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lunes, 11 de marzo de 2019

Thomas Hardy: Dos en una torre

Idioma original: Inglés
Título original: Two on a tower
Traducción: Miguel Ángel Pérez Pérez
Año de publicación: 1882
Valoración: Recomendable alto

De: Un libro al día <unlibroaldia@gmail.com>
A: Tim Burton <melancolicochicoostra@gmail.com>
Asunto: Dos en una torre, de Thomas Hardy

Ya no tan estimado Tim(oteo):

Hace ya un tiempo te enviamos un mail hablándote de una historieta de Thomas Hardy, titulada "El brazo marchito", que nos parecía que podría funcionar de maravilla si tu la llevaras al cine. Sabemos que estas muy liado con la nueva adaptación de Dumbo y demás, pero ¡al menos podrías habernos dado acuse de recibo, macho!

El caso es que como somos muy fans tuyos nos atrevemos a sugerirte otra obra de Thomas Hardy para que, por lo menos, te lo pienses. Mira, esta es "Dos en una torre", una novela de unas 400 páginas que, pese a esa portada que podría sugerir lo contrario, es más oscura que el ataúd en el que estuvo enterrado Barnabas Collins. Pero no oscura en el sentido "macabro" del término, sino en el de triste y, hasta cierto punto, deprimente.

Verás. "Dos en una torre" es una novela inglesa de finales del XIX que generó en su momento bastante polémica porque narra la historia de amor (y alrededores) entre Viviette Constantine, joven viuda de unos treinta años que pertenece a la alta sociedad, y el apuestísimo (y más bien tirando a pobre) aspirante a astrónomo Swithin StCleeve, apenas un crío de unos 20 años. Con estos mimbres, cualquier directorzuelo perpetraría un telefilme dominguero de los de Antena 3 y cualquier escritorzuelo se cascaría un bodrio pastelero de tres pares de narices, pero Thomas Hardy era un escritor de los buenos y tu eras eres el mejor director de los últimos tiempos (si quitamos a los hermanos Coen, a Sorrentino, a Wes Anderson...).

Pero la historia de Lady Constantine y StCleeve no es más que el punto de partida para construir una narración en dos planos (lo grande y lo pequeño, lo celestial y lo humano, etc) en la que el tema central no es otro, al igual que en otras novelas de Hardy, que la influencia de la culpa y el miedo sobre la vida de las personas, culpa y miedo que harán que los protagonistas sean incapaces de enfrentarse a los malentendidos y condicionantes celestiales y terrenales que parecen confabularse para hacer de sus vidas un camino de espinas.

Dos son las principales virtudes de la novela. Una de ellas es la magnífica descripción de paisajes y escenarios que realiza Hardy, todo un maestro en estas lides. La otra, y creemos que es lo mejor de la novela, es el análisis psicológico y evolución de los dos principales personajes, tanto es así que Hardy sostiene las 400 páginas del libro en base a este aspecto y lo hace, además, a buen ritmo y manteniendo la tensión a lo largo de toda la obra. Sabemos que igual el psicológico no es el punto fuerte de tus películas, Tim(oteo), pero el hecho de que los Constantine y StCleeve sean tan jóvenes y se pasen buena parte de la novela en el interior de una torre medieval realizando observaciones astronómicas te va a permitir gastar miles de dólares en decorados y en maquillaje y pelucones para Johnny Deep y Tilda Swinton (no podemos concebir otros actores para la peli). 

En el lado negativo, tenemos que reconocer que el final de la novela nos parece precipitado y facilón, casi decepcionante, sobre todo por ese cerrar una historia tan bien construida en apenas unos párrafos. Pese a este regusto amargo, "Dos en una torre" es una buena novela, oscura y ágil, y confiamos en ti para darle a la versión cinematográfica de "Dos en una torre" un final a la altura del resto de la narración. 

En fin, Tim(oteo), que nos haría mucha ilusión que nos contestaras y que tuvieras en cuenta esta historia de Thomas Hardy. De verdad que te puede ir como anillo al dedo y te puede sacar de esta última rachillla que llevas. Lo dicho, esperamos tu respuesta. Si no, te pondremos unas velas negras hasta que tu melena sea como el pelazo de José Luis Rodríguez "El Puma". ¿Terrorífico, eh?

También de Thomas Hardy en ULAD: El brazo marchito

miércoles, 26 de abril de 2017

Zoom: El brazo marchito, de Thomas Hardy

Idioma original: Inglés
Título original: The withered arm
Traducción: Zulema Couso
Ilustraciones: Júlia Sardà
Año de publicación: 1888
Valoración: Bastante recomendable

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De: Un libro al día <unlibroaldia@gmail.com>
A: Tim Burton <melancolicochicoostra@gmail.com>
Asunto: El brazo marchito, de Thomas Hardy

Estimado Tim:

Soy fan tuyo, pero fan de los de poster en su habitación, desde hace muchos años. De hecho, hubo una época en la que intenté peinarme como tú, pero me fue imposible. Pero ese es otro tema. Como te decía, soy fan tuyo desde la época de Vincent y Frankenweenie, aunque he de reconocer que mis favoritas son Eduardo Manostijeras, Ed Wood y Sleepy Hollow y que tu última etapa …

Bueno, no me enrollo más y paso a contarte el motivo del mail. El caso es que, en España, se han puesto de moda últimamente los libros ilustrados y eso es algo que nos gusta. Por un lado, porque cumplen una interesante función divulgativa, ya que permiten acceder a autores clásicos con los que, por el motivo que sea, puede dar pereza ponerse. Por otro, porque son libros breves, "finitos", de esos que no ocupan hueco en la maleta, ideales para leer en un viaje en tren o en avión. Y por último, porque esas ilustraciones que los acompañan nos traen gratos recuerdos, como si uno volviera a leer tebeos de la infancia o algo así.

Te contamos todo esto porque uno de esos pequeños libros ilustrados es “El brazo marchito”, del inglés Thomas Hardy. Fue publicado en 1888 en la revista Blackwood´s Edimburg Magazine y en el libro “Cuentos de Wessex” y se trata de un cuento gótico de manual, fatalista, pesimista y oscuro, de esos que seguro que te encantan. 

Verás. Se sitúa en la Inglaterra rural, mediado el siglo XIX. Tenemos a Rhoda Brook, una mujer ya de cierta edad que trabaja en la granja del señor Lodge. Años atrás, ambos mantuvieron un turbio affaire y Rhoda quedó embarazada. Ante el abandono por parte de Lodge, Rhoda acaba convirtiéndose en una mujer despechada que, para más inri, debe asistir a la llegada de la joven y hermosa Gertrude, recién casada con Lodge.

Rhoda, mujer oscura y resignada, casi bruja, desencadena accidentalmente la tragedia. Y Gertrude, heroína trágica, trata de luchar contra ese mal desconocido que la ataca. Desgraciadamente para ella, el peso de las convenciones sociales influye de manera fundamental en sus decisiones, las cuales precipitan el desenlace de los hechos.

Son las dos protagonistas mujeres antagónicas, aunque ninguna de ella pueda luchar (y vencer) contra un entorno marcado por extraños sucesos, sueños, creencias populares y supersticiones que las arrastrarán a un destino regido por fuerzas superiores e incontrolables. Una visión del mundo que, al parecer, está presente en toda la obra de Thomas Hardy.

¿Qué, mola o no? Además, he pensado hasta en los posibles protagonistas de la peli. Para interpretar al granjero Lodge había pensado en alguien nuevo: ¡JOHNNY DEEP! (flipante, eh?). Para interpretar a Rhoda había pensado en …¡HELENA BONHAM CARTER (I´m so in love with her)! y para el papel de Gertrude en… ¡AMY ADAMS!

En fin, que ya nos contarás qué te parecen el libro y la idea de la película. Por nuestra parte, estamos dispuestos a ir los siete (ojo, no nos confundas con los de la serie Ana y los siete, que no somos esos) a tu mansión de Hollywood un par de semanas y ver más en detalle este tema.

Un fuerte abrazo

También de Thomas Hardy en ULAD: Dos en una torre

lunes, 27 de junio de 2016

Bruce Chatwin: Colina Negra

Idioma original: inglés
Título original: On the Black Hill
Año de publicación: 1982
Traducción: Eduardo Goligorsky
Valoración: Imprescindible


Creo que está claro que Bruce Chatwin fue uno de los mejores escritores británicos de su generación. Y no hablamos de una cualquiera, sino de la llamada "generación Granta", nacidos en la posguerra de la II G. M., que eclosionó en los años 80: los Martin Amis, Salman Rushdie, Julian BarnesGraham SwiftHanif Kureishi y demás luminarias de las letras contemporáneas. Cierto que a Chatwin no se le encuadra, a veces, junto con esta generación de escritores, quizás porque era algo mayor, nacido durante la guerra, y además empezó a publicar en los 70 (aunque también Amis o Rushdie). Pero sospecho que la razón principal es que a Chatwin se le suele considerar como un "escritor de viajes"... incluso como EL escritor de viajes, o al menos, quien revitalizó el género en su época. Lo que no deja de ser curioso, ya que en su no demasiado larga producción literaria tan sólo hay dos libros de ese género -que, de hecho, el consideraba como "novelas de viajes", amén, eso sí, de los muchos que aparecen en sus recopilaciones de artículos. Sin embargo, escribió tres novelas, e incluso dos de ellas, bastante "estáticas", por decirlo así: los protagonistas apenas se mueven de los lugares en donde han nacido (también es verdad que la primera que escribió, la tensa y ambiciosa El virrey de Ouidah es todo lo contrario: narra la vida y andanzas de un inquieto traficante de esclavos brasileño, en dos continentes diferentes).

La acción de Colina Negra, en cambio, apenas se mueve de una granja y sus alrededores en las Blacks Hills, las montañas que trazan la frontera entre Inglaterra y Gales. En  realidad, no es una granja, sino dos -La Visión y La Roca-, puesto que, como señala la que fuera editora de Chatwin, Susannah Clapp todo en esta novela es dual: hay dos granjas, dos países -Inglaterra y Gales-, dos sendas, dos religiones, el trasfondo de dos guerras... y, sobre todo, lo que cuenta es la vida de dos hermanos, mellizos además: Lewis y Benjamin Jones, que viven juntos casi toda su vida, casi pegados como siameses o como un matrimonio indisoluble e incestuoso. Chatwin les acompaña en toda su andadura, desde antes incluso de su gestación por parte de la sensible aunque tenaz- huérfana de un reverendo y un colérico campesino galés, hasta sus últimos días, muchos, muchísimos años después. Entre medias, el devenir  de unas vidas en las que no sucede -casi- nada extraordinario... o quizás lo que ocurre es que -casi- todo lo es. Unas vidas que transcurren en un ambiente y entre unos personajes que nos resultan eviternos, alrededor de los cuales, fuera de la Colina Negra, va sucediendo eso que llamamos Historia, algo que parece no filtrarse a la granja de los hermanos Jones o a su vecina La Roca. pero cuando lo hace, es de una forma abrupta y turbadora.

Dependencia, sexualidad, aislamiento, soledad, descubrimiento, maravilla, rivalidad, serenidad... todo las experiencias que viven los gemelos las narra Chatwin con su asombrosa prosa cincelada en frío, precisa pero elusiva, capaz de evocar un recuerdo, descubrir un ambiente o relatar una existencia entera en un corto párrafo. No puedo dejar de señalar, además, que este escritor se inscribe plenamente en la "tradición" de las letras británicas de hacer un uso exhaustivo y deslumbrante de los elementos botánicos y climatológicos; una tradición observable tanto en, por supuesto, Thomas Hardy como en David Nobbs, sin ir más lejos... tradición gloriosa, en su aparente modestia, añado.

Sin duda, una novela excepcional y, me atrevo a decir, ya todo un clásico de la literatura inglesa. No esperan más para leerla, se lo aconsejo (eso sí, la portada es horrenda, lo sé; mucho más adecuada es la de la edición que yo tengo, con una hermosa foto campestre de Henri Cartier-Bresson, pero no he podido encontrarla con cierta calidad en la Red ... Sorry!)

Otros libros de Bruce Chatwin reseñados en Un Libro Al Día: UtzLos trazos de la canción

viernes, 1 de noviembre de 2024

Biblio-necrophiliac Quiz 2024: MAKE ULAD GREAT AGAIN

¡Hola a todos los amigos y amigas de Un Libro Al Día! Os deseamos que paséis un feliz Día Internacional de Visitar las Tumbas de Parientes que No Vamos a Ver en Todo el Año... Bueno, aunque esta denominación ya no es del todo exacta, porque lo de visitar cementerios ha dejado de ser una cosa aburrida y cutre (cuando es por imposición familiar) o turbadoramente creepy (cuando se hace por gusto) para devenir en una tendencia cada vez más cool y apetecible, una alternativa de ocio asequible para todo el mundo y un must cuando viajamos a ciudades cosmopolitas o lugares suficientemente exóticos, aunque se trate de poblachos...  Ya que estamos en un blog de libros, debemos recordar que el auge de esta tendencia se debe también, o al menos en parte, al éxito de títulos más o menos recientes como Una tumba con vistas de Peter Ross o, cómo no, Alguien camina sobre tu tumba de nuestra nunca suficientemente admirada Mariana Enriquez (existe también al menos otro libro sobre el tema, aunque de hace más años, escrito por el neerlandés Cees Nooteboom).

Así pues, para todos aquellos y aquellas que vayáis a pasar vuestras vacaciones o cualquier otro momento de asueto visitando cementerios y, sobre todo, buscando las tumbas de vuestros autores y autoras favoritas y decesas, recuperamos hoy nuestro Bibilionecrophiliac Quiz dedicado a las últimas moradas de los y las juntaletras que ya han pasado a mejor vida. Bueno, mejor menos para los que eran unos borrachos, pichabravas, timadores y sinvergüenzas en general, claro, que de esos ha habido unos cuantos... ¿Todo el mundo listo? ¿Comenzamos ya? ¡Pues a jugar!


1- Empecemos con una facilita: este señor  que parece salir de un viaje al centro de la Tierra parando un taxi es, quién si no, el insigne Jules Verne (Julio para los amigos) y ésa es su tumba. Ahora bien, ¿en qué localidad francesa podemos visitarla y llevarle unas flores o una botella de armagnac o lo que sea?

            A/ Nantes.                         
            B/ Amiens.  
            C/ París.        
            D/ Nemours, de donde provenía la familia del Capitán Nemo.

2- Conocida es la costumbre de dejar cositas sobre las tumbas de escritores famosos (o celebridades en general)y sobre todo, por alguna razón que se me escapa, de los enterrados en París: libros, mensajes o cigarrillos en la tumba de Cortázar, bolígrafos y rotuladores en la de Marguerite Duras o besos con pintalabios en la de Oscar Wilde. Por otra parte, muy cercana a ésta, por cierto, ¿qué se acostumbra a dejar sobre la de Marcel Proust

            A/ Obvio, magdalenas.                                            
            B/ Relojes rotos, por lo del "tiempo perdido".
            C/ Cera para las guías del bigote.  
            D/ Nada, porque si os ve dejar basura el guarda del Pére Lachaise, os corre a gorrazos por todo el cementerio.

3- ¿De qué tiene forma la tumba que comparte J.R.R. Tolkien con su esposa Edith, en el oxoniense cementerio de  Wolvercote?

            A/ De anillo gigante, con su nombre y el de su esposa grabados en lengua élfica.
            B/ De libro abierto por la página donde está dibujado el mapa de la Tierra Media.
            C/ Reproduce fielmente la tumba de Balin, hijo de Fundin, Señor  de Moria.
            D/ De jardinera donde plantar hierba de los medianos... digo, flores, quizá en homenaje al oficio de Samsagaz Ganyi.


4- Sus cenizas reposan debajo de un almendro... es decir, de este olivo, por lo que si esperáis a que salgan las aceitunas y te comes alguna, estaréis ingiriendo un cachito de este insigne escritor... y cometiendo, en cierto modo, antropofagia (ojo cuidao, que las olivas no se pueden comer directamente del árbol, hay que apañarlas o curarlas antes). ¿De quién estamos hablando?

            A/ José Saramago.
            B/ Curzio Malaparte.
            C/ Naguib Mahfuz.
            D/ Danilo Kiš.

5- Como todo el mundo sabe, la tumba del poeta Antonio Machado es un lugar de peregrinación para muchos españoles -y no españoles-, que la han convertido casi en un museo de banderas republicanas al aire libre. Pero decidnos, en qué hermosa localidad del Rosellón la podemos encontrar?

            A/ Couilles.
            B/ Collier.
            C/ Colliure.
            D/ Perpignan.

6- ¿Cuál fue el fin de los restos mortales de la escritora Ursula K. Le Guin, fallecida hace pocos años?

        A/ Fue sepultada en el mausoleo del Salón de la Fama de la Ciencia Ficción, situado en Henderson (Nevada), junto a Ray Bradbury y Arthur C. Clarke.
        B/ Fue incinerada y sus cenizas arrojadas al espacio en el primer vuelo comercial de la compañía SpaceX, por gentileza de su propietario, Elon Musk.
        C/ Su cuerpo fue donado a la ciencia, como ella había dejado establecido.
        D/ Sus restos fueron dados de comer a los buitres, como se acostumbra en la religión zoroastrista, de la que era fervorosa creyente..

7- Hasta su caída hace un par de años, el árbol de la fotografía (un fresno, para más señas) se encontraba en el cementerio londinense de St. Pancras, rodeado de lápidas desde que se hizo la reforma del cementerio en 1877. Se dice que una de las lápidas pertenece al autor de El vampiro, Lord By... quiero decir John William Polidori. Ahora bien, al árbol se le conoce con el nombre de otro escritor británico del XIX que trabajó como ayudante del arquitecto encargado de la remodelación. ¿De quién se trataba?

        A/ Thomas Hardy.
        B/ Lewis Carroll.
        C/ Anthony Trollope.
        D/ Robert Louis Stevenson.

8- El insigne Dante Alighieri, padre de las letras italianas, tiene dos tumbas, aunque una en Florencia, vacía, y la otra, en Ravenna, ocupada (por sus restos, se entiende... o al menos la mayor parte de ellos). Pero, dejando aparte aquel episodio en que desde Ravenna enviaron un ataúd vacío para trolear a los florentinos, el poeta tampoco es que haya tenido un descanso eterno, puesto que sus restos han estado en diferentes sepulcros e incluso ocultos durante bastante tiempo, por no mencionar que una parte de sus cenizas se perdieron durante 70 años, guardadas en una bolsa en un estante de la Biblioteca Central de Florencia. Por lo que respecta a sus huesos, durante el último año de la II Guerra Mundial los tuvieron escondidos para preservarlos de un posible saqueo en...

A/ Un cofre impermeabilizado, en la cripta inundada de la basílica de San Francesco de Ravenna, junto a su mausoleo.
B/ El obrador del Caffé Pasticceria Palumbo, cerca de su mausoleo.
C/ Bajo un túmulo de tierra cubierto de hiedra, al lado de su mausoleo.
D/ Una granja del pueblo de Coccolia, junto a la carretera de Forlí.

9- Uno de los escritores más emblemáticos del sur de EE.UU., Mark Twain, murió, sin embargo, en Connecticut y fue enterrado en Elmira, estado de Nueva York. Aún así, hay que recordar que el cementerio donde se encuentra tiene otra conexión indiscutible dixie:

A/ En ese terreno hubo un campo de prisioneros confederados, durante la guerra civil.
B/ Allí se encuentra también enterrado el trompetista de jazz Louis Armstrong.
CEn ese terreno tenía una fábrica Eli Whitney, empresario e inventor de la desmotadora de algodón.
D/ En una vivienda cercana estuvo residiendo una temporada Carson McCullers, antes de que tuviera que trasladarse al hospital de Nyack, también en el estado de N.Y. por sus problemas de salud.

10- Los muchos admiradores de Roberto Bolaño (varios de ellos escribimos en este blog) no podemos ir a presentar nuestros respetos en la tumba de Roberto Bolaño, porque este gran escritor fue incinerado. Ahora bien, ¿qué ocurrió con sus cenizas?

A/ Fueron esparcidas en el Océano Pacífico.
B/ Fueron esparcidas en el Mar Mediterráneo
C/ Fueron esparcidas entre el río Bibío a su paso por Los Ángeles (Chile), el desierto de Sonora, en México y la playa de Blanes (Girona).
D/ Fueron guardadas por su última pareja sentimental hasta el momento en que puedan ser enviadas al espacio para convertirse en una estrella distante.
            

BONUS TRACK (sólo para muy frik... letraheridos):

11- Sabemos que hay muchos "escritores fantasma" (ahora queda mejor que llamarlos "negros") y también escritores que creían en los fantasmas o, cuando menos, que podían comunicarse con los espíritus (caso de Víctor Hugo o Arthur Conan Doyle). No obstante, también ha habido algún escritor/a que tras su muerte, según se dice, se ha convertido en fantasma y se aparece en lugares donde transcurrió algún episodio de su vida. Sería el caso de un/a muy célebre escritor o escritora latinoamericano/a...

        A/ Juan Rulfo
        B/ Alejandra Pizarnik
        C/ Horacio Quiroga.
        D/ Gabriel García Márquez.

  Respuestas correctas:

1- B; 2- D; 3- D; 4- A; 5- C; 6- C; 7- A; 8- C; 9- A; 10- B; 11- C; 

-Entre 0 y 3 aciertos: Incluso un reloj parado da la hora correcta dos veces al día, ¿verdad? Anda pa casa a leer, alma de cántaro...
-Entre 4 y 7 aciertos: No está mal, pero aunque no hace falta que seáis expertos en la vida y milagros de los escritores (o en su muerte, en este caso), no estaría de más salir un poco de los premios Planeta y las novelas románticas de highlanders,  por adictivas que puedan resultar....
-Entre 8 y 10 aciertos: Muy bien, ya sólo os falta pedir ahora las vacaciones en el curro, y aprovecharlo que los modernos llaman la spooky season para ir a visitar cementerios, aunque sea el de vuestro pueblo...
-11 aciertos: Algo me dice que si os tocara la lotería invertiríais el premio en un mausoleo con forma de pirámide en el cementerio de St. Louis, nº 1 en Nueva Orleans, como Nicolas Cage, para estar cerca de la tumba de Anne Rice... (Pues habríais malgastado el dinero, porque está enterrada en el de Metairie).

martes, 15 de febrero de 2022

Vivian Gornick: Cuentas pendientes

Idioma original: inglés
Título original: Unfinished business
Traducción: Martí Sales (edición en catalán) y Julia Osuna Aguilar (edición en castellano)
Año de publicación: 2020
Valoración: entre está bien y recomendable

A aquellos a los que nos gusta leer y que llevamos décadas haciéndolo, siempre nos asalta la duda sobre si vale la pena volver a esos libros que nos fascinaron, que nos dejaron una huella imborrable, aquellos que por su argumento, pero diría que especialmente por su estilo, ocupan un lugar destacadísimo en nuestra memoria. Y la duda respecto a si volver a ellos no reside únicamente en si vale la pena dedicar nuestro valioso tiempo a leer un libro ya leído en lugar de dedicarlo a un libro por descubrir, sino especialmente, o al menos en mi caso, la duda está en qué pasaría si leyera de nuevo ese libro en concreto. ¿Me gustaría de igual modo? ¿Encontraría de nuevo en él todo aquello que me cautivó? O, por el contrario, ¿me decepcionaría? Esto mismo es lo que Vivian Gornick trata en esta recopilación de ensayos.

En esta recopilación de ensayos literarios (y pongo especial énfasis en lo de “literarios”), la autora estadounidense aborda precisamente el tema de las relecturas, ofreciéndonos una reflexión sobre cómo los libros impactan de diferente manera según nuestro momento vital, nuestra madurez o nuestro estado de ánimo. Y, para ello, nos ubica de manera muy resumida en su infancia, afirmando que «crecí en una ruidosa casa de izquierdas donde Karl Marx y la clase obrera internacional eran dogmas de fe: el sentimiento de injusticia social se daba por hecho». También nos cuenta sus primeras incursiones en el mundo periodístico a través de The Village Voice y cómo a raíz de tener que escribir un artículo sobre el feminismo se dio cuenta de que ella lo era. Y, ese trayecto vital coincidió, como no podía ser de otro modo, con un recorrido lector, y en esta recopilación hace una parada para examinar y comentar esos libros que, de un modo u otro, le causaron un impacto, no una única vez, sino que se lo causaron en sus diferentes lecturas porque como gran lectora, ensayística, crítica literaria y periodista que es, afirma justo al inicio del libro que «como la mayoría de lectores, a veces pienso que nací leyendo» y confirma su pasión por la literatura al afirmar que en la introducción que «el mundo continua desapareciendo cuando leo y no dejo de maravillarme» y, como buena lectora, no le cuesta empatizar con sus propios lectores como demuestra libro tras libro manteniendo un firme propósito: «cuando escribo aún espero poner los lectores detrás de mis ojos, que vivan el tema tal y como yo lo viví, que lo sientan tan visceralmente como lo sentí yo».

De esta manera, y haciendo un repaso a las lecturas que más la marcaron, Gornick nos habla en primer lugar de «Sons and lovers», de D. H. Lawrence, la primera novela de aprendizaje que leyó y nos cuenta cómo y por qué le impactó, no en una sino en las diferentes ocasiones en las que leyó el libro. Esta ‘lectura’ es interesante, pero vemos ya en ese primer capítulo el principal punto débil de esta obra: la autora utiliza las casi veinte páginas de este primer ensayo para explicar el libro y las diferentes lecturas del mismo que hizo a lo largo del tiempo con sus diferentes interpretaciones según el momento vital en el que lo leía, pero lo hace de un modo demasiado exhaustivo, contándonos todo el libro y eso es algo que puede tener cierto interés si uno ha leído el libro pero en caso contrario no es algo que aporte demasiado a la lectura aparte de un conjunto de spoilers, explicar toda la trama argumental de principio a fin y añadir unas cuantas citas o incluso párrafos del libro en cuestión.

Ya en el segundo ensayo continua con Colette, de la que afirma que «en su obra, nos podíamos ver no tal y cómo éramos, sino tal y cómo probablemente seríamos», pues «parecía que supiera todo lo que le pasaba por dentro a una mujer ‘bajo presión’». Tras Colette, la autora sigue con su análisis más próximo a la crítica literaria con Marguerite Duras y «El amante» y sigue con Elizabeth Bowen, Delmore Schwartz y Yehoshua donde aprovecha para narrar lo que supone ser judío en Estados Unidos, afirmando que «la mía fue la última generación de criaturas nacidas en Estados Unidos hijas de los judíos europeos que llegaron a este país a finales del siglo XIX. En gran parte, quedamos marcados de por vida en la experiencia angustiante de nuestros padres de vivir en la periferia, colectivamente hablando; empezamos temprano a dejar un testimonio literario de qué quería decir ser judío en los Estados Unidos». La autora se percata de que «últimamente, me he encontrado pensando en este corpus de obras escritas por norteamericanos para los cuales ser judío era central». Asimismo, se confiesa al afirmar que su visión de judía estadounidense le chocó enormemente con la realidad existente en Israel, pues tras su visita a ese país finales de los 70, afirma que «por más que lo intentara, durante los meses en los que viví en Israel, mediante cualquiera de los rasgos identitarios que tenía a mano (judía, mujer y norteamericana), no fui capaz de conectar. Como hija de judíos seglares que hablaban yidis, la lengua hebrea me decía lo mismo que cualquier otra lengua extranjera; como mujer, retrocedí al encontrarme un país aún más machista que el mío; como producto del individualismo de los Estados Unidos, no podía superar el espantoso tribalismo de su cultura».

De igual manera, nos habla también de feminismo al hablarnos de Elizabeth Stanton, quién fue presidenta de La Asociación norteamericana de Mujeres Sufragistas y de cómo conectó profundamente con su obra «The Solitude of Self», pues «ningún libro judío norteamericano había retratado con tanta precisión mi interior, atrapado entre la naturaleza y la historia». Nos habla también de Natalia Ginzburg de quien afirma que, «leyéndola, como he hecho repetidamente a lo largo de muchos años, experimento la euforia de cuando te recuerdan intelectualmente que eres un ser sensible» y nos revela que la propia Ginzburg descubre que «el truco era prestar mucha atención a la propia experiencia y después encontrar la manera de hacer que la escritura se acomode a ella». Su conexión con la autora italiana era tal que parecía que «sus escritos le hablaran directamente. A la larga, parecía que los hubiera escrito para mí». Finalizando los ensayos con las figuras de J. L. Carr y Pat Barker, nos habla también de la predisposición del lector hacia un libro y cómo está condiciona irremediablemente la valoración y el disfrute de su lectura, y de Doris Lessing (y su relación con los gatos) o Thomas Hardy y su libro «Jude». Ya hacia el final del libro, Gornick nos cuenta cómo se encuentra con un libro que leyó y subrayó hace tiempo y cómo aquello que destacó antes no le parecía tan importante y sí en cambio otras frases del libro; esto la sorprende hasta el punto de que lo relee de nuevo siendo consciente que, quizá en una tercera lectura más adelante, encontrará otras partes interesantes a las que ahora mismo no le aportan o impactan en exceso. 

De esta manera, en este recopilatorio de ensayos, Gornick nos narra cómo esas lecturas la impactaron, cómo se identificaba con algunas escenas, pasajes y pensamientos. Por ello, en este libro, más cercano a una recopilación de reseñas o crítica literaria que a un ensayo reflexivo sobre ella o sobre la sociedad, Gornick parece destinarlo a aquellos que en algún momento de su vida se han interesado por esas mismas lecturas que la autora analiza y desgrana, pero que no contará con gran interés por parte de aquellos que no los han leído o que la temática que tratan no se encontrarían entre sus preferencias lectoras. Es posible que mi valoración del libro nos sea mejor debido a las expectativas que tenía sobre él, más cercanas a una especie de Bildungsroman literario donde la autora nos deleitara (como de costumbre) acerca de reflexiones sobre su vida y evolución, que no al análisis de las propias obras. Esperaba de esta lectura que Gornick nos explicará su vida lectora (algo parecido a lo que hicimos en una de nuestras semanas temáticas) ligada a su evolución vital, pero se centra en exceso (según mi opinión) en desgranar las propias obras expuestas y su argumento.

En cualquier caso, la lectura del libro sirve para constatar que «la experiencia del arte solo se produce en el encuentro entre el espectador y el objeto artístico» tal y como afirma Hustvedt en «La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres», y esta experiencia es diferente cada vez, pues el espectador cambia con el paso del tiempo y con ello su visión del mundo. Por ello, parafraseando a Heráclito, quien afirmó que «no nos podemos bañar dos veces en el mismo río» porque las aguas siempre son otras, yo afirmaría que no podemos leer dos veces el mismo libro, puesto que, aunque el texto siempre es el mismo, nosotros cambiamos con el paso del tiempo por lo que nuestra lectura será diferente a cada vez que lo intentemos. Y es bonito que así sea, porque significa que evolucionamos y que siempre podremos sorprendernos con los libros, aunque ya los hayamos leído.