sábado, 27 de septiembre de 2014

Colaboración: El hombre fulminado de Blaise Cendrars

Idioma original: francés
Título original: L´hommme foudroyé 
Año de publicación: 1945
Valoración: Está bien

Este Cendrars, poeta no muy brillante, debía de ser un tipo singular. Campechano, amante de la buena mesa, siempre en busca de nuevas aventuras, moderado bebedor, amigo de sus amigos y tal vez ocasionalmente violento, se lo imagina uno abandonando una poesía recién empezada para contemplar una puesta de sol, capaz de inventarse un negocio de combustibles en Brasil nada más terminar de rodar un documental sobre elefantes, de un conservadurismo muy peculiar, y uno de esos individuos que presumen de beberse la vida a tragos.

Se deduce lo anterior del perfil autobiográfico de este ‘hombre fulminado’, escrito con una prosa poderosa y cargada de sensualidad, que nos descubre a un tío un tanto chuleta, que tiene la virtud de encontrarle el lado interesante a todo lo que hace y, lo que es mejor, sabe también transmitirlo con intensidad.

Así, todo en el relato parece importante, y sus personajes dignos de protagonizar historias turbadoras. Y sin embargo, cuando nos paramos a pensar vemos que se trata en su mayor parte de situaciones vulgares y recuerdos de anécdotas intrascendentes, que sólo adquieren relieve gracias a la potencia narrativa del autor.

También es cierto que, consumida la mitad de la obra, en cuanto se empieza a adentrar en las historias de los gitanos de Paris, parece que a Blaise se le empieza a ir la olla, y el discurso se oscurece, deslizandose hacia las fronteras del surrealismo. A cambio, nos beneficiamos del valor añadido histórico que supone la irrupción de algunos interesantes personajes de la bohemia de la época (Léger, singularmente), aunque se echa por el contrario de menos a gente como Cocteau y, sobre todo, Picasso, estrechamente relacionados con el autor y a quienes casi ni siquiera se cita –deducimos que, a lo mejor, a causa de alguno de esos broncos desencuentros, casi tópicos entre artistas.

En la última parte del relato destaca la espeluznante incursión por los suburbios parisinos, cuya génesis histórica –expuesta con el estilo aplastante propio del autor- nos recuerda nítidamente algunos pasajes de ‘La ciudad de los prodigios’.

Y así se cierran los cuatro o cinco bloques de recuerdos que, expuestos con pasión y personalísima óptica, constituyen un buen retrato de un tipo que encarna, más con su vida que con su obra, a toda una generación de creadores de principios del XX.

Pero, aunque sea como apostilla, no puedo terminar sin dejar constancia de que en este libro he encontrado la página más descabelladamente ofensiva que haya leído nunca contra las mujeres, una especie de arrebato adolescente, completamente patético, que hubiera hecho abochornarse al propio Shopenhauer. Y no es que uno sea devoto de cierto feminismo militante, pero la verdad es que el pasaje citado me ha hecho dudar realmente de la salud mental del amigo Cendrars. Así es la cosa.

Firmado: Carlos Andia

3 comentarios:

Sonia Aguirre Duque dijo...

Todo tema es irrelevante, hasta que la "potencia narratica del autor" lo trae a la vida.
Una reseña muy buena.
Saludos,
sonia

Anónimo dijo...

Muchas gracias Sonia.

A primera vista tu comentario me suscita muchas dudas, yo diría que sí hay temas de por sí importantes, aunque nos los cuenten mal. Incluso hay historias que son atrayentes, sugestivas, y que el propio autor las echa a perder.

Pero bueno, habría que darle unas vueltas, es interesante lo que planteas.

Saludos. Carlos Andia

TuKuyRikuy Karaq Chullu dijo...

Al contrario de Sonia creo que todo TEMA es relevante. Claro no somos omni - sientes, por eso se manifiestan la elección personal, la especialización, la división de labores y la comunicabilidad. Algo que no aparece, algo que no se percibe, algo que no se siente, algo que no se piensa no es un tema, por lo menos no uno relevante aún. Pero no todo tema alcanza "trascendencia". En ese sentido la capacidad expresiva aporta la "intensidad" del tema y le dan una especial relevancia, le da "trascendencia" más allá de su propia entidad. Me han cautivado sus apreciaciones así que voy a leer a Cendrars. Gracias y saludos.