miércoles, 17 de septiembre de 2014

Santiago Roncagliolo: La pena máxima

Idioma original: español
Año de publicación: 2014
Valoración: Está bien

Tengo la impresión de que existe cierto consenso entre la crítica en afirmar que Abril rojo, que ganó el premio Alfaguara en 2006, es lo mejor de la producción de Santiago Roncagliolo hasta la fecha. En esta novela se introducía el personaje de Félix Chacaltana, un funcionario público caracterizado por un extremo sentido del deber, una casi completa falta de habilidades sociales y una enfermiza relación de codependencia con su madre. La pena máxima es, por usar un término de moda, una "precuela" de Abril rojo, ya que la acción de esta nueva novela se sitúa en los años setenta, y la anterior se situaba en los años 2000. Se nos ofrece así la posibilidad de ver cómo han evolucionado, durante esos veintipico años, no solo el personaje protagonista, sino también el propio Perú.

Como en Abril rojo, el esquema narrativo de La pena máxima es el de una novela policiaca, aunque con algunas peculiaridades. Tenemos un crimen, o varios crímenes que se van entrelazando a lo largo de la novela; tenemos un detective algo especial, Chacaltana, más persistente que astuto; incluso tenemos varias subtramas amorosas que le añaden picante al asunto. Y, también como en Abril rojo, tenemos una estrecha relación de la historia criminal particular con el contexto político y la violencia a escala nacional o internacional: en Abril rojo era la guerra contra el terrorismo de Sendero Luminoso, en este caso la acción se sitúa en el contexto de las dictaduras militares que dominaron con puño de hierro Latinoamérica en los años 70. Ah, y hay fútbol: el mundial de Argentina de 1978, lo que confiere una obvia ambigüedad al título.

Da la impresión de que Roncagliolo ha intentado repetir la fórmula que le dio el éxito, con la esperanza de repetirlo. Sin embargo, en mi opinión no ha terminado de conseguirlo, en primer lugar porque lo que era nuevo y original en Abril rojo aquí se ha convertido en fórmula y ya no sorprende al lector. También la relación entre trama policial y trama política es en este caso más tenue, hasta el punto de que parece demasiado forzada: Roncagliolo quería hablar de la dictadura militar argentina y su relación con la naciente democracia peruana, tutelada también por los miltares, y lo ha hecho aun a costa de la cohesión del resto de la obra.

Desde el punto de vista narrativo, hay otro elemento también que la hace, en mi opinión, inferior a Abril rojo: en aquella novela uno de los aspectos que resultaban más llamativos, más memorables y también más conseguidos, era observar la evolución de Chacaltana, su transformación a medida que su investigación le enfrentaba al horror y a la violencia. Aquí, Roncagliolo no podía permitirse algo semejante, porque entonces el Chacaltana inocente y bonachón del inicio de Abril rojo no habría podido existir. (Y aun así, cabe preguntarse cómo alguien puede seguir siendo inocente y bonachón después de haber visto todo lo que Chacaltana ve en La pena máxima).

Y ya por ponernos tiquismiquis, ni siquiera la idea de relacionar la progresión de la acción con un campeonato de fútbol es completamente original: Rafael Reig ya había hecho lo mismo en otra novela también con tintes policiacos, Todo está perdonado, en 2011.