombre de una gata (¡no un gato!) que no ocupa un lugar particularmente destacado en la acción; de hecho, no aparece hasta la segunda mitad. Pero "autíčko", en checo, quiere decir también "cochecito", y es la forma en la que el escritor y su mujer se referían a un coche que, este sí, acaba por tener su importancia. Así que, aunque comprendo que la dificultad de mantener el juego de palabras en la traducción, hay algunas cosas que son menos comprensibles, como el hecho de añadir "mi gato" (¿quizás porque los gatos venden?), y más aún el inexplicable cambio de sexo de la pobre gata. En fin, misterios editoriales

¿Es esta una novela recomendable? Sí, pero no una novela para amantes de los gatos, o por lo menos no porque sean amantes de los gatos. Sí, en cambio, para lectores a los que les guste profundizar en una mente obsesiva y atormentada. Y a los que no les importe encontrar un poquito de sangre por el camino.

martes, 24 de octubre de 2017

Leo Perutz: El maestro del juicio final

Idioma original: alemán
Título original: Der Meister des Jüngsten Tages
Traducción: Jordi Ibáñez
Año de publicación: 1923 (edición de 2017)
Valoración: Recomendable


Leo Perutz es un escritor checo, aunque de origen austriaco y lengua alemana, nacido en los últimos años del siglo XIX. Así que por centroeuropeo y fin-de-siècle me trae inevitablemente a la cabeza imágenes, o más bien sensaciones, asociadas a Kafka o Meyrink por ejemplo: callejuelas solitarias, presencias inexplicables, personajes corrientes de la pequeña burguesía envueltos en misterios antiguos, lo desconocido irrumpiendo en vidas rutinarias. 

No andamos descaminados. ‘El maestro del juicio final’ nos muestra una reunión en casa del actor Eugen Bischoff quien, sin saberlo, está técnicamente arruinado. Ahí encontramos gente más o menos acomodada y amante de las artes, una pequeña nómina habitual en la literatura de la época, y entre los asistentes, el ex-amante de la esposa del anfitrión, un barón de profesión militar. Durante la velada Bischoff aparece muerto en extrañas circunstancias, y varios de los asistentes hacen cábalas sobre lo que ha podido suceder. Algunas voces se levantan acusando al barón y otras apuntan a aspectos más o menos misteriosos, pequeños detalles que no terminan de encajar.

Hasta aproximadamente la mitad del libro todo se mueve sobre conjeturas en torno a la culpabilidad del barón, discusiones entre los presentes con la tensión subyacente de la viuda siempre en segundo plano, y sucesivas oscilaciones en la presencia de ánimo del sospechoso. La narración –más bien es una misma escena con diferentes cuadros- tiene mucho de teatral, son diálogos en escenarios interiores con personajes que entran y salen, y en mi opinión se prolongan algo más de lo necesario. Puede decirse que no encontramos el grado de tensión esperable ante lo dramático de la situación, y el barón, que narra en primera persona, parece un sujeto justito de personalidad y de una sensibilidad algo desconcertante. Lo más relevante que nos deja esta primera parte consiste en dejar abiertas diferentes perspectivas, y una cierta niebla argumental donde los demás personajes amagan muy levemente posibilidades de ser caracterizados (el iracundo hermano de la viuda, un médico un tanto marrullero, el ingeniero que parece saber más de lo que dice), aunque sin concretarlas nunca. 

A partir de aquí la novela adquiere un tinte policíaco, aunque serán los propios involucrados y no la Policía quien desarrolle la investigación. El barón por una parte (para demostrar su inocencia, o simplemente aclararse a sí mismo) y otros personajes por otra seguirán una serie de indicios para llegar al fondo de la verdad, coincidiendo reiteradamente en los mismos escenarios, sin que se explique bien el por qué. A estas alturas la historia se va animando, y en esos ambientes un tanto oscuros de la Viena del cambio de siglo iremos encontrando algunos nuevos personajes, casi siempre singulares y con un matiz dudoso, que irán dando pistas o aumentando la confusión, según los casos. Al mismo tiempo crece el factor inexplicable y la desorientación del lector aumenta en paralelo a la de los investigadores. 

De forma que la novela va claramente de menos a más, y termina capturando nuestra atención con mayor vigor y giros que nos van conduciendo hacia un final resuelto con solvencia, por caminos que a buen seguro habrán entusiasmado a Borges -por lo visto, enérgico defensor de Perutz. (Y aquí me disculpo por el circunloquio, pero es que es francamente difícil comentar la trama sin desvelar nada importante). La virtud del libro reside en integrar el perfil policíaco con la evocación de misterios oscuros, tal vez literatura fantástica, quizá esoterismo. Un coctel atractivo aunque no siempre manejado con suficiente destreza, con lo que el libro resulta interesante aunque desigual. 

domingo, 23 de julio de 2017

Jiří Weil: Vida con estrella

Idioma original: checo
Título original: Zivot s hvezdou
Año de publicación: 1949
Traducción: Patricia Gonzalo de Jesús
Valoración: Muy recomendable

Praga. 1939-1945 aproximadamente. Ciudad multiétnica, ciudad ocupada, ciudad oprimada y opresiva, ciudad terrible. Traslados, deportaciones, hambre y muerte dominan el panorama.

En esa Praga vive, o más bien sobrevive, Josef Roubicek, antiguo empleado de banca de origen judío. Roubicek está marcado por la estrella amarilla que debe llevar en la solapa, debe desempeñar trabajos que nadie realiza, está completamente solo y pasa hambre pero, pese a todo esto, se agarra a la vida. Elige para ello una doble vía. Por un lado, se aferra a los recuerdos de una vida pasada, casi idealizada, representada por un amor: el de Ruzena. Por otro, se aferra a los más nimios detalles de la vida cotidiana, ya sea un gato abandonado, unas míseras verduras o un molinillo de café. Ambos lados forma parte de la misma moneda y son pequeños rayos de luz que cruzan, a través de un resquicio, las tinieblas.

El libro se mueve entre el miedo, el absurdo, el horror, el espanto y la esperanza; el miedo de tener miedo, de no haber tenido el valor suficiente en su momento, ya sea en el amor o en la vida ("Teníamos que habernos marchado... Fue un gran error. Pero no me apetecía, ¿sabes?. Uno se acomoda y es incapaz de tomar una decisión"), el absurdo de las disposiciones de los ocupantes y de las acciones de los ocupados, el horror y el espanto de las desapariciones cotidianas ("Empezó a faltar gente en el cementerio. Unas veces se despedían y otras simplemente desparecían. No cambió nada, excepto que se incrementó el frío"). 

Pero siempre queda la esperanza. Roubicek, con mucho sentido común y ciertas dosis de humor negro se adapta a la situación, logra que la esperanza y la vida se abran lentamente camino y convierte su mera supervivencia en resistencia.

En definitiva, un libro muy bien escrito que, con su aparente sencillez, vuelve a mostrar, una vez más, el espanto del Holocausto. Eso sí, el horror no se refleja esta vez a través de los terroríficos campos de trabajo o de ejecuciones, sino a través de los actos cotidianos de un hombre corriente. Quizá por esto el efecto que produce sobre el lector sea menos inmediato, menos "fuerte" que en otras obras sobre el tema. Pese a todo, pasados unos días, escenas de la novela te vuelven a la cabeza y comprendes que el pobre Roubicek, como el capitán Kurtz, estaba en medio de EL HORROR.

Otras obras de Jiri Weil en ULAD: Mendelssohn en el tejado

domingo, 5 de febrero de 2017

Semana de la Revolución Rusa #7: El comisario rojo, de Jaroslav Hašek

Idioma original: checo
Título original: The Red Comissar (se trata de una recopilación inglesa de relatos de Hašek)
Traducción: (del inglés) Ester Donato
Año de publicación: antes de 1923, como relatos; 1981, como recopilación
Valoración: entre recomendable y está bien

Puede que a más de un conocedor de la más famosa obra de Jaroslav Hašek, Las aventuras del buen soldado Svejk, todo un compendio de antimilitarismo, sátira y descreimiento general, le sorprenda saber que su autor participó de forma directa en la Revolución rusa y además, con no poco entusiasmo por su parte. Hašek, que pese a sus intentos de escaqueo había acabado como soldado del ejército austrohúngaro en el frente oriental, desertó y fue capturado por los rusos, e internado en un campo de prisioneros, en donde se unió a la Legión Checoslovaca primero (para combatir a su antiguo Imperio) y después a la causa bolchevique. Sorprendentemente (se ve que los revolucionarios no habían leído sus escritos), fue enviado como comisario o comandante a la región de Bugulmá, en la Rusia oriental, una zona recién liberada de los "blancos" y con el frente de guerra aún cercano. Allí es donde se desarrollan los relatos que componen la primera parte de esta recopilación y en las que el comandante -primero del pueblo y después de todo el Frente- Gashek tiene que lidiar con las autoridades locales, la Iglesia ortodoxa, las monjas -hay un hilarante episodio al respecto- y, sobre todo, con el comandante del ejército revolucionario del Tver, Yerokhinov, empeñado en arrebatarle el puesto y en fusilar a todo el que se le pusiera por delante. El comandante Gashek -no sé si es un alter ego o es que en Rusia llamaban así a Hašek- resuelve las dificultades que se le presentan con la proverbial astucia y socarronería que caracteriza al escritor checo, incluido el delicado momento en que, denunciado por un beodo Yerokhinov, se las tiene que ver con un Tribunal revolucionario del Consejo del Frente Oriental, dispuesto a condenarle y ordenar su ejecución. El corrosivo relato seguramente sí que le habría supuesto algún problema por el estilo a Hašek, de haberse quedado en Rusia unos cuantos años más.

De cualquier forma, como se indica en el prólogo de esta recopilación, la imagen que da el autor checo de su experiencia revolucionaria es bastante amable e incluso bonachona, nada que ver, a pesar de desarrollarse también con el trasfondo de la Guerra civil, con la que nos transmite Bábel en Caballería Roja; quizás esta complacencia se deba, como también se señala en el prólogo, a su fuerte eslavofilia y también a que esta etapa como comandante bolchevique fue una de las más satisfactorias en la vida de Jaroslav Hašek. Y no sólo por su compromiso político, sino además porque tuvo que renunciar, en gran medida, al consumo de alcohol, cuyo abuso estaba castigado con la muerte por las autoridades revolucionarias. Además, Hašek aprovechó para casarse por segunda vez, con una mujer rusa a la que se llevó de vuelta a Praga... conviertiéndose en un célebre bígamo pues ya estaba casado en su país. Allí, por otro lado, le habían dado ya por muerto, circunstancia que él aprovechó para escribir otro jocoso cuento, Cómo conocí al autor de mi esquela, cuyo comienzo no me resisto a transcribir: 

"Durante los cinco o seis años que pasé en Rusia, fui varias veces liquidado por diversas organizaciones o individuos. Cuando volví a mi país, Checoslovaquia, me enteré de que había sido ahorcado tres veces, fusilado dos y descuartizado una por unos salvajes kirguises insurgentes, cerca del lago Kale-Yshel. Y, por último, fui muerto a puñaladas en una pelea con unos marineros borrachos, en una taberna de Odessa. En mi opinión, esto último era lo más probable."

A decir verdad, las aventuras rusas de Hašek -o Gashek- tan sólo suponen la primera parte de esta recopilación inglesa; el resto de la misma está compuesta por otros relatos del escritor checo (en todo caso, sólo un puñado de los casi 1500 que por lo visto llegó a escribir... si bien es cierto que la mayoría son bastante breves), muchos de ellos, siempre en tono mordaz,  relativos a la oportunidad de las leyes, el cumplimento de las mismas y a la convivencia organizada en la sociedad humana, en general. Por ejemplo, se especula sobre lo que sucedería en el caso de una huelga prolongada de delincuentes o la forma de mejorar las finanzas del Imperio gravando con un impuesto la muerte de sus habitantes. También hay una serie de relatos sobre la juventud del escritor, en su etapa como aprendiz de boticario, otros sobre el abuelo de Hašek, que era "alguacil de las lagunas" e incluso una apartado con los cinco primeros relatos de, cómo no, el valerosos soldado Sweijk.

Por último, un apartado -aunque no totalmente escrito por Hašek, sino que también hay una crónica de la mano de uno de sus "compinches", el también escritor František Langer- que se refiere al momento, en 1911, cuando estos y otros amigos fundaron el Partido del Progreso Moderado en el Marco de la Ley, con el que se presentaron a las elecciones al parlamento de ese año, recibiendo el apoyo válido de unos veinte votantes. Y todo para ayudar a uno de los miembros de su cuadrilla... es decir, partido, Dobrílek, a conquistar a la hija del dueño del restaurante donde se reunían. Claro que, ya de paso, esto le sirvió a nuestro autor para declamar unos discursos que debieron ser desopilantes -hay uno recogido en ele libro- y componer una parodia llena de cinismo pero también de acierto de los usos, tópicos y miserias de la actividad política de esa época y lugar. Que tampoco es que haya cambiado tanto... o por lo menos, no a mucho mejor.



Otras obras de Jaroslav Hašek reseñadas en Un Libro Al Día: Las aventuras del buen soldado Svejk

domingo, 18 de septiembre de 2016

Jiří Weil: Mendelssohn en el tejado

Idioma original: checo
Título original: Na strese ja Mendelssohn
Año de publicación: 1960
Traducción: Diana Bass
Valoración:  muy recomendable

Pues sí. Aún hay novelas sobre el holocausto capaces de sorprender. De indagar en lugares desconocidos o simplemente no tan presentes en otras. Casi me da rabia porque veo que no hay un término que defina mejor esta novela que deliciosa. Pero hay que quitarle las connotaciones cursis, para aclarar que esta es una historia trágica que se apoya en situaciones cercanas a la comicidad.
Praga ocupada por los nazis mientras las noticias que llegan, pocas, filtradas, del frente ruso, indican un cambio drástico de la evolución de la guerra. Las ciudades alemanas bombardeadas. Praga a salvo. Con toda la maquinaria represora funcionando a pleno rendimiento, arraigada hasta el tuétano en una población hambrienta, mermada, deprimida, temerosa pero manteniendo, dentro de lo que su debilidad física y psicológica les posibilita, un hálito de dignidad. Una ciudad infestada de odio, traición y desconfianza. Heydrich ha puesto en marcha la solución final y el día a día en la ciudad, ya no digamos en el ghetto, es una pesadilla sacudida por los constantes sobresaltos. Inspecciones en casas, a la búsqueda de los judíos que la población de buena voluntad intenta ocultar. Asaltos, detenciones arbitrarias en casas, en la calle. Listas de ejecuciones con intenciones tanto ejemplares como amedrentadoras. En cada esquina, en cada sitio medianamente transitado, de uniforme o de paisano, soldados, miembros de las SS o la Gestapo, colaboracionistas a cambio de algún cupón extra de comida, traidores por el gusto de serlo, supervivientes, ciudadanos asustados o amenazados. Y en medio de ese funesto escenario, un encargo casi jocoso. Dos lugareños reciben un curioso encargo: retirar la estatua de Mendelssohn, músico judío, de entre otras varias instaladas en un tejado. Encargo que hay que cumplir con diligencia y premura. Desobedecer una orden puede acabar muy mal en ese entorno. Pero nadie sabe cuál es la estatua de Mendelssohn. Y qué mejor pista que elegir aquella que tiene la nariz más grande. Pero ésta resultará ser la de Wagner.
Partiendo de esta escena, casi costumbrista, Weil desarrolla, con lenguaje coloquial, asequible, levemente moteado de los intraducibles vocablos alemanes que describen todas las divisiones y subdivisiones del aparato opresor, una serie de subtramas ligeramente relacionadas por idas y venidas de personaje y por ese inquietante advenimiento de lo peor.
Esa descripción del día a día de una ciudad intentando adaptar su transcurrir a las circunstancias, con su población conviviendo con seres con los que solo hay mutuo desprecio, es, seguramente partiendo de algunas experiencias personales del autor, a la vez fascinante y terrorífica. Todos los mecanismos abyectos van surgiendo, y aunque los elementos de truculencia son muy aislados, la facilidad de su lectura no evita que percibamos lo terrorífico de lo descrito. Picaresca, humanidad, empatía con el sufrimiento ajeno pueden compartir un destino que sea el patíbulo, Pero han de vivir. Roisinger, Rabinovic, Stankovic, Becvar. Sus andanzas en pos de una mejora patética, de una supervivencia por unas semanas, de aferrarse a una esperanza, nos arrastran como solo puede hacerlo la narración desde el conocimiento y la sinceridad.
Por cierto: la novela comparte un hecho curioso con una buena novela posterior: HHhH de Laurent Binet también usa, aunque en su caso es el motivo central, el intento de asesinato de Heydrich por parte de los miembros de la resistencia checa.
Espléndida presentación, costumbre en Impedimenta que no conviene pasar por alto.

También de Jiri Weil en ULAD: Vida con estrella

viernes, 19 de agosto de 2016

Bohumil Hrabal: Clases de baile para mayores

Idioma original: Checo
Título original: Pábiltelé
Traducción: Jitka Mlejnková y Alberto Ortiz
Año de publicación: 1964
Valoración: Recomendable

El abuelo Cebolleta es, probablemente, el personaje más recordado del famosísimo comic de Vázquez “La familia Cebolleta”, de gran éxito en la España de los 50 y60. Este personaje, con su pie vendado, su barba blanca, su bufanda y su bastón, se hizo tan famoso que ha pasado a formar parte del lenguaje popular para referirse a personas cuyo único afán es relatar, una y otra vez, sus supuestas peripecias y batallitas de sus años mozos.

Pues bien, el protagonista de esta gamberrada perpetrada por Bohumil Hrabal podría ser perfectamente el “alter ego” checo del abuelo Cebolleta.

Tal y como se nos cuenta en el prólogo, el protagonista del libro es el tío del autor, de nombre Pepin. Un hombre al que le falla la memoria, desaseado y del que, según su familia, las mujeres se reían. Un hombre del pueblo, y de ahí el uso de la jerga y del lenguaje coloquial en el libro, dotado de una verborrea prodigiosa.

Gracias a esa verborrea, el bueno de Pepin, ya de avanzada edad, se lanza a un monólogo, que ocupa las 110 páginas del libro, con el que relata a una mujer, a la que todos los días lleva un ramo de rosas sustraído de jardines ajenos, todas sus batallitas: las del servicio militar y la guerra en tiempos de Maricastaña (léase, en tiempos del Imperio Austro-Húngaro), sus viajes en busca de trabajo, sus conquistas o intento de conquistas amorosas, anécdotas sin importancia, etc.

Fruto de su estado en el momento en que se lanza a narrar sus historietas, el monólogo resulta completamente caótico, lleno de saltos en el tiempo y asociaciones de ideas inconexas. Pero también está lleno de ironía, ternura y un gran sentido del humor.

Porque he de admitir que, pese a que probablemente sea una obra menor dentro de la extensa carrera de Hrabal, con este libro me he reído (y mucho) y he pasado un rato de lo más entretenido. Que no es moco de pavo, oigan.

jueves, 26 de noviembre de 2015

Colaboración: La fiesta de la insignificancia de Milan Kundera

Idioma original: francés
Título original: La fête de l'insignifiance
Año de publicación: 2014

Valoración: Insignificante

Tengo que confesar que cuando concluí la lectura de este libro acudí a varios suplementos culturales porque la sensación de vacuidad que desprende la lectura del último libro del señor Kundera me había dejado perplejo. Quizás no había sabido entender el enfoque del libro o me faltaba alguna clave para poder situarlo en el contexto adecuado. Contexto que, sinceramente, se me escapaba. Cuál fue mi sorpresa cuando varios críticos saludaban la originalidad del libro, su visión irónica y absurda de la existencia y su trasfondo filosófico y metafísico. Alucinante.

Ya sabemos por libros anteriores que Kundera recurre en muchas ocasiones a hechos banales o anecdóticos para ir deslizando reflexiones profundas sobre el ser humano y su errático transitar por  este mundo. Pero aquí lo que tenemos entre manos es una anécdota elevada a novela y saludada como la última voluntad literaria de un clásico (al fin y al cabo el autor checo cuenta 85 años). Y esto es demasiado. Sinceramente no entiendo ni el enfoque del libro ni la supuesta maestría narrativa que despliega en sus, afortunadamente, breves páginas. Sí que entiendo que hace catorce años que el señor Kundera no publicaba nada y que en su editorial debían estar muy nerviosos. Quizás el autor checo se vio obligado a salir de su semirretiro y dar un poco de lustre postrero a su carrera. Quizás debía una novela a su editorial y no podía alargarse más el plazo de entrega. Sí, quizás, pero quizás deberían haber dejado que el señor Kundera siguiera paseando tranquilamente por los jardines de Luxemburgo, dando de comer a la palomas, mirando el ombligo de las jovencitas y reflexionando sobre estatuas y ángeles, que es a lo que parece que dedica últimamente su existencia.

Eso debería hacer  y no aderezarlo con la absurda aparición de cuatro atolondrados franceses, insignificantes, eso sí, en sí mismos, en lo que hacen y lo que viven,  que van a celebrar una fiesta de la que pronto nos desentendemos y que sinceramente nos hace arrepentirnos desde las primeras páginas de haber iniciado la lectura. Lo más jugoso de este libro, no se lo pierdan, es una anécdota de caza de Stalin que desliza Kundera a mitad de novela y que le sirve para burlarse del dictador y sus secuaces, pero para contarnos esa anécdota podía habernos invitado a tomar un refresco en alguna terraza de París y nos habría ahorrado pasar por la caja de la librería.

En fín, que si tienen oportunidad y ganas de leer a Kundera no les diré que recurran a La insoportable levedad del ser, que es una obviedad. Incluso La ignorancia, su anterior novela, siendo una obra menor está muy por encima de este entretenimiento banal, que lo único que puede conseguir es alejarnos irremediablemente del autor checo.

Todas las reseñas sobre Milan Kundera en ULAD: Aquí
Firmado: José Miguel Martínez Camino

domingo, 28 de septiembre de 2014

Karel Čapek: La guerra de las salamandras

Idioma original: checo
Título original: Válka s mloky
Año de publicación: 1936
Valoración: Muy recomendable

Esta novela me vino recomendada por Paulo Kortazar, colaborador ya asiduo de este blog; no recuerdo exactamente en qué términos me la recomendó, pero me quedé con el título, la busqué, la leí y ahora le agradezco que me la haya recomendado: es una novela imaginativa, divertida, inteligente y muy rica en lecturas.

La guerra de las salamandras se sitúa en el campo de la ciencia-ficción o literatura fantástica, mezclada con la sátira política. La premisa de la novela es la siguiente: un viejo lobo de mar descubre en los mares del Índico una nueva especie de salamandras inteligentes, de tamaño casi humano, y descubre también que puede utilizarlas como mano de obra para el cultivo de perlas. La multiplicación exponencial del número de salamandras lleva a que sean convertidas en mercancía y a que el precario equilibrio de la relación entre humanos y salamandras se rompa, definitivamente.

La novela está dividida en tres apartados. El primero narra, desde distintos puntos de vista, el periodo desde el descubrimiento de las salamandras hasta su conversión en mano de obra industrial para la construcción de diques, puertos y otros proyectos submarinos; el segundo es más ensayístico y describe la evolución de las salamandras desde puntos de vista biológico, económico, sociopolítico... El tercero se refiere, más específicamente, a la "guerra de las salamandras" del título: el momento en el que la relación entre salamandras y humanos se vuelve bélica y destructiva.

La alegoría de las salamandras le permite a Čapek retratar, con bastante humor negro, cuestiones como el tratamiento de los esclavos, el racismo, el militarismo alemán, la segregación americana o el colonialismo. Las salamandras son, así, símbolos de los diversos "otros" oprimidos: los esclavos, los negros, los judíos, los latinos... Pero también la revolución de las salamandras (¿la revolución soviética?) es presentada críticamente: sus consecuencias son tan violentas y destructivas que el último capítulo, rompiendo la "cuarta pared" narrativa, lleva al autor a discutir posibles formas de evitar el triunfo definitivo de las salamandras.

Esta es una novela sorprendente: parte de una trama fantástica para retratar cuestiones políticas y sociales acuciantes de la Europa y del mundo de 1936, y además lo hace con humor e imaginación. Es, de hecho, sorprendentemente agudo al retratar el ascenso de los fascismos y la militarización del continente europeo, así como la pasiva y medrosa actitud de las potencias occidentales. La sección intermedia, más ensayística, es un modelo en la exploración de muchas de estas ideas., aunque personalmente me ha resultado más pesada y más difícil que las otras dos.

En cualquier caso, gracias Paulo por recomendarme esta novela. Merece mucho la pena su lectura...

domingo, 8 de diciembre de 2013

Jáchym Topol: Gárgaras con alquitrán

Título original: Kloktat dehet
Idioma original: checo
Fecha de publicación: 2005
Valoración: muy recomendable
Traducción: Kepa Uharte

El Hogar es un orfanato checo en el que viven, al cuidado de un grupo de monjas, niños de diferentes países y de todas las edades. Uno de esos niños, Ilja, nos cuenta el día a día en aquel lugar: su rutina diaria, sus juegos... y el castigo que las religiosas imponen a quien miente o hace alguna trastada: hacer gárgaras con jabón de alquitrán.

También nos cuenta el protagonista lo que ocurre cuando los rusos llegan a Checoslovaquia y, en concreto, al Hogar. Tras llevarse a las monjas, no todos los niños corren la misma suerte: hay quien desaparece, quien encuentra la muerte a manos de sus compañeros o de soldados rusos o de los propios checos y quien, como Ilja, recibe instrucción militar y consigue salir adelante a duras penas. Él será testigo de los horrores de la guerra y se verá envuelto en una espiral de violencia y situaciones de pesadilla que parecen no tener fin, mientras intenta desesperadamente encontrar un sitio en el que sentirse como en casa (algo nada fácil, si se tiene en cuenta que no tiene familia, que sus amigos se han dispersado y que, a pesar de su carácter resolutivo, no es más que un niño).

Como ya ocurría en Por el país del frío, Jáchym Topol saca a la luz una serie de acontecimientos (que, aun vestidos de ficción, son verídicos) que no son del gusto de todos. De hecho, no son del gusto de nadie, pero sin duda es importante hablar de ellos para conocer nuestra historia reciente, comprender el por qué de las numerosas heridas que aún hoy siguen abiertas e intentar, en la medida de lo posible, curarlas y construir un presente y un futuro mejores.

Como en el resto de sus novelas, el autor checo utiliza un estilo lírico pero directo, denunciando las atrocidades cometidas pero también resaltando los pequeños momentos de humanidad presentes en toda desgracia. En Gárgaras con alquitrán, en concreto, debemos destacar la verosímil voz del protagonista. Ilja es un niño y en sus palabras encontramos la inocencia típica de su edad, pero también puede ser cruel y contradictorio. Y lo más importante, analiza todo lo que ve de una manera infantil, sí, pero inteligente (vamos, que ya le gustaría a John Boyne haber creado a un protagonista así).


También de Jáchym Topol en ULAD: Por el país del frío.

martes, 23 de julio de 2013

Franz Kafka: La metamorfosis

Idioma original: alemán
Título original: Die Verwandlung
Año de publicación: 1915
Valoración: muy recomendable

Por las consultas que hago a través de Internet, parece ser que muchos de nuestros lectores habrán accedido a este libro como lectura obligatoria en estudios de secundaria o superiores. Novela emblemática donde las haya, el primer párrafo nos sume, casi de bruces, en una historia turbia, incómoda, llena de segundas lecturas y de planteamientos posibles.
Situados cerca de un siglo tras su publicación, resulta sorprendente, con las adaptaciones adecuadas, comprobar la universalidad y la contemporaneidad del planteamiento. La repulsión, el rechazo hacia la diferencia, la alienación, el desconocimiento que a veces podemos llegar a tener de quienes nos rodean. Sí: La metamorfosis da para eso, para evocar situaciones análogas dentro del ámbito privado o del social. Nada extraño, entonces, que eso y la asequibilidad de su lenguaje y su extensión sean más que tentadores. Sí: La metamorfosis es un perfecto ejemplo de lectura de iniciación. 
Desde el punto de vista literario, crear a Gregor Samsa, a su hermana Grete y al resto de la familia, convertirlos en personajes paradigmáticos, conseguir que el mero apellido del autor acuñe un adjetivo... Kafka tiene el indudable mérito de generar ese mundo desde su obra. Un mundo injusto, cruel y opresivo, un mundo en el que esa súbita transformación física (llena de enigmas y de simbolismo: un insecto suele ser a la vez un ser repugnante y fascinante) aboca al protagonista a una progresiva exclusión, a una especie de vaciado de su condición de miembro de la sociedad, transforma los sentimientos de quienes le rodean (mejor dicho: los neutraliza) y a la postre le convierte en un estorbo, en una compañía no deseada, en un lastre.
Hablamos de seres enfermos, de razas, de ancianos, de marginados. Planteemos el tema desde distintos prismas y siempre podemos poner el ejemplo de Gregor Samsa y su desgraciada experiencia. Emulemos al principal, al encargado del trabajo que se presenta en casa con el solo interés de saber si podrá contar con su recurso humano. Novela, pero a la vez especie de fábula de corte fantástico, trágico, simbólico, su trama arrincona juicios que podamos emitir sobre valor literario, estructura, desenlace. Lectura obligatoria para cualquiera interesado en la capacidad evocadora de la literatura, en su condición como reflejo de la imaginación del individuo.
Solo mencionar que la edición que he leído, colección de bolsillo de Alianza Editorial, cuenta con una traducción (no se menciona a su autor) deficiente, con una fuerte tendencia al empleo de figuras verbales forzadas (encontróse, hallábase) que nada ayudan al libro, que le aportan un anacronismo impropio, y que estoy seguro de que muchas otras traducciones serán más fieles a su carácter intemporal.

Todas las reseñas sobre Franz Kafka en ULAD: Aquí

miércoles, 29 de mayo de 2013

Bohumil Hrabal: La pequeña ciudad donde se detuvo el tiempo

Idioma original: checo
Título original: Městečko, kde se zastavil čas
Año de publicación: 1978 
Traducción:  Monika Zgustova
Valoración: recomendable


Los que hayan leído algún libro de Bohumil Hrabal sabrán que es un experto en narrar historias cotidianas, íntimas, que en un principio parecen no ser nada del otro mundo, pero que al final resultan siempre ser algo especial, quizá por lo mucho que consigue empatizar con el lector.

La pequeña ciudad donde se detuvo el tiempo es una de esas historias. O, mejor dicho, es una de esas novelas corales en las que el autor utiliza la trama principal para contarnos un sinfín de historias y presentarnos a un gran número de personajes que terminan por ser tan imprescindibles como el protagonista alrededor del cual gira todo el argumento.

En La pequeña ciudad..., el narrador es un niño que nos habla de una pequeña urbe checa (checoslovaca, en realidad) en la que las vidas de sus habitantes giran alrededor de una fábrica de cerveza (su padre es gerente en dicha fábrica y su tío Pepin un empleado de la misma) y de los cambios políticos que se producen en el país. Aunque el protagonista nos cuenta qué ocurre en esta ciudad cuando llegan los nazis y, posteriormente, cuando son "rescatados" por los comunistas, ésta no es una novela en la que se dé demasiada importancia a los acontecimientos históricos. Están presentes, claro, pero son tratados como un simple decorado, dejando que se desarrolle libremente lo verdaderamente importante en este libro: la vida de la gente que rodea al narrador.

Sus padres, su tío Pepin (que se merece un libro para él solo), el cura (más preocupado por las jóvenes casaderas que por su fe), su abuelo (y sus ataques de ira)... Hrabal nos presenta, con una verosímil voz infantil, las visicitudes de una familia cuya única preocupación es salir adelante e intentar ser felices, sin dejarse hundir por las desgracias que ocurren a su alrededor.

Para ello, además de utilizar su estilo narrativo habitual (salpicando la trama de comentarios adicionales), el autor construye una obra en la que abundan los momentos tragicómicos, en los que el lector no sabe muy bien si echarse a reír o a llorar, y que le dejan, una vez pasada la última página, con un gran poso de melancolía.



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