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miércoles, 23 de noviembre de 2022

Robert Louis Stevenson: La flecha negra

Idioma original: inglés

Título original: The black arrow

Traducción: Marisol Dorao Orduña

Año de publicación: 1888

Valoración: Está bien


Robert Louis Stevenson es un autor a quien todos conocemos por La isla del tesoro o El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde (enlaces abajo), por ejemplo. Un escritor relativamente prolífico que cultivó diferentes géneros, entre los que destaca la novela de aventuras. En este terreno, siguiendo el camino marcado por Walter Scott, tocó también lo que se ha considerado novela histórica, concepto que me atrevería a matizar un poco llamándolo quizá novela de ambientación histórica porque, como ocurre en La flecha negra, el engarce con el momento histórico me parece más bien anecdótico y no esencial.

Estamos en la Edad Media, allá por mediados o finales del siglo XV, en plena Guerra de las dos Rosas, como se conoce al enfrentamiento entre las casas de Lancaster y York por la conquista del trono de Inglaterra. Sin embargo, este escenario de fondo no tiene realmente mucha trascendencia en el relato, entre otras cosas porque, como en la misma novela se deja entrever, la pertenencia a uno u otro bando podía variar con toda naturalidad en función de los intereses de los señores que intervenían en la disputa. Porque obviamente eran los señores y no el pueblo quien sostenía la pugna, y las lealtades podían ceder sin demasiado esfuerzo al vislumbrarse posibles ventajas en la futura Corte.

Así que, libre de la servidumbre del rigor histórico, a Stevenson lo que le interesa es crear un ambiente, inestable y violento, donde situar a sus personajes clave, que son básicamente: Richard Shelton, el joven héroe, marcado por la afrenta del asesinato de su padre; sir Daniel Brackley, el noble sin escrúpulos que no debe quedar sin castigo; y Joanna Sedley, la bella dama a quien hay que rescatar de los peligros. Un reparto sumamente clásico, desde luego, que sin embargo se rellena con una serie de secundarios bastante interesantes, que dan color y vivacidad al relato, por encima de sus algo acartonados protagonistas.

Me interesa esto de los secundarios porque ante una historia relativamente sencilla y con personajes principales bastante estereotipados, el relato puede enriquecerse claramente con estas figuras que acompañan el argumento y ayudan a llevarlo por el camino deseado. Ahí encontramos al pendenciero oportunamente llamado Lawless, a la vez contrapunto y compañero perfecto del héroe; a Alicia, la amiga del alma de la bella en apuros, que en un momento dado sorprende al lector (y hasta a otros personajes) con un inesperado coqueteo; el viejo marino arruinado por una causa que no comprende, el clérigo atormentado por su colaboración en actos criminales, el distinguido Risingham que hace primar la justicia sobre los intereses de su bando. Y hasta el tiránico duque de Gloucester, que después sería Ricardo III, que presenta en un amplio cameo la parte de la novela más fiel a los hechos históricos.

Me parece importante toda esta nómina, porque no son los NPC simplemente destinados a decorar el entorno en el que lucen los protagonistas. Son personajes bien trabajados, que aportan realmente al relato y matizan la inevitable lucha entre el Bien y el Mal, cuyos términos dejan así de estar tan claros. Esta variedad de tonos dignifica por tanto la obra, cuya columna vertebral es tan lineal que, como todo este tipo de novelas, se ha asociado con lo que llamaríamos literatura juvenil, pudiendo resumirse en: el malo (hombre poderoso que se apoya en la fuerza de su ejército) se ve desafiado por el bueno (casi un adolescente, joven y puro, con su puntito de ingenuidad), y ambos se enfrentarán para conseguir la pieza de más valor, que no es la corona, sino la encantadora dama, que aquél solo pretende dominar para favorecer sus intereses, y éste ama apasionada y desinteresadamente.

No obstante su sencillez, la novela está bien construida, tiene ritmo, cambios de dirección y momentos de tensión junto con pequeños recesos humorísticos, todo muy bien dosificado por un autor que se ve que se maneja con habilidad en estos terrenos. Como lectores, dependerá de nuestra apetencia por este tipo de libros de aventuras sin muchas más pretensiones. Y en cuanto a literatura juvenil ya habría más que hablar, porque tengo serias dudas de que cosas como esta puedan calar en los jóvenes lectores de hoy en día. Pero ese es quizá otro debate.

martes, 26 de mayo de 2015

Robert Louis Stevenson: Ensayos literarios

Idioma original: inglés
Año de publicación: antes de 1894
Traducción: Beatriz Canals y Juan Ignacio de Laigleisa
Valoración: entre recomendable y está bien

Cuenta Javier Marías en su Vidas escritas que Henry James admiraba enormemente a su amigo Robert Louis Stevenson -y viceversa- hasta el punto de considerarlo "uno de sus escasos interlocutores en el campo de la teoría" literaria, pero que hoy en día "casi nadie se molesta en leer los ensayos de Stevenson, que se cuentan entre los más penetrantes y vivos del pasado siglo" (se refiere al XIX, claro, porque le libro de Marías se publicó en 1992). El caso es que, intrigado por esta aseveración, yo sí me he "molestado" en leerlos, cuando he tenido la oportunidad. y he de decir que no ha sido ninguna pérdida de tiempo, aunque como no soy un estudioso de la teoría literaria, y menos aún de la del siglo XIX, carezco de los conocimientos y el criterio necesarios para ratificar lo que afirmaba Marías.

Ahora bien, sí puedo decir que R.L. Stevenson, además del magnífico narrador que todos conocemos (y al que tanto debemos muchos de los ahora inoculados con el veneno de los libros), era un apasionado lector y amante de la literatura en todos los pormenores del oficio. Así lo atestiguan algunos de estos ensayos, como los que dedica  a aleccionar a quien se quiera lanzar a la azarosa actividad de escribir: Carta a un joven que se propone abrazar la carrera del arte ( "...la maldición de las ocupaciones destinadas a deleitar es el fracaso."); el muy divertido Acerca de la elección de profesión ("...Probablemente  no importe mucho aquello por lo que te decidas; pues, a la larga, la mayoría de los hombres se hunden en el grado de estupor necesario para sentirse satisfechos de sus distintas posesiones...");  o también La moral de la profesión de las letras.

En otros ensayos se dedica ya a analizar elementos mucho más técnicos del estilo literario, como, por ejemplo, los efectos de ciertas aliteraciones (aunque sólo se puedan apreciar en el texto original en inglés) o la importancia de la trama con respecto a la elección de la palabras y viceversa. También trata el fenómeno de los autores populares, de la llamada "prensa de un penique" o las "bibliotecas circulantes". Autores "grandes del polvo" que él contrapone a los "escritores de clase alta" -como James, precisamente- y aunque muy leídos en su época, hoy en día supongo que no le sonarán a casi nadie. Hayward, Bracebridge Hemming, Pierce Egan, Edward Viles, Malcolm Errym... No obstante, en la sección llamada Críticas literarias sí que encontramos escritores cuya fama y, sobre todo, cuyos libros, nos han llegado incólumes e incluso se han convertido ya en verdaderos clásicos: Julio Verne, Poe, Dumas (padre) o el para mí desconocido Bunyan, pero cuyo El progreso del peregrino resulta ser uno de los libros favoritos de Stevenson. Muy interesante resulta leer cómo Stevenson juzga a escritores que ahora vemos como parte de la Historia de la literatura, desde una perspectiva contemporánea, o casi... e incluso, en el caso de Verne, como a un escritor emergente, aún por "confirmar".

Además, encontramos también una charla sobre la novela, en la que teoriza sobre los tipos de ésta que se cultivaban en su tiempo y la respuesta a ciertas declaraciones sobre el tema expresadas por Walter Besant y...Henry James, precisamente, con los que polemiza amablemente al respecto, sobre lo que debe o no concernir a la ficción en prosa y sus condicionantes de lo que consideramos como novela ( "La vida es monstruosa, ilimitada, absurda, profunda y áspera; en comparación con ella, la obra de arte es ordenada, precisa, independiente, racional, fluida y mutilada"-"Toda novela, primero y cada género de novela, después, existe por y para sí misma").

En suma, una serie de apuntes -también encontramos unos "Bocetos" literarios- y reflexiones de un gran escritor sobre la ocupación que absorbió buena parte de su existencia, y que nos brindó obras y personajes especialmente perdurables y queridos para todo amante de la lectura. Una obra desde luego interesante y sin duda muy recomendable para los seguidores de Stevenson, que además, nos brinda alguna que otra frase definitoria del espíritu que anima sus otros libros y que animó, sin duda, su demasiado corta vida:

" La ficción es al adulto lo que el juego al niño; en ella cambia la atmósfera y el curso de nuestra vida; y cuando el juego armoniza con la fantasía de tal modo que se participa en él de todo corazón, cuando cada nuevo giro satisface, cuando gusta evocarlo y demorarse en su recuerdo con auténtico placer, entonces la ficción se llama novela ".


Otros libros de R. L. Stevenson reseñados en Un Libro Al Día: La isla del tesoroEl Club de los SuicidasEl diablo en la botellaEl extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde

miércoles, 10 de mayo de 2017

Robert Louis Stevenson: El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde

Idioma original: inglés
Título original: Strange Case of Dr. Jekyll and Mr. Hyde
Año de publicación: 1886
Traducción: Juan Antonio Molina Foix
Valoración: imprescindible

El gran, inmenso escritor escocés Robert Louis Stevenson fue el creador de uno de los arquetipos literarios más conocidos y que ha servido para simbolizar desde entonces mejor que ningún otro, la dualidad del alma humana e incluso el enfrentamiento, mítico en todas las culturas, del Bien contra el Mal. me refiero, claro está, al que componen los personajes que dan título a esta corta novela: el doctor Henry Jekyll y su "pariente", el señor Edward Hyde.

A estas alturas, sospecho que todo aficionado a la literatura conoce, siquiera grosso modo, el argumento de esta novela, pero, en atención a quienes no -si es que existen-, trataré de no estropearles su futura lectura. De hecho, conocer de antemano el intríngulis de esta obra juega en contra, todavía más de lo habitual, de quien se dispone a leerla: por culpa de ese conocimiento previo nos perdemos el placer de admirar el cuidado y la maestría con que Stevenson, durante las primeras tres cuartas partes del libro, administra el suspense in crescendo de la narración; cómo nos va ofreciendo poco a poco la información sobre el misterio que atañe al doctor Jekyll, casi -o sin casi-, a la manera de un thriller policíaco. Una narración no sólo dosificada con inteligencia, sino además conducida , con no menor habilidad, por un tercer personaje, el abogado Utterson, que hace el papel de "detective" de la novela, pero también el de mero observador, de intermediario entre el lector y la historia que está leyendo. Y con una insuperable creación de una atmósfera ominosa.

A la interpretación más obvia -y correcta, puesto que el propio autor hace referencia a ella en el libro-, que ya he mencionado, se pueden añadir (y, ciertamente, se ha hecho) otras que enriquecen y contribuyen a aumentar la fascinación algo morbosa que provoca esta narración: también puede ser una parábola sobre la adicción, ya sea a las drogas (obvio) o el alcohol, y los excesos que conlleva. Por otro lado, aunque algo más traída por los pelos, sería una fábula sobre la pérdida no aceptada de la juventud por parte de los hombres y de las complicadas consecuencias que suele acarrear. No obstante, la interpretación más conocida es que el Dr. Jekyll & Mr. Hyde representa una metáfora bastante acertada sobre la hipocresía y doble moral que regían en la sociedad victoriana británica, pues recordemos que en esa época fue escrita y se desarrolla la novela. Es, por último, un estupenda historia de misterio  e incluso terror.

En cualquier caso, por todas estas razones y, más aún, por su excelencia literaria, es ésta una obra que nadie puede dejar de conocer; un indudable imprescindible, todavía más cuando nos encontrados con una edición tan cuidada, ilustrada por María Gómez-Pintado.


Otros títulos de R. L. Stevenson reseñados en Un Libro Al Día: La isla del tesoroEnsayos literariosEl club de los suicidasEl diablo en la botella

viernes, 15 de febrero de 2019

Zoom: El diablo en la botella, de Robert Louis Stevenson

Idioma original: inglés
Título original: The Bottle Imp
Traducción: José Luis López Muñoz
Año de publicación: 1891
Valoración: Recomendable

No, amigos, tranquilos, que esto no es un libro de autoayuda para dejar el alcohol. La botella sobre la que habla Stevenson ofrece ventajas sin duda mayores, aunque a cambio resulta muchísimo más peligrosa (todavía, seamos correctos). Porque lo que hay dentro, como es obvio por el título, es un diablo, una inquietante sombra cuyo movimiento se trasluce apenas tras el vidrio, y da cierto mal rollo. Seguramente por esa denominación de ‘diablo’ que lleva el título en castellano, porque si le despojamos del carácter luciferino la imagen del lector se hubiera ido de inmediato y sin duda hacia el simpático concepto de ‘genio de la lámpara’ que nos ha llegado desde Las mil y una noches, con frecuencia edulcorada, banalizada y hasta pasada por el tamiz Disney.

Efectivamente, nuestro diablo concede deseos a su portador, y no ya tres, sino todos los que quiera, excepto el de prolongar la vida. Pero a cambio pone algunas condiciones algo complejas y bastante comprometedoras: si uno muere siendo propietario de la botella, se condena para toda la eternidad así que, por si acaso, es conveniente deshacerse de ella a no tardar mucho. Y para que la transmisión sea eficaz debe hacerse a un precio inferior al de adquisición. Es justamente este aspecto deflacionario el que preocupa a cada nuevo portador, y es un elemento muy útil para asegurar una tensión creciente en el relato. Además, si estaba usted pensando en técnicas comerciales torticeras para facilitar la venta, la última condición es que todos los requisitos deben ponerse en conocimiento del comprador sin faltar uno.

Keawe es un joven hawaiano que se hace con el enigmático recipiente casi por casualidad, y por un precio que a él le parece de ganga, pero que le traerá dificultades. El sueño de Keawe tampoco era demasiado aparatoso, se conforma con un casoplón allá en su isla, y enseguida le endosa la botella a un colega que se moría por tener un hermoso bajel. Todo le va bien a nuestro protagonista, hasta se enamora de una chica que, tras alguna reticencia, acaba por corresponderle. Pero le surge un problema bastante desagradable y desea recuperar los favores del diablo-genio. Tras intensa búsqueda, consigue por fin recuperar el vidrio, pero a un precio tan bajo que le va a ser difícil deshacerse de nuevo de él: los potenciales compradores desconfían de negocio tan extraño, y aún más cuando se les ofrece chollo semejante casi gratis. Bueno, el resto no lo cuento, claro.

El caso es que el relato es sumamente ágil, sencillo pero interesante y, como apuntaba antes, con un crescendo importante y muy bien desarrollado. Desde el principio tenemos claro que el asunto no se va a resolver con facilidad, pero los problemas con que va tropezando el propietario del frasco y la amenaza del incumplimiento de las condiciones hacen que aumente la angustia según se van cerrando las puertas de la solución. 

Es indudable que existe cierta carga de moralina, y por lo tanto podríamos leerlo en clave alegórica, sobre las dificultades de la vida, el precio de la ambición y sus riesgos, cosas por el estilo. Pero, como me ocurre con frecuencia, prefiero disfrutarlo como un relato de aventuras, con un elemento misterioso y perturbador que siempre está ahí, tentando con sus artes pero en el fondo amenazador, y las peripecias de todos aquellos que sucumben a la magia y terminan enredados entre sus sueños y su propia perdición. 

Stevenson es un maestro en este tipo de narraciones y ésta en concreto me parece un ejemplo brillante. No será una joya de la literatura, pero está estupendamente escrito, con sus ingredientes en su justa dosis, y se lee con gusto.

PD: Resulta muy curioso que, teniendo muy poco que ver en su desarrollo, el final de este relato se parece un montón al de Gautier que reseñamos hace unos días. Lástima no poder contarlo.

Otras obras de Robert Louis Stevenson en ULAD: La isla del tesoroEl extraño caso de Dr. Jekyll y Mr. HydeEnsayos literariosEl club de los Suicidas

jueves, 24 de diciembre de 2015

Robert Louis Stevenson: El Club de los Suicidas

Idioma original: inglés
Título original: The Suicide Club
Año de publicación: 1877-80 (por entregas) /1882 (en libro)
Valoración: está bien

El Club de los Suicidas: estupendo y sorprendente título para una novela que, en realidad, no es tal, sino la reunión de tres episodios diferentes, aunque relacionados entre sí: Historia del joven de los pasteles de crema, Historia del médico y el baúl de Saratoga y La aventura de los coches de punto, que forman parte de una serie aún más amplia, publicada por entregas en revistas entre 1877 y 1880, titulada , genéricamente Cuentos de los últimos días de las mil y una noches o Las nuevas mil y una noches (de ahí las referencias ocasionales a un narrador árabe, que pueden extrañar al lector).

Esta serie de historias reunidas como una novela independiente comienzan con una idea muy atractiva: una noche el príncipe Florizel de Bohemia y su asistente el coronel Geraldine, de incógnito en una taberna de Londres, conocen a un curioso joven que les introduce en un extraño y exclusivo club: el de los Suicidas, en el que cada noche el azar decide quién debe morir y quien debe ser el ejecutor de esta muerte... A partir de aquí, se desarrollan una serie de aventuras, entre Londres y parís, hasta llegar al desenlace de la historia. Sin embargo, hay que decir que, pese a que cada uno de los capítulos que componen esta serie comienzan de una manera interesante, por insólita o chocante, decaen bastante cuando se acercan a su final, quizás porque Stevenson -y sus lectores de la época-sabían que tendría continuidad en la entrega siguiente.

Aunque ésta es la mayor pega que se le puede poner a unos relatos entretenidos y originales. No es lo mejor que escribió R. L. Stevenson, desde luego; no están ni de lejos a la altura de La isla del tesoro o El extraño caso del doctor Jeckill y el señor Hyde, pero gozan del encanto de cierta literatura de otro tiempo, más ingenua pero también más lúdica que las lecturas que vendrían después: VernePoe, Conan Doyle... y el propio Stevenson, claro, un autor capaz de crear la felicidad de cualquier lector con sus libros; incluso con éste.

Quizá sea esta época navideña,  precisamente, la más adecuada para recuperar y dar a conocer a todos estos autores... ¡Olentzero, Papá Noel, Reyes: menos videoconsolas, menos drones y móviles de chichinabo y más Stevenson, por favor! Tal vez no hoy, ni mañana, pero os aseguro que los niños de ahora os lo agradecerán en el futuro, porque gracias a sus libros, nunca dejarán de ser niños...

Otros libros de R. L. Stevenson reseñados en Un Libro Al Día: La isla del tesoroEnsayos literariosEl diablo en la botellaEl extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde

sábado, 16 de mayo de 2009

Robert Louis Stevenson:La isla del tesoro

Idioma original: inglés.
Título original: The Sea Cook, or Treasure Island.
Año de publicación: 1883.
Valoración: Muy recomendable.

Creo que, al menos de vez en cuando, es estupendo soñar, jugar, volver a ser niño.
Eso es lo que nos permite este libro, con el que uno puede convertirse en pirata y vivir aventuras emocionantes e insospechadas.

Pero La isla del tesoro no es sólo eso.

Quizá una lectura superficial de la novela, nos haga pensar que estamos ante un relato de aventuras, especialmente interesante para jóvenes y niños; pero en mi opinión, este libro (como todos los de Stevenson) tiene un trasfondo filosófico, ético, espiritual... que lo hace interesante también para lectores con más intereses que el mero entretenimiento.

La violenta lucha del joven Jim Hawkins contra los piratas, y en especial contra John Silver El Largo, refleja el eterno enfrentamiento entre lo bueno y malo que todos llevamos dentro.

Cuentan que Stevenson escribió esta historia para su hijastro Lloyd. Tras ayudarle a pintar con sus acuarelas el mapa de una isla, comenzó a nombrar sus rincones y a marcar varias cruces en él. "La isla del tesoro", escribió en la esquina superior derecha.

Aquel fue el origen de una novela que su autor fue compartiendo, a medida que iba escribiéndola, con su familia. Al parecer, algunos de sus miembros se implicaron en el proceso creativo e hicieron aportaciones importantes a la narración. (Para saber más sobre esto, les remito a la wikipedia.)

Una novela accesible y de calidad para ofrecer a los más jóvenes y, desde luego, que merece la pena disfrutar como adulto.

Otros libros de R. L. Stevenson reseñados en Un Libro Al Día: Ensayos literariosEl Club de los SuicidasEl diablo en la botellaEl extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde

miércoles, 24 de febrero de 2016

D. E. Stevenson: El libro de la señorita Buncle

Idioma original: inglés
Título original: Miss Buncle's Book
Año de publicación: 1934
Traducción: Concha Cardeñoso Sáenz de Miera
Valoración: entre recomendable y está bien

¿Quién no ha jugado alguna vez al Candy Crush? (excluyo de la pregunta a doña Celia Villalobos, porque ya sé la respuesta y además, no creo que frecuente este blog) ¿A qué mola cuando vas eliminando chuches y pasando pantallas y una voz inefable dice "DELICIOUS"? Pues exactamente esa palabra, dicha con esa misma voz, es la que se oye en la cabeza del lector (bueno, en la mía... junto con otras muchas que me ordenan cometer actos apocalípticos, pero... ejem, esa es otra historia) al leer esta novela; es deliciosa. Ahora bien, deliciosa como puede serlo las chuches o golosinas, precisamente: agradables, apetecibles, divertidas, pero quizás en exceso azucaradas y que, en caso de abuso, pueden llegar a empachar.

Esta novela, escrita por la escocesa Dorothy Emily Stevenson (por si alguien se lo pregunta: sí, era pariente del gran Robert Louis), se desarrolla, sin embargo en un ambiente típico -y tópico- inglés: un pequeño pueblecito de la campiña, como hemos conocido en tantas novelas de la misma época de entreguerras que ésta, de tono también humorístico-costumbrista, y escritas por E. F. BensonNancy Mitford, y por supuesto, Wodehouse o Evelyn Waugh. Ambiente inmortalizado también en muchas novelas de Agatha Christie, que tuvo la genial idea de utilizarlo como escenario de intrigantes crímenes y la aún más genial de poner a resolverlos a una apacible ancianita... En esta novela de Stevenson aparecen también los personajes habituales en estas novelas: el vicario, el médico rural, las solteronas, las criadas... y también un misterio se abate sobre el pueblo -llamado Silverstream, en este caso-; pero no es un asesinato, sino el libro que un tal John Smith ha escrito y que se titula, acertadamente, El pertubardor de la paz. Esta novela  ha sido escrita, en realidad , por uno de los habitantes de Silverstream, la muy discreta señorita Barbara Buncle (supongo que nadie considerará esta revelación como un spoiler, teniendo en cuenta el título...), y puesto que, como ella siempre asegura "carece de imaginación", se ha basado en sus propios vecinos para dar forma a los personajes del libro, revelando debilidades y secretillos que sus dueños hubieran preferido que no saliesen a la luz.

La aparición de El perturbador de la paz hace precisamente eso, pues: perturbar la paz del pueblo y saca a relucir lo mejor y lo peor de cada afectado. También, hay que decirlo, sirve de inspiración a alguno que otro... Esto, en realidad, es lo más interesante de la novela de Stevenson: se establece una especie de juego de espejos metaliterario  -o incluso de muñecas rusas- entre la realidad -es decir, la ficción que estamos leyendo nosotros- y la ficción -esto es, la que leen los personajes de la ficción que leemos nosotros-; vamos, que si esto se le llega a ocurrir a un escritor con más renombre literario y/o intelectual (una cosa no conlleva la otra, me temo), se hubiese considerado la caraba y aún se harían tesis doctorales sobre la obra (no me digáis que a Cervantes ya se le había ocurrido algo así, que ésa es otra liga...). La novela -las dos, en realidad, o incluso las tres... y no digo más- también puede promover una interesante reflexión sobre la naturaleza de la ficción literaria, las características de la hoy llamada "autoficción" y sus peligros, que en el libro son reales y nada metafísicos. La novela como es de suponer está escrito en un tono distendido y aun humorístico; de hecho, más de una vez da la impresión de que su autora -me refiero a D.E. Stevenson, no a Miss Buncle- podría haber afilado bastante más su ironía, pero parece que se contuvo  y no quiso hacer sangre con sus personajes. Para el disfrute del lector puede resultar una lástima, claro, pero, por otra parte, también es de agradecer a veces la empatía de los autores hacia sus criaturas. Otro detalle de estilo, al menos de algunos diálogos, es un tono más bien machista que hoy día nos puede chocar - no sé si a todo el mundo, me temo-, pero que supongo era el habitual en 1934... sin descartar que también se debiera a la sutil ironía de la autora.

En todo caso, una novela esta que sin duda hará disfrutar a quien se decida a leerla... a pesar del azúcar. Y si alguien es especialmente goloso, aviso de que existe dos novelas más protagonizados por la encantadora señorita Buncle. Siempre será mejor leerlas que jugar al Candy Crush, desde luego...


sábado, 3 de octubre de 2009

Breve historia del libro (y II)

A menudo se nos olvida hasta qué punto los métodos o soportes que utilizamos para almacenar y transmitir información condicionan el desarrollo de la cultura, y cómo un cambio brusco en los primeros puede suponer una revolución en todos los ámbitos. Una de estas grandes revoluciones -que no han sido muchas a lo largo de la historia de la humanidad- se debió al ingenio y la audacia empresarial de un hombre, Johannes Gutenberg, que pese a ello acabó perdiendo el control de su invento y en la ruina.

Esta historia, como tantas otras, comienza con una apuesta arriesgada. Basándose en las técnicas xilográficas conocidas en Europa y en China desde varios siglos antes, Gutenberg desarrolló un sistema de impresión de "tipos móviles" (una pequeña pieza de hierro, no de madera, para cada letra, de manera que pudieran reutilizarse muchas veces para componer infinidad de textos), y después de probar su invento en diversos textos menores -poemas, documentos eclesiásticos...- se propuso producir 150 Biblias en menos tiempo de lo que el mejor copista tardaría en producir una sola. El resultado fueron las 180 Biblias conocidas como "Biblias de 42 líneas" o "Biblias de Gutenberg" publicadas en 1455, de diseño y perfección admirables, de las que solo se conservan actualmente 21 ejemplares completos (uno de ellos en España, en la Biblioteca Provincial de Burgos). Lamentablemente para Gutenberg, antes de que terminase su producción, su socio Johann Fust le reclamó el préstamo inicial y lo acusó de malversación de fondos (o el equivalente de la época), y terminó quedándose con el floreciente negocio de la imprenta en Mainz, Alemania -aunque parece ser que Gutenberg logró reubicarse en otras ciudades, y antes de morir vio reconocida su paternidad en el invento de los tipos móviles.

El invento de la imprenta complementó además la introducción de un nuevo soporte: el papel. Aunque el papel ya se conocía en China y en Europa desde varios siglos antes, no se generalizó en Europa hasta el siglo XIV, y fue sin duda tras la invención de la imprenta cuando comenzó a sobrepasar al pergamino como soporte fundamental de la cultura (de las 180 Biblias de Gutenberg, 135 se imprimieron en papel, y 45 en pergamino). Gracias a este material tan accesible y a la imprenta de tipos móviles, la producción de libros alcanzó en poco tiempo cotas y ritmos impensables en la Antigüedad o la Edad media, lo que trajo consigo cambios radicales en los procesos de transmisión de la cultura. Así, las 95 tesis de Lutero se difundieron como la pólvora por Alemania gracias a la imprenta, acelerando el inicio de la Reforma protestante. Otro ejemplo sería la Ilustración, cuyo labor de educación del gran público quedó simbolizada en una vasta empresa editorial: L'Encyclopédie.

En el primer tercio del siglo XIX se aplicó el vapor a las imprentas y a los molinos de papel, lo que abarató notablemente el precio de los libros y permitió aumentar las tiradas. Por otra parte, las conquistas sociales en el campo educativo extendieron la alfabetización a capas de población cada vez más amplias, generando un público lector masivo. Fue entonces cuando el libro abandonó su condición de objeto suntuario reservado a unos pocos: nacieron los best sellers. Éstos se llamaban entonces folletines y al principio se conformaban con ocupar una franja baja de algunos periódicos con sus historias de amor, suspense e infortunio. Pronto los periódicos empezaron a vender suplementos literarios, en forma de pequeños cuadernos que conforman novelas por entregas. El género causó auténtico furor y las mejores figuras literarias se dedicaron a él: Alejandro Dumas, Victor Hugo, Robert Louis Stevenson o Charles Dickens, entre otros. Los folletines de éste último enganchaban al público de tal manera que, al parecer, el público de Nueva York esperaba la llegada de las entregas directamente en el puerto.

Esta fue quizá el último cambio cualitativo relevante en la historia del libro. Desde entonces, el proceso de impresión ha seguido haciéndose más barato y más rápido, pero poco ha cambiado en el libro mismo en cuanto objeto. El cambio que empieza a vislumbrarse tiene que ver con la adaptación del texto a la era digital. Pero eso incumbe al futuro (o los futuros) del libro, y lo dejamos para otra entrada.

viernes, 20 de septiembre de 2019

Malditas cubiertas: "El diablo en la botella", de Robert Louis Stevenson

El diablo en la botella, ya saben, ese relato cortito de Stevenson que contaba las peripecias de un frasco que contenía un diablo, o más bien un geniecillo, que como no podía ser de otra manera concedía deseos, sí, pero bajo condiciones muy estrictas y bastante peligrosas para su poseedor. Como cuento bastante popular, más bien ligero y con un siglo largo de antigüedad, ha sido objeto de multitud de ediciones, y naturalmente (y aquí llega nuestro objeto de deseo, de regocijo, curiosidad, o lo que sea) ha reunido una pléyade de cubiertas de todo pelaje e intención, y de muy diversos grados de creatividad.

Con semejante título, los elementos a representar ese reducen prácticamente a dos, obviamente el diablo y la botella, dando mayor o menos protagonismo a uno u otro o decantándose por alguno de ellos en exclusiva. Como mi viejo ejemplar del libro ni siquiera tenía cubierta elegí la más aséptica y al mismo tiempo relativamente vistosa: este jarro de aspecto inocente de aquí al lado.

La botella, ella solita, protagoniza aproximadamente una cuarta parte de las cubiertas.  Casi todas las botellas presentan el aspecto diríamos de matraz entre esférico y aforado, más o menos estilizado, y componen imágenes en general elegantes y con un punto de misterio implícito, como estas:


Y en alguna ocasión combinan con la evocadora imagen de un velero que acentúa la impresión de aventura, o con paisajes marinos quizá algo discutibles, pero que al menos certifican que el autor del dibujo realmente se ha leído el libro (lo cual apostaría algo a que no se da en todos los casos):



Aunque hay también quien lleva el minimalismo y la literalidad hasta perpetrar una botella como esta, que se diría de eso que se llamaba 'vino de mesa', o sea, un tintorro infame de a 1,5 €, antes de que derivaran en el tetrabrik.


Y otros fuerzan la creatividad hasta el extremo, para ofrecernos la imagen bicolor de aquí al lado, que viene a ser una deconstrucción, no sabemos si de la botella o del diablo, o de la fusión de ambos.


A veces la botella se acompaña de otras imágenes (afortunadamente, porque si no, no habría mucho más de qué hablar) y, en otro rasgo que acredita la voluntad de integrar algo más del contenido del libro, junto a ella aparece algún personaje marcado por su relación con el vidrio tentador. En esta pequeña subserie de botella+personaje encontramos, por este orden,  
(1) un bastante convincente Keawe –ya saben, el chico hawaiano que carga mayoritariamente con el frasco-, como un tanto acojonado espantado ante lo que se le viene encima, en pose que recuerda a los viejos tebeos de vaqueros

(2) se supone que el mismo caballero, en pose meditabunda, en plan ¿y si le doy una patada y si la tiro sin más al mar?

(3) Otro muchacho morenito que ve desde demasiado cerca cómo erupciona el contenido, algo que los ilustradores se empeñan en presentar, pero que en el cuento no ocurre en absoluto. 

                          Y por fin (4), seguramente el mismo personaje, que bajo un grafismo ligeramente expresionista muestra su desesperación (joder, aunque haya conseguido mi casoplón, este bicho me va a buscar la ruina). Obsérvese que el inquilino de la botella tiene hasta un tridente.


Y bueno, claro, cómo olvidar a este joven de actitud punki y camiseta modelo Tequila que decora una de las varias ediciones juveniles. Es difícil saber si expresa el horror ante las exigencias del pequeño demonio, o es que acaba de meterle un trago al contenido del recipiente.


Porque no perdamos de vista que dentro de la botella hay, obviamente, un diablo. Aunque del texto se desprende que es más bien una especie de genio, dañino pero en el fondo algo justiciero, casi todos los editores y diseñadores se empeñan en mostrarlo como una miniatura embotellada del mismo Lucifer. Solo estas dos cubiertas lo muestran como diablillo juguetón y cabroncete que, o bien luce su mirada aviesa desde el interior, o incluso amaga burlonamente con escapar, tras conseguir deshacerse del corcho:



Pero no es la actitud mayoritaria. Casi todas las cubiertas que se centran en el diablo lo dibujan como algo aterrador sin paliativos. Puede ser como presencia casi abstracta, pero claramente mortífera.


Y repetidamente, como invertebrado repugnante, ofidio venenoso u otras variantes de animales flexibles, retráctiles, tentaculares...

O como representación del mal en vertientes culturales muy diferentes:

  • (1) Aspecto apocalíptico que recuerda a alguna divinidad hinduista
  • (2) Escultura sobre piedra de raigambre claramente europea
  • (3) Modelo Bestia, sujetando su propio habitáculo (que lleva a pensar qué ocurrirá si se introduce por entero)
  • (4) Máscara ritual, no tengo claro si africana o de alguna civilización precolombina, que hubiera hecho las delicias de Picasso, que ya saben que se moría por este tipo de objetos.
Pero oiga, hablando de Picasso ¿sabe alguien qué puede significar en la cubierta de este libro un primer plano de lo que creo que es una de las señoritas de Avignon? ¿Tanto le horroriza al diseñador el cubismo como para identificarlo con este ser maligno?

Impresiona también este Satanás musculado, villano de comic que ha resuelto pasar de la botella, a la que ha hecho añicos, y extender su poder letal directamente sobre el mundo, sin engañiflas de aprendiz. 

No todo son monstruos. Este pobre pequeñín, aunque nos mire con malas pulgas, está ahí, acurrucado y sin salida como el lagarto en la botella de sake. Casi dan ganas de liberarlo, si no fuera porque recuerda un poco al homúnculo del Fausto. Por cierto ¿tenemos claro si el taimado personaje flota en un líquido, o bien permanece suelto en el vidrio, como el siguiente de la lista?

Sí, justamente este otro, que más parece un ratoncito, observado con más pena que espanto por sus poseedores, y representado desde un punto de vista subjetivo bien original (bueno, también da la impresión de que pudiera escapar si se lo propone, así que ojo)

Y ya que hablamos de ojos, vean a la criatura de al lado, todavía más cuitada, reducida a un ojo de Sauron de escaso poder intimidatorio dentro de un frasco que se antoja francamente inestable.

La más lograda combinación de botella y demonio es a mi juicio la de aquí abajo, con puntito ígneo y fantasmagórico contrastando con lo que parece una bonita licorera. Vamos, que podría ser un buen anuncio de algún brebaje duro, como 'La muerte negra' o alguna variedad de absenta de 70º.
Y hay luego algunas interpretaciones realmente bizarras del relato del sufrido Stevenson. La entrañable colección Alianza 100 veía al diablillo nada menos que como algo parecido a ¡un caballito de mar!

Esta otra edición (izquierda) arriesga hasta más allá de los límites: prescinde de diablo y botella y presenta a una feliz pareja de aspecto caribeño, enmarcada con colorido reggae.

Y bueno, a esta última cubierta, por lo demás equilibrada y estéticamente muy correcta, le vemos más bien poquita relación con el cuento, al margen de la mansión. Pero si es usted seguidor habitual de ULAD y más concretamente de esta sección, seguramente recordará unas cuantas de la misma familia gráfica. Y si tiene dudas, eche un vistazo a la etiqueta cubiertas que aparece aquí abajo ¿Quién tendrá el copyright de la imagen nocturna inscrita en marco vegetal?

viernes, 1 de noviembre de 2024

Biblio-necrophiliac Quiz 2024: MAKE ULAD GREAT AGAIN

¡Hola a todos los amigos y amigas de Un Libro Al Día! Os deseamos que paséis un feliz Día Internacional de Visitar las Tumbas de Parientes que No Vamos a Ver en Todo el Año... Bueno, aunque esta denominación ya no es del todo exacta, porque lo de visitar cementerios ha dejado de ser una cosa aburrida y cutre (cuando es por imposición familiar) o turbadoramente creepy (cuando se hace por gusto) para devenir en una tendencia cada vez más cool y apetecible, una alternativa de ocio asequible para todo el mundo y un must cuando viajamos a ciudades cosmopolitas o lugares suficientemente exóticos, aunque se trate de poblachos...  Ya que estamos en un blog de libros, debemos recordar que el auge de esta tendencia se debe también, o al menos en parte, al éxito de títulos más o menos recientes como Una tumba con vistas de Peter Ross o, cómo no, Alguien camina sobre tu tumba de nuestra nunca suficientemente admirada Mariana Enriquez (existe también al menos otro libro sobre el tema, aunque de hace más años, escrito por el neerlandés Cees Nooteboom).

Así pues, para todos aquellos y aquellas que vayáis a pasar vuestras vacaciones o cualquier otro momento de asueto visitando cementerios y, sobre todo, buscando las tumbas de vuestros autores y autoras favoritas y decesas, recuperamos hoy nuestro Bibilionecrophiliac Quiz dedicado a las últimas moradas de los y las juntaletras que ya han pasado a mejor vida. Bueno, mejor menos para los que eran unos borrachos, pichabravas, timadores y sinvergüenzas en general, claro, que de esos ha habido unos cuantos... ¿Todo el mundo listo? ¿Comenzamos ya? ¡Pues a jugar!


1- Empecemos con una facilita: este señor  que parece salir de un viaje al centro de la Tierra parando un taxi es, quién si no, el insigne Jules Verne (Julio para los amigos) y ésa es su tumba. Ahora bien, ¿en qué localidad francesa podemos visitarla y llevarle unas flores o una botella de armagnac o lo que sea?

            A/ Nantes.                         
            B/ Amiens.  
            C/ París.        
            D/ Nemours, de donde provenía la familia del Capitán Nemo.

2- Conocida es la costumbre de dejar cositas sobre las tumbas de escritores famosos (o celebridades en general)y sobre todo, por alguna razón que se me escapa, de los enterrados en París: libros, mensajes o cigarrillos en la tumba de Cortázar, bolígrafos y rotuladores en la de Marguerite Duras o besos con pintalabios en la de Oscar Wilde. Por otra parte, muy cercana a ésta, por cierto, ¿qué se acostumbra a dejar sobre la de Marcel Proust

            A/ Obvio, magdalenas.                                            
            B/ Relojes rotos, por lo del "tiempo perdido".
            C/ Cera para las guías del bigote.  
            D/ Nada, porque si os ve dejar basura el guarda del Pére Lachaise, os corre a gorrazos por todo el cementerio.

3- ¿De qué tiene forma la tumba que comparte J.R.R. Tolkien con su esposa Edith, en el oxoniense cementerio de  Wolvercote?

            A/ De anillo gigante, con su nombre y el de su esposa grabados en lengua élfica.
            B/ De libro abierto por la página donde está dibujado el mapa de la Tierra Media.
            C/ Reproduce fielmente la tumba de Balin, hijo de Fundin, Señor  de Moria.
            D/ De jardinera donde plantar hierba de los medianos... digo, flores, quizá en homenaje al oficio de Samsagaz Ganyi.


4- Sus cenizas reposan debajo de un almendro... es decir, de este olivo, por lo que si esperáis a que salgan las aceitunas y te comes alguna, estaréis ingiriendo un cachito de este insigne escritor... y cometiendo, en cierto modo, antropofagia (ojo cuidao, que las olivas no se pueden comer directamente del árbol, hay que apañarlas o curarlas antes). ¿De quién estamos hablando?

            A/ José Saramago.
            B/ Curzio Malaparte.
            C/ Naguib Mahfuz.
            D/ Danilo Kiš.

5- Como todo el mundo sabe, la tumba del poeta Antonio Machado es un lugar de peregrinación para muchos españoles -y no españoles-, que la han convertido casi en un museo de banderas republicanas al aire libre. Pero decidnos, en qué hermosa localidad del Rosellón la podemos encontrar?

            A/ Couilles.
            B/ Collier.
            C/ Colliure.
            D/ Perpignan.

6- ¿Cuál fue el fin de los restos mortales de la escritora Ursula K. Le Guin, fallecida hace pocos años?

        A/ Fue sepultada en el mausoleo del Salón de la Fama de la Ciencia Ficción, situado en Henderson (Nevada), junto a Ray Bradbury y Arthur C. Clarke.
        B/ Fue incinerada y sus cenizas arrojadas al espacio en el primer vuelo comercial de la compañía SpaceX, por gentileza de su propietario, Elon Musk.
        C/ Su cuerpo fue donado a la ciencia, como ella había dejado establecido.
        D/ Sus restos fueron dados de comer a los buitres, como se acostumbra en la religión zoroastrista, de la que era fervorosa creyente..

7- Hasta su caída hace un par de años, el árbol de la fotografía (un fresno, para más señas) se encontraba en el cementerio londinense de St. Pancras, rodeado de lápidas desde que se hizo la reforma del cementerio en 1877. Se dice que una de las lápidas pertenece al autor de El vampiro, Lord By... quiero decir John William Polidori. Ahora bien, al árbol se le conoce con el nombre de otro escritor británico del XIX que trabajó como ayudante del arquitecto encargado de la remodelación. ¿De quién se trataba?

        A/ Thomas Hardy.
        B/ Lewis Carroll.
        C/ Anthony Trollope.
        D/ Robert Louis Stevenson.

8- El insigne Dante Alighieri, padre de las letras italianas, tiene dos tumbas, aunque una en Florencia, vacía, y la otra, en Ravenna, ocupada (por sus restos, se entiende... o al menos la mayor parte de ellos). Pero, dejando aparte aquel episodio en que desde Ravenna enviaron un ataúd vacío para trolear a los florentinos, el poeta tampoco es que haya tenido un descanso eterno, puesto que sus restos han estado en diferentes sepulcros e incluso ocultos durante bastante tiempo, por no mencionar que una parte de sus cenizas se perdieron durante 70 años, guardadas en una bolsa en un estante de la Biblioteca Central de Florencia. Por lo que respecta a sus huesos, durante el último año de la II Guerra Mundial los tuvieron escondidos para preservarlos de un posible saqueo en...

A/ Un cofre impermeabilizado, en la cripta inundada de la basílica de San Francesco de Ravenna, junto a su mausoleo.
B/ El obrador del Caffé Pasticceria Palumbo, cerca de su mausoleo.
C/ Bajo un túmulo de tierra cubierto de hiedra, al lado de su mausoleo.
D/ Una granja del pueblo de Coccolia, junto a la carretera de Forlí.

9- Uno de los escritores más emblemáticos del sur de EE.UU., Mark Twain, murió, sin embargo, en Connecticut y fue enterrado en Elmira, estado de Nueva York. Aún así, hay que recordar que el cementerio donde se encuentra tiene otra conexión indiscutible dixie:

A/ En ese terreno hubo un campo de prisioneros confederados, durante la guerra civil.
B/ Allí se encuentra también enterrado el trompetista de jazz Louis Armstrong.
CEn ese terreno tenía una fábrica Eli Whitney, empresario e inventor de la desmotadora de algodón.
D/ En una vivienda cercana estuvo residiendo una temporada Carson McCullers, antes de que tuviera que trasladarse al hospital de Nyack, también en el estado de N.Y. por sus problemas de salud.

10- Los muchos admiradores de Roberto Bolaño (varios de ellos escribimos en este blog) no podemos ir a presentar nuestros respetos en la tumba de Roberto Bolaño, porque este gran escritor fue incinerado. Ahora bien, ¿qué ocurrió con sus cenizas?

A/ Fueron esparcidas en el Océano Pacífico.
B/ Fueron esparcidas en el Mar Mediterráneo
C/ Fueron esparcidas entre el río Bibío a su paso por Los Ángeles (Chile), el desierto de Sonora, en México y la playa de Blanes (Girona).
D/ Fueron guardadas por su última pareja sentimental hasta el momento en que puedan ser enviadas al espacio para convertirse en una estrella distante.
            

BONUS TRACK (sólo para muy frik... letraheridos):

11- Sabemos que hay muchos "escritores fantasma" (ahora queda mejor que llamarlos "negros") y también escritores que creían en los fantasmas o, cuando menos, que podían comunicarse con los espíritus (caso de Víctor Hugo o Arthur Conan Doyle). No obstante, también ha habido algún escritor/a que tras su muerte, según se dice, se ha convertido en fantasma y se aparece en lugares donde transcurrió algún episodio de su vida. Sería el caso de un/a muy célebre escritor o escritora latinoamericano/a...

        A/ Juan Rulfo
        B/ Alejandra Pizarnik
        C/ Horacio Quiroga.
        D/ Gabriel García Márquez.

  Respuestas correctas:

1- B; 2- D; 3- D; 4- A; 5- C; 6- C; 7- A; 8- C; 9- A; 10- B; 11- C; 

-Entre 0 y 3 aciertos: Incluso un reloj parado da la hora correcta dos veces al día, ¿verdad? Anda pa casa a leer, alma de cántaro...
-Entre 4 y 7 aciertos: No está mal, pero aunque no hace falta que seáis expertos en la vida y milagros de los escritores (o en su muerte, en este caso), no estaría de más salir un poco de los premios Planeta y las novelas románticas de highlanders,  por adictivas que puedan resultar....
-Entre 8 y 10 aciertos: Muy bien, ya sólo os falta pedir ahora las vacaciones en el curro, y aprovecharlo que los modernos llaman la spooky season para ir a visitar cementerios, aunque sea el de vuestro pueblo...
-11 aciertos: Algo me dice que si os tocara la lotería invertiríais el premio en un mausoleo con forma de pirámide en el cementerio de St. Louis, nº 1 en Nueva Orleans, como Nicolas Cage, para estar cerca de la tumba de Anne Rice... (Pues habríais malgastado el dinero, porque está enterrada en el de Metairie).