sábado, 20 de febrero de 2016

Anthony Burgess: La naranja mecánica

Idioma original: inglés... y nadsat
Título original: A Clockwork Orange
Año de publicación: 1962
Traducción: Aníbal Leal y Ana Quijada (el prólogo y el capítulo 21)
Valoración: Muy recomendable


Todos hemos visto la película (supongo); sus imágenes forman parte de la iconografía de la Historia del cine y también de la cultura pop del siglo XX. Los niños se disfrazan de drugos en Carnaval. Millones de aficionados al fútbol identifican con su título a cierta selección nacional (supongo también). Pero, ¿cuántos hemos leído la novela original de Burgess? No pretendo ir de estupendo: yo no lo había hecho hasta ahora, lo reconozco... Cierto es que el hecho de conocer ya su argumento, al haber visto la película y la aparente dificultad de su lectura provoca que mucha gente no se moleste en leerlo, creo... En el caso de la "dificultad" de su lectura, se debe a que la novela está escrita, casi en todo momento, utilizando la supuesta jerga nadsat, inventada por Burgess a partir del slang del Este de Londres y el ruso. He aquí una muestra (prometo que tomada al azar): "Pero cuando se hubo ucadido y yo estaba preparándome esa taza muy fuerte de chai, me reí para mis adentros pensando en la vesche que tanto preocupaba a P.R. Deltoid y a sus drugos. Pues bien, si me porto mal, con las crastadas, los tolchocos y los juegos con la britba y el viejo unodós unodós, y si me lovetan, tanto peor, oh hermanos míos, y a decir verdad no puede gobernarse un país si todos los chelovecos se comportan como lo hago yo de noche..." No está mal, ¿eh?; pero no hay que asustarse: cuando se llevan leídos dos o tres capítulos, ya no hay que consultar el glosario que está al final del libro... más de media docena de veces por párrafo. De todos modos, el curioso lenguaje con que está escrita la novela, plagado también de onomatopeyas -e influenciado, por lo visto, por la narrativa de Joyce- no impide para nada que su lectura sea extremadamente ágil, acorde con la narración anfetamínica que estamos leyendo.

No contaré mucho de la historia en sí, pues supongo que ya es de sobra conocida: el protagonista, Álex, es un adolescente líder de una pandilla de drugos que se dedican con denuedo a drogarse, robar y practicar  la ultraviolencia en una ciudad de una Gran Bretaña distópica, aunque bastante verosímil. Lo único positivo que se puede encontrar en el personaje (aunque no del todo, porque también contribuye a exacerbar su ansia destructiva) es su amor por la música clásica. No contaré más para no chafar la lectura a quien no conozca la novela ni la película, pero en, fin, sólo avisarle de que va a encontrar altas dosis de violencia y cinismo; y sobre todo, una crítica despiadada a todo lo que se mueve: la prepotente juventud y la rencorosa vejez, la mezquindad de las clases populares y la suficiencia de los intelectuales, la manipulación por parte del Gobierno y también de los políticos de la oposición... Lógicamente, es una novela sobre la violencia, sobre su naturaleza y sus consecuencias (que nadie piense, además, que Burgess escribía sobre el particular desde la barrera: su esposa sufrió durante la guerra mundial una agresión similar a las que se narran en la novela, a manos de unos desertores del ejército estadounidense). Pero es un libro que no da respuestas, me temo, aunque sí que nos hace plantearnos las preguntas.

Lo mismo ocurre sobre el tema que, en mi opinión, es el principal de este libro: el viejo asunto del libre albedrío, tan caro para los escritores británicos católicos, como era Burgess -y esta vez no lo digo yo: lo comenta él mismo en el prólogo-... la característica de esta novela es que lo del libre albedrío puede verse desde una perspectiva política, es decir, la libertad de actuación , aunque sea para cometer tropelías, del ciudadano frente a la tutela del Estado; pero también, lo podemos contemplar desde el punto de vista religioso: ¿hasta qué punto una supuesta divinidad, además omnipotente, nos deja libertad para errar a sus criaturas, creación suya, por otra parte...? Así se pregunta el personaje que, junto con el escritos que sufre la agresión en su casa, claro está, parece más un reflejo del autor de la novela, el capellán de la cárcel -o como diría el viejo Álex, el chaplino de la staja-: "...La  bondad viene de adentro, 6655321. La bondad es algo que uno elige. Cuando un hombre no puede elegir, deja de ser hombre..."

Por fin, está el asunto del capítulo 21 y último. Un capítulo que no fue incluido en la edición norteamericana -ni en la primera española, al parecer- y tampoco en la versión cinematográfica, basada en ésta. Un capítulo que, en cierto modo, cambia el significado final de la novela...o quizá no. Porque puede que nos ea sino una vuelta de tuerca más, más satírica de lo que parece. O una venganza del autor sobre su personaje, quién sabe... en todo caso, es cada lector quien debe decidir, como reconoce el propio Burgess si este capítulo mejora el libro o no. En fin, hermanos míos, que todo veco y toda debóchca que no haya leído el libraco lo haga scorro, a videar qué le parece la vesche. Estoy seguro de que el rascaso le resultará joroschó. Pero que muy joroschó...





3 comentarios:

Carlos dijo...

Amo la película, como millones seguramente, y es una deuda pendiente el libro, una deuda que siempre que está muy fresca, casi como una culpa jaja. Lo que siempre me ha detenido ha sido el comentario que una vez me hiciera un amigo, que lo ha leído tanto en castellano como en ingles, y me ha quedado resonando por siempre: cuando se lo leyó en ingles se dio cuenta que muchas cosas, muchas bromas, que quedan afuera.
Ahora, viendo la dificultad que tiene de por si en castellano, ya no se qué hacer al apenas imaginar lo que será en ingles! Creo que me has ayudado a decidirme por mi lengua materna con esa muestra que has hecho jaja!

Oriol dijo...

Tenía muchas ganas de que lo reseñarais. ¡Gracias!
Me encantó este libro cuando lo leí, hará cosa de un año. Como dices, una vez llevas ya varios capítulos te enteras fácilmente de la jerga de los drugos sin tener que consultarla.

Juan G. B. dijo...

Hola a los dos, Carlos y Oriol:
Carlos: te animo claramente a que leas la novela; de hecho, desde que la leí yo me ha ido quedando un regusto cada vez mejor sobre ella. Si la puedes leer en inglés, adelante, seguro que hay muchas expresiones y juegos de palabras (más aún cuanto que Burgess era admirador de la literatura de Joyce) que se pierden en la traducción, pero te aviso que entre eso y el "nadsat"... bueno, yo no me atrevo a intentarlo, desde luego.
Oriol: gracias a ti por leer la reseña. La verdad es que yo tenía ganas de leer la novela desde hacía tiempo y desde que me decidí, por fin, me arrepiento de no haberlo hecho antes. Supongo que es lo que suele ocurrir con estos libros cuyas adaptaciones al cine se hacen más famosas que el libro en sí... pero bueno, tampoco tengo excusa.
Un saludo a los dos, amigos.