miércoles, 30 de diciembre de 2015

Anónimo: Las mil y una noches

Idioma original: árabe
Título original: ألف ليلة وليلة (Abil leylah wa-leylah)
Traducción: Juan Vernet
Año de publicación (edición): 1.960
Valoración: Recomendable


Todo el mundo conoce –aunque sea de oídas- Las mil y una noches, uno de esos textos que trascienden fronteras geográficas o culturales, y se perpetúan siglos más allá de su época. En este sentido, pocos libros tendrán el curriculum de éste. Por lo visto, los famosos cuentos tienen su origen remoto en el sureste asiático, Asia central y la India, en épocas diversas y desconocidas. De ahí fueron viajando hacia el oeste, hasta fraguar en el mundo árabe, donde fueron compilados en la Edad Media, tras unos cuantos añadidos y adaptaciones. Occidente los descubrió y llegaron las traducciones y la popularidad, hasta el punto de que algunos de esos relatos terminaron, domesticados y edulcorados, en las salas de cine.

Si hablamos de la versión castellana, hay varias traducciones clásicas, entre las cuales está la de Juan Vernet, que es la que manejamos en este caso, a decir de los expertos, quizá la más correcta. Y, para que todo quede claro, decir también que es la nuestra una edición ligeramente amputada, de la que Vernet depuró las historias más procaces (no olvidemos que se remonta a 1.960). Pero por ahora nos basta.  

El hilo conductor del enorme repertorio es bien conocido: el rey Shariyar, escaldado por un desaire anterior, tomaba cada día una esposa nueva, a la que daba matarile la mañana siguiente–que también hay que ser inmaduro. Todo esto hasta que dio con la bella Sahrazad (Sherezade, u otros nombres similares), que tenía un plan para subsistir: cada noche empezaba a contarle una hermosa historia, y la dejaba en suspenso hasta la siguiente velada, ingenioso sistema que parece haber sido copiado por nuestras televisiones privadas cuando se acerca el final de la peli. Dentro de este esquema se van enlazando una narración tras otra, en eso que se llama relatos enmarcados.  

Algunos tienen carácter didáctico y otros muchos son un simple entretenimiento, construidos casi todos sobre argumentos más o menos similares. Su origen entronca con la literatura popular, y generan ecos que con frecuencia nos resultan familiares, emparentando a veces con parábolas de la Biblia, o evocando suras del Corán, siempre presente gracias al restyling musulmán que les da su sello característico. Pero tampoco están demasiado alejados de ciertos clásicos de los cuentos europeos, en los que seguramente dejaron su sello. Así que en todas partes percibimos el influjo de L1001N, que igualmente sedujo a tipos como Goytisolo o Borges. El clásico intemporal que decíamos al principio.

A lo largo del denso recorrido nos encontramos por doquier con genios, príncipes, animales y monstruos que hablan, palacios, viajes imposibles, conflictos entre hermanos, engaños, disfraces, amores loquísimos y odios cervales, algunas dosis de humor, bastantes borracheras (¡) y hasta algo de droga. Pero sobre todo muchas mujeres de belleza sin igual (contradictorio, eh?) y muchas, muchísimas joyas de todo tipo, tamaño y especie. Ciertas dosis de ingenio, la venganza, y la tradicional hospitalidad árabe aderezan las historias, casi siempre en términos tan hiperbólicos que a veces resultan disparatados.

Claro está que no son mil y un relatos, sino unos doscientos y pico, porque normalmente se prolongan durante unas cuantas noches. Pero en todo caso son muchos, por lo que encontramos un poco de todo y, claro está, no todos nos gustarán igual. Encontramos así cuentos de verdad curiosos y sutiles, imaginativos o de fino humor, pero también algunos tochos de difícil digestión. No descubro nada si digo que la lectura resulta a veces algo reiterativa y tediosa, y el tono exageradamente naïf puede llegar a cansar. Pero bueno, y sin que sirva de comparación, también en el Quijote encontramos partes aburridas y prescindibles, y no por eso pierde su valor (ejem, no sé si se pueden decir estas cosas en un respetable blog de libros sin que pase nada).

Así que podemos decir que el texto, como era de esperar, se ve lastrado por su propia envergadura, pero merece la pena conocerlo: estamos ante uno de esos libros eternos que forman parte de nuestra civilización, y no deberíamos conformarnos con la versión Disney.

Y me permito dejarles a Uds. unas pildorillas, que igual sirven de anzuelo para el lector reticente. Vean:
  • El famoso Aladino era musulmán, claro está (como todos los personajes del libro), pero no árabe, sino chino (eso sí que es globalización)
  • Varios de los siete viajes del ciclo de Sindbad –uno de los más conocidos-, con sus extraordinarias peripecias, incluyen escenas de tonos sorprendentemente góticos y hasta punkies (a mi me recordaban a algunos ambientes de Javier Calvo)
  • En el caso improbable de que alguien no conozca el astuto modus operandi de los crímenes de El nombre de la rosa, L1001N tiene la solución: El príncipe y la rusalca (noche 5)
  • Los mejores cuentos ocupan más o menos el último cuarto del libro. Entre ellos, uno de mis favoritos es Historia de Abd Allah, un cuento de corte clásico y moralista en que todos los personajes principales se llaman igual (noche 900 y algo) –lástima que luego no se saque partido de la ocurrencia.
  • No creo que me haya saltado ninguna página, así que puedo asegurar que, por lo que yo recuerdo, en todo el libro no aparece ni una sola alfombra voladora.
Vale, he metido bastante chapa, pero creo que la ocasión lo merecía. 

6 comentarios:

Anónimo dijo...

En serio, no puedes escribir ingenuo, tiene que ser naif. Dios mio, dios mio, el fin está cerca.

Anónimo dijo...

Magnífica reseña, joder.

Carlos Andia dijo...

Lo siento, Anónimo-1, demasiados años respirando los ambientes de la bohéme parisienne, ya sabes, Montmartre, Les fleurs du mal, el Sena, los bistrots, boulevard Saint Germain y allons enfants de la patrie. Por cierto, es naïf, con diéresis.

Gracias a Anónimo-2 por su comentario, tan contundente, sí.

Saludos.

Alia _ dijo...

Aix, me leí esa historia cuando era chica (ahora soy hombre, nah, es broma) y recuerdo que me encantó y a la vez me horrorizó. Me dejaron algún trauma las ilustraciones del libro que yo tenía pero fue una gozada.
¡Buena reseña! (Dijo la experta...).

Carlos Andia dijo...

Según qué ilustraciones cuando somos chavales es fácil que se nos queden grabadas, no siempre para bien. Gracias por el comentario Alia (o debo decir Alio? jeje). Saludos

Lihem ben Sayel dijo...

¡Me los acaban de regalar en una magnífica edición! :D
Amo este Blog. Que lo sepan...
Besos y feliz año a todos.