miércoles, 25 de mayo de 2016

Marcel Proust: Sodoma y Gomorra (En busca del tiempo perdido IV)


Título original: Sodome et Gomorrhe
Traducción: Consuelo Berges
Idioma original: Francés
Año de publicación: 1922
Valoración: Muy recomendable

Cada día que pasa y cada página que leo tengo más claro que por tamaño, belleza y dificultad, En busca del tiempo perdido es uno de los catorce ochomiles de la literatura. 

Y nosotros ya hemos llegado al campo IV: Sodoma y Gomorra. La aclimatación ha sido dura (no es fácil acostumbrarse al estilo de Proust, a ese no pasar nada pero que todo parezca una verdadera odisea, a esa sensibilidad, a ese amor por el detalle, a esos párrafos interminables), pero ya le hemos cogido “el punto”. Y, al contrario que en las ascensiones a monstruos como el Annapurna o el K2, cuanta más altura ganamos, menor es el esfuerzo. Sigue siendo duro, pero no notamos mal de altura ni nada parecido (solo falta de oxígeno en algún párrafo que otro). Además, la cumbre se deja entrever y todo parece más fácil.

No me voy a extender en consideraciones sobre el estilo de Marcel (sí, yo ya le llamo "mi Marcel", que después de estos meses ya tenemos confianza). Es el mismo que en los tres primeros tomos. Si has llegado hasta aquí, no encontrarás motivos para abandonar. Y si lo dejaste en el primer tomo, olvídate de intentar engancharte ahora.

Lo que sí que varía ligeramente son los temas, donde prima la sexualidad sobre otros temas ya tratados con anterioridad como las relaciones mundanas, la amistad o el arte. Sodoma y Gomorra es, hasta ahora, la más sexual de las obras de En busca del tiempo perdido. En ella Proust nos habla de la sexualidad, en general, de todo lo que la rodea (amor, deseo, celos…), y de la homosexualidad, en particular.

Ojo, por ejemplo, al comienzo de libro: en él, el protagonista es testigo, ¡mientras espera para observar como un insecto poliniza una orquídea (chupaos esa, Sigmund Freud y sus acólitos)!, del encuentro entre el barón de Charlus y Jupien, chalequero de los Guermantes. Este comienzo es una de las partes más destacables del libro, con sus reflexiones y teorías sobre el deseo y la sexualidad. Eso sí, no debemos perder de vista el contexto sociocultural en el que se escribió.

Por otra parte, al contrario que en El mundo de Guermantes, que transcurría íntegramente en París, Sodoma y Gomorra se desarrolla inicialmente en París y la "acción" se traslada después a Balbec.

Balbec, esa ciudad balneario cargada de imágenes, paisajes, luz, impresiones, que ya se nos presentó en A la sombra de las muchachas en flor y que vuelve a ser lugar de retiro para nuestro protagonista. Nada más llegar allí asistimos a otras de las páginas más bellas del libro: esas en las que recuerda su primera noche en Balbec, llena de miedos, y el consuelo que le ofreció en aquel momento su abuela, fallecida justo un año antes. La tristeza le invade con el recuerdo de su abuela. Ahora es verdaderamente consciente de su muerte. Se aísla del mundo, se niega a recibir a nadie, ni a las “élites locales” ni a Albertina, personaje fundamental en la segunda parte del libro. Pero como no hay mal que cien años dure, le veremos de nuevo asistir a reuniones sociales y a frecuentar a Albertina.

Vuelve a las reuniones sociales en Balbec (y alrededores), en las que se encontrará con personajes que son presentados, mayoritariamente, como falsos, ridículos, con conversaciones banales (atención a las páginas y páginas sobre la etimología de los nombres de pueblos y lugares). Hallaremos nobles provincianos que no le llegan a la suela de los zapatos a sus adorados Guermantes, parisinos de paso por Balbec, artistas e intelectuales de medio pelo y, sobre todo, a nuestro viejo conocido Palamedes, barón de Charlus, al que ya no se podrá ver con los mismos ojos después de los hechos que hemos presenciado en París.
Para completar el tratado sobre la sexualidad y los celos que es Sodoma y Gomorra, asistimos a las relaciones, también en cierto modo obsesivas, del barón de Charlus con el joven soldado y músico Morel, que es presentado también como un personaje ruin, mezquino, interesado. Estas relaciones son criticadas por la espalda, pero aceptadas por parte de su círculo social.

Y vuelve a Albertina, personaje maltratado a lo largo del libro, con la que mantenía unas relaciones puramente carnales en París y que continúan en Balbec. La relación pasará por diferentes estados: desde el amor carnal al deseo de casarse con ella, pasando por las dudas y los celos más enfermizos, provocados por unos comentarios acerca de la orientación sexual de Albertina hechos por algunos de personajes asiduos a las reuniones mundanas.

El libro se cierra con un comentario del protagonista a su madre diciendo que vuelve a París y que se casará con Albertina (me da la impresión que eso no va a acabar bien). Así que el muy pájaro de Marcel nos deja con la miel en los labios, deseando empezar el quinto libro.

Pero antes de pasar página, un último comentario sobre Sodoma y Gomorra que, no solo supone una continuación en el tiempo de El mundo de Guermantes, sino que tiene sus mismas virtudes y pequeños defectos. Defectos que, en mi opinión, se reducen a esas interminables reuniones mundanas que, si bien sirven para describir a los personajes, se hacen un tanto pesadas. De ahí el “muy recomendable”.


-----------------------------------------CONTINUARÁ------------------------------------

11 comentarios:

Carlos Andia dijo...

Me ha gustado mucho la analogía de los 'ochomiles de la literatura'. Habría que ver cuáles son los otros trece.

Y, por otra parte, reconocerte la hercúlea tarea que te has autoimpuesto con los volúmenes completos de Proust. Porque ¿los vas a reseñar toditos, no? Enhorabuena, en serio.

Koldo CF dijo...

Hola Carlos:

Esa es la idea. El quinto ya está en casa, pero tengo una lista de "pendientes" que crece día a día. Pero sí, la idea es antes de vacaciones completar los 7.
Ya sabes que hay que hacer tres cosas en la vida: plantar un árbol, tener un hijo y reseñar "En busca del tiempo perdido". ¿O no era así?

Abrazo!

zumo de poesia dijo...

Aunque naturalmente los siete volúmenes de la Recherche pueden leerse y reseñarse por separado (como por ejemplo las dos partes del Quijote), no creo deba perderse de vista que es una única obra. La concepción de Proust era ésa, y los siete volúmenes fueron publicándose conforme los escribió (el último -El Tiempo Recobrado- póstumamente, pues lo escribió en lucha con su propia caducidad). Sin esta visión global, la obra pierde gran parte de su sentido.

Sergio Sánchez dijo...

Le pongo las mismas pegas que tú, y además es el volumen que quizás menos me guste, aún así yo habría puesto "imprescindible" (en opinión puramente personal), precisamente porque es una gran y única obra y en ellas, aunque de la 744 a las 815 se nos hagan pesadas, su grandeza sólo reluce apreciándolas globalmente. Prepárate para el subidón de los campos V y VI.

Koldo CF dijo...

Hola Zumo de poesía y Sergio!

Está claro que la obra en un "todo", pero yo necesito un descanso entre tomo y tomo. Intercalar con otras lecturas. Leerse la 4000 y pico páginas "del tirón" está al alcance de muy pocos elegidos (creo). Aunque sí tengo en mente algo así como "la madre de todas las reseñas" para toda la Recherche en su conjunto.

En cuanto al muy recomendable o imprescindible, es cierto que las reuniones sociales y demás se me hacen un poco "cuesta arriba" y quizá por eso me han gustado menos los tomos III y IV que el I y el II. Quizá hubiese sido más correcto un "Imprescindible, pero menos que los anteriores" o algo así.

Gracias a los 2!

Rosa Berros Canuria dijo...

Totalmente de acuerdo. Este volumen es puro sexo, más que amor. Deseo, celos, ansias de apropiarse del otro y mucha reflexión acerca de un homosexualidad que en la época estaba, cunado menos, oculta. La cosa con Albertine acaba... tendrás que leer "La prisionera".
Un abrazo.

Anónimo dijo...

Qué envidia tener el valor de afrontar esta escalada. Yo me quedé en el primer ocho mil, hace ya mucho, y no he logrado subir el segundo... Espero algún día poder unirme a la cordada!!!

Anónimo dijo...

De acuerdo con Carlos Andia, tarea pendiente buscar los otros ochomiles: propongo: El Quijote, La montaña Mágica,...

Juan G. B. dijo...

Está muy bien la analogía con los "ochomiles"... ¡sobre todo si pensamos en Carlos Soria! ; )

Anónimo dijo...

Cambiando un poco de tema... Que edición pensáis que es la mejor? Hace tiempo me recomendaron la edición de Lumen (imposible de conseguir ahora).

Koldo CF dijo...

Yo estoy leyendo toda la "saga" en Alianza, por si sirve de algo. Aunque no se si habrá mejores traducciones o no