martes, 31 de julio de 2018

Arturo Uslar Pietri: La isla de Róbinson

Idioma original: Español
Año de publicación: 1981
Valoración: Bastante recomendable

“La isla de Róbinson” es la biografía novelada de Simón Rodríguez, de nombre “artístico” Samuel Róbinson, un personaje clave en los procesos de emancipación de la América española. Su importancia se debe, fundamentalmente, a que Rodríguez fue tutor y mentor de Simón Bolívar, aunque no hay que desdeñar en absoluto sus aportaciones en el ámbito de las reformas educativas.

Pese a que la novela es una continua rememoración de experiencias, paisajes y gentes de América del Sur, desde la selva a las cumbres andinas, del Caribe a la Tierra de Fuego, dos serise los principales ejes sobre los que gira el libro: la figura del Libertador, ya sea como presencia palpable o como influencia inasible, y la obsesión de Rodríguez por la educación como fuerza transformadora de la sociedad. Estos dos ejes serán una constante en una novela que podríamos dividir en dos partes bien diferenciadas. 

La primera parte sería una “novela de formación”, tanto del propio Rodríguez como de Bolívar. Abarcaría desde los días en los que ambos entran en contacto en su Caracas natal hasta los días de la independencia. Es novela de formación porque es la narración de la adquisición por parte de ambos de su bagaje político – cultural. Los escritos de Rousseau y Voltaire, la influencia de la independencia de los Estados Unidos y los iniciáticos viajes a la Francia revolucionaria y napoleónica , a Italia y a Inglaterra marcarán de forma indeleble a ambos, a través de la observación de los aciertos y errores, de las potencialidades y derivas de los procesos europeos.

La segunda parte daría comienzo con la independencia de las repúblicas latinoamericanas y llegaría hasta los últimos días de Simón Rodríguez. Esta segunda parte puede (y debe) leerse como la crónica de un fracaso: la primera de tantas oportunidades perdidas para América Latina, la eterna historia de las revoluciones traicionadas y malbaratadas por luchas intestinas, celos, rencillas y egos. Porque, pese a los triunfos militares de Bolívar, surgen las envidias, los intentos de asonada, las luchas de poder y los proyectos educativos de Rodríguez se ven abocados al fracaso. Ejemplo claro de este fracaso es la propia situación de Simón Rodríguez en sus días finales, dedicado a la fabricación de velas y jabones con los que iluminar y limpiar el exterior cuando todos sus esfuerzos en vida fueron destinados a iluminar y limpiar el interior.

En resumidas cuentas, “La isla de Róbinson” es una (muy) buena novela que, como todo, cuenta con sus cosas buenas y malas. A su favor están la universalidad de la obra pese a tratar un tema local, el reflejo del ambiente de derrota, de revolución fracasada y traicionada, la construcción de un gran personaje como el de Simón Rodríguez, y una mayor accesibilidad (o menor experimentación) que otras novelas del autor como la magnífica “Las lanzas coloradas”. En su contra, en cambio, pesan una cierta reiteración de ideas y una excesiva fragmentación de los episodios de la vida de Rodríguez, la cual provoca que no se profundice en momentos que podrían dar más de sí. Además, aunque esto es un asunto que hay que poner en mi “debe”, creo que se trata de una obra que disfrutarán más quienes posean más amplios conocimientos de los procesos de emancipación de la América española.

En cualquier caso, después de haber leído hace un montón de años “Las lanzas coloradas”, he quedado más que satisfecho con esta vuelta a uno de los grandes de las letras venezolanas. Habrá algún que otro Uslar Pietri más. Seguro que sí.

Tambien de Uslar Pietri en ULAD: Las lanzas coloradas

2 comentarios:

Diego dijo...

Quique, un amigo que junto a mi mamá fue, hace mucho tiempo,
el culpable de mis inicios en el placer de la lectura, decía que los venezolanos Uslar Pietri y Herrera Luque eran necesarios sin ser encantadores.

Confesando que jamás leí al segundo, y solo conociendo del primero este título que traes y "Oficio de difuntos", me parece acertado aquel comentario de mi amigo; ambos libros me dejaron la sensación de que podrían haber sido más profundos, y, al mismo tiempo, que deberían ser de estudio (casi obligado) para los sudamericanos.

Siempre pienso, con tristeza, hasta qué punto García Márquez es amado y conocido en Sudamérica solo porque es amado y conocido en el mundo entero.
A veces, y capaz que solo es nostalgia, cuando leo tus numerosas referencias a la literatura latinoamericana, Koldo, siento que me gustaría tener un altavoz que resuene por allá, al sur, diciendo: "Miren, pelotudos! Acá hay un español más interesado en nuestra cultura que nosotros mismos!!"

Gracias, botija.

Koldo CF dijo...

Lo primero: muchísimas gracias por el comentario, Diego!
Lo segundo: en cuanto a las referencias a la literatura hispanoamericana... "No se vayan todavía. Aún hay más".Tengo pendiente de leer y reseñar más Mujica, Ocampo (Silvina), etc, etc. Esta fijación mía viene de lejos, desde los tiempos lejanos de la adolescencia en que descubrí a Sábato, Cortázar, Onetti y compañía (y ahí seguimos)
Lo tercero: Uslar Pietri, otro semiolvidado a recuperar. Igual me animo con Oficio de difuntos.
Lo importante: da gusto leer aportaciones como la tuya. No dejes de entrar en ULAD!!
Un abrazo