domingo, 10 de mayo de 2020

Tomás González: Primero estaba el mar

Idioma original: Español
Año de publicación: 1983
Valoración: Muy recomendable

La primera página de la edición que yo he (re)leído de “Primero estaba el mar” tiene, si no me equivoco, veinte adjetivos. Tres de ellos se repiten: sucio (3 veces), despoblado (2 veces) y oscuro (2 veces). Entre los que solo aparecen una vez, destacaremos secas, polvorientos, entumecidos, desapacibles, aturdidas, viejos, silencioso… No es casualidad, es el tono general del libro ya desde la página 1.

En esa primera página asistimos a la llegada de J y Elena a una finca junto al mar, a un retiro que tiene tanto de huida – de hecho venía huyendo de cierta racionalidad oprobiosa – como de búsqueda de una última utopía, lo que podría sugerir una lectura también política del libro.

Desde ese primer momento, la sensación de decadencia, de ruina y de desastre inminente sobrevuela la historia, ya sea a través de los escenarios (una casa desordenada y polvorienta, una selva ingobernable), del medio (un mar con olor a manglar, que huele a podrido, mezcla de vida y muerte), de las condiciones (un clima caliente, húmedo y lujurioso) o de las propias notas que va dejando el narrador. El paso de las páginas viene a confirmar que no es solo una sensación, que, pese a los sucesivos intentos de redención, el desastre económico, personal y moral es ineludible.

Es, por tanto, una novela simbólica y sensorial. Por un lado, todo - el mar, la lluvia, la madera, el semental - puede y debe ser entendido como la representación de algo más profundo; por otro, los olores y los sabores, a fritanga, a sudor, a alcohol…, nos sumergen y sumergen a los protagonistas en un estado letárgico en el que luz y oscuridad alternan peligrosamente.

Varios son los aspectos a destacar en esta novela:
  • La ya citada recreación de una atmósfera asfixiante, que oprime al mismo tiempo al lector y a los protagonistas de "Primero estaba el mar".
  • El tratamiento de la violencia en sus más variadas formas.
  • El lenguaje, poético en las descripciones y coloquial en los diálogos pero siempre conciso, utilizado por Tomas González.
  • La tensión que se mantiene pese a que algunas informaciones aportadas por el narrador revelan el desenlace de la historia. En este sentido, es algo similar a la formación de una tormenta. Ves los rayos y escuchas los truenos en la lejanía, sabes que se acercan y sabes que la lluvia va a descargar, pero tu sigues allí, esperando.
  • J., un antihéroe de manual, mezcla de literato, anarquista, izquierdista, negociante, colono, hippy y bohemio sin ninguna chance de sobrevivir que intenta, sin demasiada convicción, buscar una salida en compañía de Elena, personaje desbordado por las circunstancias.
Vale, ¿y por qué no un imprescindible? Pues por una cierta sensación de algo ya leído, por la falta de ese punto de originalidad que solo algunas obras tienen. Así, por ejemplo, las referencias al Conrad de "El corazón de las tinieblas", al Cepeda Samudio de "La casa grande" o la narrativa sureña norteamericana son inevitables. Pese a esto, "Primero estaba el mar" es una muy buena historia muy bien contada. Un muy buen libro.

2 comentarios:

Narayani dijo...

Según he leído lo de los adjetivos he sabido que este libro no era para mí, je, je. Me pone muy nerviosa encontrarme con muchos.

¡Besos!

Koldo CF dijo...

No es que el libro sea así, ni mucho menos. Solo es que la primera página da de maravilla con el tono del resto de la historia.

Abrazo (y gracias por comentar)!!