lunes, 23 de julio de 2018

Bohumil Hrabal: Mi gato Autíčko

Idioma original: checo
Título original: Autíčko
Año de publicación: 1986
Valoración: recomendable

Tengo dos gatos: Fluzo y Lua. Fluzo es blanco, hijo del gato de una amiga, que dejó preñada a la gata de la vecina. Lo adopté cuando tenía dos meses (Fluzo, no yo) y ha crecido siempre en casa, habituado a los mimos y la tranquilidad. Lua, en cambio, es negra; era una gata de la calle, que fue rescatada por la União Zoófila (que suena muy mal, pero en es el equivalente portugués para "asociación animalista"). Lleva con nosotros unos seis meses, y todavía sigue siendo algo asustadiza, solo se deja acariciar cuando se siente segura.

Toda esta introducción sirve para explicar que me encantan los gatos y que tengo alguna familiaridad con esos bichos adorables e imprevisibles que lo mismo se frotan contra ti con un amor que no es de este mundo, que te arañan una córnea porque quieren que les pongas comida. Y por eso me atrajo este libro, y por eso mismo también esta lectura ha sido por momentos particularmente incómoda. Porque, claro, quien conozca mínimamente a Bohumil Hrabal ya debe imaginarse que esta no es una novela cuqui de gatos monísimos que hacen travesuras.

En realidad, Mi gato Autíčko (luego hablaré del título) es una obra que solo una persona realmente obsesiva podría escribir. El protagonista de la novela/autobiografía/autoficción, el escritor Bohumil Hrabal, vive entre dos casas: una en Praga y otra Kersko, en las afueras de la ciudad. Solo que esta segunda la comparte, además de con su mujer, con sus gatos, muchos gatos, gatos casi incontables. Al principio son cinco, luego son tres, luego sus dos gatas favoritas tienen simultáneamente dos camadas de cinco gatitos cada una... Y ahí viene la culpa constante: la culpa por abandonar a los gatos cada vez que va a Praga, la culpa por lo que les pueda pasar en su ausencia, la culpa por no poder cuidarlos a todos y sobre todo la culpa por tener que matar a muchos de los gatitos, para sobrevivir entre tanto mimo y tanta confusión. Y mientras tanto, su mujer llorando y preguntando constantemente: "¿Qué vamos a hacer con tantos gatos?"

En realidad, casi se podría decir que los gatos son una manifestación física de la culpa del escritor, que no consigue librarse de ella ni cuando trata bien a los gatos ni cuando los abandona; solo lo logrará cuando sienta que ha pagado por sus pecados de una forma completa y definitiva (aunque irracional). El propio estilo, plagado de repeticiones y redundancias, casi estribillos, como la propia trama, acentúa esta sensación opresiva y obsesiva, como de cuarto cerrado, oscuro y con olor a polvo húmedo. El lector se pierde entre nombres de gatos y gatas, y asiste aturdido a las sucesivas masacres de gatos que en ocasiones, para añadir profundidad y densidad al conflicto gatuno, se comparan con algunas de las peores masacres del siglo XX (incluido el Holocausto).

Se entiende, imagino, que la lectura no se me haya hecho fácil, con Fluzo tumbado entre mis piernas y Lua dormida en su camita enfrente de mí. Que conste, claro, que no estoy juzgando a Hrabal desde un punto de vista animalista; pero si se lee la obra con alguna sensibilidad, se convierte en un canto a la esterilización.

Acabo con un comentario sobre el título, "Mi gato Auticko", que resulta sorprendente por varios motivos. En el original, Autíčko es el nombre de una gata (¡no un gato!) que no ocupa un lugar particularmente destacado en la acción; de hecho, no aparece hasta la segunda mitad. Pero "autíčko", en checo, quiere decir también "cochecito", y es la forma en la que el escritor y su mujer se referían a un coche que, este sí, acaba por tener su importancia. Así que, aunque comprendo que la dificultad de mantener el juego de palabras en la traducción, hay algunas cosas que son menos comprensibles, como el hecho de añadir "mi gato" (¿quizás porque los gatos venden?), y más aún el inexplicable cambio de sexo de la pobre gata. En fin, misterios editoriales

¿Es esta una novela recomendable? Sí, pero no una novela para amantes de los gatos, o por lo menos no porque sean amantes de los gatos. Sí, en cambio, para lectores a los que les guste profundizar en una mente obsesiva y atormentada. Y a los que no les importe encontrar un poquito de sangre por el camino.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Parece interesante, hace bastante que no leo una novela donde predominen los animales; además de que tengo cierto recelo cuando aparece uno que muchas veces sólo sirve para situaciones sin sentido (obviamente, después están los compañeros magistrales, pero son contados).

PD: sin querer desvirtuar, he soñado que a Marc u Oriol lo dejaba la novia y hacía una especie de reseña. Todo muy turbio y desgarrador.

Marc Peig dijo...

Hola, anónimo. Como me siento interpelado, debo decir que me he quedado perplejo con tu comentario. No sabía que la droga que suministramos subliminalmente en las reseñas provocará episodios oníricos tan extraños ;-)
De todos modos, saldría una inquitante reseña, mezcla de desespero, temor, y tristeza. Algo bastante desolador, sin duda.
Pero bien, reencaminando el tema de la reseña, si toca hablar de libros con animales, podríamos ir desde Stephen King y su «cementerio de animales» (nunca los veo de igual manera después de haber leído el libro) o en otros tonos menos terroríficos pero igualmente impactantes, «Ánima», de Mouawad, donde cada episodio es narrado por un animal que observa la historia contada. Altamente inquietante, también.
Saludos
Marc

Oriol dijo...

Viva lo turbio jejejeje. Y buena reseña, jefe, aunque LOS PERROS SON MEJORES.

Lupita dijo...

Hola a todos:
Breve saludillo; no he podido contenerme. Oriol, soy una loca empedernida de los gatos, los adoro. Me parecen el sumun de la perfección, la belleza, la agilidad, la elegancia y un largo etcétera. Pero bueno, te perdono.
Saludos

Anónimo dijo...

Aparte de Trenes rigurosamente vigilados y Una soledad demasiado ruidosa qué otras obras de Hrabal están a la altura de estas dos pequeñas pero grandes obras?

Gabriel Diz dijo...

Te recomiendo: “Yo que he servido al rey de Inglaterra”. Una novela encantadora.