martes, 1 de diciembre de 2015

Fernando León de Aranoa: Aquí yacen dragones

Idioma: español
Año de publicación: 2013
Valoración: recomendable

El afamado director de cine Fernando León de Aranoa se sumó con este libro a otros colegas suyos de profesión -me refiero sólo a España- que, en los últimos tiempos, también han probado suerte con la literatura: Manuel Gutiérrez Aragón, Álex de la Iglesia, Julio Medem, que se suman al ya clásico Gonzalo Suárez o al cocinero antes que fraile David Trueba (y, recientemente, el "planetoide" Daniel Sánchez Arévalo).... Aunque, a diferencia de estos otros casos, León de Aranoa no optó por la novela, sino por los relatos cortos -cortísimos, en algún caso, de manera que incluso podemos hablar de esa subespecie tan en auge que son los microrrelatos- pergeñados, según explica él, en las muchas horas muertas pasadas en aeropuertos, hoteles de diferentes lugares del globo o incluso en las pausas de sus rodajes. Quizá sea ésta la razón por las que muchos de sus cuentos (me cuesta un poco considerarlos "relatos", dada su brevedad), tienen un aire internacional, para ser más exacto, latinoamericano... no sólo por las numerosas referencias que aparecen (nombres, calle, ciudades), sino el tono, entre tierno e irónico, de más de uno de ellos remite a los de Mario Benedetti, por ejemplo. Y alguno de los de carácter más fantástico o surreal, a Cortázar.

Por seguir con las posible influencias o concomitancias, algunos cuentos, los más naïfs, me recuerdan también el tono de los del italiano Gianni Rodari. En realidad, se pueden encontrar muchas otras relaciones con diferentes escritores, debido a que la gran cantidad y variedad de los cuentos, algunos de tan sólo unas pocas líneas -o incluso ninguna-, así lo permite.Incluso en algún momento, recuerdan los relatos imposibles e impensables de algún conocido nuestro... Encontramos asimismo un constante juego metaliterario y sobre todo un sentido del humor, más guasón unas veces (Instrucción única para deshacerse del cadáver de uno mismo), sutilmente irónico otras, que hace de hilo conductor, incluso de espina dorsal, que recorre y alienta todo el libro.

También (no se puede negar) hay un cierto toque "sensiblero", algo cursi (Tu nombre y el mío, Mi Waterloo), compensado por otros cuentos más reivindicativos (Derechos), o por la ácida ironía que pueden esconder los que parecen poco más que aforismos: 

Los terratenientes: 
Bienaventurados los terratenientes, porque ellos heredarán también la tierra.

Los escépticos: 
Bienaventurados los escépticos, porque de ellos serán los cielos que otros asalten. (Recordemos que el libro es anterior a cierto partido político español...).

O la simple humorada: 

Risas: 
¿Pero de qué carajo se ríe la vaca que ríe?

En suma, un libro de lo más recomendable para leer a pequeños sorbos (el autor aconseja incluso tomarse un momento de descanso entre un relato y otro). Si alguien tiene algún prejuicio porque quien lo ha escrito sea ajeno al "oficio", le conmino a que lo deje de lado; creo que no se arrepentirá.

Y para muestra, con el permiso de ustedes (y del propio autor, espero), otro botón, uno de los que más me han gustado: 

El error de Arquímedes: 
La pequeña Masha, sumergida a media tarde en la bañera, con jabón y patitos de colores, desaloja una cantidad de agua por el suelo del cuarto de baño muy superior al volumen de su cuerpo pequeño.