jueves, 11 de febrero de 2016

Colaboración: Por el camino de Swann de Marcel Proust (En busca del tiempo perdido I)

Idioma original: Francés
Título original: Du côté de Chez Swann 
Año publicación: 1913
Valoración: Imprescindible, aunque no apta para todos los públicos

Harto ya de ver en multitud de contraportadas expresiones tales como “El Proust de nuestro tiempo”, “El nuevo Proust”, “El Proust escandinavo”, etc., y después pensar… “Si este es el nuevo Proust, igual es que el antiguo no era para tanto”, uno se ve en la obligación de tirar de fondo de armario y de volver a leer algo del “verdadero Proust”. ¡Y qué mejor que la primera parte de su archifamosa, monumental y, en cierto modo, autobiográfica En busca del tiempo perdido!

Se trata de “Por el camino de Swann”, editada por vez primera en 1913. La obra, a su vez, se divide en tres partes. La primera, “Combray”, que correspondería a la infancia de Proust, consiste en una continua evocación de escenas de la vida familiar por parte de un narrador marcado fundamentalmente por dos hechos: una exacerbada sensibilidad y un incesante anhelo de amor materno. En una de las últimas escenas, el narrador descubre a Gilberte, hija del matrimonio formado por Charles Swann y Odette de Crecy (protagonistas de la segunda parte) y que volverá a aparecer en la tercera parte.

Esta primera parte recuerda mucho a ciertos cuadros impresionistas, por la obsesión de Proust por plasmar en sus líneas el instante y por el papel primordial que juegan en la misma los sentidos, que ponen en marcha los resortes de la memoria. Y para muestra la célebre escena de la magdalena. Sí, esa en la que el sabor de una magdalena le trae a Proust el recuerdo de las magdalenas que su tía-abuela Leonie le daba los domingos por la mañana en Combray y desencadena todo un torrente de recuerdos del propio Combray y sus gentes.

La segunda parte, “Un amor de Swann”, que puede leerse como un relato independiente, está situada en el tiempo años antes de “Combray”. En ella se narra el nacimiento y evolución del amor (o sucedáneo del amor) de Charles Swann por Odette de Crecy, mujer de “dudosa reputación”. Inicialmente, Swann siente un instintivo rechazo por Odette, pero la identificación de ésta con una determinada obra de arte le llevará a Swann a enamorarse de Odette, aunque este amor derivará posteriormente en una espiral de celos, egoísmo y un cierto masoquismo. Aunque en la primera parte ya aparece el matrimonio entre Charles Swann y Odette de Crecy, no podemos decir que sea un spoiler como tal.

Destaca en esta segunda parte, además del detallado análisis que hace Proust de la psicología del amor, el tratamiento que da a las relaciones sociales en la mediana y alta burguesía y en la aristocracia, relaciones cargadas de cinismo, hipocresía y apariencia. Esta segunda parte quizá sea la más ligera o de más fácil lectura de las tres, pero siempre teniendo en cuenta que Proust no es lo que se dice un autor fácil.

Por último, “Nombres de tierras: El nombre” cierra el libro con una breve evocación por parte del narrador de sus primeros acercamientos o intentos de acercamiento a Gilberte, hija de Swann y Odette, con los Campos Elíseos como telón de fondo. Si en la primera parte el narrador evocaba sus recuerdos de infancia, en esta tercera parte la deja atrás y entra en la adolescencia.

En resumen, nos encontramos ante una obra fundamental en la literatura francesa (y universal) del siglo XX, escrita por uno de los autores con un estilo más personal. Este estilo es lo que convierte a la obra en “Imprescindible, aunque no apta para todos los públicos”. Y me explico. No apta para todos los públicos por dos motivos fundamentales:

1. No hay acción. O, más bien, no hay acción como la entendemos actualmente. Lo que hay son una serie de recuerdos que fluyen y que dan lugar a descripciones detalladísimas de situaciones, lugares, comportamientos, etc. Por tanto, absténganse aquellos lectores que busquen una novela de planteamiento, nudo y desenlace. No la hay. No es el objetivo.

2. La sintaxis. Frases largas, larguísimas, con subordinadas y subordinadas y subordinadas, metáforas, digresiones, incisos, etc., que pueden hacer a un lector no demasiado atento perder el hilo de la narración. Ergo, abstenerse aquellos lectores que busquen algo “para pasar el tiempo”, sin complicaciones y que no estén dispuestos a olvidarse del mundo mientras leen.

Ahora bien, podemos dar la vuelta a estos dos motivos y hacer que la lectura de esta obra sea toda una experiencia. Si somos capaces de leerla con paciencia, volviendo atrás en ciertos momentos, sumergiéndonos en las maravillosas descripciones y saboreando los múltiples instantes que nos ofrece Proust, descubriremos las razones por las cuales nos hallamos ante un clásico universal.

P.D.: He de reconocer que la primera vez que leí Por el camino de Swann, hará ya unos diez años, no fui capaz de disfrutarla como lo he hecho ahora, que me veo con ganas hasta de seguir con los seis volúmenes restantes. Así que calma, mucha calma. ¡Y a disfrutar del universo proustiano que, por cierto, es único!

15 comentarios:

Carlos Andia dijo...

Seguramente, es de esos autores que requieren una segunda lectura, sin prisas y degustando 'la magdalena'. Bueno y, como tú dices, que se les deje tranquilos, que tampoco hay tantas obras -ni muchísimo menos- que de verdad evoquen algo al pobre Marcel.

Chapeau por la reseña.

Sergio Sánchez dijo...

He leído los siete volúmenes dejando tres meses de separación entre una y otra parte. En dos años aproximadamente constituye una experiencia ideal. Ha sido glorioso, lo que no quiere decir que no encuentre uno partes verdaderamente soporíferas para las que nunca vaya a estar preparado. Pero otras compensan. Y eso no es algo propio de reolucionarios como Proust o Joyce, Dickens o Tolstoi también tienen partes soporíferas.

zUmO dE pOeSíA (emilia, aitor y cía.) dijo...

Cuando os digan "El nuevo Proust" y otras zarandajas, desconfiad. Marcel sólo hay uno, rechace imitaciones y sucedáneos.

Dos veces he leído los siete volúmenes del Tiempo Perdido, primero en francés y después en español. Y espero hacerlo otra vez antes de irme definitivamente de este mundo, no sé si en español o en francés, pero en todo caso dejando suficiente distancia temporal para que la lectura "de nuevo" se parezca a una lectura "de nuevas". De hecho, esta expectativa (de leer otra vez "La Recherche") es un buen motivo para seguir en la brecha, para no morirse.

kim jong nam dijo...

En algún lado he leído que "En busca del tiempo perdido" es uno de los 8000 de la literatura. Y me parece una definición muy acertada. Yo solamente he hecho la aclimatación previa con "Por el camino de Swann" y esta mañana he empezado a ir al campamento base con "A la sombra de las muchachas en flor".
En fin. El esfuerzo (lector) es grande, pero la recompensa es mayor.

Anónimo dijo...

He leido cientos, no miles, de libros, pero envidio a los que os tragais a los clasicos.Del Quijote no he pasado de la mitad, ahora, como soy mayor, me he comprado umo de letra grande.Los clasicos rusos, que si son muy buenos, los lei en las horas muertas de la mili, con el gesto mohino del mando superior.Ahora, vuelvo a decirlo, envidio a los que leeis a Joyce,Proust,Unamuno,etc.Y no os quedais dormidos.Saludos a ULAD por la gran labor que haceis.No tiene precio.

Artista Johnson dijo...

http://telocuentosinrazon.blogspot.com.es/2016/02/santiago-posteguillo-finaliza-trilogia.html

Artista Johnson dijo...

http://telocuentosinrazon.blogspot.com.es/2016/02/santiago-posteguillo-finaliza-trilogia.html

Gonzalo dijo...

Tengo la clásica edición de Alianza Editorial. Algunos párrafos están francamente mal traducidos. ¿qué traducción es la mejor ? RBA o Valdemar ? Gracias

Anónimo dijo...

Yo solo conozco la de Pedro Salinas y me parece una muy buena traducción

Anónimo dijo...

Buena cuestión Gonzalo, y qué difícil debe ser el criterio de traducción de un clásico. Hace poco pude comparar en una librería las versiones de Alianza y la de RBA de este libro. La de Alianza se me hizo muy incómoda de leer, esos modismos y ese criterio de mantener un lenguaje traducido al español de la época del original me parecen correctos, pero a mí me resulta farragoso e incluso alejado de mi y, ojo, que me considero una persona medianamente formada y no me apetece leer expresiones callejeras en un libro. La de RBA me pareció mucho más fácil de leer y, por lo tanto, me decantaría por esta última. Alguien ha leído la de Valdemar?

P.S. Es mi simple opinión y pongo un ejemplo tonto pero, una expresión como "acomodeme en la alcoba" se puede traducir perfectamente por "me puse cómodo en el dormitorio" sin perder el significado, no?. Algún traductor que nos de su opinión?

Un saludo.

Anónimo dijo...

Me acomode en la alcoba... Suena mejor, creo. Un saludo.

Anónimo dijo...

Pedro Salinas solo tradujo dos volúmenes de los siete.

Anónimo dijo...

Pues yo soy traductor, y lo que planteas no es fácil. Algunos prefieren acercar la lengua origen a la lengua meta, incidiendo por ejemplo en la literalidad, que puede sonar más exótico, pero más enriquecedor, otros prefieren acercar la obra original a nuestro lenguaje propio, alejándose más de la literalidad, suena más común al lector, pero se puede perder la riqueza del original.... bueno, es algo complejo, qué pensáis?

Anónimo dijo...

Simplemente, la mayor obra de arte de la historia de la literatura (junto con "La historia de Genji").

kim jong nam dijo...

Yo, personalmente, leí la traducción de Pedro Salinas y, sin haber leído el original en francés, me parece que se puede aproximar bastante al mismo.
Tratar de traducir una obra de 1910 (o de 1770) acercándola al lenguaje de 2016 creo que hace que pierda cierta..."sustancia". Creo yo.

Gracias a todos por los comentarios!!