lunes, 10 de febrero de 2014

Bruce Chatwin: Utz

Idioma original: inglés
Título original: Utz
Traductor: Eduardo Goligorsky
Año de publicación: 1989
Valoración: Muy recomendable.

Para muchos, Bruce Chatwin fue un autor de libros de viajes, especialmente de uno, En la Patagonia, que sirvió para revitalizar el género, allá por los 70, y cuya fórmula, entre la minuciosa descripción objetiva y la observación subjetiva (e incluso íntima), ha sido imitada en infinidad de ocasiones. Bruce Chatwin se ha convertido, además, en la imagen icónica del viajero por antonomasia, del mochilero que ha estado en todas partes (literalmente) y ha dormido lo mismo en chozas o tiendas beduinas que en mansiones de la jet-set internacional.
Para otros, al menos en el mundo anglófono, Chatwin fue una figura literaria desaparecida demasiado pronto y, más aún, una figura social, que se codeaba con todo tipo de personalidades de la cultura, ya fuera la literatura, el arte o el periodismo…
Pero, sobre todo, y para lo que aquí nos ocupa, Bruce Chatwin fue un escritor deslumbrante, que es probable sólo llegará a mostrarnos un apunte de lo que podría haber dado de sí su talento antes de su temprana desaparición. Y, curiosamente, en mi opinión dio su mejor medida no sólo en sus libros y artículos sobre viajes, sino, ante todo, en dos de sus novelas, Colina negra y Utz. He escrito “curiosamente” porque para tratarse de un escritor que ha pasado a la posteridad como un viajero incansable, incluso excesivo en su inquietud (y que teorizaba él mismo sobre el nomadismo), estas dos novelas tratan sobre personajes que no se mueven en su vida, o muy pocas veces, de su lugar de residencia: la novela de la que habla esta reseña está protagonizada por Kaspar Utz, un barón checo de vago origen judío que en la Praga comunista se dedica a coleccionar figurillas y otros objetos de porcelana de Meissen. Con las que atiborra su exiguo apartamento mientras trata de torear a las autoridades del momento, que ven ese coleccionismo como una peligrosa desviación burguesa.
Con estos mimbres y con un narrador anónimo que acude a Praga interesado, en principio, en las legendarias colecciones del emperador Rodolfo, el autor traza una radiografía sobre la pulsión coleccionista (algo que interesaba sobremanera al propio Chatwin, que había trabajado en Sotheby's y padecido toda su vida el desgarro entre el ansia de despojamiento total, al que decía aspirar, y la irreprimible querencia esteta por los objetos de una belleza singular). Además, encontramos aquí el retrato de un personaje cuando menos ambiguo y esquivo, en todos los sentidos; una vindicación del individuo frente al totalitarismo cutre; una reflexión sobre la pervivencia de la cultura de la “Vieja Europa”, en medio del oprobio comunista (eso, entonces; hoy habría que preguntarse sobre su pervivencia en medio del oprobio turbocapitalista); una exploración de las raíces de esa vieja cultura, en ocasiones híbrida o, al menos, injertada de elementos sorprendentes. La idea del coleccionismo (y del arte en sí mismo) como un acto de idolatría y, por tanto, una blasfemia a la Divinidad. E incluso podemos encontrar en el libro una historia de amor, cuando menos singular.
Todo ello escrito en menos de 150 páginas, con una prosa de alta precisión y mientras el autor de la novela, gravemente enfermo, se estaba muriendo (y él lo sabía, claro); todo escrito, además, a partir de un par de semanas de estancia en Praga, repartidas a lo largo de 20 años... Puede que fuera una impostura, como algún crítico señaló cuando se publicó, pero es una impostura magnífica. A ver quien da más.


Otros libros de Bruce Chatwin en Un Libro Al Día: Colina NegraLos trazos de la canción


6 comentarios:

Montuenga dijo...

¡Bienvenido, Juan! He estado unos días fuera y, por tanto, un poco al margen.

A mí también me parece curioso lo del viajero que crea personajes sedentarios. Sobre todo porque lo normal es lo contrario: hay montones de ejemplos de escritores que han recorrido el mundo en la ficción sin moverse de su casa.

No he entendido muy bien lo de las dos semanas en veinte años. ¿Quieres decir que hubo varias estancias de un par de días? Y lo de la impostura ¿por qué?

Me ha interesado mucho todo esto y creo que me voy a poner ya a buscarlo. Espero que no sea difícil.

Juan G. B. dijo...

Hola, Montuenga:
Ante todo, muchas gracias por tus amables palabras.
Sobre las dos semanas, me remito a la biografía (exhaustiva en extremo) de Chatwin escrita por Nicholas Shakespeare: Bruce Chatwin estuvo una semana en Praga en 1967, mientras participaba en una excavación arqueológica y luego hizo dos visitas más, en 1982 y 1987. En total, dos semanas, pero sin embargo, la impresión que se da en la novela es otra muy distinta (y no porque parezca una guía turística de Praga, más bien al contrario...). he mencionado el dato porque me llamó la atención cuando lo leí (por aquello de lo bien aprovechados que estuvieron esos viajes, más que nada).
En cuanto a lo de "impostura"... bien, quizá no sea la palabra adecuada. Me refería a que en su momento, a Chatwin se le acusaba a menudo de que su pose de "escritor-viajero. nómada" tenía bastante de "postureo", como se dice ahora (aunque es cierto que había estado en todos esos lugares que decía, como se puede comprobar en la biografía: Además, esta su ultima novela fue calificada por algunos como una pedantería o un artificio esteta sin vinculación con la realidad.
No obstante, en mi opinión se trata de una novela de lo más recomendable, insisto, y además, en ella,a pesar de su brevedad, Chatwin pudo volcar gran parte de sus inquietudes y de su experiencia vital.
Un saludo

Montuenga dijo...

Mil gracias a ti (ahora me he motivado aún más)

javi galván dijo...

Gracias Juan por esta invitación literaria. Lo cierto es que desconocía esta obra de Chatwin -únicamente he leído "Los trazos de una canción"- En principio esta obra gira monotemáticamente en torno al tema de la obsesión de un coleccionista checo, así que espero poder hacerme con ella.
¿Se trataría sobre todo de un opúsculo psicológico?

Juan G. B. dijo...

Hola, Javi: te respondo que no es una "novela psicológica" en puridad, solo la semblanza de un personaje de ficción, aunque, eso sí, inspirado por los coleccionistas que el autor había tratado (no olvidemos que trabajó de joven en Sotheby's), alguno de los cuales fue amigo suyo durante toda su vida. El mismo Chatwin sintió siempre la tensión entre la atracción por los objetos bellos (no necesariamente valiosos) y el ansia de despojamiento absoluto. Incluso se podría decir que también fue un coleccionista de lugares, de personajes o de conocimientos.
Por otro lado, ésta es una novela mucho más compacta y lograda que "Los trazos de la canción", donde estuvo demasiado disperso, en parte por sus problemas de salud, pero también porque en ese libro intentó refundir un antiguo proyecto sobre la vida nómada que no había sido capaz de llevar a cabo. El resultado, en mi opinión, fue bastante irregular. "Utz" no tiene nada que ver, creo.
Un saludo.

javi galván dijo...

Muchísimas gracias. Intentaré leer ésta y alguna otra obra de este autor. No sé, creo que la idea de un coleccionista checo o bohemio está envuelta en una cierta aura que te atrapa.
Muy interesante precisa la parte en la que abordas el tema de la supuesta impostura.