jueves, 11 de septiembre de 2014

Alejandro Zambra: Formas de volver a casa

Idioma original: español
Año de publicación: 2011
Valoración: muy recomendable

Inevitable mencionar a Roberto Bolaño al afrontar la lectura de un autor chileno. Aún más ante la obvia existencia de lugares comunes: porque aunque les separen décadas y sus argumentos no tengan nada que ver, siempre recuerdo la extraordinaria Estrella distante cuando leo historias que guardan relación con el oscuro período que se inicia en Chile a raíz del asalto al Palacio de la Moneda, hoy, justamente, hace 41 años.
Las dictaduras en los países latinoamericanos han dado mucho juego literario. Triste, pero muchas grandes obras surgen de panoramas tan sórdidos, y, por lo que veo, el tema resultará recurrente. Lo cual me parece magnífico. Por mucho sentido de la moderacíón que se quiera imponer, todos los procesos de transición, no solo los de Argentina o Chile, se han basado sobre todo en que una gran cantidad de criminales de la peor calaña se salgan de rositas, mueran en cómodos lechos, y no respondan por sus fechorías. Cuando no se eternicen en el poder, lo traspasen a sus nominados, y aseguren su futuro en medio de riqueza y privilegios.
Este es uno de los planteamientos de Zambra para Formas de volver a casa: frente a las dictaduras no valen las posiciones intermedias, las consabidas cantinelas sobre países que necesitan orden, males menores, mano dura y bla bla bla. En el Chile de los 80, cuando más que atenuarse los efectos del golpe lo que pasaba era simplemente es que apenas quedaban disidentes que no estuvieran exiliados o aniquilados, o se estaba en contra o se estaba a favor. 
Y la historia de nuestro protagonista, niño de 9 años, y su amiga Claudia, es justo una representación de ese antagonismo: los perseguidos que sufren frente a los neutrales que, aceptando la situación de los perseguidos como anómala, no se atreven a ayudar a sus semejantes. O llegan hasta la posición cercana al poder de comprender la persecución, de criminalizar el débil. La amistad de dos niños esconde misterios sobre las personas que los rodean. Una historia fascinante por lo posible y por lo real, aderezada con la dosis exacta metaliteraria. El autor que se refleja y se incluye en la historia, que duda y que especula sobre el mejor modo de contarla. Con cada detalle que sugiere y retrata y con cada palabra en su justo lugar. Comparar a Zambra con Bolaño sería un crimen, y hablar de relevo generacional, una pretensión colada con calzador. Simplemente hay que dejar las cosas en su sitio. Alejandro Zambra es un magnífico escritor, esta es una historia perfecta, y los escritores que son capaces de alcanzar tanto con tan poco empiezan a ser bastante escasos. Cada uno que elija.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Hay quien quiere ver a Bolaño hasta en la sopa de cualquier plato latinoamericano...pero de verdad que con Zambra no tiene absolutamente nada que ver. No sé, que Patricio Pron se le parece, vale...¿pero Zambra? bueno, comparten país de origen, poco más. Respecto a formas de volver a casa, aunque me gustó bastante, encuentro que su estilo de escritura está un poco diluido, ya no es esa prosa tan poética y fantástica de sus dos anteriores novelas, esas dos pequeñas maravillas llamadas Bonsái y La vida privada de los árboles.

Anónimo dijo...

Coincido con el comentario anterior: un libro inferior a Bonsái y La vida privada de los árboles.

Un saludo.

Francesc Bon dijo...

Bueno, lo de comparar a los escritores chilenos con Bolaño reconozco que es una manía personal seguramente muy injusta. En todo caso, me apunto las recomendaciones de los libros de Zambra, pues su estilo me ha gustado mucho. De hecho, anda por ahí programada otra reseña suya, para una semana de estas...

Sebastian Diecz dijo...

Creo que ésta es su mejor novela, y, por el contrario a lo que sostiene el primer comentarista, me parece más poética que los dos ejercicios anteriores (estrictamente nouvelles) donde el despojo es tal que no da cabida a devaneos "poéticos".

Carlos Alejandro Zambrano Pérez dijo...


Sin duda el mejor libro de Zambra, y eso que Bonsai y La vida privada no son poca cosa. El manejo en el lenguaje se mantiene, aunque ahora suma a lo metaliterario lo político y lo familiar. En cuanto a la comparación con Bolaño, la diferencia es clarísima: mientras que la prosa de Bolaño es brillante por como corre, suma, avanza; la de zambra fluye lenta, casi da gusto demorarse en cada página. Enorme talento y sensibilidad los de ambos.

Carlos. Z