miércoles, 1 de mayo de 2013

Herman Melville: Bartleby el escribiente

Idioma original: inglés
Título original: Bartleby the scrivener
Año de publicación: 1853
Traducción: Eduardo Chamorro
Valoración: recomendable

Un clásico de unas 70 páginas. Del autor de la extensa novela que es Moby Dick, y considerado unánimemente como una obra influyente y repleta de simbolismos. El principal, esa expresión metaliteraria, el ser un Bartleby, adoptada para describir tanto al personaje circunspecto que ve la vida pasar como a esa especie de persistente no escritor que prescinde de todo acto que lo haga merecedor de atención alguna (pero cuya actitud lo pone en el centro de esa atención). Una de las obras de referencia de Vila-Matas usa su figura como foco central.

Curioso: 160 años atrás esa figura se revela actual. No en un sentido estricto, pero si en algunos virtuales. Tanta gente que transita por la vida sin actos concretos. La alienación inherente a cierto tipo de trabajos. La vida en los despachos, el ser humano alienado y detenido frente a papeles y asuntos que le son ajenos por naturaleza. La descripción de Melville ahí es actual. Imaginas muchos Bartlebies parapetados tras pantallas, metiendo datos que encuentran en impresos. Lo relacionas con personajes de Kafka y de Camus, con sombras grises que han protagonizado novelas llenas de angustia, y piensas que ahí Melville sí es visionario y sí es influyente. Retratas a su jefe, cariacontecido, comprensivo hasta resultar casi extraño, y a sus compañeros, agresivos, hostiles frente a su actitud inmutable. Te imaginas qué hay de la influencia de Bartleby en series televisivas como The Office o en organigramas empresariales y ministeriales. Por supuesto que un libro como este es una invitación a especular con su influencia y su radio de acción sobre obras posteriores.

Aunque también puedes preferir no embarcarte en análisis tan profundos y pensar que, al margen del dibujo de este chocante mito literario, el libro igual no sea para tanto. Buen estilo literario, la elección del responsable del despacho como narrador (seguramente el propio Bartleby prefirió no hacerlo), cierto halo irreal en la evolución de los hechos o hasta en la reacción de las personas (da que el mundo actual no está para tanta paciencia y comprensión), todo ello eficaz y merecedor de su condición de hito en cierta temática. Pero no sé si mucho más que eso. De todas maneras, lo suficientemente breve y accesible para que cualquiera se tome un rato en formarse su propia opinión. 

De Herman Melville en Unlibroaldia: Moby Dick

9 comentarios:

Santi dijo...

Personalmente le habría dado un "Imprescindible" a este relato (que de hecho creía haber reseñado ya). Es una de esas obras que no solo son inspiraciones brillantes, sino que están brillantemente desarrolladas.

Ahora, léete Bartleby y compañía de Vila-Matas, a ver qué te parece...

Llili dijo...

Para navegar en su mundo ,habrá que formarse de paciencia y tiempo para navegar en esta brillante obra ...creó atrapa!

Francesc Bon dijo...

Santi: me pasa algo con ciertos libros de Vila-Matas: o me engancho, o me duermo. Bartleby y Compañía me recrimina desde el estante donde espera una mejor oportunidad lo mucho que roncaba el día que lo empecé.
Respecto al de Melville, podría ser que esa enorme expectativa no llegase a satisfacerse; aunque van tres veces que lo leo (ayer le dediqué una horita ya que iba a salir hoy reseñado), no me da la sensación de crecimiento que experimento, por ejemplo, con El guardián entre el centeno de Salinger.

Lili: gracias por el comentario.

Montuenga dijo...

A mi tampoco me pareció para tanto. Siembra la intriga al principio pero luego se queda ahí. Está bien, sí, pero solo eso.

O sea, que estoy de acuerdo con Francesc.

Maese_Salakov dijo...

Pues yo estoy de acuerdo con Santi. No sé si posicionarme —«preferiría no hacerlo»— pero un "imprescindible" en toda regla.

JeanP dijo...

La literatura mundial puede sobrevivir perfectamente sin esta obra. A pesar del maestro Borges. No se lo perdono.

Nunca he tenido tantas ganas de plantarle una hostia a un personaje... Pues sí, por lo menos quédate paralítico por algo.

No sé si Melville apuró todos sus recursos narrativos en la obra del cetáceo, quedándose a cuatro velas para el resto de su producción, o, simplemente, le apetecía tomarnos el pelo. Es cierto que la obrita se nos antoja familiar en el punto del hastío y la mecánica laboral, pero no es suficiente para calificar al autor de visionario.

La expresión "ser un Bartleby" trasciende los límites metaliterarios, ya de por sí productos circundantes. La usan los psicólogos para referirse a un determinado tipo de carácter (que no personalidad, ojo, no los confundamos), pero también la gente corriente, entre otros.

¡Hala! Hoy no tengo tiempo para más, pero amenazo con volver.

Francesc Bon dijo...

Gracias a todo el mundo. Está bien que hasta los clásicos generen sus polémicas. Reconozco la valentía de Melville creando un personaje así en esos tiempos, pero el tiempo pasa factura.

Anónimo dijo...

Leí ayer tu reseña y hoy mismo he cogido el libro en la biblioteca para leérmelo porque me despertó mucha curiosidad. Empieza mejor de como termina pero me ha gustado mucho como está escrita y, como tú mismo dices, es breve y cualquiera pasará un buen rato leyéndola y formándose su propia opinión, así que yo también coicido con la calificación de "recomendable".

Francesc Bon dijo...

Pues muchas gracias, Anónimo. No hay mejor cumplido para una reseña que esa consecuencia tan inmediata, más si has disfrutado el libro y te has formado una opinión sobre él.