domingo, 3 de mayo de 2020

Franz Kafka: Cuentos completos

Idioma original: alemán
Traducción: José Rafael Hernández Arias
Año de edición: 2015 
(la mayoría publicados entre 1914 y 1922, aprox.)
Valoración: Recomendable con matices

La editorial Valdemar tiene cierta tradición en la publicación de obras completas o cuerpos homogéneos de obras incluyendo tanto materiales muy conocidos como otros fragmentarios o inéditos, según los casos. En esta ocasión se recoge toda la ficción narrativa de Kafka que no puede calificarse como novela (es decir, El proceso, El castillo y El desaparecido o América), incluyendo por tanto La metamorfosis, unos cuantos relatos más o menos extensos y un buen número de cuentos y fragmentos, totalizando unos ochenta. Vistas algunas enumeraciones que circulan por ahí da la sensación de que quedan fuera unos cuantos títulos, pero tampoco importa demasiado. Más interesante resulta –en lo que se refiere a este volumen- que se trata de traducciones directas del material original del autor, libres por tanto del aggiornamento al que Max Brod sometió a la mayor parte de la obra del autor checo. 

Hechas las presentaciones, entramos en materia. Evidentemente, lo primero que encontramos es un alto nivel de heterogeneidad. Es lo que tiene meter el diente a compilaciones de este tipo, a las que personalmente no soy nada aficionado: los textos pueden extenderse desde unas pocas líneas hasta más allá de las cien páginas; hay algunos realmente intensos y atractivos, otros más oscuros, incluso alguno más bien aburrido; de perfiles más reconocibles para quien haya leído las obras más emblemáticas de Kafka, o realmente extraños; en tono de fábula, metafóricos, con sesgo ensayístico o vocación más intimista. Un poco de todo, pero siempre (o casi) dentro del tono singular propio del autor, y pudiendo detectarse elementos y líneas maestras muy característicos que es interesante ir observando con la perspectiva de totalidad que ofrece el libro. 

Como los textos siguen aproximadamente un orden cronológico, los primeros muestran todavía un perfil ligeramente particular. Son relatos en general muy breves, de tono intimista, escritos en primera persona, en los que domina la soledad y la incomunicación, con importante presencia de lo onírico y primeros síntomas de esa pugna entre padre e hijo que irá dejándose ver en distintas ocasiones. Personalmente, me identifico con esa especie de retazos tan radicalmente subjetivos y en apariencia espontáneos. Pero no deja de ser una apreciación personal.

Un segundo bloque –por identificarlo de alguna forma- lo constituyen varios de los relatos de mayor peso, y que ilustran sobre la narrativa más reconocible del autor: La condena (uno de los textos preferidos por Kafka, aunque en mi opinión no es de los mejores), El fogonero (un relato algo anodino incorporado luego a América), Ante la ley y En la colonia penitenciaria (donde Kafka deja traslucir inquietudes sobre la legalidad y el aparato judicial, en la línea de El proceso) y, naturalmente, La metamorfosis, sobre lo que no comentaré más por sobradamente conocida y reseñada de forma impecable en este blog.

A partir de ahí no me siento capaz de agrupar las decenas de textos que siguen, de extensión muy variable y asunto diverso. La impresión general es que la gran mayoría son relatos inconclusos, seguramente esbozos o primeras ideas, alguno de los cuales tal vez hubiera tenido continuidad después. Pero aun en los casos en que es menos evidente ese carácter fragmentario, estos cuentos no tienen apenas desarrollo, y el poco que puede observarse no circula hacia algún tipo de desenlace sino que se enrosca o se dispersa sin tomar casi distancia con el punto de arranque. Son como recortes aleatorios de una situación dada, sin principio ni final, que dejan una sensación extraña, con un punto inquietante.

La creatividad de Kafka, yo diría su carácter insólito, queda de manifiesto también en el contenido de esos retazos. Asistimos a veces a situaciones inverosímiles por la irrupción de seres extraordinarios (un par de bolitas con vida propia, esa especie de muñeco de hilos llamado Odradek), o de individuos que protagonizan acciones extrañas (el ayunador, el cazador Gracchus, un Poseidón que nunca ha surcado el mar, o Josefina la cantora, que interpreta melodías que apenas merecen ese nombre), o por monólogos que se prolongan sin medida, provocando el desasosiego de una búsqueda infinita. En el fondo, lo que casi siempre subyace –al menos así lo veo yo- es una reflexión amarga sobre la condición humana, el sinsentido descubierto en medio de una vida vulgar, la incomprensión ante un mundo que no se sabe si es más absurdo o amenazante. Rasgos de un existencialismo a veces muy patente, otras más oblicuo.

Se podría decir mucho más, claro está, que para eso hay una amplia bibliografía en la que se ha intentado desentrañar los enigmas de este autor inigualable. Pero no creo que deba terminar sin por lo menos citar los relatos que me han parecido más interesantes:

- Blumfeld, un solterón: es el de las bolitas animadas que decía antes. Un personaje que recuerda un poco al Bartleby de Melville y, sobre todo, al silenciero de Di Benedetto.
- Un médico rural, con ambiente más gótico de lo habitual y algún golpe surrealista
- Un fratricidio y El puente, los más brillantes de entre los cuentos más breves.
- El matrimonio, extrañas combinaciones entre lo real y lo soñado
- Y La guarida, creo que el penúltimo de la colección, obsesivo, una espiral enloquecida a partir de la soledad y las propias inseguridades.

Imagino que no es difícil encontrar estos u otros relatos sueltos por la red, y recomiendo con entusiasmo sondear algunos de ellos, porque tal vez digerir los ochenta textos y sus cuatrocientas y pico páginas completas resulte algo excesivo, a no ser que sea uno muy devoto del autor.

Todas las obras de Franz Kafka reseñadas en ULAD: aquí

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias Carlos por tu magnífica reseña... He aclarado conceptos de kafka. Qué desconocía. Reitero mi agradecimiento. Mayor Thompson

1984 dijo...

Estupenda reseña Carlos de un libro inevitable para cualquiera que le guste leer. Kafka, incompleto e imperfecto, hasta con borrones, en cuartillas, con todas sus obsesiones a cuestas, era un genio; un simple esbozo de este hombre vale por miles de páginas completamente prescindibles de autores comerciales o de "calidad" que pasan y se borran sin dejar nada. Claro que Kafka no es para todos los gustos. Explora todas las salidas existenciales con una lucidez deslumbrante, pero al final opta por la peor: quedarse quieto dentro de la madriguera, en silencio, observando, hasta acabar muriendo de pena con la tristeza oscura de un animal herido de muerte. Kafka no levanta el ánimo del lector; más bien lo hunde a niveles de Gregorio Samsa. No es recomendable para lectores con tendencia a la depresión (deberían poner un aviso en sus libros, como en las cajetillas de tabaco: no apto para melancólicos). Por decirlo con un título de Stephen King: Kafka, todo oscuro y sin estrellas. A saber si esta angustia existencial brotaba de dentro de sí mismo (seguramente era así, en parte; sus fábulas tenebrosas, por fantásticas que sean, tienen la intensidad de lo sufrido en primera persona; lo explica en la célebre carta a su padre: alguien puede aparecer, de repente, cogerlo por el pescuezo y sacarlo al balcón, a la intemperie, como hizo su padre, un déspota, cuando era niño y no paraba de llorar; o lisa y llanamente mataro de un pisotón). Pero también era una apuesta estética genial dentro del expresionismo alemán: lo kafkiano es arte con una exigencia máxima, no las excentricidades de un pirado. Kafka era primero artista y luego sufriente. Su terapia era escribir para sacar fuera su intemperie existencial. Y tenía los recursos para hacerlo: muchos sufren como Kafka, pero Kafka solo hubo uno. Así que, al final, Kafka no estaba tan atrapado ni agazapado como pueda parecer; se salvo escribiendo y triunfó en sus lectores (mil gracias, Max Brod; pero mejor no haber metido la pezuña tan a fondo en textos ajenos). Para mí, uno de los relatos más divertidos de Kafka es "El simio humanizado: informe para la academia." En este relato, Pedro el Rojo, un mono atrapado en las selvas africanas, de tanto observar a sus captores, se convierte en el prototipo del herr doktor germánico con levita, pelo cortado a cepillo y quevedos. Y ante un lustre senado de sabios cuenta tranquilamente su transformación en un ciudadano medio europeo, con cierta reticencia: "no me quejo ni tampoco estoy contento." Pero no quiere volver a su condición anterior de primate libre y despreocupado, que va olvidando. Prefiere el yugo de la sociedad. Es un relato muy fresco y ligero, libre del pesimismo asfixiante de otras fábulas kafkianas, y con una buena carga de ironía y buen humor.

Oriol dijo...

Kafka es uno de mis escritores favoritos. El significado de su obra es inagotable. Sus aforismos, por ejemplo, como explica Outis lee en este maravilloso vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=XwMmDdrWoRA

Muy buena reseña, Carlos. Entusiasta y ponderada al mismo tiempo.

Anónimo dijo...

Muchas gracias por tu reseña, Carlos Andia. Soy muy fan de esta "unlibroaldía". Nunca fallo a una reseña de ustedes.
Pero esta vez hay un pero... ese "recomendable con matices" ante una obra colosal como sus cuentos es algo doloroso, sangran los ojos (un poco de humor siempre viene bien en estos tienpos jeje).
Uno de los puntos más importantes de Kafka, es que el escritor era un fuera de serie en los relatos, inclusive más que en parte de sus novemas inacabadas. Si lo analizas, una de sus grandes obras, el proceso, es un cúmulo de relatos cortos protagonizados por el agónico josef k.
Así que lo siento, no podré superar en esta cuarentena que se haya puesto un "recomendable" a kafka, duele tanto cono si hubieras puesto un "se deja leer con matices" (¿soy muy fan de kafka? Jeje)
Un saludo.
PD: ¿"se deja leer" de alguna obra de kafka dónde recaerá?

zUmO dE pOeSíA (emilia, aitor y cía.) dijo...

"El mundo prodigioso que tengo en la cabeza. Pero ¿cómo liberarme y liberarlo sin destrozarme? Y preferiría mil veces destrozarme, antes que retenerlo o enterrarlo dentro de mí. Que para eso estoy aquí, me parece evidente"...

...escribió Kafka en sus diarios. Sucede que Franz Kafka se ha convertido en un personaje literario más que un autor, hasta el punto de que la vida de Kafka podría considerarse una obra literaria; de modo que, dentro del argumento de esa obra/vida literaria, el protagonista escribe novelas, relatos, aforismos y un diario en donde vuelca su alma atormentada. A punto de morir pide a su amigo Max Brod que destruya su obra (lo que éste felizmente incumple).

Sí, Kafka parece plenamente un personaje de ficción, más "kafkiano" él mismo que las tramas por él inventadas.

No creo que de nadie más en la historia de la literatura universal pueda decirse esto. Quizá de Fernando Pessoa, esa especie -por cierto- de "Kafka portugués".

SANDRA SUÁREZ


Carlos Andia dijo...

Gracias a todos por las opiniones, y perdón por el retraso.

Solo un par de precisiones. Respecto a la valoración de 'Recomendable', ya suponía que levantaría alguna ampolla, así que la aclaro. La valoración se refiere al libro concreto que estamos comentando, no a Kafka como autor ni a la totalidad de su obra. Tratándose de un libro tan extenso y con material tan heterogéneo, es una valoración media y referida a un lector estándar (no a un fan). Por eso he matizado que recomendaría mucho leer al menos unos pocos de los relatos; pero me cuesta recomendar con la misma intensidad que alguien, si no es muy entusiasta, se lea el tocho completo. Espero haberme expresado mejor ahora.

Por otra parte, 'Informe para una academia' está incluido en este volumen, y en mi opinión, aunque es de los más conocidos, no es precisamente de los mejores. Está escrito en tono alegórico y según algunas interpretaciones se refiere a la asimilación de los judíos a la cultura occidental y a la posible pérdida de sus raíces. Kafka, como judío, checo y de lengua alemana, tenía buenos motivos para plantearse estas cuestiones de identidad. Aunque obviamente hay opiniones diferentes, de rango más amplio, en torno a este relato.

De nuevo gracias por los comentarios. Un saludo.

1984 dijo...

El conflicto de la identidad tenía que plantearse por fuerza a un súbdito del Imperio austrohúngaro de cultura y lengua alemana y de religión judía, luego ciudadano checo. Kafka era un extraño por partida doble, porque pertenecía a dos minorías: la judía y la alemana-checa. Las dos fueron fulminadas por los fieles a la pureza étnica; una tras otra. Es también irónico que Kafka tuviera la misma nacionalidad estatal de origen que Hitler, la del imperio de los Habsburgo. Es muy sugerente esa interpretación de "El simio humanizado" como una alegoría de la compleja asimilación de los judíos europeos dentro la cultura occidental. Al igual que el mono de marras, los judíos asimilados no querían volver al ghetto, pero quizá sintieran alguna nostalgia del redil. Además, buena parte de sus conciudadanos nunca los aceptaron realmente como europeos de religión judía; para el centroeuropeo común seguían siendo judíos, y solo en segundo término ciudadanos europeos de las distintas naciones o nacionalidades. El judío siempre estaba en el umbral de la sospecha de sus vecinos. No había seguridad. Los derechos podían ser revocados. Los antisemitas más violentos podían pasar a la acción. Una situación tan inestable lleva a cualquiera a la angustia, la incertidumbre y el miedo. ¿Quién soy yo? ¿Qué va a ser de mí? ¿Qué quieren de mí? ¿De dónde me va a caer la primera bofetada? No es de extrañar que ante este panorama de un antisemitismo explícito o larvado muchos judíos tradicionales vieran en el ghetto un refugio. Otros judíos más modernos apostaron por construir una nación propia. Los antisemitas fanáticos no hacían matices ni distinciones. Para ellos, un judío era un judío, incluso renegando de sus raíces y convirtiéndose al cristianismo. Todavía peor, porque en ese caso el judío buscaba disimularse dentro de las sociedades europeas para subvertirlas desde dentro. Y empezaron todas las fantasías melodramáticas sobre la conspiración judía mundial etc, que venían en verdad de la noche de los tiempos. Kafka no dejaba salida a los personajes de sus relatos; los antisemitas tampoco dejaban salida a sus judíos, excepto irse de Europa (o morir). Esta realidad patética sin duda tuvo que sufrirla Kafka como judío y como hombre. Es quizá abusivo pretender que su obra sea simplemente una alegoría de su condición conflictiva de judío. Pero este hecho tuvo que tener su peso. Fue el telón de fondo histórico de su vida y obra. Al parecer, durante un tiempo Kafka tuvo simpatías por el sionismo. También le interesaban la cábala, la teología y el pensamiento místico judío en general. Murió joven, lo que le salvó de mayores horrores. Sus hermanas fueron asesinadas por los nazis.