martes, 8 de diciembre de 2015

José Saramago: Ensayo sobre la ceguera

Idioma original: portugués
Título original: Ensaio sobre a cegueira
Año de publicación: 1.995
Valoración: Muy recomendable


Veinte añitos cumple Ensayo sobre la ceguera, seguramente el título más popular del relativamente popular José Saramago. Parece que el portugués tenía buena conexión con el público español, aunque no tengo claro si por aprecio a su obra o porque daba buena imagen citar su nombre. El caso es que pueden leerse comentarios sobre este libro en miles de sitios, y hasta tiene su adaptación cinematográfica, por cierto, a mi juicio bastante acertada.

La novela tiene lecturas alegóricas obvias (la ceguera del hombre actual ante lo que ocurre a su alrededor, lo que provoca un proceso de deshumanización; el embrutecimiento y la pérdida de valores en situaciones límite, etc.) en las que no me voy a detener. Y teniendo además en cuenta que por aquí contamos en firmas mucho más autorizadas que la mía para analizar con rigor la obra de este autor, dejaré de lado el plano digamos académico, incluidas ciertas singularidades formales, y me limitaré a una valoración puramente personal.

Como todo el mundo sabe, Ensayo sobre la ceguera se sitúa en un escenario distópico en el que un mal desconocido provoca la ceguera instantánea de la gente, extendiendose sin control y a gran velocidad, hasta afectar a casi todos los habitantes de una ciudad determinada. Habiendo perdido de repente toda referencia para moverse, los individuos intentan valerse como pueden, rodeados de otros muchos en su misma situación, de forma que, como era de esperar, las normas mínimas de convivencia se empiezan a resquebrajar muy pronto. El Gobierno se ve desbordado y la situación queda fuera de control, los ciegos vagan por las calles sin saber dónde están, y desaparece de facto la propiedad y cualquier ética más allá del instinto de supervivencia.

El terrible proceso se nos presenta con una intensidad que crece en proporción geométrica hasta sumirnos en un mundo de pesadilla. Una única persona –sin nombre, como todas las demás- mantiene la capacidad de ver sin que se sepa por qué, y es quien presta sus ojos al lector –aunque el punto de vista narrativo sea cambiante. La posición de este personaje en medio del cataclismo social y humano da credibilidad al relato y multiplica su crudeza: la vidente no sólo contempla –ella y nadie más- el horror que crece a su alrededor, sino que se ve obligada a ocultar su privilegio para salvaguardar su vida y la de su marido. Otra metáfora, tal vez.

Hacen falta muy pocas páginas para que la situación se manifieste en toda su dimensión, por lo que pronto se alcanza una especie de meseta argumental que se sostiene prácticamente hasta el final (igualmente abrupto, y que tal vez no está a la altura del resto). Esto supone que, tratándose de un libro relativamente voluminoso, el relato mantiene una misma intensidad durante muchas páginas, lo que nos hace preguntarnos si quizás no se han cargado las tintas con algún exceso, o si no se podrían haber ahorrado unas cuantas páginas de espantos.

Al tratarse de una lectura que no requiere mayor esfuerzo, resulta fácil que el lector se encuentre absorbido por el abominable escenario, y termine siendo presa de la angustia. No es quien suscribe fácilmente impresionable, y menos por una historia de ficción, pero esta vez puedo asegurar que me produjo un profundo desasosiego, una especie de malestar un poco obsesivo que tardó algún tiempo en borrarse. Dejar ese tipo de huella sin siquiera recurrir a artificios al uso es seguramente una de las virtudes que hacen bueno un libro.

Otros libros de José Saramago reseñados en Un libro al día: CaínAlabardasLa cavernaEl evangelio según JesucristoEl hombre duplicadoEl año de la muerte de Ricardo Reis

8 comentarios:

JAVIER SÁNCHEZ CAMPOS dijo...

Fue el primer libro de Saramago que leí y tengo buena parte del libro grabado a fuego en mi mente. La parte del intercambio sexual, la infección debido al taconazo... poderosas imágenes de un libro que, para mí, es un imprescindible.

Carlos Andia dijo...

Sí, Javier, es de los que no se olvidan fácilmente.

Saludos.

María Fernanda Pignataro dijo...

Muy de acuerdo con tu reseña. Leí este libro hace años y no puedo olvidar la angustia y la sensación de impotencia y opresión que me causó. El final del libro -aunque tal vez parezca una resolución un poco abrupta- es aliviador, tal vez un manto de piedad después de tantas páginas con descripciones tán gráficas de tormentos físicos y psicológicos.

Saludos desde Buenos Aires.

Daniel García dijo...

Yo leí este libro en el momento de su publicación (ah, qué hermosos 20 años), después de haber leído unos cuantos de los ya publicados por Saramago hasta la fecha (Ricardo Reis, La Balsa de Piedra, Memorial del Convento, El Cerco de Lisboa). Este libro me gustó mucho, pero tengo la sensación de que marcó un punto de inflexión en la carrera de Saramago (tanto por el gran éxito editorial de este libro, al menos en España, como porque empezó a hablarse ya mucho de Saramago como candidato al Nobel que ganaría en 1998). A mí me parece que a partir de este momento la obra de Saramago está más escrita por el "personaje Saramago" que por el escritor portugués José de Sousa Saramago. Su presencia pública se multiplica y su obra parece dirigida a contentar a un público que lo aclama incondicionalmente, si bien, en mi opinión, la calidad decrece. Tras Ensayo sobre la ceguera únicamente leí Todos los nombres e intenté leer La Caverna, pero no pude con él (me pareció extremadamente simple el planteamiento: un alfarero frente al terrible capitalismo).

Carlos Andia dijo...

Veo que somos muchos los que coincidimos en esa sensación de angustia que transmite el libro. Menos mal, pensé que me había vuelto un blandengue, jeje.

No puedo valorar la trayectoria de Saramago porque no la conozco lo suficiente, pero sí es cierto que, al menos en España, adquirió una cierta popularidad, no sé si a finales de los 90 o algo después. En mi opinión, ésto hizo de él un 'personaje' que casi todo el mundo identificaba con unos patrones determinados, lo cual no sé si es demasiado bueno para un escritor.

Gracias María y Daniel por los comentarios.

Escuela de escritura dijo...

Sí que es verdad que la novela te deja un cierto desasociego, pero una historia como esta, muy bien llevada por Saramago, no podía dejar otro poso. La versión cinematográfica Blindness, sin ser mala, no está a la altura, mejor el libro.

Cuarto de Cícero dijo...

Uno de los imprescindibles que todo el mundo debería leer. Recuerdo la desazón y el mal cuerpo que iba dejando el libro conforme iba pasando sus páginas sin poder parar de leer.

Carlos Andia dijo...

La sensación de turbación parece que es inevitable, pocos libros producen un efecto tan potente. O es que somos un poco blandengues, jeje.

La película me pareció que reflejaba muy bien lo que transmite el libro, pero tampoco me atrevo a juzgarla. Además, la vi hace bastante.

Gracias a los dos por los comentarios.