jueves, 6 de febrero de 2014

Patricia Highsmith: El grito de la lechuza

Idioma original: inglés
Título original: The cry of the owl
Año de publicación: 1962
Traducción: Joaquín Llinás
Valoración: Recomendable

            Un hombre solitario conoce a una chica por la que experimenta una singular atracción. La chica ya tiene una relación con otro joven, pero como, sin embargo, no está segura de sus sentimientos hacia él, se acaba conformando entre ellos un peculiar triángulo amoroso. Con este manido argumento, se pueden escribir (y de hecho, se escriben) infinidad de novelas románticas. Si las ambientas en la campiña inglesa de comienzos del XIX y cuidas un poco la prosa, te sale una de Jane Austen. Si la llenas de highlanders cachotas y erotismo softcore, una de Monica McCarty, la reina de este subgénero. Y si los protagonistas son adolescentes cursis, que colocan candados en los puentes para inmortalizar su amor, marchando una de Federico Moccia… No, espera, que los personajes de El grito de la lechuza tienen tendencias depresivas e impulsos suicidas… No problem: entonces tienes una novela de Murakami. Que la chica se llame Naoko, Kokoro o algo parecido y solucionado.
            Ay, amigos, pero no olvidemos que ésta es una novela de Patricia Highsmith, con lo que la cosa siempre es más complicada o, mejor dicho, más retorcida. Para empezar, el protagonista conoce a la chica porque ésta es el objeto de su voyeurismo: es un “mirón”, aunque no estrictamente del tipo sexual (esto no es un spoiler, que conste; el dato ya sale en la solapa del libro… y en el primer capítulo). El triángulo amoroso degenera en un cuadrilátero (deforme, eso sí) y hasta en un pentágono. Y entre el elenco de personajes nos encontramos un despliegue de trastornos psicológicos: desde la obsesión enfermiza y la depresión nerviosa a la sociopatía y el sadismo compulsivo… Para acabar todos envueltos en una espiral claustrofóbica que no afloja hasta el final de la historia. Una historia poco apta para espíritus impresionables, me temo.
            Sin olvidar, además, que todo ello tiene como trasfondo el que creo es el gran tema de los libros de Highsmith: el recelo hacia los demás. O si lo prefieren, el imposible equilibrio entre confianza y desconfianza que debería regir las relaciones entre las personas, pero que, de manera inevitable, siempre acaba decantándose hacia esta última actitud (de hecho, en sus novelas quien se confía suele acabar malparado). Ciertamente, no era muy optimista con respecto a su prójimo, la Highsmith... ¿Sería por eso tan buena escritora? Al menos, de novelas así de inquietantes...

También de Patricia Highsmith en UnLibroAlDia: La tortugaEl talento de Mr. RipleyLos cadáveres exquisitos

6 comentarios:

Cities: Moving dijo...

Soy muy fan de Miss Highsmith, este título no lo conocía así que me lo apunto. Gracias por la pista.

Juan G. B. dijo...

Gracias a ti por leer la reseña y por ser fan de la Highsmith (buen gusto).

Jeviyista De Nascimento dijo...

siendo como soy un macho ibérico ultrahétero -de los que no leen según las estadísticas-, me disponía a pasar de largo la reseña repelido por las palabras triángulo amoroso, romántico, Moccia, cuando de pronto... ¿voyeurismo?, ¿sadismo?, y con el añadido de la Highsmith, dios santo... estoy hay que leerlo.

Juan dijo...

Es lo que me parece más interesante de la novela: parte del esquema de una "historia de amor clásica", y le da la vuelta como a un calcetín. y cuando crees que ya sabes de qué va la cosa, le vuelve a dar la vuelta y te noquea. Y no afloja hasta el final. Tal vez no sea de lo mejor de la Highsmith, pero sí es una de sus novelas más intensas.

dario ale dijo...

Muy buena reseña. Terminé el libro ña semana pasada, y coincido en todas tus palabras.

dario ale dijo...

Muy buena reseña. Terminé el libro ña semana pasada, y coincido en todas tus palabras.