miércoles, 3 de febrero de 2016

Alejandro Zambra: No leer. Crónicas y ensayos sobre literatura


Idioma original: español
Año de publicación: 2010
Valoración: Está bien


Ante el hecho literario muchos siguen dando prioridad al argumento cuando, en realidad, es irrelevante, un material o conjunto de materiales al alcance de cualquiera. Las virtudes de un texto radican en su elaboración, en la peculiar forma que adquiere una vez ha pasado por el tamiz del artista. Un autor a quien se encargó una biografía de Shakespeare concluyó que el dramaturgo había escrito la mejor biografía posible consistente en el conjunto de su obra. Este párrafo del artículo Cómo estar callado en alemán me parece una descripción de la literatura tan expresiva como exacta.

El volumen recoge cuarenta y siete artículos –la mayoría muy breves– agrupados en tres secciones, que fueron publicados con anterioridad en diversos medios chilenos y españoles. El gran acierto editorial: prescindir de la cronología al ordenarlos dando prioridad a la temática. El título, No leer, se ha tomado de la improbable crítica a un ensayo de Pierre Bayard, Cómo hablar de los libros que no se han leído, reseñado en este blog hace tiempo. Digo “improbable” pues Zambra confiesa que no puede opinar sobre él porque nunca ha llegado a leerlo. Se observa un afán por asombrar, incluso por escandalizar, a sus lectores, jactándose a menudo de que jamás leerá a tal autor o tal obra, sabiendo como sabe a priori si le va a gustar o no. A mí, la verdad, tanta arrogancia me supera, y lo digo porque yo sí he leído No leer.

Tampoco ayuda que gran parte de los autores mencionados en la primera parte me resulten muy lejanos. No han llegado aquí o no han llegado a mí en cualquier caso. Pero aunque los hubiera leído no podría cotejar nuestras respectivas opiniones por la sencilla razón de que el autor no ofrece las suyas, la mayor parte de las veces se pierde en divagaciones sin llegar a ninguna conclusión. Aunque de vez en cuando da de lleno en la diana, como cuando afirma: “muchos poetas olvidan que escribir un verso es bastante más complejo que sumar palabras a la lista de compras”. O cuando, en Un libro vacío, se refiere a esos escritores que no tienen nada que decir (aunque crean anticipar los gustos del público o se sientan representantes de una generación) pero se molestan por las críticas negativas o la ausencia de ventas.

Finalmente, he tenido que reconciliarme con Zambra. Porque, ya en la segunda mitad y hablando de Coetzee, observa que este se convierte en escritor cuando olvida su intento de cosmopolitismo y comprende que tiene que hablar de Sudáfrica. Porque asegura que a Onetti hace falta leerlo con calma y así convertirse en su cómplice. Porque, en su análisis de El oficio de vivir de Pavese, prescinde de la parte autobiográfica y se interesa por el examen que hace el autor de su obra. Porque a Natalia Ginzburg la considera un “testigo de su tiempo” y “una escritora deslumbrante”. Porque considera a Bolaño el producto resultante de un Borges y un Kafka. Porque capta a la perfección esa actitud de espera y de radical soledad con la que Dino Buzzati nos representa a todos. Porque se interna en las penumbras de Tanizaki aunque lamente que lo que llega hasta nosotros se haya vertido del inglés.


Del mismo autor: La vida privada de los árboles, Formas de volver a casa, Mis documentos

7 comentarios:

Carlos Andia dijo...

Hummmm, ese primer párrafo dice cosas muy fuertes, como que el argumento es irrelevante, la preponderancia de la forma..., un punto de vista muy radical sobre la literatura. Muy interesante, aunque igual no es éste el sitio adecuado para discutir sobre ello.

Enhorabuena por la reseña, y un saludo

Francisco Rueda dijo...

Buena reseña, "facsimil" también me pareció interesante, saludos.

Montuenga dijo...

Carlos, irrelevante en sí mismo, no como una pieza más de un todo. Es muy frecuente que los lectores se fijen solo en él. Pero, como sabes, hay obras maestras con argumentos teóricamente flojos (Ulises, El Quijote) y mediocridades con una base impresionante. En realidad es mi interpretación del párrafo que cita a un tal Soergel y que voy a copiar aquí porque me encanta:

"El azar o el destino dieron a Shakespeare las triviales cosas terribles que todo hombre conoce; él supo transmutarlas en fábulas, en personajes mucho más vívidos que el hombre gris que los soñó, en versos que no dejarán caer las generaciones, en música verbal. ¿A qué destejer esa red, a qué minar la torre, a qué reducir a las módicas proporciones de una biografía documental o de una novela realista el sonido y la furia de Macbeth?

Montuenga dijo...

Muchas gracias, Francisco.

Adán Avelino Claudio Camacho dijo...

Se muestra interesante esta recopilación de artículos pero no logro entender la meta de lo improbable para Alejandro Zambra o a qué se refiere que nunca ha logrado leerlo, es metafórico o irónico en su expresión?

Carlos Andia dijo...

Ahí ya estamos más de acuerdo, Montuenga: el argumento es parte de una totalidad, que es la obra desde todas sus perspectivas, y lo que importa es que esa totalidad funcione. De esta manera, si el argumento es el adecuado para transmitir lo que se quiere y en la forma deseada, no puede ser irrelevante ni flojo, aunque parezca simple. Ulises no sería lo que es con un argumento más complejo.

Jope, cómo me gustan estas charlas. Saludos.

Montuenga dijo...

Pues sí, Adán. En los artículos cortos, que ocupan la primera mitad del libro más o menos, hay toques cínicos, irónicos, sarcásticos... Y en varias ocasiones afirma literalmente que se niega a leer determinados libros porque ya sabe lo que contienen. (Ejemplo entre muchos: "Tal vez las novelas de Sandor Marai también veranean... No lo sé. No he leído a Sandor Marai. Y no voy a la playa en verano. Quizás no he leído a Sandor Marai porque no voy a la playa en verano,") Como puedes ver, puras boutades de Zambra.

Claro, Carlos. En este contexto no me pareció necesario explicarlo más, pero es así.