miércoles, 25 de julio de 2018

Carme Riera: Palabra de mujer


Idioma original: Catalán
Títulos originales: Te deix, amor, la mar com a penyora y Jo pos per testimoni les gavines
Año de publicación: 1975 y 1977
Traducción: La propia autora
Valoración: Imprescindible

Desde que a mediados de la década de los 70 del siglo pasado Carme Riera publicó sus primeros relatos bajo el título Te deix, amor, la mar com a penyora (Te entrego, amor, la mar, como una ofrenda) y un par de años después Jo pos per testimoni les gavines (Y pongo por testigo a las gaviotas) no ha dejado de mantener con los lectores una relación muy, pero que muy, gratificante. Carme Riera (Palma, 1948) dispone de una vasta colección de reconocimientos y premios -en 2015 le llegó el Premio Nacional de las Letras Españolas- forma parte desde 2012 de la Real Academia Española de la Lengua y es regularmente traducida a más de una decena de idiomas. Ha tocado múltiples géneros y registros, deparando tanto ambiciosas novelas por su complejidad argumental y pulso estilístico como medidos ejercicios de ironía con el presente más inmediato, así como novela criminal, memorias de la infancia o de un embarazo, o también, teatro, libros infantiles o prosa. Eso en su faceta creativa, pues asimismo se ha dedicado al ensayo y a la divulgación. Con toda esta parrafada pretendo llegar a un lugar casi obvio; sus libros me suelen gustar mucho. Y los dos primeros se me antojan, sencillamente, una maravillosa delicia.

Lo que uno se encuentra al abrir las páginas de estos dos primeros libros de Carme Riera es esencialmente una incontenible corriente de libertad, historias de mujeres que desean obstinadamente amar, que amando disfrutan hasta el delirio y que muestran las heridas y el dolor que el amor les ha dejado. Páginas por las que navegan mujeres que se manejan con sensualidad, inteligencia y determinación. Mujeres sin miedo y sin límites. Vitales adolescentes que desbordan con apabullante naturalidad reglas y convenciones y entrañables ancianas que al mirar atrás sentencian que no han tenido suerte con los hombres. Mujeres entregadas, voluptuosas, soñadoras, realistas, frágiles y poderosas, llenas de una vitalidad  que desprende emoción y lucidez.

Personajes femeninos rodeadas de mar, la mar, un mar que tanto es un espacio mental donde desaparecen la asfixia de las convenciones y de las mezquindades como también una representación del éxtasis amoroso; el reclamo de las olas, el mar que nunca rechaza, que centellea, que se adentra a través del ojo de buey, que ofrece el tacto anacarado de las caracolas, la suavidad de las algas entre encajes de espuma, el ritmo de las olas y su fluir, el torbellino de las aguas de fondo, despiadadamente azules…

Los relatos fueron traducidos del catalán al castellano por la propia autora y tienen, por tanto, más la condición de una reescritura que la de una fiel transposición de una lengua a otra. Palabra de mujer recoge veinticinco de las casi cincuenta piezas que integraban los dos libros, algunos de ellos tan transformados que apenas mantienen un lejano parentesco con su primigenia versión en catalán, aunque los que dan título a los libros –de los que pende un hilo argumental y cronológico- están por supuesto incluidos. Mi opinión es que quien pueda (o piense que pueda intentarlo acompañado de un diccionario) lo haga en catalán, idioma que Carme Riera elabora de manera compleja y sensorial, sabrosa y untuosa como las buenas ensaimadas.  Ahí va una migaja: “Y, sin embrago, yo he visto, a cincuenta millas de la costa, allí donde el milagro se encarnó en la perfección de unos cuerpos, brotar rosas. Rosas rojas como coágulos entre olas azules…”, que en su origen, suena así: “Roses vermelles, com un miracle, sobre la mar blavíssima, que ningú no ha tallat encara…”.

La aparición de estos relatos supuso en su momento una buena sacudida en el ámbito de la literatura en catalán, que en 1980 prolongó la periodista barcelonesa Montserrat Roig, quien tras cobrar un adelanto editorial para retirarse una temporada al Caló de sant Agustí, en Formentera, -y no se me antoja lugar más propicio para la tarea-  redactó L’hora violeta, una demoledora novela con la que hacer trizas el concepto de amor romántico. Leídas ahora, mi sensación es que los relatos de la palmesana aguantan mucho mejor el paso del tiempo que la novela de la barcelonesa.

PD: Como me temo que las portadas de la versión en castellano son más un demérito, repesco alguna de las primeras ediciones en catalán.



 Otros títulos de Carme Riera en Un libro al día: En el último azul

1 comentario:

Dionisio García dijo...

Real Academia Española, simplemente, sin "de la Lengua": de ahí lo de RAE.