Idioma original: alemán
Traducción: José Rafael Hernández Arias
Año de edición: 2015
(la mayoría publicados entre 1914 y 1922, aprox.)
Valoración: Recomendable con matices
La editorial Valdemar tiene cierta tradición en la publicación de obras completas o cuerpos homogéneos de obras incluyendo tanto materiales muy conocidos como otros fragmentarios o inéditos, según los casos. En esta ocasión se recoge toda la ficción narrativa de Kafka que no puede calificarse como novela (es decir,
El proceso, El castillo y El desaparecido o América), incluyendo por tanto
La metamorfosis, unos cuantos relatos más o menos extensos y un buen número de cuentos y fragmentos, totalizando unos ochenta. Vistas algunas enumeraciones que circulan por ahí da la sensación de que quedan fuera unos cuantos títulos, pero tampoco importa demasiado. Más interesante resulta –en lo que se refiere a este volumen- que se trata de traducciones directas del material original del autor, libres por tanto del
aggiornamento al que Max Brod sometió a la mayor parte de la obra del autor checo.
Hechas las presentaciones, entramos en materia. Evidentemente, lo primero que encontramos es un alto nivel de heterogeneidad. Es lo que tiene meter el diente a compilaciones de este tipo, a las que personalmente no soy nada aficionado: los textos pueden extenderse desde unas pocas líneas hasta más allá de las cien páginas; hay algunos realmente intensos y atractivos, otros más oscuros, incluso alguno más bien aburrido; de perfiles más reconocibles para quien haya leído las obras más emblemáticas de Kafka, o realmente extraños; en tono de fábula, metafóricos, con sesgo ensayístico o vocación más intimista. Un poco de todo, pero siempre (o casi) dentro del tono singular propio del autor, y pudiendo detectarse elementos y líneas maestras muy característicos que es interesante ir observando con la perspectiva de totalidad que ofrece el libro.
Como los textos siguen aproximadamente un orden cronológico, los primeros muestran todavía un perfil ligeramente particular. Son relatos en general muy breves, de tono intimista, escritos en primera persona, en los que domina la soledad y la incomunicación, con importante presencia de lo onírico y primeros síntomas de esa pugna entre padre e hijo que irá dejándose ver en distintas ocasiones. Personalmente, me identifico con esa especie de retazos tan radicalmente subjetivos y en apariencia espontáneos. Pero no deja de ser una apreciación personal.
Un segundo bloque –por identificarlo de alguna forma- lo constituyen varios de los relatos de mayor peso, y que ilustran sobre la narrativa más reconocible del autor: La condena (uno de los textos preferidos por Kafka, aunque en mi opinión no es de los mejores), El fogonero (un relato algo anodino incorporado luego a América), Ante la ley y En la colonia penitenciaria (donde Kafka deja traslucir inquietudes sobre la legalidad y el aparato judicial, en la línea de El proceso) y, naturalmente, La metamorfosis, sobre lo que no comentaré más por sobradamente conocida y reseñada de forma impecable en este blog.
A partir de ahí no me siento capaz de agrupar las decenas de textos que siguen, de extensión muy variable y asunto diverso. La impresión general es que la gran mayoría son relatos inconclusos, seguramente esbozos o primeras ideas, alguno de los cuales tal vez hubiera tenido continuidad después. Pero aun en los casos en que es menos evidente ese carácter fragmentario, estos cuentos no tienen apenas desarrollo, y el poco que puede observarse no circula hacia algún tipo de desenlace sino que se enrosca o se dispersa sin tomar casi distancia con el punto de arranque. Son como recortes aleatorios de una situación dada, sin principio ni final, que dejan una sensación extraña, con un punto inquietante.
La creatividad de Kafka, yo diría su carácter insólito, queda de manifiesto también en el contenido de esos retazos. Asistimos a veces a situaciones inverosímiles por la irrupción de seres extraordinarios (un par de bolitas con vida propia, esa especie de muñeco de hilos llamado Odradek), o de individuos que protagonizan acciones extrañas (el ayunador, el cazador Gracchus, un Poseidón que nunca ha surcado el mar, o Josefina la cantora, que interpreta melodías que apenas merecen ese nombre), o por monólogos que se prolongan sin medida, provocando el desasosiego de una búsqueda infinita. En el fondo, lo que casi siempre subyace –al menos así lo veo yo- es una reflexión amarga sobre la condición humana, el sinsentido descubierto en medio de una vida vulgar, la incomprensión ante un mundo que no se sabe si es más absurdo o amenazante. Rasgos de un existencialismo a veces muy patente, otras más oblicuo.
Se podría decir mucho más, claro está, que para eso hay una amplia bibliografía en la que se ha intentado desentrañar los enigmas de este autor inigualable. Pero no creo que deba terminar sin por lo menos citar los relatos que me han parecido más interesantes:
-
Blumfeld, un solterón: es el de las bolitas animadas que decía antes. Un personaje que recuerda un poco al
Bartleby de Melville y, sobre todo, al
silenciero de Di Benedetto.
- Un médico rural, con ambiente más gótico de lo habitual y algún golpe surrealista
- Un fratricidio y El puente, los más brillantes de entre los cuentos más breves.
- El matrimonio, extrañas combinaciones entre lo real y lo soñado
- Y La guarida, creo que el penúltimo de la colección, obsesivo, una espiral enloquecida a partir de la soledad y las propias inseguridades.
Imagino que no es difícil encontrar estos u otros relatos sueltos por la red, y recomiendo con entusiasmo sondear algunos de ellos, porque tal vez digerir los ochenta textos y sus cuatrocientas y pico páginas completas resulte algo excesivo, a no ser que sea uno muy devoto del autor.
Todas las obras de Franz Kafka reseñadas en ULAD: aquí