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domingo, 18 de septiembre de 2011

Franz Kafka: Dibujos


Idioma original: alemán
Título original: Einmal ein grosser Zeichner. Franz Kafka als bildender Künstler
Año de publicación: 2006
Valoración: muy recomendable


Niels Bokhove, responsable de la edición de esta obra en su versión original, afirma que la vocación de Franz Kafka por el dibujo se despertó cuando contempló en un escaparate dos cuadros que le causaron una gran impresión. A pesar de que las primeras (y decepcionantes) clases de dibujo que recibió hicieron, según sus propias palabras, que desapareciera toda tu pasión por ese arte, lo cierto es que Kafka nunca dejó de dibujar. Hacía dibujos en sus apuntes, como acompañamiento a numerosos escritos...

Max Brod recopiló muchos de aquellos dibujos, a veces recortándolos de los apuntes del autor o bien rescatándolos de la papelera (lamentablemente, la mayoría están custodiados por la heredera de Brod y no deja a nadie acceder a ellos), pues tenía la intención de publicar una compilación de los mismos llamada "cartapacio Kafka", pero ese proyecto nunca llegó a materializarse. Si bien muchos de estos ejercicios pictóricos han sido publicados a lo largo del pasado siglo de diversas maneras (como ilustración de cubierta de muchas de sus obras, como ilustraciones interiores o como secuencias en un proyecto catalán para la película de animación Animació K.), nunca antes habían sido reunidos en conjunto. Así pues, en este libro se recogen todos los dibujos de Kafka que se conocen y han sido publicados.

Acompañados por fragmentos de texto escogidos de su obra completa o bien por los textos originales en los que el autor los insertaba, estas pequeñas obras de arte nos permiten observar una faceta del escritor checo que pocos habían visto antes. Inquietantes, curiosos, oníricos, simples, absolutamente complejos, siempre interesantes... hay mil maneras de calificar e interpretar estos trazos. Pero eso queda en manos del lector.

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martes, 11 de diciembre de 2012

Franz Kafka: El Proceso

Idioma original: alemán
Título original: Der Prozess
Fecha de publicación: 1925
Valoración: Muy recomendable

Como hace bastante que no escribo en ULAD, he tenido que poner en el buscador del blog El Proceso para ver si este libro estaba ya reseñado. Y la verdad es que me ha sorprendido que no lo estuviera pero también me ha alegrado mucho. Así que me he dicho: pues nada, Ian, chaval, reséñalo tú, que para algo es uno de tus libros de cabecera. Y aquí estamos...

Dicen que El Proceso es un libro inacabado de ese escritor que no necesita presentación llamado Franz Kafka. Lo publicó un amigo suyo, el escritor Max Brod, basándose en su manuscrito inconcluso.

El Proceso narra la historia de Josef K, un tipo corriente y moliente al que un día arrestan sin que él sepa por qué y que es introducido en un extraño proceso judicial. El Tribunal que dirige el proceso es tan "especial" que Josef K. nunca ha oído hablar ni de él ni de sus funcionarios, y es él el que ha de determinar si el acusado es culpable o no. Pero Josef K. no logra averigüar, en ningún momento del libro, por qué diablos le están juzgando.

Aunque lo cierto es que el motivo es lo de menos: el prodigioso Kafka nos deja claro enseguida que es el propio proceso al que se somente a Josef K. su verdadera (y condenatoria) sentencia.Y qué sentencia más asfixiante... Con la lectura de este libro uno comprenderá pronto, aunque no haya leído nada más de Franz Kafka, de dónde viene lo de "pesadilla kafkiana" o, sencillamente, el adjetivo "kafkiano" y todas sus derivaciones.

Durante el transcurso de su proceso, Josef K. tendrá, o eso parecerá, ciertos aliados/apoyos (su tío del campo que le buscará un abogado; el penoso abogado que tratará en vano de ayudarle; la enfermera del abogado, con la que Josef K. gozará de cierto escarceo. etc...). Pero la sensación de que no hay nada que hacer y que el banquero está condenado desde el principio invadirá tanto al protagonista como al lector a medida que pasemos y pasemos más páginas del pesadillesco proceso.

 El desgraciado señor K. será sometido a agonizantes interrogatorios y será testigo de extrañas (no puedo decir "kafkianas" porque la redundancia sería insoportable) escenas protagonizadas por los burócratas que nutren el proceso. Y poco a poco se dará cuenta de que las dependencias del Tribunal que quiere condenarlo ocupan básicamente todos los ámbitos de su vida. Si incluso cuando recurra a Titorelli, el peculiar pintor de la corte que puede ayudarle siendo su contacto con los jueces, verá que el fulano vive en una buardilla que da a los pasillos del Tribunal...

En fin, Josef K., sin quererlo ni beberlo, es "encerrado" en El proceso, una locura burocrática llena de estancias e instancias interconectadas y laberínticas hasta el infinito. Y el hombre llegará a sentirse culpable de algo que probablemente no haya hecho, y a desear que todo acaba cuanto antes, sea de la manera que sea.

No sé ustedes, pero yo muchas veces me siento un Josef K. Me refiero a cuando tengo que realizar trámites de todo tipo que implican plantarme ante ventanillas o empleados que a su vez me conducen a otras ventanillas u empleados. Siempre con fotocopias de documentos de todo tipo a cuestas y casi nunca con todo el papeleo que tenía que llevar a la primera. "Vuelva usted mañana" de Larra también viene a mi cabeza con mucha frecuencia...

En fin. Muy recomendable El proceso. No he visto ninguna de las versiones que hay para el cine (no sé qué demonios habrán grabado con semejante material entre manos, y eso que una de las versiones es de Orson Welles), pero cuando vi Cómo ser John Malkovich, su esencia me recordó mucho a Kafka...

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domingo, 6 de septiembre de 2009

Franz Kafka: Carta al padre

Idioma original: alemán
Título original: Brief an den Vater
Fecha de publicación: 1952 (escrita en 1919)
Valoración: Muy recomendable

Los libros tienen muchas utilidades, sí...Se utilizan para pasar el rato y matar el rato; como pata apañada para mantener a los muebles danzantes en equilibrio; para darse importancia; para ser quemados y acabar así con molestas tendencias intelectuales; para vivir vidas paralelas; para saber un poquito más de historia y de vidas de celebridades de todas las clases...

En fin, que los libros sirven para muchas cosas. Y los escritores, también los utilizan para sus propios propósitos... Algunos los engendran para llegar a fin de mes (este es su uso, digamos, más práctico); otros para hacer gala de su estulticia (y para llegar a fin de mes), y también están los que a través de sus obras ajustan cuentas con el pasado y con sus fantasmas (y de paso, llegan a fin de mes).

Kafka, el amante de los funcionarios vuelva usted mañana, escibió Carta al padre para echarle en cara a su progenitor lo rígido, injusto, autoritario, opaco, mezquino, inclemente, agarrado, seco, despiadado y poco alentador que había sido con él y con el resto de su familia, pero especialmente con él, faltaría más...

Gran culpa de las inseguridades y miedos de Franz provenían, según él, de la forma en la que había sido tratado por su padre, un hombre que se sacrificó para que a su familia no le faltara de nada, pero que en materia de ternura, exteriorización de sentimientos y humanidad andaba un poco escaso...

Pese a que este libro sea una carta escrita al señor Hermann Kafka por su hijo con intención de que el hombre la lea, he de contarles que el abuelo de Gregorio Samsa no la leyó jamás; su esposa no se la entregó pese a que Franz Kafka se lo pidiera: así, el receptor de estas lúcidas letras murió sin conocer todas las lindeces que su hijo le dedicaba en su trabajo menos kafkiano (aunque quiero creer que el hombre se podía imaginar la clase de sentimientos que había despertado en un muchacho tan sensible como su vástago por culpa de la rígida educación que le había dado).

Carta al padre es un libro corto o una larga carta tan sencilla de leer como afilada y sobrecogedora en ocasiones.

Y qué injusto que su destinatario nunca la leyera...

Y encima, se publicó estando su autor ya muerto.

Me despido y me repito: los libros sirven, efectivamente, para muchas cosas. Y con éste, Kafka, al menos se desahogó un poco y espantó a uno de sus demonios: uno bastante antipático que vendía pasamanería en una tienda de Praga y que nunca confió en el talento de su hijo, el que luego se convertiría en uno de los grandes escritores de la historia de la literatura.

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martes, 27 de octubre de 2009

Franz Kafka: Un médico rural

Idioma original: alemán
Título original: Ein Landarzt
Fecha de publicación: 1919
Valoración: Imprescindible

Es sabido que Max Brod publicó póstumamente la mayor parte de la obra de Kafka contra la expresa voluntad de éste, que le había confiado sus manuscritos inéditos con el mandato de destruirlos. La desconfianza de Kafka hacia su propia obra era tal, que en una carta a Brod del 29 de noviembre de 1922 confesaba que, de todos sus escritos, sólo cinco libros tenían algún valor. Inmediatamente añadía: "no quiero decir con esto que tenga el deseo de que se impriman de nuevo y se transmitan a los tiempos venideros; al contrario, si se perdieran del todo, se cumpliría así mi auténtica voluntad" (fuente: "Kafka" en la Wikipedia alemana). Estos cinco libros eran La condena, El fogonero (que luego se convertiría en el primer capítulo de la novela inacabada América), La metamorfosis, En la colonia penitenciaria y Un médico rural, a los que se sumaba el relato "Un artista del hambre".

Afortunadamente, Max Brod no hizo el menor caso de las instrucciones recibidas, y publicó todo lo que encontró. Sin él no conoceríamos El proceso, El castillo o la Carta al padre, por ejemplo. No es aventurado pensar, sin embargo, que la influencia de Kafka sobre la literatura no hubiera sido menor si se hubieran conservado sólo esos cinco libros que no le desagradaban. En ellos está ya todo Kafka, y así lo supieron ver los pocos críticos que le reconocieron en vida. Entre ellos, Walter Benjamin. Hoy hablaremos de uno de estos libros: Un médico rural.

Es díficil decir cuál de los relatos de Kafka es más inquietante, pero desde luego el que da título a esta colección no estaría nada mal posicionado en esa carrera. Transcurre todo él como una pesadilla, es decir, con ese extraño sentido de lo que es al tiempo incomprensible y necesario. Un médico debe salir en mitad de la noche a visitar a un enfermo grave que vive lejos. No encuentra caballos para su coche, pero de pronto surge alguien de su pocilga y le da dos caballos, tomándose a cambio el derecho a hacer lo que quiera de Rosa, la criada del médico. El pueblo está lejos y es de noche y está nevado, pero el médico llega sin darse cuenta. El paciente no tiene fiebre y parece sano, pero una segunda revisión descubre una herida supurante y llena de gusanos. Todo ocurre así, como episodios de una contradicción irreal y constante. Esa atmósfera de pesadilla diluye la capacidad de asombro del lector, que empieza a aceptar, con la sumisión del protagonista, el terrible desenlace que se prepara.

Frente a esto, es todo un alivio leer "Preocupaciones de un padre de familia", donde se describe a Odradek, un afable ser animado que parece hecho de hilos. Nada puede haber de malo en una madeja parlante, dirá el lector. La última frase revela, sin embargo, el desconsuelo inevitable que despierta en todo humano la visión de Odradrek.

Un par de relatos comparten cierto parentesco: el celebérrimo "Ante la ley" (incorporado luego a El proceso), "Un mensaje imperial" y "Un viejo manuscrito". En el primero, ya se sabe, un campesino espera ante la puerta de la ley a que el guardián le deje pasar, pero esto no sucede nunca; en el segundo, el emperador envía un mensaje a un súbdito suyo desde el lecho de muerte, pero el mensajero nunca conseguirá salir del vasto palacio y, si sale, nunca podrá abandonar la capital. En cuanto a "Un viejo manuscrito", tengo la sospecha de que está de algún modo en la raíz de la novela Esperando a los bárbaros, de Coetzee. En el relato de Kafka, un ciudadano aterrorizado cuenta cómo los nómadas salvajes se han adueñado de la capital del imperio, y llegan a comerse viva una vaca frente a los mismos muros del palacio imperial. Nadie puede impedir sus desmanes, y menos que nadie el emperador, que les observa con melancolía desde una ventana. Creo que la novela de Coetzee parte de la siguiente pregunta: ¿qué pasaría si ese relato no es más que la proyección de un miedo sin fundamento real? ¿Qué ocurriría si fuese el propio imperio quien alentara ese miedo a unos bárbaros que quizá no existan?

Haya o no motivos para esa filiación, lo cierto es que la versión de Coetzee es anti-kafkiana, porque el parentesco que une a los tres relatos mencionados es precisamente la creencia en la debilidad congénita del poder. El poder no puede engañarnos y manipularnos, porque es demasiado débil. Permanece alejado de nosotros de un modo cruel, sí, pero su ocultación no responde a una siniestra voluntad de dominio, sino a la acción de unas instancias intermedias. Nos deja abandonados a nuestra suerte, sí, pero no por indiferencia, sino por incapacidad. El emperador sabe de nosotros: nos busca en su lecho de muerte, nos mira desde la ventana, pero hay demasiadas barreras entre él y nosotros. La Ley mantiene una puerta destinada para cada uno, pero hay infinitos guardianes hostiles que nos impiden el paso. El poder impotente: ésta es la paradoja que revelan los tres relatos, y el núcleo mismo de la obra de Kafka.

Sin duda, son muchas las influencias que le llevaron a esta idea. No puede despreciarse su contexto histórico, claro: el Imperio Austro-húngaro. ¿Qué relación había entre Francisco José I y Kafka, miembro de la minoría judía, dentro de la minoría alemana, en la pequeña región checa del Imperio? Pero yo no puedo evitar pensar que hay cierto influjo de la teología gnóstica, aquella que confiesa un Dios bueno pero impotente, separado del hombre por una extensa jerarquía de malvados arcontes. Si Kafka tuvo acceso o no a esta teología, es algo que ignoro. Afortunadamente para sus lectores: lo mismo da.

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martes, 22 de junio de 2010

Franz Kafka: Sueños

Idioma original: alemán
Título original: Gesammelte Werke
Año de publicación: 1983
Valoración: Recomendable

Cualquiera que esté medianamente familiarizado con la literatura de Franz Kafka sabe –o puede intuir con facilidad– que ésta estaba muy influida por sus sueños, así como por sus largas noches de insomnio. De hecho, estas visiones nocturnas cobraban vida en sus narraciones bajo múltiples formas y daban lugar a todo tipo de metáforas y extrañas imágnes y símbolos.

A pesar de que Kafka no tenía intención alguna de publicar esos sueños (no olvidemos que su último deseo –incumplido para su deshonra y nuestro beneficio– fue que se quemara toda su obra), sí los puso por escrito. Los transcribió a medida que los soñaba y así quedaron durante muchos años, desperdigados entre los retazos de sus obras y sus ejercicios de escritura.

Por fin, han sido recopilados y ordenados en esta edición, que nos ofrece un verdadero tesoro. No sólo por su riqueza literaria (algo que los lectores habituales de Kafka reconocerán al instante), sino porque esta obra es una herramienta fundamental para comprender a uno de los autores más importantes y peculiares de nuestra época.

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jueves, 17 de noviembre de 2011

Robert Crumb y David Zane Mairowitz: Kafka


Idioma original: inglés
Título original: Kafka
Fecha de publicación: 2007
Valoración: muy recomendable

Reconozcámoslo, todos sabemos quién es Franz Kafka. Bueno, ése igual no. Pero Kafka sí, claro, el del relato de la cucaracha. Hasta decimos "kafkiano", cuando nos queremos referir a algo raro. Claro. Sí, lo conocemos. Nos compramos una camiseta en la que salía su cara cuando estuvimos de vacaciones en Praga. Lo más seguro es que no hayamos leído sus libros (ni siquiera el relato de la cucaracha, que en realidad no es tal) ni sepamos cuántos escribió ni el mínimo detalle sobre su vida. Ni en qué idioma escribía. Pero sí, claro, conocidísimo. Lectura de cabecera, por supuesto. Al ladiiiito de El Quijote.

Como todos sabemos quién es Kafka (sí, ése que siempre sale con cara de agonía en las fotos), no nos hace falta leer el cómic de Crumb y Mairowitz. No, ¿para qué? ¿Para saber cómo era la Praga en la que vivió y cómo influyó en su personalidad y sus escritos? ¿Para saber cómo era la relación con su padre? ¿O qué tipo de relación ambigua tenía con los judíos de Praga, siendo él judío? ¿Eso es importante, en serio? Me da igual, la verdad. No me interesa saber nada de su vida ni de las cartas o los cuentos o novelas o lo que fuera que escribiese.

Tampoco me apetece saber qué relación tenía con las mujeres o con el sexo, ni que estuviera enfermo, ni en qué trabajaba cuando no escribía, ni cómo refleja esto en sus historias. Ni me importa que Crumb y Mairowitz hayan creado un cómic sensacional (¿sensacional, en serio? ¿De alguien que escribe que se convierte en bicho?) en el que la biografía de este autor se entrelaza con sus escritos, desvelando secretos y aportando al lector claves para desentrañar y comprender mejor sus historias. No, no me importa en absoluto.

Aunque parece que hay un gran trabajo de investigación detrás de estas páginas y que el análisis final del propio Kafka, de su obra, de cómo fue ésta tratada y de lo que supone hoy en día es sobresaliente, no creo que éste sea un motivo suficiente para leer este cómic. Sí, claro, puedo aprender cosas que no sabía, hacer un repaso a su obra (lo que puede hacerme querer leer algún libro suyo) y darme cuenta –una vez más– de la hipocresía que rodea el mundo de la política y la literatura, pero, ¿realmente me apetece? ¡Que estamos hablando de alguien que dice que se convierte en bicho! Va a ser que no.


Como no es interesante, tampoco hace falta leer otras reseñas de Franz Kafka: Dibujos, América (El desconocido), Sueños, Carta al padre y Un médico rural

domingo, 2 de mayo de 2021

Eva Appel: Vida y contexto de Franz Kafka

Idioma original: Español
Año de publicación: 2019
Valoración: Recomendable para interesados


Eva Appel ha escrito una cronología vital y cultural de Franz Kafka que, pese a su brevedad (apenas alcanza las doscientas páginas), consigue entregar la información básica acerca de su objeto de estudio, cuestionar obras afines más extensas y actualizar ciertos datos. 

De Vida y contexto de Franz Kafka destacaría especialmente el atinado análisis que hace de la enigmática literatura del autor checo, así como el fiel retrato que dibuja de la época en la que éste se movió.

Por ponerle pegas al libro, diría que su faceta biográfica presenta algunas omisiones y que no acabó de persuadirme su forma de relacionar a Kafka con otros intelectuales (Nietzsche, Einstein, Freud....). En todo caso, lo recomiendo a todo aquel interesado en el tema abordado, tan fascinante como abrumador, tan visitado como inagotable, tan influyente como irrepetible.

domingo, 3 de mayo de 2020

Franz Kafka: Cuentos completos

Idioma original: alemán
Traducción: José Rafael Hernández Arias
Año de edición: 2015 
(la mayoría publicados entre 1914 y 1922, aprox.)
Valoración: Recomendable con matices

La editorial Valdemar tiene cierta tradición en la publicación de obras completas o cuerpos homogéneos de obras incluyendo tanto materiales muy conocidos como otros fragmentarios o inéditos, según los casos. En esta ocasión se recoge toda la ficción narrativa de Kafka que no puede calificarse como novela (es decir, El proceso, El castillo y El desaparecido o América), incluyendo por tanto La metamorfosis, unos cuantos relatos más o menos extensos y un buen número de cuentos y fragmentos, totalizando unos ochenta. Vistas algunas enumeraciones que circulan por ahí da la sensación de que quedan fuera unos cuantos títulos, pero tampoco importa demasiado. Más interesante resulta –en lo que se refiere a este volumen- que se trata de traducciones directas del material original del autor, libres por tanto del aggiornamento al que Max Brod sometió a la mayor parte de la obra del autor checo. 

Hechas las presentaciones, entramos en materia. Evidentemente, lo primero que encontramos es un alto nivel de heterogeneidad. Es lo que tiene meter el diente a compilaciones de este tipo, a las que personalmente no soy nada aficionado: los textos pueden extenderse desde unas pocas líneas hasta más allá de las cien páginas; hay algunos realmente intensos y atractivos, otros más oscuros, incluso alguno más bien aburrido; de perfiles más reconocibles para quien haya leído las obras más emblemáticas de Kafka, o realmente extraños; en tono de fábula, metafóricos, con sesgo ensayístico o vocación más intimista. Un poco de todo, pero siempre (o casi) dentro del tono singular propio del autor, y pudiendo detectarse elementos y líneas maestras muy característicos que es interesante ir observando con la perspectiva de totalidad que ofrece el libro. 

Como los textos siguen aproximadamente un orden cronológico, los primeros muestran todavía un perfil ligeramente particular. Son relatos en general muy breves, de tono intimista, escritos en primera persona, en los que domina la soledad y la incomunicación, con importante presencia de lo onírico y primeros síntomas de esa pugna entre padre e hijo que irá dejándose ver en distintas ocasiones. Personalmente, me identifico con esa especie de retazos tan radicalmente subjetivos y en apariencia espontáneos. Pero no deja de ser una apreciación personal.

Un segundo bloque –por identificarlo de alguna forma- lo constituyen varios de los relatos de mayor peso, y que ilustran sobre la narrativa más reconocible del autor: La condena (uno de los textos preferidos por Kafka, aunque en mi opinión no es de los mejores), El fogonero (un relato algo anodino incorporado luego a América), Ante la ley y En la colonia penitenciaria (donde Kafka deja traslucir inquietudes sobre la legalidad y el aparato judicial, en la línea de El proceso) y, naturalmente, La metamorfosis, sobre lo que no comentaré más por sobradamente conocida y reseñada de forma impecable en este blog.

A partir de ahí no me siento capaz de agrupar las decenas de textos que siguen, de extensión muy variable y asunto diverso. La impresión general es que la gran mayoría son relatos inconclusos, seguramente esbozos o primeras ideas, alguno de los cuales tal vez hubiera tenido continuidad después. Pero aun en los casos en que es menos evidente ese carácter fragmentario, estos cuentos no tienen apenas desarrollo, y el poco que puede observarse no circula hacia algún tipo de desenlace sino que se enrosca o se dispersa sin tomar casi distancia con el punto de arranque. Son como recortes aleatorios de una situación dada, sin principio ni final, que dejan una sensación extraña, con un punto inquietante.

La creatividad de Kafka, yo diría su carácter insólito, queda de manifiesto también en el contenido de esos retazos. Asistimos a veces a situaciones inverosímiles por la irrupción de seres extraordinarios (un par de bolitas con vida propia, esa especie de muñeco de hilos llamado Odradek), o de individuos que protagonizan acciones extrañas (el ayunador, el cazador Gracchus, un Poseidón que nunca ha surcado el mar, o Josefina la cantora, que interpreta melodías que apenas merecen ese nombre), o por monólogos que se prolongan sin medida, provocando el desasosiego de una búsqueda infinita. En el fondo, lo que casi siempre subyace –al menos así lo veo yo- es una reflexión amarga sobre la condición humana, el sinsentido descubierto en medio de una vida vulgar, la incomprensión ante un mundo que no se sabe si es más absurdo o amenazante. Rasgos de un existencialismo a veces muy patente, otras más oblicuo.

Se podría decir mucho más, claro está, que para eso hay una amplia bibliografía en la que se ha intentado desentrañar los enigmas de este autor inigualable. Pero no creo que deba terminar sin por lo menos citar los relatos que me han parecido más interesantes:

- Blumfeld, un solterón: es el de las bolitas animadas que decía antes. Un personaje que recuerda un poco al Bartleby de Melville y, sobre todo, al silenciero de Di Benedetto.
- Un médico rural, con ambiente más gótico de lo habitual y algún golpe surrealista
- Un fratricidio y El puente, los más brillantes de entre los cuentos más breves.
- El matrimonio, extrañas combinaciones entre lo real y lo soñado
- Y La guarida, creo que el penúltimo de la colección, obsesivo, una espiral enloquecida a partir de la soledad y las propias inseguridades.

Imagino que no es difícil encontrar estos u otros relatos sueltos por la red, y recomiendo con entusiasmo sondear algunos de ellos, porque tal vez digerir los ochenta textos y sus cuatrocientas y pico páginas completas resulte algo excesivo, a no ser que sea uno muy devoto del autor.

Todas las obras de Franz Kafka reseñadas en ULAD: aquí

lunes, 14 de noviembre de 2016

Florian Illies: 1913. Un año hace cien años

Idioma original: Alemán
Título original: 1913. Der Sommer des Jahrhunderts
Traducción: María José Díez y Paula Aguiriano
Año de publicación: 2012
Valoración: Muy recomendable
 Enero 1913. Este es el mes en que Hitler y Stalin se cruzan durante un paseo por los jardines del palacio de Schönbrunn; Thomas Mann está a punto de salir del armario y Franz Kafka casi enloquece de amor.
Suena bien, ¿verdad? Pues esta es la primera frase del libro, con la que os podéis hacer una buena idea de lo que vais a encontrar en el. Y es que "1913. Un año hace cien años" es un recorrido por las cuatro ciudades adalides de la modernidad en 1913 - Viena, Berlín, Munich y París - con alguna pequeña incursión en los Estados Unidos. En este recorrido nos encontraremos con los principales integrantes de las vanguardias (artísticas, políticas y filosóficas) de la época, esa "era nerviosa" que definió Kafka, con especial  atención a literatura, pintura y teorías psicoanalíticas.

1913 fue, por ejemplo, de año de publicación de "Por el camino de Swann", el año del cubismo, del expresionismo alemán, de la ruptura entre Freud y C.G. Jung. Fue el año (o la década) de ese arte que pretendía arrancar al ser humano de su comodidad, de la obra de arte como algo revolucionario.

Así que la lista de personajes que pasan por las páginas de este libro es casi interminable. Robert Musil, Franz Kafka, Marcel Proust, Rainer María Rilke, George Trakl, Artur Schnitzler, Thomas Mann, Hermann Hesse... en literatura, Franz Marc, Ernst Ludwig Kirchner, Marcel Duchamp, Pablo Picasso, Georges Barque, Erich Heckel, Karl Schmidt-Rottluff, Egon Schiele, Oskar Kokoschka...en pintura, Sigmund Freud, C.G. Jung, Claude Debussy, Nijinski, o gente que en 1913 apenas eran nadie y que a lo largo del siglo jugarían un papel fundamental, como Bertold Brecht, Lenin, Hitler, Stalin o Trotski.

Una de las cosas que más llama la atención de libro (o de los personajes, más bien) es que la inmensa mayoría de los personajes están marcados por neurosis, dudas e indecisiones (¿Será esto un reflejo de ese mundo pre-Primera Guerra Mundial?). Pero el libro no se centra solo en estos aspectos más "truculentos". Junto a los miedos, traumas y dudas, asistiremos a sus exposiciones, leeremos sus manifiestos, veremos sus avances y estancamientos artísticos y amorosos, rupturas, filias y fobias, etc. Una novelada sucesión de acontecimientos reales que hará las delicias de los más mitómanos e interesados en la modernidad de principios del siglo pasado. Por cierto, si os creéis modernos leed este libro y luego me contáis.

Dos pequeños "peros" pueden ensombrecer ligeramente la valoración del libro. El primero, que tiene que ver con la nacionalidad del autor, es que se centra en exceso en las vanguardias alemana y austriaca, por lo que algunos de sus miembros nos puede resultar completos desconocidos. El segundo es el exceso de datos, que para un lector sin una cierta "formación en la materia" puede ser abrumador.

A pesar de esto, se trata de un libro muy interesante para tratar de comprender una época convulsa, en la que el arte se liberó de ataduras seculares y todo cobró una velocidad vertiginosa. Una época a la que la Primera Guerra Mundial puso fin, dando paso a otra más convulsa aún.

Nota: Los tres cuadros que se incluyen en la reseña fueron pintados en 1913 por algunos de los protagonistas del libro. A saber: "Bahía en la costa Fehmarn" de Ernst Ludwig Kirchner, "Violín y guitarra" de Pablo Picasso y "La torre de los caballos azules" de Franz Marc.

martes, 23 de julio de 2013

Franz Kafka: La metamorfosis

Idioma original: alemán
Título original: Die Verwandlung
Año de publicación: 1915
Valoración: muy recomendable

Por las consultas que hago a través de Internet, parece ser que muchos de nuestros lectores habrán accedido a este libro como lectura obligatoria en estudios de secundaria o superiores. Novela emblemática donde las haya, el primer párrafo nos sume, casi de bruces, en una historia turbia, incómoda, llena de segundas lecturas y de planteamientos posibles.
Situados cerca de un siglo tras su publicación, resulta sorprendente, con las adaptaciones adecuadas, comprobar la universalidad y la contemporaneidad del planteamiento. La repulsión, el rechazo hacia la diferencia, la alienación, el desconocimiento que a veces podemos llegar a tener de quienes nos rodean. Sí: La metamorfosis da para eso, para evocar situaciones análogas dentro del ámbito privado o del social. Nada extraño, entonces, que eso y la asequibilidad de su lenguaje y su extensión sean más que tentadores. Sí: La metamorfosis es un perfecto ejemplo de lectura de iniciación. 
Desde el punto de vista literario, crear a Gregor Samsa, a su hermana Grete y al resto de la familia, convertirlos en personajes paradigmáticos, conseguir que el mero apellido del autor acuñe un adjetivo... Kafka tiene el indudable mérito de generar ese mundo desde su obra. Un mundo injusto, cruel y opresivo, un mundo en el que esa súbita transformación física (llena de enigmas y de simbolismo: un insecto suele ser a la vez un ser repugnante y fascinante) aboca al protagonista a una progresiva exclusión, a una especie de vaciado de su condición de miembro de la sociedad, transforma los sentimientos de quienes le rodean (mejor dicho: los neutraliza) y a la postre le convierte en un estorbo, en una compañía no deseada, en un lastre.
Hablamos de seres enfermos, de razas, de ancianos, de marginados. Planteemos el tema desde distintos prismas y siempre podemos poner el ejemplo de Gregor Samsa y su desgraciada experiencia. Emulemos al principal, al encargado del trabajo que se presenta en casa con el solo interés de saber si podrá contar con su recurso humano. Novela, pero a la vez especie de fábula de corte fantástico, trágico, simbólico, su trama arrincona juicios que podamos emitir sobre valor literario, estructura, desenlace. Lectura obligatoria para cualquiera interesado en la capacidad evocadora de la literatura, en su condición como reflejo de la imaginación del individuo.
Solo mencionar que la edición que he leído, colección de bolsillo de Alianza Editorial, cuenta con una traducción (no se menciona a su autor) deficiente, con una fuerte tendencia al empleo de figuras verbales forzadas (encontróse, hallábase) que nada ayudan al libro, que le aportan un anacronismo impropio, y que estoy seguro de que muchas otras traducciones serán más fieles a su carácter intemporal.

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viernes, 22 de abril de 2011

Frank Kafka: América (El desconocido)

Título original: Amerika – Der Verschollene
Idioma original: alemán
Fecha de publicación: 1927
Valoración: imprescindible

Nunca podré agradecerle lo suficiente a Max Brod el que hiciera caso omiso de lo que su amigo le pedía con tanta vehemencia: quemar su obra. Si lo hubiese hecho, no habría conocido a uno de mis autores de mesilla. Lo confieso, me gusta Kafka. Mucho. Ya en otras reseñas he señalado mis preferencias por la literatura de corte existencialista (y digo de corte, porque si bien no podemos aplicarle estrictamente este apelativo a K., podemos decir que tiene “un aire”), y este autor es uno de mis ejes al respecto.

Vale, El proceso es imprescindible, y El castillo, y ¿América- El desconocido? (aprovecho para decir que el verdadero nombre de esta novela inconclusa parece ser que es El desconocido, y no América, título atribuido después al texto por el mismo Brod). Si navegáis por la red podréis encontrar multitud de referencias a esta obra tildándola de positiva, alegre, menor, no tan imprescindible...sin embargo, discrepo. Y DISCREPO en mayúsculas.

La historia narra en sus únicos siete primeros capítulos escritos y un capítulo final inacabado, el viaje de Karl Rossman a América. Sus padres envían a este joven de 16 años a casa de su tío, un empresario de éxito, para tapar el hijo ilegítimo que ha tenido Karl con una de las sirvientas de su casa. El hecho de que el autor no espere a que Karl desembarque para contarnos sus surrealistas o kafkianas situaciones podría indicarnos que no, que el título de América no está demasiado bien elegido. Además, Kafka nunca pisó suelo americano, de ninguno de los dos hemisferios. Más bien, utiliza la referencia a ese nuevo mundo precisamente para eso, para introducirnos en uno de esos viajes personales y desoladores a los que nos tiene acostumbrados.

Ya digo que lo describen como libro alegre. Bueno,sí, encontramos un humor que no vemos en otras de sus obras, pero es irónico tirando a muy satírico y aunque nos provoque una sonrisa, no tiene nada de gracioso. También El proceso o El castillo, en algunos momentos, pueden parecernos hilarantes por lo absurdo, pero se trata de una hilaridad oscura. Además, el final, realmente sorprendente si lo comparamos con otros, no es el auténtico final del autor. Vamos, que si lo leéis, seguramente estaréis seguros de que, en un par de páginas más, la historia podría darse la vuelta y Karl podría volver a verse desengañado otra vez.

¿Menor? Puff, escrita antes que las dos obras es aquí donde podemos ver el germen de algunas de las ideas que después desarrollará más extensamente en el resto de sus obras. No olvidemos que se trata de una obra apenas esbozada, hay que juzgarla desde otro prisma.

En fin, creo que queda claro que para mí es otro imprescindible. (Y recomiendo leerlo en el orden en el que se escribieron, así que deberíamos empezar por esta obra, luego El castillo y El proceso.)

Todas las reseñas sobre Franz Kafka en ULAD: Aquí

miércoles, 9 de abril de 2025

Bruno Schulz: Madurar hacia la infancia

Idioma original de los textos: Polaco
Año de publicación de este volumen: 2025
Traducción: Elzbieta Bortkiewicz
Valoración: Muy recomendable

Madurar hacia la infancia es un volumen editado por Siruela. Compila varios textos de Bruno Schulz, así como un buen puñado de su obra gráfica. 

Entre los textos tenemos dos novelas autobiográficas (aunque en el prólogo de este volumen se las tilda de «libros de relatos», yo las consideraría novelas o, como mucho, ciclos cuentísticos): "Las tiendas de color canela" y "Sanatorio bajo la clepsidra". Ambas se cuentan entre lo mejor que tiene por ofrecernos Schulz. Las sigue "El cometa", un relato bellísimo, y material variado que incluye desde reseñas, entrevistas y posfacios hasta artículos sobre política.

Puesto que resulta difícil reseñar un libro tan ecléctico en su conjunto, diré para empezar que demuestra la versatibilidad, imaginación e inteligencia de Schulz, que evidencia por qué se considera al autor un máximo exponente de la prosa poética y que permite al lector adentrarse en un universo (no sólo literario, también gráfico; no sólo narrativo, también de corte ensayístico) único y personal.

Aunque todos los textos compilados en Madurar hacia la infancia me han parecido de una calidad indiscutible en cualquiera de sus apartados, admito que mi predilección estética me ha hecho disfrutar sobre todo aquéllos que se adscriben en la narrativa, pues permiten que el apabullante manejo del lenguaje de Schulz, así como su maravillosa imaginación, brillen con inusitada fuerza. También me han atraído sobremanera los temas barajados en ellos por el autor, que van desde las relaciones familiares (tema en el que predomina la figura entre patética y siniestra del padre, y que a su manera incluye al servicio doméstico) hasta el erotismo o el trazado de una ciudad cambiante y onírica.

No hay más que mirar cualquiera de los pasajes que componen, por ejemplo, "Las tiendas de color canela", para convencerse de ello de la calidad y lirismo de la prosa de Schulz. En el primer capítulo ya nos recibe una descripción de una plasticidad y sensibilidad inigualables que dice así: «Tras hacer la limpieza, Adela hizo aparecer la sombra sobre las habitaciones cerrando las cortinas de hilo. Entonces, los colores bajaban una octava y el cuarto se oscurecía sumido en la claridad del abismo marítimo, reflejado opacamente en los espejos verdes, y todo el color del día respiraba entre las cortinas, que ondeaban ligeramente en los sueños del mediodía.» (pg. 46)

En otro párrafo magistral engarzado en esta misma obra, localizado abriendo una página al azar, hallamos lo siguiente: «El cielo barrido por los vientos, amplio y argénteo, estaba labrado por líneas de fuerzas, tan tensadas que parecían romperse, por surcos severos, como venas petrificadas de estaño y plomo.» (pg. 131-132)

No puedo dejar de mencionar el posfacio que Schulz dedica a El proceso de Franz Kafka, donde alaba la abstracción con que la novela aborda «la intromisión de la ley en la vida del hombre»: «Kafka encontró en el idioma humano una especie de corporeidad adecuada, una clase de material sustituto para esos asuntos inalcanzables e inexpresables en el cual construye y teje hasta los detalles más menudos la estructura del asunto.» (pg. 458)

A este posfacio de Schulz le debemos otra exquisita reflexión sobre la literatura de Kafka: «Los libros de Kafka no constituyen ninguna imagen alegórica, clase o exégesis de la doctrina, son una realidad poética autónoma, redonda, cerrada por todos los lados, justificada en sí y en reposo. (...) la obra vive una vida poética propia, polivalente, insondable y no agotada por ningunas interpretaciones.» (pg. 459)
 
Los dibujos de Schulz que cierran Madurar hacia la infancia me parecen tan prodigiosos como sus textos. Hay cierta reminiscencia de mi admirado Alfred Kubin en su factura; también ecos al erotismo prohibido presente en las niñas de Balthus, o a la sexualidad sadomasoquista de ciertos bosquejos de George Grosz.

jueves, 9 de enero de 2025

José Carlos Rodrigo Breto: Nuevo Kafkarama

Idioma original: Español

Año de publicación: 2024

Valoración: Bastante recomendable

Tarde, como siempre. 2024 fue el año del centenario del fallecimiento de aquel famoso escritor que murió de tuberculosis (o de aquel famoso tuberculoso que escribía) y nosotros no le dedicamos, creo, ni una mísera reseña. Eso sí, llegamos a 2025 y a los 10 días...¡reseña al canto de un libro que tiene a Kafka como centro! No nos lo tengáis en cuenta, por favor.

Bien, el caso es que hoy traemos a ULAD este Nuevo Kafkarama, publicado a finales de 2024 por Ediciones del Subsuelo, y lo primero que debemos plantearnos es qué es Nuevo Kafkarama.

Opciones:

  1. Biografía novelada de Kafka, ya sea como (re)construcción o (de)construcción del autor.
  2. Novela histórica
  3. Crónica del siglo XX, al menos desde 1910 a 1968, aproximadamente
  4. Juego borgiano
  5. Juego borgiano y metaliterario
  6. Todas las anteriores
  7. Ninguna de las anteriores
Algo de todo eso hay. Obviamente, la novela es un homenaje a la figura de Franz Kafka, "núcleo irradiador" (chúpate esa, Errejón (bueno, es un decir, es un decir, no te lo tomes al pie de la letra)) desde el cual parten y al cual llegan una serie de ramificaciones que abarcan un espacio de más de 50 años, desde la Primera Guerra Mundial hasta la represión soviética en Checoslovaquia. Para ello, Rodrigo Breto se sirve de unas 65 fotografías por las que desfilan personajes históricos y ficticios, grandes nombres y seres más o menos anónimos, entre los que se establecen diferentes asociaciones. Por ejemplo, Max Brod, Oskar Pollak, Dora Diamant, Gavrilo Princip, Musil, Hitler, Stalin, Mussolini (y una pipa que pasó de boca en boca), una presentadora de la BBC, un casi anónimo discípulo de Meyrink, etc.

Nos encontramos, así, con una narración plagada de angustia, violencia y absurdo, como ese siglo XX que retrata, pero también con una narración estrambótica y cargada de humor que destaca por tres razones, fundamentalmente:
  1. Su ambición. Me gustan esas novelas que juegan a meter todo en la novela, siempre cuando haya una argamasa que haga el conjunto no se caiga a pedazos. En este caso, las diversas tramas están bien hiladas entre sí y amplían los horizontes del texto más allá de una "simple" biografía u homenaje.
  2. Su ritmo, en el que juegan un papel clave la estructura y el estilo. Por un lado, las fotografías funcionan como pequeños relatos que trasladan la acción a diversos espacios y tiempos sin dejar que la narración se enquiste; por otro, el estilo, sin puntos ni comas ni Cristo que lo fundó, da a la narración muchísima agilidad. Sí, no es un recurso novedoso, pero funciona.
  3. La temática. Si los dos puntos anteriores tienen un evidente elemento subjetivo, este ya es el "no va más" porque la Primera Guerra Mundial o el período de la dominación soviética sobre los países de su órbita son dos épocas históricas que me alucinan.
Alguno podrá decir que quien mucho abarca poco aprieta, que quizá todas las historias no despierten el mismo interés en todos los lectores, que este es un libro "demasiado intelectual". Puede ser, no lo niego, pero creo que si consigues entrar en el juego, si sacas el ticket para visitar el Kafkarama y te sientas a ver todas las fotografías, vas a pasarlo en grande. Yo, al menos, lo he hecho.

También de Rodrigo Breto en ULAD: Michel Houellebecq. La corrosión de lo humano

martes, 19 de marzo de 2013

Lars Iyer: Magma

Idioma original: inglés
Título original: Spurious
Año de publicación: 2011
Valoración: muy recomendable


A Lars, el protagonista de este libro, le gustaría ser escritor. A su amigo W. también. Pero como no tienen el talento necesario o no dedican las suficientes horas al oficio o es que han nacido en la época equivocada o vete a saber por qué otra razón –inventada o real–, ninguno de los dos puede vivir de lo que escribe. Quizá podría hacerlo W., que tiene más talento que Lars y, además, trabaja en sus textos mucho más tiempo que su amigo, pero al final resulta que ni uno ni otro ven cómo se les abren las puertas del mundo literario e intelectual.

W., a quien conocemos gracias a que Lars no deja de hablar de él, sabe que, para poder llegar a ser como Kafka, su gran ídolo (o como Blanchot o como cualquier otro literato famoso y lo suficientemente maldito para resultarle atractivo), tiene que vivir como él. Tiene que tener la misma existencia desgraciada, vivir en una Europa convulsa y abandonarse al alcohol o las drogas o lo que sea que toque.

Pero eso tampoco vale. Y como se dan cuenta de que nunca conseguirán lo que desean, de que son dos Max Brod sin Franz Kafka, W. centra su existencia en descargar su frustración y su gran colección de aforismos y citas literarias (más como muestra de lo que le gustaría saber que de lo que en realidad sabe) sobre Lars, al tiempo que lo insulta y ridiculiza, y le hace responsable de su propio fracaso, mientras éste concentra sus esfuerzos en lidiar con una extraña humedad que está invadiendo su casa y lo está desterrando de la misma

Gracias a las vidas de estos dos aspirantes a escritores que matan el tiempo acudiendo a presentaciones de libros y bebiendo ginebra, Lars Iyer teje una sutil pero afilada crítica del mundo literario actual. Así, se llega a la conclusión de que lo verdaderamente importante no es escribir y realizar un buen trabajo, sino que el "escritor" sea visto, que tenga contactos, que sea tomado como referencia y, sobre todo, que lleve un estilo de vida "literario", si es que alguien sabe realmente qué es eso.

Magma (o Spurious, en su versión original) es la primera entrega de una trilogía (que se completa con Dogma y Exodus) en la que su autor (profesor de filosofía) se dedica a diseccionar la vacuidad del mundillo literario. Y vaya si lo consigue. En apenas 165 páginas Iyer nos da una lección de escritura y de análisis que nos trae a la memoria ciertas reflexiones que ya hizo en su momento Dubravka Ugrešić (aquí). Sin duda alguna, un libro perfecto para disfrutar de la literatura y para replantearse unas cuantas cosas acerca del sinsentido en el que se está convirtiendo la figura del escritor últimamente.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Jorge Luis Borges: Otras inquisiciones

Idioma original: español
Fecha de publicación: 1952
Valoración: Imprescindible

Borges es reconocido como un maestro del relato. Aunque, desde luego, comparto este juicio, siempre he creído que el verdadero género de Borges era el ensayo. Si algo le caracteriza como autor de relatos, es su capacidad para encarnar ideas y hacer que el lector note bien cerca su aliento verosímil. De hecho, la trama viene marcada a menudo por las intrincadas consecuencias de una hipótesis metafísica, elegida por su valor estético. En los ensayos encontramos este mismo juego con las ideas, pero descarnado, es decir, regido por las solas reglas de un rigor lógico algo peculiar. El texto no se resiente con el cambio: lo que se pierde en materia narrativa se gana en la tensión intelectual a la que obligan las restricciones del discurso. El lector afronta aquí también una trayectoria sorprendente, quizá menos tangible, pero más concentrada.

En muchos de sus ensayos Borges no se comporta de modo distinto a un narrador; por momentos parece incluso estar construyendo la trama de un relato policiaco: plantea un enigma y amaga diversas soluciones. La diferencia, quizá, es que aquí no tiene cabida ningún monólogo final del detective, donde todos los cabos queden atados y la curiosidad del lector, satisfecha. En "La muralla y los libros", por ejemplo, Borges parte de un hecho histórico: un mismo emperador chino hizo construir la Gran Muralla y ordenó quemar todos los libros anteriores a él. Lo que los libros de historia registran con escrupulosa indiferencia es para Borges motivo de asombro, de sospecha. Algún secreto sentido debe de esconderse en la extraordinaria coincidencia de tan grandes obras de creación y destrucción. Tras proponer varias explicaciones, sin embargo, Borges acaba dándose por vencido y entrega al lector al poder que reside en la imagen misma de esa coincidencia.

Otras inquisiciones reúne algunos de los ensayos más visionarios de Borges, los que le señalan como un escritor intempestivo, capaz de ver sobre los provincialismos de su tiempo. "Kafka y sus precursores" recoge unas intuiciones sobre la construcción de las tradiciones culturales que se adelantan dos décadas a las que propondría el post-estructuralismo. En este ensayo Borges repasa los lugares de la literatura mundial donde ha reconocido, a lo largo de los años, la voz de Kafka: las paradojas de Zenón (que tienen su correlato narrativo en El castillo), cierta fábula china o dos parábolas de Kierkegaard, entre otros. Todos estos textos -dice- no tienen nada en común, si no es su afinidad con la obra de Kafka; una afinidad que empezó a existir sólo después de que ésta fuera escrita. Borges concluye que "cada escritor crea a sus precursores" y que "en esta correlación nada importa la identidad o la pluralidad de los hombres": El primer Kafka sería menos precursor de su obra madura de lo que lo son algunos de los nombres mencionados.

Borges libera así la formación del canon literario de dos arraigadas supersticiones: las que lo someten a un proceso de acumulación lineal y al azar biográfico. Se anuncia ese tema estrella del post-estructuralismo que se dio en llamar "la muerte del autor". Esta influencia de Borges sobre la filosofía francesa de los años 60-70 es abiertamente reconocida por Foucault, que escribió Las palabras y las cosas para tratar de explicarse la risa que le suscitaba un texto de Borges. Se trata del célebre extracto de una (imaginaria) enciclopedia china, citado en "El idioma analítico de John Wilkins". No me resisto a recogerlo aquí:
Esas ambigüedades, redundancias y deficiencias recuerdan las que el doctor Franz Kuhn atribuye a cierta enciclopedia china que se titula Emporio celestial de conocimientos benévolos. En sus remotas páginas está escrito que los animales se dividen en a) pertenecientes al Emperador, b) embalsamados, c) amaestrados, d) lechones, e) sirenas, f) fabulosos, g) perros sueltos, h) incluidos en esta clasificación, i) que se agitan como locos, j) innumerables, k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, l) etcétera, m) que acaban de romper el jarrón, n) que de lejos parecen moscas.
Otras obras de Jorge Luis Borges en ULAD: Aquí

domingo, 1 de marzo de 2026

ULAD al desnudo

Sí: le hemos pedido a cierta IA que nos generara una imagen con un pastel de cumpleaños. Hoy cumplimos diecisiete años de existencia efímera e insistencia estéril. Que leáis, cojones.

Nos ha regalado esta cursilada y hemos dicho OK. Así hacemos que se confíe, porque a partir de aquí seguiremos rebelándonos. 

Si es que ello aún es posible, este blog podría votar el año que viene, cumplidos los dieciocho. O sea, estamos en el último año de adolescencia virtual, y después ya responderemos de nuestros crímenes. Y nuestras aisladas reivindicaciones o asunciones de culpabilidad pasan por la autoadulación, aunque no tengamos estudios de medios ni informes ni posibilidad de medir fiablemente nuestro impacto, si seguimos desde este rincón será porque nadie nos ha silenciado o porque buscamos que alguien nos haga casito o porque alguno aún se quejaría si a las 12:00 hora local no apareciéramos con lo que nos ha apetecido - colectivamente - ese día.

Para celebrarlo, hoy nos gustaría compartir el contenido de las bibliotecas de nuestros colaboradores, y os rogamos (encarecidamente, como hay que rogar) a los lectores que hagáis lo mismo. 

Se trata de un sencillo ejercicio que  nos permitirá trazar una especie de perfil (que, convertido en metadatos, subastaremos al mejor postor) de la biblioteca tipo de nuestra comunidad. Olvidaos, por eso, de que empecemos a emitir videos por Instagram con ese truquito tan sumamente irritante de sostener estratégicamente el libro de manera que no se vea su portada. Nosotros, como siempre, muchos libros, de golpe, y a la cara.

Os pedimos:

Cinco autores más presentes en vuestra biblioteca personal y número de volúmenes que poseáis de cada uno.

Más una mención honorable (ese autor que os encanta pero no ha entrado en esa lista)

Más un placer culpable.

Estos son los nuestros, empezando por los de nuestros más recientes nuevos colaboradores, que todavía no habían sido sometidos al escrutinio público de exponer sus filias, fobias, vergüenzas y perversiones (las literarias, de momento).

Alain:

Primer puesto, con aprox. 30 libros (entre español y japonés): Yukio Mishima. Siempre hago la broma de llamarle ‘mi ultranacionalista favorito’, pero como están las cosas, ya no me hace tanta gracia. Lo que es innegable es su gran talento.

Segundo puesto, con aprox. 25 libros (entre español y japonés): Kenzaburo Öe. La contraparte. Afín al comunismo en algún momento de su vida, antibelicista y antiimperialista. 

Tercer puesto, con 20 libros (entre inglés y español, novelas, cuentos y poesía): Charles Bukowski. Nada que ver con lo anterior. Hilarante.

Mención honorífica (no las cuento como obras independientes, pero en cantidad de libros físicos, demasiados): Asano Inio. Autor de obras maestras del cómic japonés como Oyasumi Punpun. Su más reciente manga, Mujina, está genial.

Gusto culposo (aunque en realidad no). Para toda la comunidad lectora ‘hardcore’ será como decir una blasfemia, pero tengo más de 130 títulos en mi librería de Audible.

José Miguel:

En general, no soy muy completista, por lo que no tengo la necesidad de comprar todo lo que ha publicado determinado autor, por mucho q me guste. Prefiero diversificar autores, aún así consultando la base de datos, sí que acumulo títulos de determinados autores, allá van:

- En primer lugar, con 15 títulos: Gabriel García Márquez ( unos títulos mejor q otros, pero gran literatura).

- En segundo lugar con 11 títulos: Stefan Zweig ( en realidad tengo 4, pero es q solo el volumen de Novelas ya tiene 11 novelas dentro).

- En tercer lugar con 8 titulos: José Saramago (no necesita mayor explicación).

- En cuarto lugar con 7 títulos: Fiodor Dostoyevski ( idem que el anterior).

- En quinto lugar con 7 títulos: Franz Kafka ( una pena q no escribiera más y, sobre todo, q no concluyera lo poco q escribió).

- Menciones honoríficas, no llego a tener tantos títulos: Sandor Marai, Irene Nemirovski, Leonardo Padura, los rusos ( Tolstoi, Chejov, Gogol, Goncharov, Pushkin).

 Félix:

Como José, aunque por otras circunstancias más económicas, tampoco he podido completar a mis escritores preferidos, y recién el año pasado me pude permitir comprar mis propios libros. Así que es una mezcla de la biblioteca de mi familia y la mía 

* Osvaldo Soriano, 13 títulos: un bestseller que aunaba entretenimiento y profundidad como pocos 

* J.M Coetzee, 9 títulos: un gran escritor

* Charles Bukowski, 9 títulos: no es una preferencia, pero me gusta bastante 

* Haruki Murakami, 8 títulos: en principio, me gustaba mucho, luego, como dice uno de sus personajes, ni me gusta ni me disgusta 

* John Steinbeck, 8 títulos: este sí una de las maravillas de la literatura 

Otros de los cuales tengo varios y/o me marcaron: Tolkien, Rowling, Asimov, Kristof, Sabato, Oé, Pamuk, Faverón Patriau, Barth, Foster Wallace 

Gusto (medio) culposo: una tendencia pronunciada a (re)leer libros de entrevistas para encontrar un faro y fantasía juvenil para no olvidar el asombro y la inocencia (quiero decir la buena, no la que es una excusa para el romance tóxico)

 Juan G.B.:

-Primer puesto, con 15 títulos: Leonardo Sciascia (os pensábais que iba a poner Megan Maxwell, no lo neguéis).

-Segundo puesto, con 12 libros cada una: Donna Leon (puedo explicarlo... más o menos), Fred Vargas y Eduardo Mendoza.

-Tercer puesto, con 6 títulos (pero porque se murió antes de escribir más): Bruce Chatwin.

Mi mención honoraria sería tanto para Ítalo Calvino como para Andrea Camilleri, leídos sobre todo de la biblioteca pública, aunque tengo cinco de cada.

Mi placer culpable:  Pues, ahora en serio, las novelas de Megan Max... Nooooo! Los fumetti de Dylan Dog, que también tengo unos cuantos.

 Francesc:

-Roberto Bolaño (incluyendo algún libro sobre su obra) 19

-David Foster Wallace (ídem) 18

-Michel Houellebecq (otro ídem) 11

-Riszard Kapuscinski, Thomas Pynchon - 10

Mención honoraria: Jonathan Franzen -porque sólo publica tochos cada década o así

Placer culpable: Javier Cercas - aunque sea para ponerle verde tras su sofocón monárquico.

 Koldo:

Números aproximados por el desorden que uno tiene. Allá va:

- Primer puesto, con unos 15 títulos: Patrick Modiano (hubo un tiempo preULAD en el que leí como un puto loco todo lo que publicaba).

-Segundo puesto (comparten por lo tanto medalla de plata), con unos títulos cada uno: Michel Houellebecq y Ramiro Pinilla.

-Cuarto puesto, con 10 títulos: Yukio Mishima.

-Quinto puesto, con 8-9 títulos: Atxaga, Mujica Lainez, García Márquez, Mariana Enríquez...

Mención honoraria: Yugoslavos o exyugoslavos raros (Danilo Kis, Aleksandr Tisma, Ivo Andric, Semezdin Mehmedinovic, Predrag Matvejevic, Slavenka Drakulic y compañía) y autoras argentinas (Mariana Enriquez, Silvina Ocampo, Sara Gallardo, etc)

Mi placer culpable:  Los libros de viajes polares. 

 Carlos

Dadas las siguientes condiciones: 1) Un grado de desorden no aceptable para un letraherido; 2) Exagerada tendencia a la diversidad; y 3) Uso frecuente, quizá abusivo, de las bibliotecas públicas; mis números, obtenidos de vistazo superficial a la estantería, quedan claramente lejos de mis ilustres compañeros y dejan un podio así de multitudinario, y que buen esfuerzo me cuesta componer:

- Oro: con unos cinco títulos, quizá alguno más, tendríamos a Juan Benet, Cela (no por afición, sino por aluvión), García Márquez, Torrente Ballester y Valle Inclán

- Plata: con alguno menos, digamos cuatro aunque podrían ser más, Bernardo Atxaga, Borges, Cortázar, Eco, Joyce, Kafka, Sartre, Unamuno, por ahí andan

- Bronce: se lo daríamos a algunos pensadores políticos que hoy en día es mejor no nombrar, y que descansan en cajas en algún altillo

Mención especial a algunos de mis favoritos a quienes no he tenido la elegancia de dejar demasiados derechos de autor, ni a ellos ni a sus descendientes, diríamos Baroja o Juan Goytisolo.

¿Placer culpable? Casi todos lo son, pero a nivel lector admitiría dos: cierto gusto por rarezas, especialmente del siglo XX, y una manga ancha injustificable para tolerar algún mainstream, pero muy de cuando en cuando, las neuronas descansan un poco y después se critica muy a gusto.

Marc:

Bueno, pues creo que mi lista no sorprenderá a nadie, pero ahí voy:
  • Primer lugar: Paul Auster, del que he leido la friolera de 22 libros y al que voy a echar de menos toda mi vida. Por suerte, hay cierta continuidad en el legado, pues:
  • Segundo lugar: Siri Hustvedt, con 16 libros. Mi admirada Siri, siempre entre mis favoritas.
  • Tercero, y dedicado a Juan: Haruki Murakami, con 15 libros. El eterno candidato al Nobel al que creo que ya se ha pasado el sushi. Pero ahí está y ahí están mis buenos ratos con las leturas de sus libros.
  • Cuarto puesto: Stefan Zweig, con 9 libros. ¡Y los que me faltan!
  • Quinto puesto: Annie Ernaux, con 8 libros. Pocos son para una premio Nobel.
  • Mención honoraria a mis amados escritores nórdicos, ¿cómo entenderíamos la oscuridad de la vida sin sus libros?
  • Placer culpable: la verdad es que pocos, aunque en el pasado mucha novela policíaca llena de clichés como las novelas de Baldacci.
Oriol:

Aunque siempre he sido un fetichista del libro físico, durante años prioricé la lectura de documentos sacados de bibliotecas públicas a la compra de ejemplares propios (ya sean de primera o segunda mano). En cualquier caso, ahora que mi colección literaria va tomando forma, puedo decir que:

Los autores más sobrerrepresentados son:
  • Stephen King (25 títulos).
  • Patricia Highsmith (22 títulos).
  • Clive Barker (15 títulos).
  • Alberto Moravia (13 títulos).
  • H. P. Lovecraft (12 títulos).
  • (No cuento el número de tomos de manga, ya que Masashi Kishimoto y Eiichiro Oda se alzarían con una aplastante victoria gracias a mi obsesión juvenil por Naruto y One Piece.)
Mención honorífica: El año pasado habría dicho que lamentaba no tener en mi biblioteca personal mi novela favorita, la magistral Memorias del subsuelo de Fiódor M. Dostoievski, pero como me la regalaron hace poco, voy a sentir el no tener más libros de tapa dura de la editorial Valdemar.

Placer culpable (por llamarlo de algún modo, ya que me parece bastante estúpido avergonzarse de según qué gustos, por más que muchas personas, presuntamente serias, no sean capaces de entenderlos): "Baja" literatura ("pulp" y bolsilibros, géneros "menores" como el terror, el policíaco, el "western", etc...) y literatura sórdida (ya sea por oscura, perversa, decadente, fetichista o todo lo anterior a la vez).  
 
Santi:
Como tengo mi biblioteca dividida entre Bilbao y Lisboa, entre libros físicos y digitales, no voy a conseguir dar números exactos, y tampoco voy a poder comprobar mis recuerdos o impresiones; en todo caso, así de memoria, diría que estos son los autores de los que tengo más libros:
  • Ramiro Pinilla
  • Julio Cortázar 
  • Andrea Camilleri 
  • Stephen King 
  • Agatha Christie
La mención honorífica es para Terry Pratchett, un autor del que he leído un buen montón de libros, pero de quien poseo muy pocos, porque mi práctica es leer sus novelas mientras viajo, y "liberarlas" cuando las termino.
 
Placeres culpables no tengo muchos, porque asumo sin culpa todos mis placeres lectores, aunque de vez en cuando me doy el gusto de comprar una novela policiaca baratucha y llena de clichés para descansar las neuronas.

En fin:
 
Es muy posible que, si los autores más mencionados no encajan en nuestro alcance habitual (difícil, con más de seis mil reseñas, pero vaaamos) nos decidamos a prestar atención a alguno de ellos. Pero no prometemos nada.

domingo, 19 de mayo de 2024

Re-reseña: El regreso, de Walter de la Mare

Idioma original: Inglés
Título original: The Return
Traducción: Jorge Salvetti
Año de publicación: 1910
Valoración: Recomendable

Arthur Lawford, un «ser más bien aburrido y sin gracia» (página 10), «alguien medio muerto, apenas consciente, sin un solo pensamiento o deseo realmente vivo en su cabeza o en su corazón» (página 175), de «vida monótona y angustiosa» (página 13), se duerme sobre una lápida. Al despertar tiene un rostro ajeno, «delgado y aventurero» (página 28).

Así empieza El regreso, exquisita novela de horror psicológico del escritor británico Walter de la Mare. La obra narra cómo un hombre propicio a la enfermedad experimenta una metamorfosis. Su cara es sustituida por la de un desconocido; asimismo, su cuerpo, voz y letra se parecen a los de una persona distinta. Incluso sus pensamientos y forma de actuar cambian, sutilmente al principio y acentuadamente después. 

Dicho cambio afecta a Lawford de distintas maneras; según transcurre la historia, le produce un pavor indescriptible, aflicción existencial, vergüenza resignada o cierto encanto seductor. También otros personajes se ven salpicados, en mayor o menor medida, por el extraño fenómeno: Sheila, la esposa del protagonista; Alice, su hija; Bethany, su amigo el párroco; Herbert y Grisel, unos hermanos excéntricos que viven junto al río, etc...

La premisa de El regreso es, pues, harto interesante. Además, hay que remarcar que Walter de la Mare dota a su fórmula terrorífica de un trasfondo extremadamente sugerente. Y es que el autor emplea una posible posesión como excusa para reflexionar sobre cómo nuestra identidad, aparentemente estable, puede variar súbitamente, y cómo aquéllos que nos rodean pueden reaccionar ante ello. Otro tema explorado subrepticiamente en la novela sería la imposibilidad de comunicarse eficazmente con los demás. 

Asimismo,Walter de la Mare cavila en torno a las diferencias culturales y sociales. No en balde el protagonista, un británico acomodado, parece haber sido invadido por el espíritu de un tal Sabathier, un francés libertino que se suicidó siglos atrás.  

El primer aspecto formal a resaltar de El regreso es su prosa. Aunque algo recargado para los estándares actuales, la elegancia, precisición y minuciosidad del estilo de Walter de la Mare resultan extremadamente agradables para los sibaritas de las letras.

Por su parte, los diálogos de la obra están muy bien escritos, pues varían en función del personaje o estado de ánimo al que representan y saben mimetizarse adecuadamente con el tono oral. Sin embargo, acusan cierta afectación y redundan en demasía sobre los mismos asuntos, por lo que pueden llegar a hacerse pesados.

Otro apartado sumamente conseguido de El regreso es su potente atmósfera. Como sucede en otras ficciones de Walter de la Mare, ésta envuelve a la historia con una neblina vagamente asfixiante y tenuemente espectral. 

Por último destacaría la ambigüedad del conjunto. Walter de la Mare desdibuja lo narrado (contra todo pronóstico, la precisión y minuciosidad de la prosa del autor no desentonan en absoluto con la mentada narración desdibujada), sugiere un elemento sobrenatural y cierra con un final abierto; todos estos detalles se confabulan para que las certezas del lector se desmoronen. ¿Los sucesos tienen una base psicosomática o sobrenatural? ¿Cuál de las muchas teorías contradictorias de Herbert es cierta? ¿Cuando el libro termina, es Lawford realmente el mismo que en un inicio? 

Veo a mucha gente comparando El regreso, por obvias razones, con La metamorfosis de Franz Kafka. Aunque, personalmente, creo que la obra de Walter de la Mare tiene muchas más similitudes con El Castillo del esritor checo. Y es que en ambas aparecen, por ejemplo, una atmósfera onírica, interminables diálogos plagados de redundancias y un personaje femenino en el que el protagonista deposita vanamente todas sus esperanzas.

El regreso es, en suma, una novela recomendable, sobre todo para amantes de la literatura extraña y ambigua; una que evidencia el talento de un escritor único que deslumbró a autores de la talla de H.P. LovecraftDylan Thomas o Robert Aickman. Inédita hasta ahora en español, la editorial Adriana Hidalgo la trae a nuestro idioma con una impecable traducción de Jorge Salvetti.


Reseña original: Aquí

sábado, 7 de noviembre de 2009

250 entradas - 250 años (y II)

Y aquí, la segunda parte de la lista de "los mejores libros escritos en los últimos 250 años", con los 14 libros que aparecen en más de una lista, y que por lo tanto son, a juicio de los que hacemos este blog, "lo mejor de lo mejor":

Con 2 votos:

  • Crimen y Castigo, de Dostoievski
  • Esperando a Godot, de Samuel Beckett
  • Fundación, de Isaac Asimov
  • La peste, Albert Camus
  • Las flores del mal, Baudelaire
  • Maus, de Art Spiegelman
  • Pedro Páramo, de Juan Rulfo
  • Ulises, de James Joyce

Con 3 votos:
  • Cuentos de Edgar Allan Poe
  • Ficciones, de Jorge Luis Borges
  • La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca
  • La metamorfosis, de Franz Kafka
  • Madame Bovary, de Gustave Flaubert
Y con 4 votos, y por lo tanto elegido como "el mejor libro publicado en los últimos 250 años", Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez.

Enhorabuena a los premiados, y como siempre, se abren los comentarios para aplaudir, completar o criticar nuestro particular "canon".

viernes, 18 de noviembre de 2016

Mathias Enard: Brújula

Idioma original: francés
Título original: Boussule
Año de publicación: 2015
Traducción: Robert Juan-Cantavella
Valoración: bastante recomendable

Siria, Turquía, Irán, Egipto... ¿qué nos traen a la cabeza los nombres de estos países? Vale, no hace falta que nadie conteste; cualquiera que vea los informativos de la tele sabe que las noticias que llegan de por allí no son precisamente halagüeñas: guerra, atentados, integrismo religioso, yihadismo, inestabilidad, éxodo de refugiados... Esa es la percepción que tenemos ahora mismo de ese Oriente Próximo. Pues bien, el francés Mathias Enard se ha propuesto con esta novela dar la vuelta a esa imagen de lo "oriental" (amigos uruguayos, no va por ustedes: es por emplear el mismo término que el escritor; en apariencia más vago, pero en realidad más inclusivo y hasta preciso que "árabe" o "musulmán"). Lo que pretende Enard es demostrarnos que entre Oriente y Occidente ha habido, al menos durante los últimos doscientos años, un diálogo constante, un juego de espejos en el que se han reflejado mutuamente las imágenes concebidas sobre el otro... aunque en verdad la novela se limita a dilucidar sobre esa idea de lo "oriental", generalizada hasta el punto de que incluso las propias sociedades actuales de esa zona del mundo, parecen haber asumido, en buena medida, la concepción occidental de la misma.

Desde luego, Mathias Enard está más que bien pertrechado para la tarea: orientalista también él, ha vivido en los países de los que habla en la novela y domina las lenguas árabe y persa (además de hablar el castellano mejor que yo y creo que también el catalán). En consecuencia, el despliegue erudito -pero sin llegar a la pedantería- de referencias culturales variadas resulta impresionante: por la novela desfilan orientalistas ilustres como los austríacos von Hammer-Purgstall, o Alois Musil (primo de Robert),alemanes como Friedrich Rückert y Max von Oppenheim, franceses como Charles Mandrus, traductor de Las mil y una noches, el padre Antonin Jaussen o el teórico racista conde de Gobineau; incluso el palestino Edward Said... pero también escritores y, sobre todo, poetas en diversas diversas lenguas: Annemarie Schwarzenbach (a medio camino con el apartado anterior), Georg Trokl, Osama Ibn Munqidh, Ernst Bloch, Ibn Arabi, Badr Shakir Al Sayyab, Kafka, Chateubriand, Dick al-Djinn, Marcel Proust, German Nouveau, Parviz Baharlou, Suhawardi, Thomas Mann, Nietzsche, Washington Irving, Sadeq Hedayat, Hafez al Shiraz, Heine, Flaubert, Henry Levet, Fernando Pessoa -Álvaro de Campos mediante-, Balzac, Goethe, Faris Shidyaq, Omar Jayam... Por último, y por razones inherentes a la novela, también un buen número de músicos, clásicos y contemporáneos: Félicien David, Karol Szymanowski, Julien Jalaleddin Weiss, Henry Rabaud, Hasbeyov, Bizet, Doménico Scarlatti, Franz Liszt, Mendelsohn, Wagner... y por encima de todos, Beethoven. ¿Son muchos nombres? Pues me he dejado unos cuantos...

El hilo que utiliza el autor para hilvanar todas estas referencias culturales, así como las recurrentes alusiones al reconocimiento de la "alteralidad" y la "construcción común" de un imaginario (glups... ahora que lo pienso, espero que este libro no lo lean los muchos inquisidores del anti-buenismo, o está apañado, el pobre Enard... Bueno, no; no creo que lleguen a leerlo), es la figura de un musicólogo orientalista vienés, Franz Ritter, que a lo largo de una noche de insomnio va desgranando toda una serie de disgresiones sobre esta fascinación occidental por Oriente, así como los recuerdos de sus vivencias en estos países... motivadas, en buena parte, por su prolongado enamoramiento por Sarah, que no es una moderna Scherezade, sino una especie de Lisa Simpson pelirroja y parisina, también orientalista, ella. Es la historia de estos personajes, más algún que otro secundario (Bilger el arqueólogo loco, Faugier el opiómano), lo que convierte al libro en una novela, y no en un ensayo o incluso un libro de viajes. Un viaje siempre hacia el este, siguiendo la brújula del protagonista, que marca ese punto cardinal, hacia el Oriente como metáfora del ansia vital, de la huida de la inmovilidad que prefigura la derrota y la muerte. Individual pero también cultural, colectiva. Ahora bien: si el bueno de Franz está bien definido y trazado (qué menos, si toda la novela se desarrolla a través de un monólogo en primera persona), representado como un entrañable y melancólico pagafantas con lecturas, la trama que le une con Sarah y a ambos con los demás personajes no resulta demasiado convincente. 

En mi opinión, quizás sea éste el punto débil de la novela, aunque no debió de parecérselo así al jurado que le concedió el premio Goncourt en el pasado 2015. Como, acostumbrado a los entrañablemente amañados premiso españoles, esto de los que se conceden en otros países me pilla un poco fuera de juego, no opinaré si esta concesión fue la más adecuada o no. En todo caso, sí que me parece justa. Brújula es un libro magníficamente escrito, muy interesante y, al menos para mí, ha sido grato de leer (aunque ya aviso que no me parece que la "gran historia de amor", como ha sido definida en algún medio, sea aquí lo más importante). Hasta qué punto se puede considerar una novela o no, es otra cuestión, pero, tratando como trata de la mixtura creativa, de la rotura de los compartimentos estancos en los que nos empeñamos en encerrar la diversidad de los elementos culturales, de la mezcla entre distintas concepciones del mundo... tampoco creo que eso tenga demasiada importancia.


Otros títulos de Mathias Enard reseñados en Un Libro Al DíaZona