jueves, 13 de febrero de 2014

Marco Malvaldi: El juego de las tres cartas

Idioma original: italiano
Título original: Il gioco delle tre carte
Traductor: Juan Carlos Gentile Vitale
Año de publicación: 2012
Valoración: Está bien

Yo había leído la primera novela de Marco Malvaldi (y primera de su “trilogía del Bar Lume"), La brisca de cinco, quizá con excesivas expectativas. No era para menos: había quien le calificaba como “el Camilleri de la Toscana” (aclaro desde ya que nada que ver). El libro no pasaba de ser una novela policíaca más bien flojilla, con un misterio mínimo. Eso sí, traslucía una bonhomía y una falta de pretensiones francamente simpáticas, así como un constante sentido del humor que, si no llegaba a desternillante, sí que buscaba en todo momento la sonrisa cómplice. Mi empatía consiguiente hacia el libro y su autor hizo que no me costara mucho darle una nueva oportunidad a Malvaldi.

Esta segunda entrega de la trilogía, El juego de las tres cartas, está de igual forma protagonizada por Massimo, un barman y licenciado en Matemáticas, dueño del Bar Lume, en un pueblo de la costa cercana a Pisa. Junto a él (o contra él), un consejo de ancianos chismosos, metomentodos y cascarrabias, entre ellos su propio abuelo, que han acampado en el bar y le instan a inmiscuirse en la investigación de los crímenes cometidos en la localidad: en este caso, la muerte de un científico japonés que asiste a un congreso de bioquímica (de hecho, Malvaldi es químico de formación y aprovecha para ajustar algunas cuentas con el sistema universitario italiano… de un preocupante parecido al español, por cierto). De comparsas, también encontramos a la bella Tiziana, camarera del bar, y al comisario Fusco, el inspector Lestrade o Japp de Massimo.

Bien, ya he dicho que Malvaldi no es Camilleri, ni por asomo. Pero es cierto que para esta segunda entrega parece que ya se había fogueado algo más en el oficio de escritor y la trama se desarrolla con más fluidez que en el primer libro, el pulso narrativo no decae y, aunque tampoco estemos hablando de un caso de Poirot o Maigret, el misterio tiene algo más de enjundia que en el caso anterior. Y, sobre todo, permanecen las grandes cualidades de las novelas de Malvaldi: un sentido del humor que consigue enseguida nuestra complicidad; una ironía certera, pero sin llegar a la excesiva acidez, y la sensación de que el autor se lo ha pasado bien escribiendo la historia, con la esperanza de hacérselo pasar igual de bien al lector. Ciertamente, consigue que pasemos un rato agradable, aunque tampoco se trate de un libro que deje un recuerdo imborrable o cuyas reflexiones vayan más allá de las que te puede comentar un amigo tomando una cerveza. Que quizás sea eso lo que pretendía su autor, sin más.

Ni más.

2 comentarios:

Silver dijo...

No puedo estar más de acuerdo con la reseña. Tal vez no sea un gran libro pero sí que contiene mucho sentido del humor y eso hace que sea de agradable lectura. Me declaro mucho más fan de la novela negra italiana que de la moda escandinava paradepresiva por bien hechas que estén sus tramas

Juan G. B. dijo...

Hola Silver:
Tienes razón, sobre todo en lo del sentido del humor, que es lo que más destaca de Malvaldi. No será el último libro suyo que se reseñe aquí...
Un saludo.