domingo, 15 de julio de 2012

Ford Madox Ford: El buen soldado

Idioma original: inglés
Título original: The Good Soldier
Año de publicación: 1915
Valoración: Muy recomendable

Muchas veces se habla del siglo XIX como "el siglo de la novela", lo cual es evidentemente reduccionista (hacia el siglo XIX y hacia el concepto de novela) pero refleja también un fondo de verdad: que durante el siglo XIX, en especial en su segunda mitad, la novela pasó de ser un género secundario en los cánones literarios nacionales (en los que la poesía lírica o el teatro ocupaban el centro indiscutible), a ser el motor del sistema literario, con la aparición de grandes maestros como Balzac, Flaubert o Zola, Tolstoi o Dostoievski; Galdós o Clarín; Eça de Queirós o Dickens. Por diversos caminos, estos escritores y muchos otros alcanzaron una maestría en el manejo de la descripción, de la creación de personajes, tramas y universos ficcionales. Y uno de los aspectos en los que destacaron más especialmente los novelistas del siglo XIX fue en la creación de grandes narradores: narradores (a veces testigos, a veces con voz y personalidad propia que condicionan radicalmente el modo en que el lector accede a la historia.

El buen soldado de Ford Madox Ford (aunque escrita ya a comienzos del siglo XX, que conste) podría servir de ejemplo perfecto para esta afirmación, al igual que muchas novelas de su "antecesor" Henry James. En efecto, el narrador, John Dowell, es un modelo de lo que Wayne Booth denominó unreliable narrator, "narrador no confiable": es un narrador desordenado, confuso, olvidadizo, parcial y a menudo manipulador, que nos da una visión determinada de los hechos o de los personajes en las primeras treinta páginas, para dedicar las otras doscientas a destrozar meticulosamente esa visión en las restantes doscientas.

La trama como tal es bastante convencional, y podría haber dado para algo así como Madame Bovary o Fortunata y Jacinta: cuenta la historia de dos matrimonios de "gente bien" (así llamados por el propio narrador): los Dowell -John y Florence, americanos- y los Ashburnham -Edward, inglés, y Leonora, irlandesa-. Al principio son presentados como dos matrimonios ideales, elegantes, felices; luego se verá que todo es apariencia, que todos se engañan a todos, que no hay en realidad apenas afecto entre ninguno de ellos, y que, queriendo o sin querer, se han destrozado la vida unos a otros.

El motivo por el que esta trama no se convierte en un Madame Bovary o Fortunata y Jacinta es precisamente por la voz de ese narrador-testigo, John Dowell, que cuenta la historia en forma de una larga confesión escrita durante varios años, con incoherencias, desorden, olvidos y manipulaciones: "...cuando se analizan unas relaciones amorosas", dice "tan pronto se avanza como se retrocede. [...] Tiene usted los hechos aunque haya de molestarse en buscarlos".

Hay otra característica del narrador que hace la lectura mucho más llevadera: su humor cínico y sarcástico, que disecciona al resto de personajes, a la alta sociedad y a sí mismo con una divertida crueldad. Algunos de sus latigazos tongue-in-cheek, que se dice en inglés, recuerdan a los aforismos de Ambrose Bierce. Por mucho que se esfuerce en decir que Edward y Leonora eran personas nobles y "gente bien", la imagen que queda de ellos es la de unos seres egoístas, torpes, hipócritas y traicioneros.

En fin, que esta novela de Ford Madox Ford no sirve para solucionar aquella discusión que tuve con un compañero de trabajo, sobre si es mejor la novela del XIX o la del XX; porque aunque su trama está cerca de la de muchos novelones del XIX, gran parte de sus técnicas (fragmentación, desorden, ironía, autoconsciencia) pertenecen más bien al "Modernismo" y lo acercan, salvando las distancias, a la narrativa de Virginia Woolf.

Sea como sea, es una gran novela: Un clásico.

2 comentarios:

Paula dijo...

Pero ¿realmente se puede decidir si la del XIX o la del XX es mejor? Teniendo en cuenta que el punto de partida, la "función", varía sustancialmente de una época a otra (y aun dentro de una época hay incontables diferencias).

Soy fan de los "narradores no confiables" (por mucho que la expresión me suene horrorosa).

Ari Ari dijo...

Imprescindible