jueves, 12 de julio de 2012

José Saramago: La caverna

Título original: A caverna
Idioma original: portugués
Año de publicación: 2000
Valoración: Está bien


No puedo remediarlo, para bien o para mal, soy una lectora atípica. Al contrario que la mayoría, me cuesta abandonar los libros que me gustan, paladeo cada una de sus frases, releo muchas de ellas, los dejo descansar varios días porque quiero que se queden conmigo el máximo tiempo posible. Esta novela, en cambio, la leí rápidamente – sin que esto, dada su tendencia redundante, haya supuesto mayor esfuerzo – como si me estuviese bebiendo una gran botella de jarabe cuyo sabor fuera incapaz de soportar.

Me la habían recomendado con tanta insistencia que, por pura curiosidad, cedí. Había decidido dar carpetazo al autor portugués después de leer Todos los nombres, de dejar a medias Viaje a Portugal y a pesar del entusiasmo que había sentido por Ensayo sobre la ceguera, primero que leí suyo y que me abrió unas expectativas enormes. Precisamente por eso, en cuanto lo abrí y comprobé que mantenía las mismas pautas que en éste, tanto en el lenguaje como en muchos procedimientos narrativos, en la ausencia de puntuación y en su tono general, supe que algo no encajaba, que no podía funcionar del todo. Porque lo que en Ensayo constituía un hallazgo en La caverna se convierte en puro mimetismo. Uno de los grandes méritos de aquella consiste en la exacta adecuación de los recursos al alucinado ambiente que nos muestra, y si a ella le sentaba como un guante, a ésta, realista, cotidiana incluso, a pesar de lo insólito de algunas situaciones, resulta fuera de lugar. Esto a pesar de un planteamiento impecable – como cualquiera de los de Saramago, pues constituyen uno de sus puntos fuertes  narrativos – por original y personalísimo, por su empatía, su coherencia y porque araña muchos recovecos humanos que pasan desapercibidos a otros novelistas.
 
Pero esto que, en principio, representa un valor, acaba volviéndose en su contra. En literatura, tanta pasión ideológica no suele dar buenos resultados ya que, con independencia de la intención del autor, está presente en cada escena, en cada comentario personal llegando a determinar el curso del argumento. Saramago, para mi gusto, dirige demasiado el pensamiento del lector, no deja que el desarrollo de los acontecimientos muestre lo que sea menester. Constantemente le vemos, como un pepito grillo novelista, interponerse, alzando la voz, señalándonos esto y aquello, de forma tan evidente que termina resultando molesta por muy de acuerdo con él que estemos. También fija de antemano las conductas de unos personajes que pierden su individualidad en un momento dado para convertirse en estereotipos sociales.

La novela habla de los viejos oficios que van cayendo en desuso, de personas educadas para vivir en otra época y que, por eso mismo, han dejado de ser válidas, de incomunicación (y amor) paterno filial, de apego a la madre tierra en todos los sentidos, del pasado y de las transformaciones que convierten al presente en futuro. Es decir, del progreso, que mantiene viva la especie a costa, casi siempre, de sacrificar a alguien.

Estas cualidades, junto a la prosa envolvente de Saramago, a su capacidad de convicción, a la simpatía que inspiran unos personajes que no están dispuestos a resignarse, a lo insólito de las soluciones que encuentran, al constante crecimiento de la tensión narrativa, la convierten en una fábula moderna que, como cualquier fábula que se precie, resultaría mucho más efectiva si Saramago hubiera prescindido de insistencias que nada añaden y la hubiera adaptado a las dimensiones de un relato corto.

También de Saramago: El hombre duplicado, Caín,

13 comentarios:

izas dijo...

A mí me encanta Saramago y con este libro no pude, ya ves. Lo empecé con muchas ganas, pero me fue pareciendo cada vez más aburrido, más "voy a darle unas cuantas vueltas más a lo mismo, que me parece que no ha quedado claro".
Como dices, creo que habría sido mejor, si se hubiese escrito como una fábula o cuento. Pero en fin.

Santi dijo...

A mí con Saramago me pasa algo curioso: creo que me gusta mucho, hasta que leo algo de él :P

Ensayo sobre la ceguera me gustó muchísimo la primera vez que lo leí; lo releí unos años después, y me decepcionó mucho, me pareció demasiado manipulador. Intermitencias de la muerte me gustó al principio, aunque en la segunda mitad cae en ciertas repeticiones. La caverna y Levantado del suelo me aburrieron. Caín me pareció un libro muy flojo, sinceramente.

En resumen, parafraseando a Sofía Mazagatos, me encanta Saramago, pero no me gusta demasiado ninguno de sus libros.

(Pero voy a seguir dándole oportunidades: tengo pendientes de leer La balsa de piedra y El viaje del elefante, y me han hablado extraordinariamente bien de El año de la muerte de Ricardo Reis

Paula dijo...

Yo tengo pendiente El evangelio según Jesucristo, ¿lo habéis leído?

Jaime dijo...

Totalmente de acuerdo con la reseña, Montuenga. Saramago es un moralista integral, no lo puede evitar, y eso acaba resultando burdo a veces. Como en el final de esta novela, que recuerdo con algo de vergüenza ajena. Precisamente por esa impresión no me he animado nunca a leer El evangelio según Jesucristo, que preveo taaaan ideologizado.

Maese_Salakov dijo...

En mi subjetiva opinión "El evangelio según Jesucristo" es un librazo. ¿Ideologizado? Pues qué queréis que os diga, tal vez, pero de qué otra manera acercarse al lado humano de Jesucristo.
Lo dicho, que me gustó mucho, mención especial para la conversación a tres voces en las páginas finales entre Dios, Satán y Jesucristo. De una lucidez y un ingenio afiladísimos.
Lectura obligatoria, o casi...

Café de Menta dijo...

Pues tengo que discrepar un poco, pues a mí sí que me gustó La caverna, aunque "El Evangelio" me gustó mucho más. No sé, no lo he leído todo de Saramago, pero las tres o cuatro cosillas que he leído me han gustado.
Por cierto, espero que no importe que recomiende nuestro blog:
http://cafedementa13.blogspot.com.es/
No es solamente de libros, pero reseñamos muchos. ¿Aceptáis afiliaciones de blog que no sean exclusivamente de libros? Si es así, nos gustaría mucho una afiliación mutua. Um abrazo!!

Anónimo dijo...

Aunque esté un poco pasada ya esta entrada, decir que me pasa lo que a muchos de vosotros. Me ha encantado Saramago pero algunos de sus libros se me han hecho muy pesados, entre ellos: La caverna, Memorial de un convento, o la Balsa de piedra que no pude terminar. Sin embargo, recomiendo fervientemente el Evangelio según Jesucristo (que es maravilloso), El año de la muerte de Ricardo Reis (que me encantó) y El hombre duplicado, que abre unas reflexiones muy interesantes. Los últimos libros suyos, como Caín, me resultaron bastante flojos. Sin embargo, ni a García Márquez se le puede pedir coherencia narrativa a lo largo de toda su obra. Bastante hay con los regalos que nos hacen de vez en cuando...

escalerasytoboganes@gmail.com dijo...

Leí “el hombre duplicado” hace un montón de años y me dejó indiferente. He leído “ensayo sobre la ceguera” la semana y me ha gustado (excepto el final, bastante flojillo, en mi opinión). Después de este, me han quedado ganas de leer más obras del autor, creo que “la caverna” puede ser una buena candidata, aunque, en cualquier caso, no creo que lo lea a corto plazo.

Anónimo dijo...

como puedo representar en forma grafica..la caverna de josé saramágo..?necesiyo ayuda..

salmern79 dijo...

Creo que no tiene nada moralista. En absoluto. Lo leí hace años y me parece uno de los mejores libros junto a Todos los nombres. Lo releeré próximamente de todas formas. Creo que en parte es una crítica a un sistema, el actual, que sí es moralista en lo económico. Prueba de ello es la actual situación. ¿Cómo no impregnar la escena de otra ideología, si lo que pretende esa ideología es cambiar justo esas normas que ahogan lo que hasta la fecha tenía cabida en el mundo ? Creo recordar que en las primera parte de la novela, es el propio autor quien efectúa una crítica a la moral utilizando la figura metafórica de un moral (el árbol). Además moral significa en parte las cualidades por las que una persona es cualificada de buena o mala, o lo uno, o lo otro. Perdonadme si me equivoco (releeré otra vez), pero el perro que aparece es negro con una mancha blanca, o sea ni es la oveja negra, pero tampoco es la blanca. ¿Metáforas? No lo se. No es ni el bien ni el mal. Ambas.

Saludos.

salmeron79 dijo...

Un blog interesante, os leo.

Saludos.......

Montuenga dijo...

Hola Salmerón. Se puede estar de acuerdo con la ideología del autor y, no obstante, pensar que la novela flaquea.

Como digo en la reseña, una obra de ficción debe presentar los hechos y dejar que el lector decida, no llevarle tanto de la mano, confiar en su inteligencia.

Es cierto que cuando simpatizamos con las ideas tendemos a dar todo por bueno. Los planteamientos morales están muy bien, le dan profundidad a la obra, pero cuando se insiste tanto para convencer se acaba escribiendo un panfleto y eso es todo menos literario.

salmeron79 dijo...

Moral significa y es relativo a los valores o costumbres que se consideran buenos, según la concepción del bien y el mal de una comunidad.
Esta es una interpretación personal que intenta considerar el grado de moralidad que esta novela conlleva:

“Recortado sobre la baza cortina de nubes grises, el moral aparecía tan NEGRO como le obliga su propio nombre” pg. 60.

1ª consideración. La expresión negro denota ocultismo o algo no claro. Se aplica al termino moral, metaforizado en un árbol, que tiene el mismo nombre que la cualidad psíquica y que para bien o para mal, se proyecta sobre una familia, y en este caso su perro”

2ª consideración. El perro, en este caso, compañero en lo humano del hombre, viene caracterizado por ser de color gris, mayoritariamente, con mancha blanca como una corbata y orejas negras.
El gris no es ni blanco ni negro, es una mezcla de los dos. Culturalmente y simbólicamente, ni es lo oscuro del negro, ni lo claro del blanco. El pensamiento moral muchas veces se distingue por clasificar los valores en extremos de una banda. En este caso el perro no se decanta por un extremo, oscila entre uno y otro. Carece de valores exactos y determinados, a la sombra de un moral, de una proyección social.

“Se podría decir de un perro visto por primera vez, a la sombra de un moral…..”. pg. 70.

“De un perro visto por primera vez” , que en la novela figura como desconocido y sobre el cual no se proyecta valores morales, personaje sin juicios expuestos., del que se dice que es gris, ni malo ni bueno, oscilante.

Realmente no se si esto figuró por la cabeza del autor, pero yo lo interpreté así. Abre una novela que se introduce en la clase obrera a través de una familia que ha sido expulsada por un movimiento social, que, siendo moral pero encubierto, vende aquellos valores que le interesan. Ellos son las víctimas de un sistema que ha adoptado la mecanización como mecanismo para dominar y explicar la realidad según sus propios intereses. Esto si es moral. La iglesia, a la sombra de otros valores, ya lo hizo y ya excluyó. El término moral es relativo según el interés y los objetivos que pretenda y persiga.

Releeré otra vez el texto, pero creo que en la última parte, bucea tanto en términos no morales que hasta se permite contradecir la auténtica bondad que ciertos sectores han vendido. ¿No bajaba bajo la superficie para encontrar a personajes atados de pies y manos buscando repuestas coherentes y humanas que los liberaran, que de una vez liberaran la historia y el papel del hombre en ella? Me refiero a esos términos extremos, engañosos o clasistas, que quedan muchas veces bajo la sombra de un moral.
No lo se. Tendré que leer otra vez. Esto es solo una opinión, por supuesto. Solo eso.
Creo que entre palabras está el juego, simplemente. La literatura no deja ser un magnífico arte, y desde mi punto de vista, este libro lo refleja perfectamente.

Gracias por todo, es un blog muy interesante.

Saludos,

Seguiré leyendo.