miércoles, 10 de septiembre de 2014

Elena Poniatowska: Leonora

Idioma original: español
Año de publicación: 2011
Valoración: Se deja leer




Avalada por una impresionante bibliografía –que no he descubierto hasta acabarla de leer–, esta novela trata de mostrar las incidencias de una vida singular, así como de dar a conocer la figura de Leonora Carrington, artista única y polifacética a la que quizá no se ha publicitado lo suficiente fuera de las fronteras de Méjico. Destaco la labor de documentación, que –justo es reconocerlo– Poniatowska ha efectuado a conciencia (seis páginas con, nada menos, que 171 referencias) porque, a mi juicio, constituye de lejos el mayor mérito de la obra.

Sé que algunos lectores no van a estar de acuerdo conmigo, pero cuando termino un libro que he leído a disgusto me siento un poco estafada. Sobre todo si –como en este caso– cuenta con una extensión considerable: exactamente 510 páginas. Más aún si enfoca un trozo de realidad apasionante y se conforma con eso, con lo que puede dar de sí el elemento histórico o biográfico, sin molestarse en elaborar ninguna trama, apelando a recursos que pueden pasar por originales y no son más que una sucesión de trucos y fuegos de artificio que proporcionan a la labor narrativa de la autora una excesiva comodidad.

Leonora Carrington fue la única mujer de un total de tres hermanos. Nacida en una acaudalada familia británica de principios del siglo XX, criada entre algodones, pronto se rebeló a un destino marcado de antemano defendiendo su derecho a vivir libremente y a cultivar sus inquietudes artísticas. Se relacionó con las vanguardias europeas de la época. Fue compañera de Max Ernst e integrante de los círculos más rompedores de la época de entreguerras. Soportó los desastres y privaciones de la Segunda Guerra Mundial. Sufrió los efectos de la persecución nazi al tener a su lado a un judío. Experimentó los terribles métodos de la psiquiatría de la época en un sanatorio santanderino. Huyendo de la contienda acabó en territorio mejicano, donde trabajó intensamente viendo su obra pictórica y narrativa reconocida y alabada ya en la madurez. Vivió 94 años. Para entonces, habría adquirido una gran perspectiva vital, tiempo tuvo, desde luego. No se puede negar que el personaje es enormemente atractivo, ni que las circunstancias personales e históricas que vivió merecen toneladas de tinta.

Habitualmente, no importa demasiado distinguir los hechos reales de los aspectos novelescos pues nos consta que lo aportado por la fantasía del escritor es puramente anecdótico. En este caso, no obstante, necesitamos ver a seres de carne y hueso y debemos conformarnos con presenciar un simple espectáculo de sombras chinescas. Eso es lo más frustrante de todo: la falta de concreción, el hecho de pasar de puntillas por los hechos, de saltar arbitrariamente de una escena a otra, de no profundizar en ninguna de las cuestiones. Ni en la guerra y demás circunstancias históricas, ni en la locura y sus terapias, ni en el arte, ni en las relaciones familiares o amistosas. Los abundantes diálogos resultan sencillamente increíbles. Tampoco se construyen personalidades sólidas, ni siquiera la de la propia Leonora, aunque en un primer vistazo dé la impresión de que sí.

Para lograr un relato tan etéreo, la autora utiliza una prosa elusiva, construida caprichosa y bruscamente, que con el pretexto de la militancia surrealista de la pintora se presenta como falsamente poética.

Aunque algo tendrá, que yo no veo, si le dieron el Premio Biblioteca Breve en 2011. O quizás no. ¿Quién lo sabe? Con toda probabilidad, el tiempo. Como siempre.


De la misma autora: Querido Diego, te abraza Quiela

12 comentarios:

Anónimo dijo...

Es que esta señora es más imagen y artificio que otra cosa. Vamos, pertenece a un grupo que desde hace lustros se autocalifica de escritores pero que están tan lejos de ese arte y más cerca de una crítica canónica complaciente y hecha ad hoc y un sistema que funciona como un club que construye personalidades para sus miembros selectos. Y la membresía no es para cualquiera. Otro reflejo más de este México corrupto donde todo se maneja por grupos y camarillas que se crearon oportunamente en su momento y que todo lo moldea para darle la forma que se desee, aunque el contenido sea tan inexistente como el chupacabras. Y hasta el susodicho animalito fantástico tiene más realidad que el supuesto arte literario de estos ya viejos culturetas advenedizos. ¿La mejor prueba? Pues precisamente la lectura objetiva, desde fuera de estos círculos viciosos, de sus libros insustanciales. ¿Alguien la pondría, después de leer a esta señora de pro, en una lista junto a personalidades literarias de la talla de una Atwood, una Oates, una Lispector? ¡Por supuesto que no! Fuera de las latitudes propicias donde se ha construido el ecosistema para que medren ésta y otros farsantes similares pierden todo el poco peso que como artistas puedan tener, como llevar piedras a la luna. Hagan la prueba, lean un libro suyo y constaten el fraude. Para que luego no les cuenten.

Montuenga dijo...

Ahora entiendo un poco más todo ese bombo que se le da y tanto premio como recibe.

Hace ya bastantes años, estuve hojeando La piel del cielo para regalarla y lo hice. Pero eso me bastó para saber que no me interesaba nada su autora. Este lo he leído por compromiso (relativo), pero con uno he tenido bastante. No repetiré.

Ana Luisa Hernández Martínez dijo...

Totalmente de acuerdo con Anónimo, creo que la literatura latinoamericana es elitista, en unos países más en otros un poco menos, pero que no reflejan la realidad de la mayoría de las personas, además considero que es racista, porque la élite hablando de México es una élite criolla, donde cuando se habla de la población de origen indígena, es únicamente para hablar de nosotros con desprecio, a excepción yo diría de Rosario Castellanos, que supo tener empatía porque ella fue víctima del machismo mexicano. La mayor parte de la literatura debe reflejar la realidad, pero lo que escriben las autoras de la élite mexicana, a mi no me refleja, ni me representa, yo ya no soy la criada que ellas degradan en sus escritos, yo ya tengo estudios universitarios, he viajado por el mundo, tuve que superar más obstáculos que ellas para ser lo que soy y quiero que escriban de mi con respeto. Creo que en ese sentido me siento más representada por la literatura norteamericana, que contradictoriamente los autores destacados son autores que pertenecen en su mayor parte a minorías, difícil que en México tengamos una autora de origen nativo americana como Louise Erdrich o Sherman Alexie, o chicana como Sandra Cisneros, o bien alguien de origen asiático como Amy Tan, que en su obra reflejan más mi forma de vida y los obstáculos que he tenido que superar, con las cuales me siento más identificada; alguien como Elena Poniatowska, Guadalupe Loaeza o Angeles Mastretta, que sólo han llegado a destacar por ser esposas de, o parientes de alguien. Yo he leído varios libros de Elena Poniatowska francamente ninguno me atrapo, como si lo han hecho autoras como Pearl S. Buck, Mónica Zak, Amy Tan o recientemente Louise Erdrich.

Rafael Rubio Quevedo dijo...

Y yo que tenía ganas de leer algo de ella desde que le dieron el Cervantes, la verdad, leyendo la entrada y los comentarios, se me han quitado las ganas. Sí, ya sé que par poder juzgarlo debería leer algo, pero es que hay tanto por leer y tengo tan poco tiempo, que prefiero guiarme por la intuición o por una recomendación

Montuenga dijo...

Gracias por tu confianza, Rafael. Y si cambias de idea, ya nos cuentas ¿Vale?

Un saludo

Anónimo dijo...

parece simple la expresión, leer un libro al día... y eso que implica? ademas del libro la voluntad, las gana de aprender, de crecer. es creo, es la invitación y el contenido de dicha expresión, luego entonces no es tan simple, es mas bien un reto una sucesión de conductas con unidad de propósito, por eso me gusta y, desde ahora, manos a la obra.

cordialmente:

Miriam G. Espinosa

Montuenga dijo...

Hola Anónimo del 6 de diciembre

Aunque tu comentario se dirige al equipo entero de Un libro al día, al haberlo hecho en un post escrito por mí, me decido a contestarte.

Como puedes -podéis- imaginar, no se trata de LEER un libro distinto todos los días, no recomendamos eso. Es más, personalmente desaconsejo una lectura tan apresurada. Es bueno tener todos los días un libro entre manos, sí, pero el mismo durante un tiempo prudencial. Por supuesto, depende de la extensión y de las características del texto (dificultad de la prosa etc.) pero. en general, creo que es preferible leer despacio. En ese sentido, leer es como comer, cuanto más nos entretengamos mejor lo asimilaremos.

El título del blog se debe a que nosotros (naturalmente, un equipo de personas pues a una sola le resultaría materialmente imposible) reseñamos todos los días un libro diferente. Es el blog quien ofrece un libro al día, no se trata de ninguna sugerencia para leer más rápido.

Esto, que ya hemos aclarado más veces, lo explico a nuestros lectores más recientes. Aunque sé que tampoco es necesario: vosotros mismos os iréis situando a medida que nos vayáis leyendo.

Anónimo dijo...

Es MÉXICO con X.

Tzylay dijo...

Recientemente comencé la lectura de este libro. Y por un momento sentí como agresión su comentario, ya que hasta el momento el libro me ha gustado a pesar de que al principio me fue complicada la forma en la que está escrito. Sin embargo, analicé cada crítica suya y me di cuenta de que estaba leyendo el libro sin conciencia del mismo. Podría considerarme a mí misma como lectora principiante y hay muchas cosas que no conozco del mundo literario y creo que esto fue lo que hizo que mi lectura fuera solo "por encima", como decimos los mexicanos. Estoy a la mitad del libro y me di cuenta de estos notables detalles. Gracias a su crítica me doy cuenta de que debo poner aún más atención a lo que leo y de verdad leerlo con objetividad, ya que esta vez, el hecho de ser la "historia" de Leonora me enamoró más que la misma historia.

Montuenga dijo...

Hola Tzylay. Muchas gracias por tus elogiosas palabras pero, sobre todo, porque el mayor elogio que se le puede hacer a un comentarista es prestar atención a lo que dice. Tú lo has hecho, noto que has captado la idea y me alegro infinito de que te haya servido de algo. Un abrazo y hasta pronto.

Anónimo dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con la crítica. Me regalaron este libro porque yo ya había leído "La noche de Tlatelolco" y me gustó mucho, porque según recuerdo era una sucesión de transcripciones de grabaciones y conversaciones de lo ocurrido en ese lugar en 1968. Sin embargo, cuando empecé a leer "Leonora" me llevé una desilusión. Sobre todo, porque al estar escrito en presente elimina la sensación de evolución en el relato y en la Historia de la protagonista. Tal vez Poniatowska sirve más como investigadora histórica que como novelista. Un abrazo y gracias por la reseña.

Montuenga dijo...

Sí, la investigación es impecable a juzgar por la lista de documentos. Gracias por leernos y un saludo.