martes, 3 de noviembre de 2015

Jonathan Franzen: Pureza

Idioma original: inglés
Título original: Purity
Año de publicación: 2015
Traducción: Enrique de Hériz
Valoración: 

Lo confieso. Esta es una de las reseñas que más me ha costado escribir en mi vida. De uno de los libros que más me ha costado leer en mi vida. De hecho, mi costumbre de ir escribiendo mis primeras impresiones a medida que avanzaba en la lectura no me ha servido para nada. Puede que haya reciclado alguna frase, pero decenas de líneas escritas de forma provisional han acabado en la papelera, porque incluso a las tres cuartas partes de su lectura no andaba decidido, no acababa de atinar si éste era o no el el libro que esperaba, y, si no lo era, por qué. De hecho, su irregularidad me ha llevado a plantearme si no estaba siendo engañado por ciertas sensaciones.

Porque lo que sí está aquí, sin duda, es el Franzen narrador solvente y desinhibido. Ese tipo capaz de perpetrar párrafos memorables cuando uno menos se lo espera. Podría transcribir decenas de párrafos brillantes de Pureza aquí. Pero luego dicen que me alargo demasiado en según qué reseñas.

Así que nadie se extrañe de que haya cometido el peor de los crímenes: dejar la valoración en blanco, para permitir que cada uno de quienes lean estas líneas considere qué es lo más justo, de acuerdo con lo que les expongo aquí, y teniendo en cuenta que Franzen es un  autor colosal, importante y ante el cual es muy difícil mostrarse indiferente. Y porque me parecería tan mal que, por una simple palabra, quienes sigan a Franzen con pasión dejen de leer Pureza, tanto como que quienes sientan escepticismo hacia el autor descarten, otra vez, de entrada, su lectura, o como que quien corra a gastarse dinero este libro se quede bloqueado a las cincuenta páginas. Porque todas esas opciones son posibles. Esos riesgos están presentes.

Veamos si nos aclaramos.

Para empezar, solamente cinco años tras Libertad parecen pocos, incluso con el tentempié de sus libros de artículos, podría antojarse que Pureza sea una novela un poco precipitada, una especie de proyecto no tan madurado como los anteriores. También porque, autor ambicioso y de alcance como es, solamente el pretexto de un nuevo acontecimiento global podría justificar un avance sobre sus promedios. Y eso no parece haber ocurrido: desde que Libertad se publicó solo una cosa, prácticamente, ha seguido sucediendo: crisis y más crisis.

Pero hay que dejarse de teorías y abrir el libro. Empezar por esa primera escena algo chocante, una especie de encuentro sexual frustrado de una manera poco natural. Decidir entonces seguir o no. Evitar pensar en el número restante de páginas, eludir comparar o recrear situaciones en novelas precedentes del mismo autor e igual entonces ser un poco más capaces de disfrutar. E ir encontrando por el camino a los personajes que son el estandarte del universo franzeniano y presentados a su estilo. Que incluye que los conozcamos en profundidad. Por su aspecto, por su pasado o sus expectativas, por aquello que muestran o lo que esconden.

Purity Tyler, cuyo nombre la avergüenza y  prefiere ser llamada Pip. Debe el dinero de sus estudios, ciento treinta mil dólares del ala, malvive en una especie de casa comunitaria, junto a gente a la que ha ido adaptándose. Su madre le ha ocultado toda su vida la identidad de su padre. Y otras muchas cosas. Para protegerla, ya se sabe.
Anabel Tyler, madre de Pip: que ha hecho todas esas cosas que he dicho. Y que fue una artista de esas raritas que hacen performances con su cuerpo.
Andreas Wolf: poderoso descubridor de secretos, inspirado en la figura de Julian Assange (aunque se le muestra como un competidor), antiguo habitante de la RDA y, por tanto, relativa víctima de los abusos de la Stasi. Curioso, el paralelismo establecido por Franzen: la Stasi usaba a toda una población como suministradora de información. Y hoy tenemos a Google.
Tom Aberand: periodista de investigación. De mucha investigación, un montón de investigación.
Annagret: una de las muchas jóvenes por las que Wolf se obsesiona. La que más. Y no son pocas.
Y unos cuantos más: hay lugar hasta para émulos del propio Franzen (Charles, un escritor al que, - giro houellebecquiano - tras quedar postrado en una silla de ruedas, su ex-mujer acude a masturbar esporádicamente, sin que su actual pareja, que es Tom, ponga reparo alguno) o de Kim Megauploader (un excéntrico pirado acosado por los paparazzi).

Franzen los va presentando en diversas situaciones y momentos vitales. Con su eficaz estilo de encajar piezas y definir personalidades. Purity, coherente, Aberand, directo, Wolf, atormentado.

La historia tarda en tomar cuerpo. Eso no es grave. A veces, parece virar hacia la sátira, pero conserva un tono trágico, no solemne, una especie de cinismo subterráneo. La novela no acaba de definir un claro tema central, un espinazo que la vertebre. ¡Pero si son 700 páginas! ¿Queremos un solo tema que tarde esa eternidad en desarrollarse?  Para los exigentes que pretenden que un libro se sostenga sobre un único y sólido eje, para aquellos que se aprovechan (los hay) para criticar retroactivamente hasta sus indiscutidas obras anteriores, esta novela tiene varias interpretaciones. El exceso de poder de los medios de información. La virtud de la coherencia. El difícil rol de la juventud actual. El peligro de los egos que concentran poder. Si vamos a ponernos en plan minimalista, podemos concluir que Pureza es una novela donde casi cada personaje parece huír de su pasado y algún otro recorre el camino inverso. También es una novela menos politizada que Libertad. El ataque a la dinámica del capitalismo voraz aquí es un ataque no tan frontal hacia el mesianismo de los gurús obsesionados en abrumar al mundo desvelando secretos que estaban mejor siendo eso, secretos. Pero esto es Franzen, y Franzen huye de la ligereza. Es incompatible con la ligereza. Franzen ha accedido a ese trono (para algunos ahora inmerecido) gracias a su ambición y al espectro descomunal que ha sido capaz de abarcar partiendo de la vida de sus personajes. De esa curiosa estrategia de ir hacia atrás en sus vidas, de hallar los detalles que condicionan su personalidad. De esa cuestión tan post-post-moderna de retratar países y sociedades enteras. Aquí ese abanico se ha ampliado. Porque a quien quiere retratar es, casi a la sociedad de Internet. Y esa es una sociedad global. Wow, Jonathan. Qué será lo siguiente.
Desde luego, aunque, insisto, contiene muchos párrafos notables y más de un personaje memorable, el consenso (trampas que hago: cualquiera es capaz de evitar leer todo lo vertido ya sobre este libro) parece indicar que ésta no es la mejor novela de Franzen. Puede que su defecto o su falta de virtud sea que Franzen pensaba que una novela de 400 páginas no hubiera sido tomada en serio por su público habitual, y no se contuvo a tiempo. Porque sobra algo, algún detalle perjudica el ritmo narrativo. Algún personaje reitera lo que otros aportan, alguna línea insiste en algo que ya se ha entendido. Pero esto se ha alargado ya demasiado, no voy a ponerme ahora a despanzurrar más la novela. De hecho, destripar Pureza, incluso sin leerlo, como alguno ha hecho (creedme, hay gente así y pretenden llamarse escritores), parece irse a convertir en el deporte favorito de la temporada. Solo por defraudar algo las expectativas generadas. O por obsesionarse por mostrar sus defectos y obviar sus virtudes. Pero alguno se ha pasado. Mucho. Hasta el punto de usar esas famosas cuatro palabras que tan adecuadas y precisas parecen para insertar en un Tweet.

"Irrelevant piece of shit" 

Y eso, francamente, tampoco.

22 comentarios:

Javi Sánchez dijo...

Hacía tiempo que no leía algo como Las correcciones y Libertad tuvo momentos geniales con otros algo menos espléndidos. Pureza está pendiente, pero la "caña" que le están dando me parece obscena. ¿Alguien con su calidad puede escribir algo tan rematadamente pésimo como pretenden decirnos? ¿Nos empeñamos en enterrar a grandes escritores por exigencias mercantiles, por buscar lo novedoso con esa urgencia que marca la sociedad actual? Podría ser que no fuera la novela esperada, pero si fue capaz de escribir Las correcciones, no hay motivos, creo, para desconfiar de él por un libro que, dicen, está falto de Franzen.
A menudo pienso que, si toda la historia se hubiera regido por este ritmo sepulturero, hoy no leeríamos a Dostoyevski, Faulkner o Unamuno.
Las prisas no son buenas, eso ya lo decían nuestros abuelos.

Inmaculada dijo...

Aún no me he estrenado con Franzen, cosa de la que seguro me debería avergonzar. Prometo atacar Las correcciones en cuanto se me ponga a tiro y después veré si sigo hasta esta Pureza, aunque las críticas no me animan precisamente. Ya veremos.
Saludos.

Il Gatopando dijo...

Demasiado rodeo, ¿no?, para decir que la última novela de Franzen es floja cuando no abiertamente mala.

Anónimo dijo...

Por fin la reseña de un libro digno. Desde "Bajo el volcán" estabais un poco flojos...

Francesc Bon dijo...

Coincido en esa calificación de obscena. Solo la envidia justifica lo encarnizado de ciertos ataques. Y Pureza lo único que tiene es la sombra de dos excelentes novelas anteriores, que es muy alargada. Irregular, pero ya quisieran muchos igualar sus mejores momentos. Gracias por el comentario.

Francesc Bon dijo...

Las correcciones es modélica.

Francesc Bon dijo...

No sé si es rodeo. Leí un muy interesante artículo del traductor que hablaba de cómo quien hablaba del libro empleaba como la mitad del tiempo en contextualizar su actitud ante Franzen. Y heme aquí. Pero un respeto para Franzen. Un respeto.

Francesc Bon dijo...

Bueno: no exageremos y más bien tengamos en cuenta tanto la libertad de los que colaboramos como el hecho de que ya vamos por las 2440 reseñas y ya no es tan fácil encontrar qué reseñar. Gracias por el comentario.

Anónimo dijo...

Joyce, Mann, Proust, Diderot, Cioran, Blanchot...

El Puma dijo...

Gracias por la reseña. Franzen, de cuya existencia me enteré hace muy poco, está entre mis autores pendientes. Por lo que dices, comenzaré por Las correcciones.

Al lector anónimo quisiera decirle que, como todo en la vida, su valoración acerca de la dignidad de las obras últimamente reseñadas es altamente subjetiva. Al igual que el breve listado de autores que esboza. Algunos indiscutidos, otros opinables.

Yo podría decir que espero ver qué opina ULAD sobre Balzac, Tolstoi, Stuart Mill o Voltaire, y sería merecedor de reclamos similares.

Matices, nada más. Y que viva el disenso!

Willie C. dijo...

Ya quisieran muchos escribir este libro. Magnífico

Santi dijo...

Sobre la lista de libros que no hemos reseñado (sí, está claro que nos faltan imprescindibles), solo quería aclarar que el blog no pretende crear un canon, no reseñamos lo que debe ser leído, sino lo que de hecho estamos leyendo en estos momentos. Claro, seguro que Francesc o Juan o Montuenga o yo mismo hemos leído a Proust, Joyce, Voltaire, etc., pero a lo mejor no los tenemos frescos como para reseñarlos, y a lo mejor no nos apetece releerlos en este momento, porque... bueno, pues porque no nos apetece, y ya.

Por otro lado, es normal que haya huecos, y siempre los va a haber: la biblioteca de Babel es infinita.

Y ya que estamos, sabéis que en ULAD aceptamos colaboraciones, ¿no? ;)

Juan G. B. dijo...

¿Prou..qué?

Anónimo dijo...

Quejarse... No se, ni que os pagarán por hacer lo que hacéis. Todo mi apoyo y seguid disfrutando con las lecturas, que al final es lo que de verdad importa

Anónimo dijo...

Hoola!
No voy a hablar de Franzen, pero si voy proponer la lectura del suizo Peter STAMM, vive en Suiza y escribe en alemán, la mayoría de libros traducidos en la editorial Acantilado. Muy recomendable.

Un libro al día!!!

Imma

Anónimo dijo...

Por cierto.. Se que no viene al caso o puede que si.. Pero la lectura de La niña del pelo raro, no en su totalidad, esta haciendo que odie a DFW. Que monton de insustancialidades.. Se creó la literatura para esto? Cada cual es libre de escribir lo que quiera. Pero pufff necesitaba desahogarme

Juanchita dijo...

Yo considero "Las correcciones" el mejor libro que me he leído en décadas (la segunda vez que lo leí llegué a esa conclusión)
"Libertad" es una maravilla.
"Purity" está muy bien. Pero tiene el lastre de lo anterior. Lastre imposible de evitar, leas, reseñes o ambas cosas. Como muchas otras veces, los años pondrán en su sitio todo esto.

Francesc Bon dijo...

Chapeau a Franzen, en su conjunto, y he de decir que, pasados unos días, recuerdo e incluso especulo con los significados de esta novela, que solamente adolece de no ser tan contundentemente redonda como las anteriores. Gracias por el comentario.

chemu dijo...

Buenas, yo vengo de leer Las correcciones (hace ya algun tiempo, eso sí) y está claro que las comparaciones son odiosas (sobretodo para Franzen). Dicho esto, mi experiencia personal con Purity ha sido bastante irregular a lo largo de su lectura. Inicialmente he tenido la sensación de que era un libro en donde los personajes eran descritos a golpe de cliche, sin tener la profundidad y calidez que tenias en Las correcciones (que granb libro, quien no recuerda la escena del padre sentandose en el sillon, que grande). Pero tambien es verdad que hacia el final es como si todo, de repente, cuajara y te das cuenta de algunas cosas acerca de los personajes, de algunas cosas que Franzen ha ido tejiendo casi sin darte cuenta. En fin, no es la famosa gran novela americana pero de ningun modo es un irrelevante trozo de mierda (vaya tela tienen algunos...)

Unknown dijo...

Después de leer pureza quiero dejar mi testimonio porque me ha parecido una pequeña tomadura de pelo.
Tanto la historia como los personajes no se sostienen, da la sensación de que su autor pretendía llenar páginas sin saber exactamente a dónde le conducían.
Sí me ha gustado y sorprendido en ocasiones su humor e ironía; ese es el motivo he continuado la lectura esperando que surgiera algo que justificara todas esas críticas tan favorables.

Anónimo dijo...

Interessante sua resenha. Eu a li antes de iniciar a leitura e achei que pudesse me entediar nas primeiras páginas, mas isso não ocorreu. Estou na metade e não há nada mais que gostaria de fazer do que continuar a lê-lo. Indefinidamente. E que bom que é tão longo. Estou totalmente imersa no universo criado pelos autor e por seus personagens.

Anónimo dijo...

Contaste quien era Anabel? Un spam imperdonable, menos mal que no suelo leer reseñas antes...