jueves, 3 de diciembre de 2015

Hans Magnus Enzensberger: Tumulto

Idioma original: alemán
Título original: Tumult
Año de publicación: 2014
Traducción: Richard Gross
Valoración: recomendable

Nada que ver con el tono tenso, solemne, sobrio que acaparaba hasta el último párrafo de Hammerstein o el tesón. Quizás la temática lo justifica. Pues no es lo mismo escribir sobre un digno personaje atrincherado en sus principios en medio de la Alemania nazi que hacerlo sobre uno mismo, porque escribir sobre uno mismo permite elegir el tono que sea, y nada más sano, dicen los manuales de autoayuda y alguna frase cutre escrita en los lavabos de alguna Universidad de Humanística, que reírse de uno mismo.
Claro que cuando Enzensberger está tomándose a sí mismo un poco a broma también está, efectos colaterales que uno no puede evitar, dinamitando ciertos tabús, cosa que podría ofender a más de  uno. Por ejemplo, la tradición de cierta izquierda europea, aquella floreciente en las décadas de los 60 y los 70, esa que procedía de la intelectualidad chic burguesa, sí, no me disimule, aquella tan comodona en aquello de abogar por la lucha de clases y por los guiños al bloque del Este, pero siempre volver al confort de sus hogares a abrigarse con plaids de marca. Sí, esa izquierda no es que salga muy bien parada, y no atino a comprender si Enzensberger se incluye en ella y estas memorias de cierta época de su vida son ya casi una autoparodia. Porque Enzensberger centra este Tumulto en unas tranquilas peripecias, allá por los últimos 60 (o sea, pasado Mayo del 68, pasada la primavera de Praga). Peripecias de un alemán de la RFA al que, merced a su posicionamiento ideológico, se le permite viajar a Rusia o a Cuba. Y allí Enzensberger contempla atónito las extrañas sociedades que han creado aquellos que ascendieron al poder puño en alto y dando vivas a la dictadura del proletariado. Cómo es adulado por su mera condición de simpatizante de la causa y cómo se le ofrecen atenciones que la población ni intue que existen. Y si ya en el momento de los hechos, un escritor alrededor de los cuarenta, que hace comentarios lúbricos, que viaja, muestra cierto escepticismo, pues imaginad cuando pasa casi medio siglo y asistimos a todo lo que de aquello ha quedado, cómo Enzensberger, ahora ya un anciano admirado, se toma con sorna, una sorna elegante, ácida y mesurada, sin sarcasmo ni mala leche. Más bien con esa resignada serenidad que a uno le aportan los años  y haberlas visto ya de unos cuantos colores. Esa condición se filtra conforme uno lee y aunque la vida de Enzensberger no sea precisamente una montaña rusa de riesgos y emociones, su eficacia como narrador es inapelable. En esta difícil época en que Europa ha de ser consciente, como continente, de que va siendo hora de dejar de mirarse el ombligo, un ejemplo muy útil (y por tanto, muy preocupante) de pragmatismo y sentido común.