sábado, 6 de septiembre de 2014

John Ajvide Lindqvist: Descansa en paz

Idioma original: sueco
Título original: Hanteringen av odöda
Año de publicación: 2005
Valoración: Está bien

Hoy, una lectura ligera para el fin de semana: la novela de terror zombi Descansa en paz, de John Ajvide Lindqvist, el autor que se hizo famoso con Déjame entrar, una original novela de vampiros que dio lugar a dos adaptaciones cinematográficas. Descansa en paz intenta hacer con los zombis algo parecido a lo que Déjame entrar hacía con los vampiros: revisitar el género desde coordenadas nuevas, huyendo de la repetición de los mismos tópicos de siempre; y lo consigue solo en parte, porque al final acaba repitiendo los clichés del terror más comercial, tipo Stephen King, pero sin conseguir ser Stephen King.

El planteamiento de la novela es interesante: en Suecia se produce una extraña tormenta eléctrica que hace que los electrodomésticos no puedan ser apagados y que provoca un extraño dolor de cabeza a todos sus habitantes; cuando la tormenta pasa, los muertos (recientes) comienzan a despertar y levantarse de sus tumbas. Pero no son los clásicos zombis rabiosos come-carne de las películas de terror, sino, simplemente, personas muertas que han vuelto a la vida, en diversos estados de descomposición y aparentemente sin consciencia ni inteligencia.

A partir de este planteamiento, la novela apunta algunas cuestiones que podrían haber dado lugar a una novela que se convirtise en referente del género, como Guerra Mundial Z: ¿cómo reaccionan las personas ante este retorno de sus familiares muertos? ¿Y cómo reaccionan las autoridades? ¿Tienen estos "redivivos" derechos humanos como los vivos? ¿Es legítimo experimentar con ellos o recluirlos en un campo  (Recordemos que los zombis son, o pueden ser, una representación del "otro", del modo en que se conceptualiza lo diferente en una sociedad, así que estas preguntas no son triviales).

La pena es que Lindqvist no profundiza en estas preguntas y prefiere centrarse en tres aspectos que me parecen mucho menos interesantes: el aspecto melodramático, el religioso y el terrorífico (en su versión hollywoodiense de terror-acción). El melodrama aparece muy pronto, con escenas de sentimentalismo exagerado y demasiada insistencia en pobrecitos niños muertos o huérfanos. Lo místico-religioso se introduce con el debate sobre la existencia del alma, y con una improbable aparición mariana que no es exactamente lo que parece. Para cuando termina la obra, ya no queda casi nada de su planteamiento original, y lo que tenemos es otra novela en la que los zombis son peligrosos y los vivos tienen que hacer todo lo posible por escapar de ellos.

Desde luego, es una novela que se lee bien: tiene acción, tiene uno de esos estilos transparentes en los que uno ni siquiera repara (en la traducción de Gema Pecharromán, pero supongo que también en el original) y durante gran parte del texto nos interesa saber qué pasará con los personajes (confieso que al final perdí el interés por la mayoría de ellos). Pero si hubiera sido más fiel a su planteamiento, si hubiera insistido más en los conflictos individuales y colectivos que provocaría un fenómeno como este en una sociedad como la sueca, creo que habría dado un texto mucho más rompedor dentro de su género. Quizás menos comercial, pero seguramente más memorable.

1 comentario:

Ana Blasfuemia dijo...

No diría yo que es una novela zombi, no. Y aunque hay terror, es más bien un terror psicológico, el miedo a los muertos cuando se nos meten en casa y se comportan como personas normales, aunque no hablan... pero huelen fatal :)
El planteamiento me pareció (en su momento) original, pero se quedó en eso, en un planteamiento, no se desarrolla ni mucho menos se concluye, con lo que la lectura va de más a menos.

Saludos!