domingo, 31 de mayo de 2020

Nathan Hill: El Nix


Idioma original: inglés
Título original: The Nix
Año de publicación: 2018
Traducción: Carles Andreu
Valoración: recomendable

En otras circunstancias, una novela como esta, casi 700 páginas incluyendo 3 páginas de agradecimientos del autor, hubiera sido obvio pasto de TochoWeek, pero las premuras y ciertos deméritos aconsejan ya no relegarla, que es una palabra algo fea, más bien no destacarla en exceso. Y eso que la novela viene precedida por alguna opinión entusiasta que las solapas se encargan de recordarnos. Porque esto es una primera novela de un autor joven, no parece que tenga más de treinta y cinco, y menudo volumen para una opera prima, (aunque venga precedida de la consabida ristra de relatos publicados en diversos medios) con su ambicioso planteamiento y un intento (algo forzado) de alcance universal.

Perdonad un momento: hay unas voces en mi cabeza que susurran algo que no entiendo.

Continuo: El Nix debe su título a una especie de duende o criatura imaginaria o algo así que forma parte del imaginario noruego. Imagino que se trata de una alegoría que no acabo de ver clara, porque la situación esporádica de ciertas escenas en Noruega de la novela es breve y meramente referencial, quizás con cierta influencia en aspectos de la historia, pero en cualquier caso no puede considerarse el nudo principal en absoluto.
De una novela, por cierto, primera coartada para una extensión algo excesiva, que no tiene un solo escenario e incluso diría que hasta cierto punto podríamos definir como "coral", urdida, digamos a base de cambios de protagonista, flash-backs de décadas, cambios de ubicación y, por supuesto, intención manifiesta de que las piezas encajen, que una cosa es afrontar una novela de debut con ambición y otra jugártela a que el critiquillo de turno te despedace por intentar subvertir las reglas de la narrativa a la primera de turno. No es sencillo, y en este sentido la novela está trabajada y resuelta con los lógicos flecos de poca importancia, todo ello en un ejercicio de estilo que, sin ser demasiado original resulta efectivo. La novela se lee sin respiro a partir de la página 150, cuando las tramas empiezan a desarrollarse hacia lugares que empiezan a suscitar cierta curiosidad acerca de cómo va a resolverse todo eso.

Anda: las voces otra vez. Repiten una palabra, empieza por F, creo.

Samuel Anderson es profesor en la universidad y escritor en bloqueo permanente: recibió hace mucho tiempo un desproporcionado anticipo de una editorial por una novela que no avanza. Todo ello a consecuencia de la publicación de un relato que le puso en el punto de mira de las editoriales obsesionadas por encontrar The Next Big Thing. Su existencia dista de ser la de un escritor entregado a su obra. Vegeta por la universidad intentando que sus alumnos asimilen a los clásicos y superen la materia, intenta mantener la cabeza alta en medio del desinterés general, y tiene un excusable vicio oculto: se pasa la vida jugando (bajo pseudónimo) a un juego online donde hay elfos y orcos y esas cosas.
Su rutina es alterada. Mientras una alumna empieza a ponerse pesada porque él ha descubierto que le ha presentado un trabajo copiado sobre Hamlet, su agente empieza a amenazar con demandarle para recuperar el anticipo si no entrega su novela, y su madre, que le abandonó en su tierna infancia, reaparece en su vida de la forma más extraña. Ha protagonizado un incidente de poca importancia con un político conservador que los medios y un juez bastante agresivo se han encargado de magnificar. Sugerido por su agente literario y a la búsqueda de descerrojar el bloqueo, Anderson decide indagar en el pasado de su madre y usar lo que obtenga como materia prima para su obra.
Y esa es la premisa que permite ir hacia adelante y atrás, ir incorporando capítulos dedicados a situaciones y personajes que configuran esa trama que, por momentos se cierne hacia la clásica novela con giros y la narrativa moderna que pretende ser inclusiva. Pasaremos fugazmente por la Noruega de la ocupación nazi, pero también asistiremos, con Allen Ginsberg de invitado, a las protestas en los últimos años 60 contra la guerra de Vietnam, varias décadas más tarde al fenómeno #OccupyWallStreet, todo ello siguiendo las andanzas de Faye, madre de Samuel y pretexto, en su tortuoso pasado, para el recorrido de la novela por los diversos escenarios y épocas.

Vaya: las voces. ¡Pensaba que decían Francesc! pero decían Franzen, Franzen, Franzen.

Pues eso. Es lógico que un escritor de cierto prestigio cuente con seguidores que asimilen su estilo y empleen sus estructuras. Si gente como Dan Brown o Stig Larsson han tenido imitadores, por qué no Franzen. No digo que Nathan Hill pretenda servirnos un sucedáneo. Pero  la influencia es muy clara, no solo en el empleo de esas líneas que se ramifican y escarban en el pasado, en ese pasado oscuro que todo ser humano parece acarrear. También la pura proyección ideológica del autor, mostrándose crítico de forma interpuesta con las derivas totalitarias, el abuso de poder, el capitalismo a ultranza, la represión sexual, nos evoca a Franzen o incluso a Don De Lillo (el de Submundo o Ruido de fondo). No pasa nada: no solo unos pocos autores tienen la licencia de usar sus obras para destripar el terrón de la realidad americana, ergo casi la realidad global de todo Occidente. Pero a la hora de juzgar un libro, una novela de 700 páginas, el matiz podrá aportarse, pienso. Porque a veces no hay nada como los originales.

4 comentarios:

Juan G. B. dijo...

La cosa tenía buena pinta hasta que he leído que el protagonista es "profesor de la Universidad y escritor en bloqueo permanente"...

Anónimo dijo...

Qué bueno sería una reseña de Giles, el niño-cabra.
Saludos.

Anónimo dijo...

Reseña muy trabajada. Francesc. Kempes 19

Francesc Bon dijo...

Gracias por los comentarios y espero que disculpéis que últimamente esté más reseñador que comentador.
Juan: los profesores de Universidad y en bloqueo permanente pronto van a acabar sus masters de escritura creativa y se reunirán para decidir cómo se vengan de ti.
Anónimo: igual deberías estar atento a los próximos meses.
Kempes 19. Disiento: no es una reseña trabajada. Estoy muy escueto últimamente e intento ceñirme al canon de los tres párrafos. Aquí me han salido cinco: mal.