lunes, 8 de febrero de 2016

Adolf Hitler: Mi lucha

Idioma original: alemán
Título original: Mein Kampf
Año de publicación: 1.925
Valoración: Intragable 

El pasado mes de enero se publicó en Alemania, por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, una polémica reedición de Mi lucha, el libro escrito por Adolf Hitler como compendio del pensamiento político del nacional-socialismo. Se trata de una edición crítica, con anotaciones de historiadores y expertos, teóricamente dirigida a desmontar el mito nazi. La reseña actual se refiere no obstante a la edición original, tal cual, y dadas las peculiaridades del autor y el propio texto, intentaré ser lo más aséptico posible.

Dice Hitler en el prefacio que sus seguidores le impulsaron a poner por escrito sus ideas, aunque él considera que es la oratoria y no los textos escritos lo que mueve a las masas a la acción. Es una opinión que reitera en varias ocasiones, y que suena a justificación a priori de sus evidentes limitaciones para componer un texto, frente a las amplias dotes para la comunicación oral que siempre le fueron reconocidas.

Pese a lo que pueda parecer, el libro tiene cierto perfil autobiográfico, en especial en su primera parte, y que reaparece puntualmente en la segunda. El autor va explicando cómo desde su juventud comenzaron a tomar cuerpo las ideas que irá exponiendo, y muy pronto nos encontramos con lo que más o menos todo el mundo espera. Este punto de vista tan subjetivo permite detectar grandes dosis de rencor, que se desprenden en cada etapa que se va describiendo (los años juveniles en Viena, el tiempo en el frente de la Primera Guerra Mundial), y es sin duda el rencor la materia prima sobre la que se asienta el entramado teórico posterior. Es desde luego la voz de la Alemania vencida, humillada y arruinada pero, aún más allá, el tono desabrido y una ironía pobre y amarga ponen de manifiesto el resentimiento de un hombre mediocre que con seguridad carga con unas cuantas frustraciones.  

Como decía antes, enseguida se presentan las tres o cuatro ideas sobre las que se sustenta todo el libro: la supremacía de la raza aria-germánica (una especie de interpretación paleta de Nietzsche) y la consecuente necesidad de la expansión territorial de Alemania; el odio fanático -término que se repite una y otra vez- a la democracia, al marxismo y a los judíos, un triángulo contemplado como una única realidad; la exaltación de la fuerza y la intolerancia como armas políticas... En fin, todo ese universo ideológico del que cualquiera tiene una imagen interiorizada. 

El texto está lejos de la literatura política clásica, no hay una elaboración teórica real, ni las ideas se presentan de forma estructurada, ordenada o coherente. Es un continuo de ocurrencias y opiniones, que en la primera parte versan sobre todo en torno a acontecimientos políticos de la época, y pasan después a intentar conformar el ideario del partido nazi, momento en que el texto se introduce por completo en el terreno de la sandez. Pongamos como muestra este párrafo, referido a la ‘raza aria’:

‘… Resulta ultrajante representar a los pueblos germánicos de la era anterior a Jesucristo como bárbaros desprovistos de cultura. Jamás fueron semejante cosa. El áspero clima de su nórdico país los obligaba a vivir en condiciones que impedían el desarrollo de sus cualidades creadoras’. Criaturas. Valían un montón, pero es que pasaban mucho frío.

Y así, la colección de disparates, trivialidades e invenciones sonrojantes continúa al hablar de la educación, el Estado, la política de alianzas o el cultivo de la gimnasia. Todo ello, eso sí, teñido del mesianismo de un individuo que se creyó llamado a una empresa descomunal que él mismo se inventó.

Quizá lo que más sobrecoge al leer Mi lucha es cómo las ideas y propuestas de acción fueron haciéndose realidad, una tras otra, por absurdas que fuesen, de la mano del militarismo exacerbado y el fanatismo irracional que capturó a toda una nación. El resultado del delirio: una guerra que provocó más de 50 millones de muertos, el exterminio físico de al menos otros 6 millones de judíos y comunistas, y buena parte del planeta devastado.

Y una aclaración sobre la valoración. Como tengo por costumbre ajustarme de forma estricta al baremo propio de ULAD, he dudado mucho con qué calificación quedarme. Había pensado poner un ‘Se deja leer’ como rareza histórica, algo propio de una época pasada que no está de más conocer en su fuente original. Pero, sinceramente, viendo cómo ciertas corrientes -fanatismo religioso, xenofobia, violencia e intolerancia- se extienden por el mundo a estas alturas del siglo XXI, no cabe considerar inocuo semejante texto. Sería por tanto ‘repugnante’ por su contenido; pero como encima está mal escrito, y dice cosas tan alejadas de un mínimo de inteligencia, le dejamos como ‘intragable’. Vamos, que no merece la pena ni por curiosidad.

15 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo hubiera puesto en la valoración "Imprescindible para fans".

anarilijilla dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
anarilijilla dijo...

Es curioso que con tu reseña me confirmes lo que siempre he pensado de Mi lucha (aunque yo nunca lo he leído). Creo que es un libro que es más un mito, por lo que todos conocemos, que un libro que pueda aportar algo en ideas. Además de que no creo que valga la pena leer ni por su escritura.
Mientras que leía tu blog, pensaba en qué si un día leería este libro seria por pura curiosidad. Cuando llegué al final me di cuenta que más vale ocupar mi tiempo en algo mejor.
Saludos

Carlos Andia dijo...

Tienes razón, Anónimo, lo que prefiero no pensar es si hay o no muchos fans. Dejemoslo ahí.

Y coincido también con anarilijilla (jo, qué difícil), hay muchísimas cosas más interesantes que leer, vamos que no nos daría una vida para todo, antes de meternos con esto. Las pocas ideas que contiene ya las conocemos más o menos, y no merece la pena ni siquiera por conocerlas mejor.

Saludos a los dos.

Manuel dijo...

Me acabo de hacer fan de anónimo y su "imprescindible para fans", es una valoración muy divertida.

Yo sí quiero leerlo aunque sea para decir lo mismo que la reseña. Me parece que es un libro sobre el que existía un mito que sería necesario deshacer; también me parece importante recordarlo para que no se repita en épocas donde no todo va(ya) bien y las exaltaciones nacionalistas son(sean) frecuentes (¿futuro hipotético, preesente sarcástico?)

Y como fanático de la libertad de expresión, yo sí creo necesario que se publique y que no se censure.

Anónimo dijo...

Estoy seguro de que se puede hacer una reseña que no esté basada casi exclusivamente en el ad hominem, que es algo que delata cierta mediocridad. Un tono más distante y frío hubiera sido, en mi opinión, mucho más apropiado, de lo contrario y dada la abundancia de calificativos crean la sensación de que esto es simplemente una recopilación de ideas preconcebidas. Que no digo que el libro sea bueno o contenga algo aprovechable, no lo sé porque no lo he leído y confieso que no tengo intención ni ganas de hacerlo.

En definitiva ¿Qué sentido tiene publicar una reseña de un libro que necesariamente, forzosamente, tiene que ser negativa? Yo ya sé que los nazis son los malos de la película fundacional de las democracias liberales occidentales actuales que es la II Guerra Mundial ¿Qué está aportando de nuevo esto? ¿Está ofreciendo una perspectiva nueva, interesante o relativamente desconocida para el profano?

Anónimo dijo...

Para ti esta reseña no ofrece nada nuevo, pero tú no eres la medida de todas las cosas. Nadie lo es. Por este espacio pasan muchas subjetividades distintas (por edad. formación, inclinaciones etc.) y nunca está de más divulgar y poner sobre la mesa todo tipo de cuestiones.
Es más, lo considero una elección muy acertada ante tanto fundamentalismo latente.

Carlos Andia dijo...

Hola Manuel. Yo tampoco estoy a favor de que se censure (de hecho, ha estado publicado todo este tiempo en la mayoría de países), ni me parece mal que se lea (faltaría más), solamente digo que es malo y no le veo mayor interés.

Al último Anónimo solo le puedo decir que la intención expresa era escribir la reseña específicamente sobre el libro y no sobre el autor, que es de sobra conocido. No sé si lo he conseguido, pero creo que la mayoría de las valoraciones se derivan del propio texto y no de ideas preconcebidas. Sólo me he permitido ese balance final, que me parecía obligado. Por lo demás, el libro en sí podría ser una construcción inteligente, profunda, bien documentada, y no lo es. En cualquier caso, si lo leyeses (que insisto, no lo recomiendo) quizá podrías apreciar mejor si la reseña es predominantemente objetiva o no.

Gracias a los dos por los comentarios.

Oriol dijo...

Gran reseña. Carlos, no publicas muy a menudo, ¿no? Lo cierto es que no te tengo muy controlado, así que buscaré más cosas de ti en este blog.

Yo pienso igual sobre este libro. De hecho, empecé a leerlo, pero aborté la misión al ver que seguir era lo más parecido a autoflagelarse que yo pudiera sentir.

Carlos Andia dijo...

Gracias al último Anónimo y Oriol por sus amables comentarios (aunque Oriol ha dejado al descubierto mi escasa productividad, ejem)

kim jong nam dijo...

Antes de nada, enhorabuena por el valor de ponerte a leer semejante engendro.
Y por no caer en los tópicos a la hora de hacer la reseña.
Pero, por favor!!! No me lo pongas con escritores austríacos junto a Zweig, Joseph Roth, Musil, etc!!!

Abrazo!

Carlos Andia dijo...

Hombre, Kim, el tipo era austriaco, aunque odiase haber nacido en el imperio austro-húngaro.

Gracias por el comentario.

kim jong nam dijo...

No, si ya... Pero joder, abres la etiqueta y da una cosa verlo así...

Eduardo Piero dijo...

Hola,

Efectivamente concuerdo contigo en su valoración. No vale la pena ni por curiosidad.

Carlos Andia dijo...

Me alegro de coincidir con tu opinión, Eduardo. Un saludo.