viernes, 15 de mayo de 2020

Matt Ruff: Territorio Lovecraft

Idioma original: inglés
Título original: Lovecraft Country
Año de publicación: 2016
Traducción: Javier Calvo
Valoración: bastante recomendable

Me ha ocurrido varias veces, en los últimos tiempos, que libros que estaba leyendo, acababa de leer o tenía ya a punto de caramelo en mi tsundoku particular, han sido adaptados al cine o, con más frecuencia hoy en día, convertidos en una serie televisiva (eso me ha llevado a plantearme que quizá mis gustos sean más mainstream de lo que yo pensaba, pero también que alguna productora debería contratarme para aconsejarle libros guays que llevar a la pantalla); éste es el caso de Territorio Lovecraft, que ha servido de basae para una serie de la HBO de próxima emisión, producida nada menos que por J. J. Abrams (wow!), Jordan Peele (OMG!) y Misha Green (ésta no sé quién es). Para mayor alborozo, resulta que el autor del libro, Matt Ruff, lo concibió primero como un guión televisivo, pero al no conseguir que se lo produjeran, lo reconvirtió en novela, que ahora se ha adaptado la televisión. Círculo cerrado.

Bien, esta serie tendrá muy buena pinta, pero esto es Un Libro Al Día, no Una Serie Al Mes, ni inventos parecidos, así que hablemos de lo que toca: el libro de Matt Ruff. Ambientada en Chicago y Massachussets en 1954, se trat de una novela cuyos diferentes capítulos, sin embargo, pueden leerse como relatos independientes, aunque relacionados entre sí, y está protagonizada por una familia y sus amigos del South Side de Chicago: Atticus Turner, un joven que ha sido soldado en Corea, su padre Montrose, sustíos George e Hippolyta Berry, su primo Horace, sus amigas Letitia y Ruby Dandridge, así como algunos otros personajes del barrio, que entran en relación con los Braithwhite, poderosa y rica familia que dirige la logia de Ardham (MA) de una Orden de "filósofos naturales", que persiguen los secretos más oscuros de este universo y de otros. Los protagonistas se ven metidos así en unas aventuras llenas de elementos de inspiración "lovecraftiana" -también "stevensoniana": sectas ocultistas, casas encantadas, libros arcanos escritos en lenguas inextricables, seres monstruosos llegados de otra dimensión, engendros demoníacos, brebajes que transforman a las personas...

Vamos, tampoco es que te mueras de miedo (tampoco sé si hoy en día te mueres de miedo, exactamente, con los relatos de H. P. Lovecraft), aunque varios de los relatos o capítulos sí que consiguen transmitir inquietud y tensión; sobre todo, son unas muy interesantes variantes sobre los temas clásicos que he mencionado: La casa Narrow, Horace y el muñeco diabólico, Jekill en Hyde Park... pero lo más destacable de esta novela es que, en verdad, no es un libro de historias de miedo, o al menos no del miedo que asociamos a Lovecraft y compañía, sino de otro más mundano y tangible, porque ésta es una novela sobre el racismo, un racismo que lo atraviesa desde la primera a la última página (con lo que, mira por dónde, resulta que sí podemos asociarlo a Lovecraft, que ya se sabe que cojeaba ligeramente de ese pie...); todos los protagonistas, los Turner, Berry, Dandridge y sus amigos, son negros, y aunque viven en una ciudad del norte de EEUU, en vez de en el segregado Sur, el color de su piel es algo que deben de tenr en cuenta a cada momento de cada uno de los días de su vida. Y, sobre todo, el peligro que representa para ellos en un mundo hecho a la medida de los blancos (y esto no lo digo yo, sino el propio autor en esta entrevista: El "territorio Lovecraft" más amenazador es el racismo).

Ahora bien, pese a la idea, sin duda deliciosamente maliciosa, de convertir a un grupo de afroamericanos en protagonistas de unas historias basadas en las de Lovecraft (el pobre H. P. debe de estar revolviéndose en su tumba), lo cierto es que el mayor problema de la novela es que Matt Ruff es demasiado buena persona (caray, hasta tiene cara de buen tío); eso significa que, por canutas que se las haga pasar a sus personajes -y se las hace pasar, bien es cierto-, se nota que a él le caen bien y consigue que le caigan bien al lector, que a su vez se pasa toda la lectura del libro esperando un final feliz para los "buenos". Entiéndaseme: no digo que ese final feliz sea lo que ocurre, pero sí es lo que uno espera mientras lee la novela, lo que no deja de ser un lastre para cualquier historia de terror... Lo siento, Matt, pero hay que ser un poco más despiadado, o por lo menos fingirlo; fíjate en Stephen King, que también parece una persona estupenda, y lo cabrón que se vuelve cuando escribe... Aunque hay que recordar, no obstante, que Matt Ruff no es un escritor habitual de relatos de terror (de hecho, en el único libro suyo que yo había leído hasta ahora, Alcantarillado, gas y electricidad, una distopía futuro-humorística, ya translucía esa bonhomía característica). Así que seguramente no fuera su intención hacer Historia en el género. Algo que, de todos modos, quizás haya logrado con una mezcla tan atractiva de terror fantástico y terrores cotidianos, derivados de los prejuicios y la injusticia... Mal que le pudiera fastidiar al Lovecraft original ; )

9 comentarios:

1984 dijo...

Con Lovecraft te puedes morir, pero de risa. Ese estilo barroco y exagerado es involuntariamente divertido: abominaciones blasfemas llegadas desde más allá del tiempo y el espacio para destruir nuestras certezas optimistas y etc etc. Pero sigue resultando un autor adictivo. Si te gusta, sueles repetir. Aunque Lovecraft sea bastante repetitivo tiene un puñado de relatos inmortales. Era un tipo bastante reaccionario, racista y con muchas manías, pero como escritor fantástico fue el mayor revolucionario del siglo XX. Sus monstruos alegóricos y tentaculares son entrañables. Ya hay Cthulhu hasta para niños. Un clásico.

Juan G. B. dijo...

Hola, 1984:
Aprovecho para aclarar, para todos los fans de Lovecraft que puedan leer esta reseña, que en este libro Cthulhu no sale...
Un saludo.

Lupita dijo...

Ostras, Juan:
No sé ni qué pensar tras leer tu reseña. ¿Lo "malo" del autor es que no es más sádico con sus personajes?
En fin, lo de que Lovecraft fuera un racista pues ni idea, me he quedado de piedra.Como anécdota que te encantará, conocí a un adorador de Lovecraft que se declaraba maniático y raro como él, y también asexual. Vaya, qué mala suerte, pensé..

Y el resto, me lo guardo

Saludos

Juan G. B. dijo...

Hola, Lupita:
Me explicaré un poco más: no se trata de ser sádico sin más con los personajes, pero en el género de terror y/o suspense, que éstos lo pasen mal, si se creado la suficiente empatía con el lector, hace que se genere la atmósfera de angustia y expectación necesaria para el buen funcionamiento de este tipo de historias. Repito el ejemplo, supongo qque ya algo tópico, de Stephen King: seguramente no habrá un tío más majo en el mundo de las letras contemporáneas, pero no se para mientes en hacerle mil putadas a sus personajes, si es necesario y aunque al final la historia acabe bien. Con Ruff, aunque también ponga en dificultades a los suyos, casi nunca tienes la sensación de que sus peripecias vayaan a tener un desenlace luctuoso (aunque tampoco digo que esto sea así).
En cuanto al propio Lovecraft, como bien señaló Santi en su reseña de "Los mitos de Cthulhu", para algunos seguidores se trata ya casi de una religión, y con los verdaderos creyentes de cualquier religión, no hay nada que hacer... mejor dejarlos a su bola y bastante si no molestan...
Un saludo y gracias por la visita.

Lupita dijo...

Entendido, Juan, pero lo bueno es que hay tantas lecturas como lectores, y distintos gustos.
Perdón por la excesiva confianza y por escribir tonterías, es esta situación, que me saca la vena chorra por no explotar.

Me pondré las pilas con Lovecraft, que apenas lo conozco.
Saludos desde la Fase 1.


Oriol dijo...

Lovecraft era muy racista, incluso para su época. Aunque al parecer, sus amigos epistolares lograron hacerle cambiar un poco en el ocaso de su vida. Quién sabe si los temas de su ficción serían tan interesantes si no fuera por su odio a lo desconocido (extranjeros incluidos, por supuesto).

Muy de acuerdo contigo, Juan, en que la literatura de terror demanda cierto sadismo hacia sus personajes. En lo que les ocurre y en su forma de ser. Por eso funcionan mucho mejor los argumentos y protagonistas moralmente ambiguos de King que los ídem de Koontz, por poner un ejemplo.

El libro que reseñas suena interesante. Es curioso que en él se haya vehiculado una crítica al racismo al mismo tiempo que se homenajea a Lovecraft. Algunos lo considerarán una traición al autor (y depende del enfoque puede serlo), pero a priori me parece una opción más que válida.

Juan G. B. dijo...

Hola, Oriol:
Yo tengo claro que el título del libro se refiere a los dos sentidos: por un lado son historias que se internan en el territorio de la obra de Lovecraft... la fantasía, el terror, etc., pero también es una alusión a que los protagonistas viven de forma permanente en ese "territorio Lovecraft" que es el racismo. Pensemos que si incluso hoy en día, en el 2020 y tras haber tenido , entre otras cosas, un presidente negro (o mulato, pero para el caso es lo mismo), en EEUU pervive el racismo contra la población afroamericana, cómo sería en 1954, que es cuando se desarrolla esta novela, o, peor aún en la época de Lovecraft...
Por lo demás, es verdad que al libro le falta un punto de "mala leche" para ser una gran historia de terror, pero lo compensa dejando un muy buen sabor de boca, tras su lectura.
Un saludo, compañero.

1984 dijo...

El racismo de Lovecraft era una manía de la época y también de la clase social a la que pertenecía: vieja burguesía puritana de Nueva Inglaterra venida a menos. El ambiente en el que se crió Lovecraft era muy conservador y temeroso de los cambios. Y luego estaban sus problemas para relacionarse con los demás, que fue superando, pero en su adolescencia y años mozos Lovecraft no salía de casa más que para pasear de noche por las calles, como un fantasma de otro tiempo. Y se dedicó a leer la biblioteca familiar encerrado entre cuatro paredes. Cuando se fue a vivir a Nueva York se casó con una mujer de origen judío, Sonia Greene. El matrimonio fracasó. La aventura del antimoderno Lovecraft en Nueva York, la ciudad cosmopolita que detestaba, no salió bien. Lovecraft volvió a Providence. Vivía humildemente en casa de unas tías solteronas. Había algo de fracaso personal en el racismo de Lovecraft, de inadaptación al medio, al margen de que el racismo en su tiempo era algo cotidiano. Cara a cara, no parece que Lovecraft odiara realmente a nadie: se casó con una judía, muchos de sus amigos eran de los orígenes más variopintos etc. Todos los que le conocieron destacan su cultura, amabilidad y generosidad, pese a que no tenía un centavo. Robert Bloch, de origen judío y amigo de Lovecraft, dijo de él que era un hombre "inteligente y objetivo." Seguramente más lo primero que lo segundo. En general, la vida de Lovecraft fue dura y triste. Y también corta.

Antonieta dijo...

😀👌