miércoles, 24 de febrero de 2016

D. E. Stevenson: El libro de la señorita Buncle

Idioma original: inglés
Título original: Miss Buncle's Book
Año de publicación: 1934
Traducción: Concha Cardeñoso Sáenz de Miera
Valoración: entre recomendable y está bien

¿Quién no ha jugado alguna vez al Candy Crush? (excluyo de la pregunta a doña Celia Villalobos, porque ya sé la respuesta y además, no creo que frecuente este blog) ¿A qué mola cuando vas eliminando chuches y pasando pantallas y una voz inefable dice "DELICIOUS"? Pues exactamente esa palabra, dicha con esa misma voz, es la que se oye en la cabeza del lector (bueno, en la mía... junto con otras muchas que me ordenan cometer actos apocalípticos, pero... ejem, esa es otra historia) al leer esta novela; es deliciosa. Ahora bien, deliciosa como puede serlo las chuches o golosinas, precisamente: agradables, apetecibles, divertidas, pero quizás en exceso azucaradas y que, en caso de abuso, pueden llegar a empachar.

Esta novela, escrita por la escocesa Dorothy Emily Stevenson (por si alguien se lo pregunta: sí, era pariente del gran Robert Louis), se desarrolla, sin embargo en un ambiente típico -y tópico- inglés: un pequeño pueblecito de la campiña, como hemos conocido en tantas novelas de la misma época de entreguerras que ésta, de tono también humorístico-costumbrista, y escritas por E. F. BensonNancy Mitford, y por supuesto, Wodehouse o Evelyn Waugh. Ambiente inmortalizado también en muchas novelas de Agatha Christie, que tuvo la genial idea de utilizarlo como escenario de intrigantes crímenes y la aún más genial de poner a resolverlos a una apacible ancianita... En esta novela de Stevenson aparecen también los personajes habituales en estas novelas: el vicario, el médico rural, las solteronas, las criadas... y también un misterio se abate sobre el pueblo -llamado Silverstream, en este caso-; pero no es un asesinato, sino el libro que un tal John Smith ha escrito y que se titula, acertadamente, El pertubardor de la paz. Esta novela  ha sido escrita, en realidad , por uno de los habitantes de Silverstream, la muy discreta señorita Barbara Buncle (supongo que nadie considerará esta revelación como un spoiler, teniendo en cuenta el título...), y puesto que, como ella siempre asegura "carece de imaginación", se ha basado en sus propios vecinos para dar forma a los personajes del libro, revelando debilidades y secretillos que sus dueños hubieran preferido que no saliesen a la luz.

La aparición de El perturbador de la paz hace precisamente eso, pues: perturbar la paz del pueblo y saca a relucir lo mejor y lo peor de cada afectado. También, hay que decirlo, sirve de inspiración a alguno que otro... Esto, en realidad, es lo más interesante de la novela de Stevenson: se establece una especie de juego de espejos metaliterario  -o incluso de muñecas rusas- entre la realidad -es decir, la ficción que estamos leyendo nosotros- y la ficción -esto es, la que leen los personajes de la ficción que leemos nosotros-; vamos, que si esto se le llega a ocurrir a un escritor con más renombre literario y/o intelectual (una cosa no conlleva la otra, me temo), se hubiese considerado la caraba y aún se harían tesis doctorales sobre la obra (no me digáis que a Cervantes ya se le había ocurrido algo así, que ésa es otra liga...). La novela -las dos, en realidad, o incluso las tres... y no digo más- también puede promover una interesante reflexión sobre la naturaleza de la ficción literaria, las características de la hoy llamada "autoficción" y sus peligros, que en el libro son reales y nada metafísicos. La novela como es de suponer está escrito en un tono distendido y aun humorístico; de hecho, más de una vez da la impresión de que su autora -me refiero a D.E. Stevenson, no a Miss Buncle- podría haber afilado bastante más su ironía, pero parece que se contuvo  y no quiso hacer sangre con sus personajes. Para el disfrute del lector puede resultar una lástima, claro, pero, por otra parte, también es de agradecer a veces la empatía de los autores hacia sus criaturas. Otro detalle de estilo, al menos de algunos diálogos, es un tono más bien machista que hoy día nos puede chocar - no sé si a todo el mundo, me temo-, pero que supongo era el habitual en 1934... sin descartar que también se debiera a la sutil ironía de la autora.

En todo caso, una novela esta que sin duda hará disfrutar a quien se decida a leerla... a pesar del azúcar. Y si alguien es especialmente goloso, aviso de que existe dos novelas más protagonizados por la encantadora señorita Buncle. Siempre será mejor leerlas que jugar al Candy Crush, desde luego...


5 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo cierto es que me apasionó El libro de la señorita Buncle. Y no pude evitar leer los dos siguientes: El matrimonio de la señora Buncle y Las dos señoras Abbott. Yo los recomiendo. A pesar de todo lo que explicas con respecto a los tópicos de la novela inglesa. Es azucarado, sí, pero a veces necesitamos una cucharada extra de dulce en nuestras vidas.

Juan G. B. dijo...

Hola, anónimo:
No sólo estoy de acuerdo contigo sino que además yo estoy dispuesto a probar ese "dulce" una par de veces más...dentro de algún tiempo, claro. Lo cierto es que la novela me gustó bastante, aunque le hubiera venido bien un poco más de acidez que hiciera un contrapunto con el azúcar. Sin desdeñar, claro, ciertas cargas de profundidad que me parece que fue dejando la autora. Pero claro, eran otros tiempos...
Un saludo y muchas gracias por el comentario.

Mjosé dijo...

El primero fabuloso, el segundo decepcionante. Lo recomiendo sin parar, a todo el mundo le gusta( mayoritariamente público femenino) y ¿qué decir de la función de la metaliteratura en la novela?

Juan G. B. dijo...

Hola M. José:
Pues pensaba leer el segundo libro de esta serie, algún día, y me has dejado con la duda..en fin, ya veremos.
Sobre el elemento metaliterario de esta novela, no he querido concretar más para no chafarle el argumento a nadie, que luego me acusan de "destripalibros", pero sí, no sólo resulta sorprendente y divertido, sino que además está mejor resuelto que en algunas novelas de "postmodernetes".... en todo caso ignoro si el concepto "metaliteratura se había ya planteado en los años 30, aunque, por supuesto, ya existía en obras de tiempos anteriores (en el "Quijote", sin ir más lejos).
Un saludo y gracias por pasarte por aquí (y muy chulo tu blog, por cierto)

Anónimo dijo...

Me ha resultado una lectura muy amena y muy simpática. Es verdad que se habría echado de menos un puntito de mala uva, como la de Jane Austen, pero tampoco me ha parecido empalagoso. Me encanta la época que retrata.