jueves, 26 de noviembre de 2015

Colaboración: La fiesta de la insignificancia de Milan Kundera

Idioma original: francés
Título original: La fête de l'insignifiance
Año de publicación: 2014

Valoración: Insignificante

Tengo que confesar que cuando concluí la lectura de este libro acudí a varios suplementos culturales porque la sensación de vacuidad que desprende la lectura del último libro del señor Kundera me había dejado perplejo. Quizás no había sabido entender el enfoque del libro o me faltaba alguna clave para poder situarlo en el contexto adecuado. Contexto que, sinceramente, se me escapaba. Cuál fue mi sorpresa cuando varios críticos saludaban la originalidad del libro, su visión irónica y absurda de la existencia y su trasfondo filosófico y metafísico. Alucinante.

Ya sabemos por libros anteriores que Kundera recurre en muchas ocasiones a hechos banales o anecdóticos para ir deslizando reflexiones profundas sobre el ser humano y su errático transitar por  este mundo. Pero aquí lo que tenemos entre manos es una anécdota elevada a novela y saludada como la última voluntad literaria de un clásico (al fin y al cabo el autor checo cuenta 85 años). Y esto es demasiado. Sinceramente no entiendo ni el enfoque del libro ni la supuesta maestría narrativa que despliega en sus, afortunadamente, breves páginas. Sí que entiendo que hace catorce años que el señor Kundera no publicaba nada y que en su editorial debían estar muy nerviosos. Quizás el autor checo se vio obligado a salir de su semirretiro y dar un poco de lustre postrero a su carrera. Quizás debía una novela a su editorial y no podía alargarse más el plazo de entrega. Sí, quizás, pero quizás deberían haber dejado que el señor Kundera siguiera paseando tranquilamente por los jardines de Luxemburgo, dando de comer a la palomas, mirando el ombligo de las jovencitas y reflexionando sobre estatuas y ángeles, que es a lo que parece que dedica últimamente su existencia.

Eso debería hacer  y no aderezarlo con la absurda aparición de cuatro atolondrados franceses, insignificantes, eso sí, en sí mismos, en lo que hacen y lo que viven,  que van a celebrar una fiesta de la que pronto nos desentendemos y que sinceramente nos hace arrepentirnos desde las primeras páginas de haber iniciado la lectura. Lo más jugoso de este libro, no se lo pierdan, es una anécdota de caza de Stalin que desliza Kundera a mitad de novela y que le sirve para burlarse del dictador y sus secuaces, pero para contarnos esa anécdota podía habernos invitado a tomar un refresco en alguna terraza de París y nos habría ahorrado pasar por la caja de la librería.

En fín, que si tienen oportunidad y ganas de leer a Kundera no les diré que recurran a La insoportable levedad del ser, que es una obviedad. Incluso La ignorancia, su anterior novela, siendo una obra menor está muy por encima de este entretenimiento banal, que lo único que puede conseguir es alejarnos irremediablemente del autor checo.

Firmado: José Miguel Martínez Camino

9 comentarios:

Javier Sánchez dijo...

"habernos invitado a tomar un refresco en alguna terraza de París", joder cómo destaca este comentario tras la barbarie de estos días...

Manuel dijo...

Por fin alguien que piensa algo parecido a lo que sentí yo al leer el libro. No podía creerme que apareciese reseñado en todos lados y destacándolo entre lo más destacable del año anterior.
Me pareció malo, muy malo. Insignificante, como dice el título. Pero lo peor, es que todavía no puedo creerme la tomadura de pelo de la publicación de este libro.
Siempre me asaltó una duda, ¿se habría publicado si eso lo presenta cualquier otro en una editorial? ¿Los críticos dirían lo mismo si no hubiese sido Kundera? Y por último, ¿es Kundera el que escribió esto?

jose miguel dijo...

Hola Javier:
Simplemente aclararte que la reseña estaba entregada y pendiente de publicación desde hace tiempo y posteriormente sucedieron los desgraciados atentados de París.
Siento que esa alusión pueda haber herido tu sensibilidad o la de cualquier otro lector del blog. Como sin duda sabrás Kundera reside en París desde hace tiempo y de ahí la alusión que citas.
Me gustaría que ese comentario no nos desviara del sentido final de la reseña: evitar, en la medida de lo posible, que gastes tu bien ganado dinero en adquirir esta obra menor de Kundera y lo dediques a otros menesteres más provechosos.
un saludo,
José Miguel

Estelas de vida. dijo...

Gracias por tu información. La tendré muy en cuenta. Un saludo.

JAVIER SÁNCHEZ CAMPOS dijo...

Para nada disculpas. Es sólo que has dado una lección literaria de alto nivel.
Respecto a la reseña, todavía tengo pendiente los primeros de Kundera y con tu comentario veo que haré empezando por ellos...
Un abrazo.

Eduardo Piero dijo...

Lamentablemente confieso que siento algo parecido. Esta obra me he dejado también esa sensación de vacuidad. Extraño, sinceramente.

Guidociafardo dijo...

La peor basura que leí en mi vida.
Una basura, mostrando que hasta grandes autores pueden escribir porquerías.
Pd: lo mejor y lo único, la ilustración de portada.

El Puma dijo...

Coincido solo parcialmente con la seria reseña.

Tal vez porque no había leído ninguna crítica antes de tener en mis manos "La fiesta de la insignificancia", y no tenía al respecto expectativas desmedidas, su lectura me resultó placentera. No dudo que es una obra menor del gran autor checo, pero sigue siendo mejor que la gran mayoría de lo que se publica por estos tiempos.

Claro, no se puede comparar con sus óperas magnas! Pero entretiene de principio a fin, y cuela algún que otro párrafo interesante.

grumosky dijo...

Lástima de dinero gastado en el libro. Vaya tomadura de pelo! Ay..qué carica de tonta se me quedó. Feliz Año!!