sábado, 1 de febrero de 2014

Richard Price: The Wanderers - Las pandillas del Bronx

Idioma original: inglés
Título original: The Wanderers
Año de publicación: 1974
Traducción: Marc Viaplana
Valoración: recomendable

Por si la portada no es suficiente setentera, a esta novela le atizan el subtítulo de Las pandillas del Bronx para ponernos más en situación. Por si su vocación callejera no es suficientemente patente, nos mencionan la relación de su autor (futura relación, pero se trata de escarbar en las referencias) con todo un icono de la cultura contemporánea como la extraordinaria serie The Wire. Y las notas de la contraportada sólo hacen que complementar el comentario en portada de todo un William Burroughs, icono de la contracultura.
A pesar de todo este bagaje, el que busque una apología á la Burgess de la violencia gratuita va a quedarse bastante boquiabierto con una primera mitad del libro que parece acercarse más a una especie de catálogo de inquietudes sexuales post-adolescentes. Ni un muertecito que echarse al gaznate cuando pensábamos vernos abocados a una especie de desenfreno. Y vamos, no es que acudamos a las lecturas inducidos por cuestiones tan simples, pero el mensaje que emana de esa portada y de ese subtítulo es este libro está repleto de peleas y camorras, cuando resulta que The wanderers es una historia en la que subyacen emociones adolescentes (o sea, ingenuas)  y en la que la violencia solamente asoma de forma esporádica y nunca es el leit motiv.
No es que no veamos esas imágenes de calles oscuras y de sombras recortadas de jóvenes blandiendo armas blancas o bates de beisbol. Es que ése no es el sentido de la historia. El sentido es reflejar cómo viven jóvenes asqueados, separados por sus orígenes y por sus razas pero unidos por su miseria y sus inquietudes sexuales. Algo que podemos encontrar más recientemente en las brillantes historias de Junot Díaz o hasta en las auto confesiones atropelladas de Kiko Amat, incluso en la estupenda última novela de Javier Cercas, curiosamente mucho más dura y descarnada.
Lo que tenemos en esta historia coral de jóvenes pandilleros es una narración con estilo directo y sobrio, con profusión de diálogos en jerga que, supongo, han llevado de cabeza a un traductor que no siempre ha sabido transmitir espíritu barriobajero, y que, puestos a exigir, se centran tan obsesivamente en la carnalidad que desaprovechan o disimulan su intención de denuncia social, intención que se atisba pero que tarda medio libro en manifestarse. Justo a la mitad de la novela, cuando el lector ya es consciente de que ésta no es una historia de trifulcas multitudinarias ni de crueldad explícita, comprendemos los matices y el espíritu. Juventud marginada, ausencia de expectativas, hormonas descontroladas y situaciones progresivamente desesperadas. Estados Unidos en los setenta, donde el ejército era la mejor opción que planeaba sobre el futuro de cierta generación. Cuarenta años atrás que no quitan mérito a esta buena novela, pero que la alejan de ser contemplada, hoy, con más nostalgia y curiosidad que otra cosa.

4 comentarios:

Paulo Kortazar B. dijo...

Ya que mencionas la novela de Cercas ¿para cuándo su reseña?

Francesc Bon dijo...

Estooooo http://unlibroaldia.blogspot.com.es/2012/11/javier-cercas-las-leyes-de-la-frontera.html?m=1

Paulo Kortazar B. dijo...

ES BIEN. ES MUY BIEN.

Paulo Kortazar B. dijo...

No, espera, es mejor, que me he confundido con Menéndez Salmón.