jueves, 2 de octubre de 2014
José Saramago: Alabardas
Título original: Alabardas, alabardas, Espingardas, espingardas
Año de publicación: 2014
Valoración: recomendable como objeto de culto
Viviendo en Lisboa, dedicándome a la literatura y siendo un admirador de Saramago como figura pública y como escritor (sobre todo, debo confesarlo, de sus primeras obras), era casi obligatorio que me comprase Alabardas (en el original el título completo es Alabardas, alabardas, Espingardas, espingardas, que es un verso de una obra de teatro de Gil Vicente). Y mi conclusión después de leerlo (se lee en dos tardes) es que estamos más ante un objeto de culto que ante una obra literaria: Alabardas, tal y como se nos presenta -y probablemente no se nos podía presentar de otra forma- es un homenaje de los amigos de Saramago a la memoria del escritor, antes que la novela que podría haber llegado a ser si Saramago hubiera tenido el tiempo y las fuerzas para terminarla.
Porque el volumen Alabardas contiene, efectivamente, los tres primeros capítulos de la novela inacabada de Saramago (traducidos, en la edición española, por su viuda Pilar del Río), a la que se añaden unas notas del escritor en relación con la redacción de la novela; unas ilustraciones de Günter Grass que aunque no se relacionan de una forma muy evidente con el texto, contribuyen a realzarlo; y además otros dos textos de Fernando Gómez Aguilera (que se limita prácticamente a glosar las notas del propio Saramago), y de Roberto Saviano, que hace una elocuente defensa de la honestidad ética, aplicable y necesaria tanto para los escritores como para cualquier otra profesión.
Ese es (o podría haber llegado a ser) uno de los temas centrales de la novela Alabardas: el protagonista, Artur Paz Semedo trabaja en una fábrica de armamento y está enamorado de su trabajo: de hecho, su único deseo es ascender en la empresa y llegar a ocuparse de la sección de armamento pesado. Esta pasión por las armas ha provocado su separación de su pacifista mujer Letícia, con la que sin embargo mantiene una buena relación. Todo su mundo cambia cuando descubre en una película de Malraux (L'Espoir, o Sierra de Teruel en español) que durante la Guerra Civil española hubo trabajadores de la industria armamentística que sabotearon los obuses destinados a bombardear España, en solidaridad con los soldados y obreros de la República.
A partir de este descubrimiento, y tomando en cuenta las notas del propio Saramago, se intuye cuál era el desarrollo que Saramago pretendía para la novela: Artur Paz Semedo se sumerge en el archivo de la empresa, donde descubre historias sobre su pasado que le hacen replantearse su vocación. Así comprende que existen siempre diferentes opciones y que cada persona realiza elecciones éticas fundamentales que repercuten en la vida de los demás. Eso habría llevado, según las notas de Saramago, a una reaproximación con Letícia, que se habría visto truncada cuando la empresa consigue volver a seducir a Artur y atraérselo al lado oscuro, ascendiéndolo a su soñada posición en el departamento de armas pesadas. La novela terminaría así con una nota negativa, con Letícia abandonando nuevamente a Artur y despidiéndose con un sonoro "Vete a la mierda" (que recuerda, inevitablemente, al "Mierda" con el que termina El coronel no tiene quien le escriba).
Pero todo esto son especulaciones sobre lo que podría haber llegado a ser, porque lo que tenemos son, efectivamente, tres capítulos no demasiado largos (veinte páginas de manuscrito, alargadas hasta ocupar 70 en el volumen publicado), que dan para percibir algunas de las intenciones del autor, pero no su desarrollo ni el nivel de profundidad al que habría podido llevar cada uno de estos temas. Así pues, Alabardas es un objeto de culto, un bonito libro preparado con evidente cuidado, un homenaje cariñoso que los amantes de Saramago sabrán apreciar; pero no es en sí mismo un texto literario completo, ni quizás deba considerarse como perteneciente al canon de la obra del Premio Nobel portugués.
Otros libros de José Saramago reseñados en ULAD: Caín, La caverna, El evangelio según Jesucristo, El hombre duplicado, El año de la muerte de Ricardo Reis, Ensayo sobre la ceguera
sábado, 10 de enero de 2026
Colaboración: Historia del cerco de Lisboa, de José Saramago
Título original: História do cerco de Lisboa
Traducción: Basilio Losada
Año de publicación: 1989
Valoración: Muy recomendable (¿Muy?)
Hace unos cuatro meses, el 19 de agosto 2025, Santi escribió: "un Saramago al año no hace daño". No hará daño, entonces, un reseña más al iniciar este 2026, sobre todo teniendo en cuenta que la primera reseña de Saramago apareció en ULAD en septiembre de 2009, hace diez y seis años y se han reseñado, hasta el 19 de agosto pasado, ocho de sus novelas. En promedio solo una cada dos años. Así es que colaboraré reseñando otra.
Confieso que tengo debilidad por Saramago, casi todos sus escritos me han gustado, y mucho. Sé que el “muy recomendable” está marcado por esa debilidad; espero que solo hagan picadillo y no puré con esa valoración. Pero advierto: El primer párrafo de tres páginas y media, sin ningún punto, solo comas y palabras con mayúsculas después de algunas de ellas, es todo un reto, aun para quienes hayamos leído otros libros donde Saramago use esa misma tipografía, que adopta, según él mismo lo dijo alguna vez, para darle su fluidez natural al diálogo. Ese primer párrafo me mueve a decir que esta novela no es la más recomendable para iniciar la lectura de las obras de Saramago.
Después de ese arduo inicio de la novela viene otro párrafo de página y media, con una sutil descripción: un amanecer que apenas se percibe con “una infinitesimal mudanza en la oscuridad del cuarto…” y Saramago o el narrador o alguien, sigue contándonos ese amanecer en tal forma que solo para leer ese párrafo vale la pena comprar el libro.
Los comentarios a esta novela suelen resaltar un hecho: que el protagonista, corrector de estilo de una editorial, introduce un no, en vez de un sí, en el lugar clave de un libro de la historia de Portugal, alterando con eso el hecho indiscutido y bien conocido de la ayuda que los cruzados dieron al primer rey portugués para que arrebatara Lisboa al dominio musulmán. Se narran luego las dificultades, muy divertidas por cierto, que el corrector tiene para enfrentar el indudable reclamo que la editorial le hará. Pero eso, escrito con un notable sentido del humor, no es lo mejor de la novela. Sí lo es la historia de amor que poco a poco se desarrolla en el libro.
Aunque el centro de la novela es el nacimiento y desarrollo de un amor, no por eso la obra se puede clasificar como perteneciente al género romántico. El amor descrito no tiene la pasión ni el desenlace trágico común en ese género. Tampoco es un amor a primera vista. Nace con dificultad y casi a contracorriente en uno de los dos personajes involucrados, aunque asoma en él, sin ser reconocido, desde el primer momento. La iniciativa es llevada por el otro personaje, que con clama pero con firmeza lo va guiando hasta el lugar donde desemboca. Un amor humano que, con sencillez, se desarrolla por caminos desacostumbrados en obras que traten este tema.
Hay otras virtudes en el libro: ese espejo en que, tal vez sí, tal vez no, se desarrolla un amor semejante, espejo configurado en el escrito que elabora el corrector, donde trata de dar continuidad a ese NO que cambiaría la historia de toda una nación.
Saramago escribiendo una historia de amor ¿Leí bien la novela o ese “muy” de la clasificación me ha hecho ver lo que no existe? Ustedes, lectores asiduos de ULAD, tendrán su respuesta, como siempre.
Firmado: David Batista
lunes, 17 de agosto de 2015
valter hugo mãe: la máquina de hacer españoles
Título original: a máquina de fazer espanhóis
Año de publicación: 2010
Valoración: recomendable
Aclaración inicial: la ausencia de mayúsculas en el título del autor y en el título no es cosa mía: es así como le gusta que se escriba al propio autor. Tampoco en el texto de la novela, con la excepción de unos pocos capítulos, se usan las mayúsculas. Manías de escritor, oye: a Juan Ramón Jiménez le gustaba escribirlo todo con jota y ganó el Nobel.
Dicho esto, paso a presentar a valter hugo mãe, al que sospecho que probablemente no conocerán la mayoría de los lectores españoles o hispanoamericanos que nos siguen. valter hugo mãe es uno de los escritores jóvenes (bueno, de mediana edad) mejor valorados de la literatura portuguesa actual. En realidad, más que un escritor es un hombre orquesta: es novelista, poeta, artista plástico, presentador de televisión, cantante... Su prestigio subió varios grados cuando en 2007 ganó el Premio Saramago por su novela o remorso de baltazar serapião. Después de eso ha seguido publicando novelas de relativo éxito, como la máquina de hacer españoles o la deshumanización.
Esta novela, la máquina de hacer españoles, tiene un planteamiento prometedor: el protagonista, Antonio Silva (perdón, antonio silva) se queda viudo y es internado en una residencia de ancianos, donde conoce a un conjunto de personajes singulares y, en general, entrañables: "esteves sin metafísica", que dice ser el mismo Esteves que aparece en el famoso poema "Tabacaria" de Fernando Pessoa; la señora marta, que espera siempre las cartas de amor de un marido que la ha dejado tirada en la residencia; un "portugués de badajoz"...
Lo mejor de la novela es, quizás, la sensibilidad con la que están retratados los personajes: seres complejos, abandonados pero que, en la mayoría de los casos, consiguen mantener una actitud de rebeldía ante la vejez o la muerte que los acechan. No son ancianos ideales, los sabios de la tribu a los que la sociedad ha tratado injustamente: pueden ser cariñosos, ingeniosos y soñadores, pero también egoístas, violentos, repulsivos. Se cagan encima, se vuelven seniles, se putean unos a otros, se engañan, se mueren.
Son, en fin, ancianos con toda la complejidad fisiológica, mental y moral que eso entraña, y que reflejan también a un país arruinado social y moralmente por años de régimen salazarista. Todos los grandes símbolos del régimen (la virgen de Fátima, el Benfica de Eusebio, la policía secreta o PIDE) pasean por la memoria de estos viejos, que ven cómo su país se ha convertido en una "máquina de hacer españoles" (siendo España en su imaginario un lugar más moderno, más próspero, más vivo).
Y quizás lo peor de la novela sea su deuda evidente con Saramago. (Recordemos que en 2007 valter hugo mãe recibió el Premio Saramago de manos del propio Saramago). No se trata solo de la cuestión meramente tipográfica (la falta de signos que indiquen los diálogos, el uso de comas donde normalmente se esperarían puntos, etc.), sino de un estilo, de una forma de tratar a los pesonajes, sus voces y sus pensamientos, una mezcla de descripción realista y reflexión presentada como si fuese banal. Si quiero leer a Saramago, ya tengo a Saramago, que es mejor Saramago que cualquiera de sus posibles continuadores.
Dicho esto, la máquina de hacer españoles es una novela que gana con el paso de las páginas: los personajes adquieren mayor profundidad y escapan del estereotipo, y uno llega a cogerles cariño a estos ancianos que se agarran a la vida con la fuerza y la esperanza que les queda. En este momento no sé decir si valter hugo mãe merece el hype que hay a su alrededor en Portugal; creo que tendré que seguir leyéndole para averiguarlo.
domingo, 11 de abril de 2010
José Saramago: Caín
Título original: Caín
Año de publicación: 2009
Valoración: se deja leer
Últimamente, casi todo lo que leo de Saramago me resulta decepcionante. Incluso libros que en su día me gustaron mucho, como Ensayo sobre la ceguera, me han parecido maniqueístas y tramposas, como dije en otro blog. Pero este libro me tentó, primero porque estoy haciendo mis pinitos leyendo literatura portuguesa en portugués, y segundo porque el mito de Caín me parece muy interesante y muy rico en matices y lecturas posibles (lecturas que han realizado escritores como Byron, Steinbeck o incluso Unamuno).
Conociendo la postura ideológica de Saramago y varias de sus obras anteriores, y teniendo en cuenta los debates (o más bien trifulcas) actuales sobre religión y laicismo, yo esperaba una reivindicación humanizadora de Caín: un alegato de su dignidad injustamente despreciada por un dios absurdo; un alegato de la razón frente a la revelación, de la tolerancia frente al fanatismo, algo así. Y no: lo que hay es una lectura desmitificadora (pero no remitificadora), infantilizante, pretendidamente humorística (algunos pasajes hacen gracia, pero el conjunto no) de diversos pasajes bíblicos conocidos por todos: el Paraíso, Abraham, Noé, etc.
La novela no me ha revelado nada, no ha añadido nada sobre los mitos bíblicos que no supiéramos ya. Saramago parece haber pensado que los mitos judeocristianos, por el hecho de tener orígenes religiosos, son inservibles para hacer literatura seria; cuando es evidente lo contrario: estos mitos, por el hecho de ser mitos, y por estar imbuidos en nuestra cultura, son poderosísimos como fuente de imágenes, de narrativas, de símbolos (respetando o subvirtiendo sus significados originales, claro).
Después de la publicación de la novela hubo una importante polémica en Portugal y (algo menos), en España -algo que, estoy seguro, Saramago esperaba e incluso deseaba-. Pero después de leerla, la polémica no se comprende. Caín es un libro tan tontorrón, tan inofensivo, hace tan poca sangre contra los verdaderos puntos negros de las religiones actuales, que protestar contra ella es tan infantil como taparse los oídos cuando alguien dice "culo". A no ser, claro, que quienes se sientan ofendidos sean los que como yo esperaban una reflexión narrativa de mayor enjundia en la pluma de todo un premio Nobel como Saramago...
También de Saramago: El hombre duplicado, Alabardas, El evangelio según Jesucristo, El año de la muerte de Ricardo Reis, Ensayo sobre la ceguera, Todos los nombres
martes, 19 de agosto de 2025
José Saramago: Todos los nombres
jueves, 12 de julio de 2012
José Saramago: La caverna
Idioma original: portugués
Año de publicación: 2000
Valoración: Está bien
No puedo remediarlo, para bien o para mal, soy una lectora atípica. Al contrario que la mayoría, me cuesta abandonar los libros que me gustan, paladeo cada una de sus frases, releo muchas de ellas, los dejo descansar varios días porque quiero que se queden conmigo el máximo tiempo posible. Esta novela, en cambio, la leí rápidamente – sin que esto, dada su tendencia redundante, haya supuesto mayor esfuerzo – como si me estuviese bebiendo una gran botella de jarabe cuyo sabor fuera incapaz de soportar.
Me la habían recomendado con tanta insistencia que, por pura curiosidad, cedí. Había decidido dar carpetazo al autor portugués después de leer Todos los nombres, de dejar a medias Viaje a Portugal y a pesar del entusiasmo que había sentido por Ensayo sobre la ceguera, primero que leí suyo y que me abrió unas expectativas enormes. Precisamente por eso, en cuanto lo abrí y comprobé que mantenía las mismas pautas que en éste, tanto en el lenguaje como en muchos procedimientos narrativos, en la ausencia de puntuación y en su tono general, supe que algo no encajaba, que no podía funcionar del todo. Porque lo que en Ensayo constituía un hallazgo en La caverna se convierte en puro mimetismo. Uno de los grandes méritos de aquella consiste en la exacta adecuación de los recursos al alucinado ambiente que nos muestra, y si a ella le sentaba como un guante, a ésta, realista, cotidiana incluso, a pesar de lo insólito de algunas situaciones, resulta fuera de lugar. Esto a pesar de un planteamiento impecable – como cualquiera de los de Saramago, pues constituyen uno de sus puntos fuertes narrativos – por original y personalísimo, por su empatía, su coherencia y porque araña muchos recovecos humanos que pasan desapercibidos a otros novelistas.Pero esto que, en principio, representa un valor, acaba volviéndose en su contra. En literatura, tanta pasión ideológica no suele dar buenos resultados ya que, con independencia de la intención del autor, está presente en cada escena, en cada comentario personal llegando a determinar el curso del argumento. Saramago, para mi gusto, dirige demasiado el pensamiento del lector, no deja que el desarrollo de los acontecimientos muestre lo que sea menester. Constantemente le vemos, como un pepito grillo novelista, interponerse, alzando la voz, señalándonos esto y aquello, de forma tan evidente que termina resultando molesta por muy de acuerdo con él que estemos. También fija de antemano las conductas de unos personajes que pierden su individualidad en un momento dado para convertirse en estereotipos sociales.
La novela habla de los viejos oficios que van cayendo en desuso, de personas educadas para vivir en otra época y que, por eso mismo, han dejado de ser válidas, de incomunicación (y amor) paterno filial, de apego a la madre tierra en todos los sentidos, del pasado y de las transformaciones que convierten al presente en futuro. Es decir, del progreso, que mantiene viva la especie a costa, casi siempre, de sacrificar a alguien.
Estas cualidades, junto a la prosa envolvente de Saramago, a su capacidad de convicción, a la simpatía que inspiran unos personajes que no están dispuestos a resignarse, a lo insólito de las soluciones que encuentran, al constante crecimiento de la tensión narrativa, la convierten en una fábula moderna que, como cualquier fábula que se precie, resultaría mucho más efectiva si Saramago hubiera prescindido de insistencias que nada añaden y la hubiera adaptado a las dimensiones de un relato corto.
Otros libros de José Saramago reseñados en ULAD: Caín, Alabardas, El evangelio según Jesucristo, El hombre duplicado, El año de la muerte de Ricardo Reis, Ensayo sobre la ceguera, Todos los nombres
sábado, 13 de octubre de 2012
José Saramago: El evangelio según Jesucristo
Idioma original: portuguésTítulo original: O Evangelho Segundo Jesus Cristo
Año de publicación: 1991
Valoración: imprescindible
Tengo que confesar que esta es la primera novela de Saramago que leo, por lo que me va a resultar imposible inscribir esta obra en el conjunto de la producción del escritor portugués, del que ya hemos hablado en varias ocasiones en este blog. Por lo tanto, agradeceré cualquier ayuda al respecto (tanto en cuanto a temática como a estilo; por ejemplo, me han comentado que su disposición de los diálogos es bastante característica).
El evangelio según Jesucristo es una obra provocadora, como todas las obras en las que se ponen en tela de juicio pilares fundamentales –nos guste o no– de nuestra forma de entender el mundo e incluso de relacionarnos con los demás. Sin embargo, no debemos olvidar que al fin y al cabo se trata de una obra de ficción, en la que un narrador, presunto testigo de los hechos –a la manera de los evangelios canónicos–, nos narra la vida de Jesús de Nazaret haciendo especial hincapié en su infancia y primera juventud.
Le he puesto un imprescindible porque no he sido capaz de sacarle ningún "pero". Por un lado, Saramago ha sabido captar a la perfección el tono bíblico, que como víctima de una educación religiosa por desgracia conozco y reconozco bien. Los diálogos se integran en el flujo narrativo sin guiones ni otras marcas tipográficas que entorpezcan la lectura; apenas una mayúscula inicial para marcar la réplica de otro personaje. La traducción del gran Basilio Losada, por cierto, es una auténtica maravilla (lo siento, yo estas cosas no puedo evitar comentarlas).
Por otro lado, nos presenta la otra cara de la moneda, no solo de Jesús... sino también de Dios, esa fuerza omnipotente, omnipresente y generalmente incuestionable. Jesús intenta, en vano, rebelarse contra su destino: no puede evitar discrepar de los planes divinos, y no por motivos egoístas precisamente. Al trágico final de Jesús, que todos conocemos bien, Saramago le da una significativa vuelta de tuerca, al igual que a la relación del nazareno con el resto de personajes, que nos resultan conocidos y desconocidos al mismo tiempo.
Por último, toda la novela se sustenta sobre una capa de humor finísimo que, cuando hace estallar el tono solemne imperante, llega hasta a provocar la carcajada. Un ejemplo: la forma de hablar de Dios resulta cómica por lo que tiene de desconcertante.
En pocas palabras: El evangelio según Jesucristo es una novela apasionante y profundamente conmovedora que obliga al lector, creyente o no, a replantearse unas cuantas cosas.
Otros libros de José Saramago reseñados en ULAD: Caín, Alabardas, La caverna, El hombre duplicado, El año de la muerte de Ricardo Reis, Ensayo sobre la ceguera
martes, 18 de octubre de 2011
António Lobo Antunes: Esplendor de Portugal
Título original: O esplendor de Portugal
Año de publicación: 1997
Valoración: Muy recomendable
António Lobo Antunes, para quien no le conozca, es el otro gran novelista portugués de la segunda mitad del siglo XX (el "otro", siendo el "uno", por supuesto, José Saramago). De hecho, y esto ya es una opinión personalísima, Lobo Antunes es más novelista que Saramago: Saramago siempre será, en mi opinión, un intelectual comprometido que escribía novelas, mientras que en Lobo Antunes se reconoce al "novelista de raza" (qué expresión tan fea), que en ocasiones ejerce de intelectual.
Siempre se habla de que Lobo Antunes es un eterno candidato al Nobel, y quizás termine ganándolo. De hecho, creo que lo merecería. En cambio, lo que no creo que consiga nunca es el favor del público en general, porque no es en absoluto un autor nada sencillo. Lo que Lobo Antunes ofrece en sus novelas (y en este Esplendor de Portugal en concreto) es la conciencia desnuda de sus personajes: el discurrir de su memoria, que salta entre distintos tiempos y entre diversos niveles (lo consciente, lo inconsciente, lo reprimido) y que se desliza reconstruyendo historias, pero no una historia en sentido tradicional.
Lobo Antunes exige un lector no solo activo, sino también atento, sensible y paciente, porque lo que él crea son mundos psicológicos y simbólicos a través de los cuales es posible reconstruir los hechos concretos que los provocaron. En este caso, son cuatro los personajes en cuyas mentes nos sumergimos: una familia compuesta por Isilda, la madre, que resiste aislada en la Angola post-descolonización; y los tres hermanos, Ruy, Clarisse y Carlos, que regresaron a una Lisboa a la que no pertenecen y que alimentan sus odios y resentimientos mutuos.
Esplendor de Portugal, como decía antes, no es una novela para todos los públicos, no porque describa escenas horrorosas (que alguna hay) o impúdicas escenas de sexo (que también), sino por su estructura y estilo descoyuntado, poético, combinatorio, fragmentario, desordenado, disperso. Entrar en el ritmo y el universo que propone la novela no es fácil; una vez que se han reconstruido las piezas fundamentales (quién es quién, qué relaciones hay entre ellos, cuáles son sus taras o secretos ocultos...) la lectura se hace más llevadera, y mucho más profunda. Y es una experiencia apasionante; mucho más, sinceramente, que la mayoría de las novelas de Saramago que he leído.
La nota tonta para terminar: Cada vez que en el libro leía el nombre de Clarisse, no podía evitar acordarme de El silencio de los corderos: "Quid pro quo, Clarice"... Qué daño ha hecho Hollywood a nuestras mentes...
También de Lobo Antunes: Aquí
martes, 15 de septiembre de 2009
José Saramago: El hombre duplicado
Idioma original: portuguésTítulo original: O Homem Duplicado
Año de publicación: 2007
Valoración: Muy recomendable
Existe una creencia popular que sostiene que todos tenemos un doble, una persona exactamente igual que nosotros, en alguna parte del mundo. Claro que, como el mundo es muy grande, lo más normal es que no la encontremos nunca. Pero eso es, precisamente, lo que le ocurre al protagonista de esta historia. Tertuliano Máximo Afonso, profesor de historia de 38 años, descubre que en su ciudad vive un hombre que es sus copia exacta, a pesar de que no los une ningún vínculo de sangre. Profundamente perturbado por este descubrimiento, decide investigar a su sosias, espiar la casa que comparte con su esposa y, finalmente, ponerse en contacto con él.
Partiendo de esta situación, Saramago desarrolla una fantástica trama que presenta una serie de interrogantes (¿qué traerá consigo ese encuentro? ¿Qué sucesos desencadenará en la vida de ambos? ¿Cuál será el original y cuál el duplicado de ese hombre que, casi cuarenta años después de su nacimiento, se encuentra consigo mismo?) cuyas respuestas, como suele suceder, no satisfacen a ninguno de los protagonistas.
Pero el autor también lanza otras preguntas al aire: ¿qué nos hace ser individuos únicos? ¿Dejaríamos de ser nosotros mismo, si conociéramos a una persona exactamente igual a nosotros? ¿Seríamos iguales sólo físicamente, o también interiormente? Así, a través de las desventuras de Tertuliano y su doble (o al revés), Saramago no sólo nos entretiene y nos da otra muestra de su calidad narrativa, sino que nos hacer pensar en la identidad humana, en si todo aquello que creemos que somos es real o es tan sólo cúmulo de circunstancias que nos preparan (o no) para encontrarnos un día con nosotros mismos.
viernes, 3 de mayo de 2013
José Saramago: El año de la muerte de Ricardo Reis
Título original: O ano da morte de Ricardo Reis
Año de publicación: 1984
Valoración: Imprescindible
Voy a hacer una confesión de esas que nadie me pide y que a nadie (probablemente) interesan: los últimos dos libros que reseñé para este blog, Delirio e Historia secreta de Costaguana los leí a la carrera, como quien traga sin masticar ni paladear; los dos me gustaron, pero creo que no los disfruté completamente. Con El año de la muerte de Ricardo Reis ha sido al revés: lo he leído a poquitos, con calma, degustándolo, sin cansarme ni precipitarme, sin prisa por llegar al final. Y a lo mejor por eso, o a lo mejor porque es una verdadera obra maestra (quizás la mejor novela de su autor), he disfrutado de esta lectura como hacía tiempo que no disfrutaba.
El año de la muerte de Ricardo Reis reúne los mejores atributos de la narrativa de Saramago (el narrador entrometido, la ironía sutil, el ritmo constante, las sorpresas lingüísticas, la inteligencia crítica...), y evita algunos de los tics en los que, en mi humilde opinión, caen algunas de sus obras posteriores: el maniqueísmo, la tentación a la parábola o a la moralización. El año de la muerte... tiene obviamente una carga crítica y un mensaje político claro, pero que en ningún momento se impone ni al texto ni al lector; es, sobre todo, el retrato de una época, los años 30 del siglo XX, y de una ciudad, Lisboa, a través de los ojos de un personaje desencantado y desubicado.
Toda la historia gira, de hecho, en torno a este personaje: Ricardo Reis, vuelto de Brasil al conocer la noticia de la muerte de su "amigo" Fernando Pessoa. A su llegada a Portugal se instala en un hotel junto a Cais do Sodré; inicia una relación pasional con una de las camareras, y una más platónica con una de las huéspedes; intenta sentirse en casa e integrarse en la sociedad lisboeta, pero sin conseguir sentir que realmente ha regresado; y entre tanto mantiene conversaciones con un aparecido (que no fantasma) Fernando Pessoa. Estas conversaciones, en lo que tienen de paradójico y metaliterario, de poético y de filosófico, de contradictorio y onírico, son probablemente lo más atractivo del texto, por lo menos para librófilos como yo.
Pero la novela es mucho más que la historia de Ricardo Reis: es también el retrato del Portugal de los primeros años del Estado Novo, con su extrema pobreza y su propaganda nacionalista, su policía política y su hipocresía moral, con sus marineros revolucionarios y sus mítines anticomunistas. Es también una narración oblicua de los momentos inmediatamente anteriores al inicio de la Guerra Civil española, origen de noticias contradictorias y causa de una ola de exiliados que abarrota el hotel Braçança. También están muy presentes el fascismo italiano y el nazismo alemán, en un momento en que la propaganda salzarista todavía los mostraba como regímenes hermanos y modelos de futuro.
Esta novela es especialmente recomendable para quien conoce o vive en Lisboa, porque en ella la ciudad se presenta de una forma viva e íntima (o íntimamente viva, si se quiere): se puede sentir que ha sido escrita por alguien que de hecho ha paseado por Cais do Sodré, por la Rua do Alecrim, el Largo de Camões o el mirador de Santa Catarina; que ha tomado cafés en Martinho de Arcada o en la Chave de Ouro; y no por un turista accidental que solo conoce lo que sale en las guías, como pasaba con el Tren nocturno a Lisboa de Pascal Mercier. Casi dan ganas de coger la novela y un mapa y ponerse a recorrer con el personaje las calles de Lisboa, aunque sea una Lisboa que ya no existe, y aunque corramos el riesgo de sentirnos tan desubicados como el propio Ricardo Reis en su lento camino hacia el Cementerio dos Prazeres.
Otros libros de José Saramago reseñados en ULAD: Caín, Alabardas, La caverna, El evangelio según Jesucristo, El hombre duplicado, Ensayo sobre la ceguera
martes, 8 de diciembre de 2015
José Saramago: Ensayo sobre la ceguera
domingo, 4 de octubre de 2015
Juan Luis Zabala: Agur, Euzkadi
Título original: Agur, Euzkadi
Año de publicación: 2000
Valoración: se deja leer
Pues aquí vuelvo yo a reseñar un libro en euskera, que creo que todavía no se ha traducido al español (ni a ninguna otra lengua). De hecho, en el encabezamiento de la entrada he dejado el título tal cual, porque "agur" ya está aceptado como palabra española por la RAE, y porque "Euzkadi" es la grafía antigua, sabiniana si se quiere, del actual "Euskadi". Hay que decir, por otra parte, que "Agur euzkadi" es el título de un poema de Lauaxeta, lo que tiene su sentido cuando se lea el argumento.
Porque Agur, Euzkadi es una especie de adaptación vasca de El año de la muerte de Ricardo Reis de José Saramago, salvando todísimas las distancísimas. Recordemos que en la obra maestra de Saramago, un recién muerto Fernando Pessoa resucita para hablar con uno de sus heterónimos, Ricardo Reis, recién llegado de su exilio brasileño. Pues en Agur Euzkadi quien resucita es el poeta Estepan Urkiaga, 'Lauaxeta', fusilado en el año 1937 durante la Guerra Civil; una vez redivivo, Lauaeta se junta con un periodista del diario Egunkaria que acaba de dejar su trabajo, y juntos inician un paseo por los montes, pueblos y ciudades del País Vasco.
Otro de los referentes fundamentales de Agur, Euzkadi es, de hecho, el Quijote: de ahí toma Zabala la idea de viaje sin destino, de vagabundeo, los diálogos entre los dos protagonistas (que se autodenominan en alguna ocasión como Quijote y Sancho), o incluso la presencia de una mujer idealizada, la misteriosa Marga y su eterna promesa de enseñarle las tetas al narrador... Hay incluso una pequeña escena que podría calificarse de "donoso escrutinio" de la literatura vasca contemporánea, con comentarios de algunos de los jóvenes escritores. (O eso, o Zabala quiso incluir los libros de algunos de sus amigos a modo de guiño, que también podría ser).
El problema es que la idea inicial, que tiene mucho potencial (el joven Lauaxeta vuelve a la vida 60 años después de ser asesinado y compara la Euzkadi de entonces con la actual) no acaba en ningún momento de cristalizar. Los grandes temas que podrían haberse planteado (la democracia, el nacionalismo, la defensa de la lengua, el valor de la literatura o incluso la violencia de ETA, a la que se alude varias veces en el libro) quedan inexplorados, o solo aludidos sin profundizar en ellos. La novela avanza y termina y no sabemos bien qué impresión le ha causado a Lauaxeta esta nueva Euskadi, ni tampoco lo que piensa de ella el autor. Por eso Agur, Euzkadi no deja un gran poso en el lector, que la lee más o menos entretenido, pero no saca demasiado provecho de ella.
Nota lingüística: Sería interesante, si de hecho algún día esta novela llegase a traducirse al español, o a otra lengua cualquiera, ver cómo traducen la diferente forma de hablar de los personajes: Lauauxeta se expresa en un euskera dialectal y pre-euskara batua (el euskera unificado que solo se instauró a partir de 1968), lo que no tiene un equivalente directo en español. Sería un reto interesante conseguir recrear ese efecto...
martes, 16 de abril de 2013
Semana de literatura colombiana: Delirio de Laura Restrepo
Año de publicación: 2004
Valoración: Muy recomendable
Hace poco, en un coloquio sobre literatura latinoamericana en Lisboa se discutía si la violencia es, o no, uno de los rasgos típicos de esta literatura; y si, en caso de que lo sea, esto es positivo o negativo, por la imagen (que confirma estereotipos bienpensantes) que transmite del continente. Personalmente no me atrevo a dar una respuesta global a esta pregunta; pero me he acordado del debate leyendo Delirio, que es, desde luego, una novela marcada por la violencia. Una violencia que va de lo privado (la violencia doméstica) a lo colectivo (el terrorismo de los narcos), que atraviesa todas las capas sociales y que carcome y destruye cuanto toca.
Delirio es en cierto modo una novela de misterio: cuando vuelve de pasar un fin de semana con sus hijos, el profesor Aguilar encuentra a su mujer, Agustina, presa de una locura inexplicable en una habitación de hotel. ¿Qué ha podido pasar en esos cuatro días para llevarla a ese estado? Ese es el misterio que Aguilar, movido por el amor, intentará descubrir, adentrándose para ello en los secretos y las mentiras de la familia de Agustina, una familia marcada por una locura hereditaria y por una obsesión enfermiza por las apariencias sociales.
Porque esta novela es, además de una novela de misterio con un toque romántico y otro fantástico, una crítica de la clase alta colombiana: no es casual que el único personaje "bueno" (así lo ha declarado explícitamente la autora) sea Aguilar, un prototipo de la clase media, profesor de literatura varios años mayor que su mujer. El resto de personajes, de la clase alta más pija y snob de Bogotá, son caracterizados como seres hipócritas, parásitos capaces de enriquecerse con el narcotráfico pero sin mancharse las manos de sangre.
Delirio consigue mantener una tensión narrativa hasta el final, aunque (perdón por el spoiler) al final el trauma que provoca la locura de Agustina no sea para tanto. Con sus varias tramas y líneas temporales (la historia de Agustina, la de sus abuelos, la de Midas McAllister), recuerda a algunas novelas experimentales del boom, aunque suavizadas y simplificadas para llegar a un mayor número de lectores. Así, se construye una novela capaz de satisfacer paladares exigentes, pero también a quienes busquen una historia de buenos y malos, en la que el amor, al final...
Nota curiosa: No es sorprendente que esta novela le gustara a Saramago, presidente del jurado que le concedió el Premio Alfaguara, teniendo en cuenta no solo que esta es una novela muy "saramaguesca" (por el estilo, el formato de los diálogos integrados en la narración, el empleo limitado de recursos de realismo mágico), sino también porque en la novela se menciona el Memorial del convento de Saramago como referente explícito...
Otros libros de Laura Restrepo en Un Libro al Día: La novia oscura
martes, 17 de diciembre de 2013
Un libro al día: Nuestros libros del año
Como siempre, os invitamos a que comentéis nuestras listas, o a que nos mandéis las vuestras, en los comentarios del blog, o a través de Twitter y Facebook.
Francesc Bon
Mejor libro de 2013: Así es cómo la pierdes, de Junot Díaz, casi ex aequo con Esquirlas, de Ismet Prcic
Montuenga
Mejor libro de autor revelación 2013: Intemperie de Jesús Carrasco
Santi
Mejor lectura de 2013: José Saramago: El año de la muerte de Ricardo Reis
Uxue
Mejor libro del año 2013: difícil elección. Me decanto entre:
- Cuatro por cuatro de Sara Mesa. Narrativa, poética, engancha y acabas racionando la lectura para que el libro no se acabe.
- El niño que robó el caballo de Atila de Iván Repila, obra que podría recomendar porque conozcoalautoryesoestrampa, pero que recomiendo realmente por tratarse una de las mejores novelas breves que haya leído hasta el momento.
- Geografías de Niebla de Valerie Mejer. Un poemario que debería estar en boca de todos, pero que, incomprensiblemente, no se reedita en España. Valerie Mejer es LA POETA. Pronto, una reseña.
- En poesía: Vaso Roto Ediciones, La Garúa, Amargord y Kriller 71.
- En narrativa: Lumen, Automática, Sexto Piso y Libros del Silencio (desgraciadamente, desaparecida).
- En libro infantil ilustrado: Editorial Milrazones.
- En novela gráfica: Sins Entido.
Pedro
Mejor lectura de 2013: Donde dejé mi alma, de Jerôme Ferrari (reseña pendiente).
Mr Grecco
Mejor clásico que (al fin) ha caído en 2013: Madame Bovary, de Gustave Flaubert
El Horror, El Horror: Cada día, cada hora, de Natasa Dragnic
Al fin he terminado (y ha merecido la pena): Trilogía Memorias de un antisemita, de Gregor von Rezzori
Una agradable sorpresa: La intrusa, de Éric Faye
Opinión de algunos libros reseñados por otros: Intemperie, de Jesús Carrasco (digno debut); Ciudad abierta, de Teju Cole (diferente, especial); El pan a secas, de Mohamed Chukri (léanlo, por Dios).
Gamberro/a del año: Socrates Adams por Todo va bien.
Izas
Mejor libro de 2013: no sé, hay muchos, decantarme por uno solo es imposible.
jueves, 25 de diciembre de 2025
LO MEJOR DE 2025
Francesc:
Ensayo: Sin centrarme en una obra específica, creo que el europeísmo escéptico/pragmático de Finkielkraut es algo que hay que reivindicar (porque hacerlo con Huxley ya sería demasiado, ¿no?)
Narrativa de largo: La obra de Catherine Lacey me ha ofrecido ciertas esperanzas.
Narrativa de corto: María Bastarós, una escritora que busca camorra (o sea, que no es de sofá, mantita y libro).
Expectativa superada (tanto con tan poco) :El comandante yanqui de David Grann
Expectativa defraudada (aunque temida): Sally Rooney en concreto con Intermezzo, pero creo que cualquiera serviría.
Comentario que no viene a cuento: alejaos, por favor, de libros que cuenten con esas irritantes fajas empeñadas en asignar y etiquetar. A la papelera, ya.
viernes, 15 de octubre de 2010
José Cardoso Pires: El delfín
Título: O Delfim
Año de publicación: 1968
Valoración: Muy recomendable
El Delfín, de José Cardoso Pires, está considerada como una de las mejores novelas portuguesas del siglo XX, sin contar a los omnipresentes Lobo Antunes y Saramago. Y con razón, diría yo. Es una novela inteligente, irónica, corrosiva y magistralmente escrita. No es una novela sencilla, pero en eso radica buena parte de su atractivo: en su complejidad y en su constante burla de los cánones literarios e ideológicos dominantes.
El argumento toma la apariencia externa de una novela de misterio o de suspense: tras un año de ausencia, el narrador vuelve a la Gafeira, una aldea ficticia de Portugal, para cazar patos, y descubre que el "cacique" del pueblo, el Ingeniero Tomás Manuel da Palma Bravo (el "delfín" del título), ha desaparecido, poco después de la muerte de su mujer y de su criado Domingo. En un ambiente casi sobrenatural, con una niebla constante que rodea la laguna cercana, la historia se desarrolla entre esos dos planos temporales (las dos últimas visitas del narrador a Gafeira) y con una cierta estructura de novela policial, en torno al misterioso doble crimen.
Son muchas las cosas que me han gustado en esta novela: el modo irónico y despreocupado con que está escrita, el constante juego de voces, planos, textos y versiones que se mezclan en ella; también son estupendos los personajes principales (el Ingeniero, María das Mercês, el propio narrador o su posadera, cuya descripción es magníficamente hiperbólica); pero sobre todo el ambiente de hipocresía y decadencia que lo envuelve todo, como una atmósfera rancia que los críticos han identificado con la del Portugal del último salazarismo.
Hay una versión cinematográfica, que no he visto pero que me propongo ver, y un estupendo (y bastante extenso) reportaje de la RTP sobre la obra, accesible en Youtube (pongo la primera parte, quien esté interesado solo tiene que seguir después los enlaces relacionados):
Otras obras de Cardoso Pires en ULAD: La república de los cuervos, Historias de amor, De profundis. Vals lento










