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miércoles, 12 de marzo de 2025

Laird Koenig & Peter L. Dixon: Los niños están mirando

Idioma original: inglés

Título original: The Children Are Watching

Año de publicación: 1971

Traducción: Alicia Frieyro

Valoración: más que recomendable

¿Quién puede matar a un niño?, nos preguntaba Narciso Ibáñez Serrador en una ya mítica película basada en una terrorífica novela de Juan José Plans. Pues bien, eso era porque ni Chicho ni los protagonistas de su película habían leído esta novela (bueno, él tal vez sí), porque a los cinco niño que la protagonizan desde luego que dan ganas, más de una vez, de matarlos... También de quererles, claro, porque, después de todo, no son más que niños y se comportan como tales... en el mejor y en el peor sentido.

Pongámonos en contexto: Malibú, en la soleada California, a comienzo de los 70s. En una casa a pie de una playa privada pasan el verano los cinco hermanos/as Moss, de entre 9 y 4 años, a cargo de Graziela -a la que los pequeños monstruos llaman Aguacates-, una criada mexicana que no habla una palabra de inglés, mientras sus padres -él, productor de cine, oscarizada actriz, ella- ruedan una película en Italia. Sí, en efecto, esta situación no parece la más aconsejable para unos chiquillos tan pequeños y menos aún cuando, a partir de un incidente que mejor no contaré, los críos se quedan solos en la casa, bajo el liderazgo de Kathy, la mayor del grupo. Ellos y ellas -tres varoncitos y dos niñas- encantados, claro, porque eso les permite pasarse el día viendo la tele (hoy en día sería jugando con la videoconsola o con el móvil) y comiendo guarrerías, aunque también les obligará a estar en guardia frente a visitas inoportunas y, sobre todo, intrusos indeseados... Pero os adelanto (y tomáoslo como un spoiler, si queréis) que, para entonces, la historia de terror ya llevará tiempo empezada...

Con mucha astucia, los autores del libro nos presentan a cinco niños que representan cinco estereotipos de personalidad y comportamiento diferente, desde la niña lista pero marimandona que es Kathy a Marti, la más pequeña y, por tanto, cándida de los cinco. Pasando por el sensible e inteligente Sean, el tragaldabas Cary y, por último, el hiperexcitado y posiblemente futuro gymbro Patrick. Es imposible no empatizar con ninguno o incluso, en uno u otro momento, con todos. Por otra parte, Koenig y Dixon articulan la novela por medio de capítulos no muy largos, que son en sí mismos, pequeñas narraciones llenas de suspense; en todas ellas los hermanos se deben enfrentar a alguna dificultad más o menos peliaguda que mantiene al vilo al lector, incluso cuando se trata de aprietos un tanto previsibles. Sin embargo, que nadie espere encontrarse con una novela de aventuras juveniles "blanca", tipo las de Los Cinco o Los Hollister. O, en todo caso y si se quiere, podría tratarse de una parodia de este tipo de literatura, tan popular otrora, ya que en Los niños están mirando no hay nada blanco, nada a lo que nos podamos agarrar esperando una historia más convencional y tranquilizadora. Y, sin embargo, que bien funciona (o qué bien los hacen funcionar sus autores) el consabido "pacto ficcional", que provoca que no sólo nos parezca plausible lo que estamos leyendo, sino que aceptemos todas sus aristas y recovecos oscuros, mientras nos recome la impaciencia por saber cómo acabará todo este disloque. Que es tremendo, ya digo...


También de Laird Koenig y reseñado en Un Libro al Día: La chica que vive al final del camino

domingo, 5 de noviembre de 2023

Laird Koenig: La chica que vive al final del camino

Idioma original: Inglés   
Título original: The little girl at the end of the road
Traducción: Jon Bilbao 
Año de publicación: 1973
Valoración: Recomendable

Aunque La chica que vive al final del camino, de Lair Koening, es fácilmente adscribible al "thriller" de misterio o al gótico americano, también es una novela de formación y romance muy "sui generis". 

Su oscura premisa me ha recordado bastante a Matemos al tío de Rohan O'Grady: dos niños, menos indefensos de lo que uno pueda imaginar, deben hacer frente a un adulto intimidante. ¡Incluso hay un policía de por medio en ambas propuestas! Eso sí, la de Koening es más psicológica, tensa, madura y realista que la de O'Grady.

¿De qué trata? Rynn acaba de cumplir trece años y lo celebra sola en su casa de alquiler. Nadie sabe mucho de ella; sólo que proviene de Inglaterra, apenas habla, es desconfiada, da esquinazo a las visitas inoportunas y cobra cheques de viaje. Hace tiempo que su padre no se deja ver por el pueblo, y los vecinos empiezan a hacer preguntas. Un día conocerá a Mario, un niño cojo al que le gusta hacer magia. Juntos plantarán cara a Frank Hallet, un pedófilo local que, gracias a la influencia de su madre, es intocable.

Entre las muchas virtudes de La chica que vive al final del camino, destacaría las siguientes:

  • Mezcla acertadamente diversos géneros.
  • Se estructura en capítulos tan breves como adictivos. 
  • Su historia transcurre con una fluidez sorprendente, pero en todo momento sabe cuándo debe realentizar el ritmo. 
  • Koening dosifica acertadamente la información, expande el misterio, juega con las expectativas del lector, te encariña con los protagonistas y logra que ciertas escenas impacten emocionalmente. 
  • La caracterización de Rynn (madura, inteligente, calculadora, de gustos refinados, pero sin por ello dejar de ser una niña) está muy lograda. También me ha convencido su eventual desarrollo, que nos es transmitido de manera orgánica y creíble.
  • Mario, que es un poco mayor que Rynn, la complementa a la perfección, e incluso ejerce de contrapunto que cataliza su arco de crecimiento.
  • Frank Hallet consigue erigirse como un personaje siniestro y amenazante, cuya plausibilidad da miedo.   
  • Los diálogos, llenos de batallas dialécticas, ambiguedades, dobles sentidos, sarcasmo, etc..., resultan entretenidos a la par que avanzan la trama y caracterizan a los interlocutores.
  • Hay un par de escenas brillantes en lo que a tensión u horror respecta.
  • Puntadas irónicas radiografían la sociedad de la época (sobre todo su corrupción, clasismo y racismo); también las diferencias entre Inglaterra, EEUU y sus respectivos habitantes dan bastante juego al autor.
  • Su final es técnicamente abierto, en el sentido de que no insulta a la inteligencia del lector, pero al mismo tiempo cierra la novela. 

Solamente le pondría un par de pegas a La chica que vive al final del camino:

  • En determinados momentos hay que suspender la incredulidad para aceptar ciertos acontecimientos. Por ejemplo, que tanto Rynn como Mario sean tan espabilados y resolutivos, o que puedan engañar a un policía que ha demostrado ser extremadamente competente y atento.
  • El romance que presentan estas páginas me parece algo forzado.

Originalmente, Koenig concibió La chica que vive al final del camino como obra de teatro; después de su éxito literario, también la guionizó. Sin haber visto la aclamada adaptación cinematográfica, me atrevo a decir que probablemente no aporta gran cosa a quienes hayan leído la novela. Además, la película protagonizada por Martin Sheen y una jovencísima Jodie Foster toma un par de decisiones, según tengo entendido, que diluyen el malrollismo y la perversidad que emanaba su contraparte literaria.



También de Laird Koenig en ULAD: Los niños están mirando

jueves, 25 de diciembre de 2025

LO MEJOR DE 2025

Un año más llega a las pantallas de los lectores ULADianos la lista que importa, la que todos estaban esperando, la lista para acabar con todas las demás listas: lo mejor del año para nuestros reseñistas. ¡Deseamos a todos los que nos acompañan unas Felices Fiestas, y un 2026 cargado de buenas lecturas!
 
Oriol:

Resumen del año: No he leído ningún libro imprescindible (salvo, quizá, Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt). Aun así, he descubierto novelas, antologías y cómics notables, y he entrevistado a mi admirado Jared Roberts.

Libros que parecen escritos específicamente para mí: The Machine Stories, de Jared Roberts, With Teeth, de Christian Wallis, Yongüein’s Massacre, de Myke Babylon, La pianista, de Elfriede Jelinek, La bestia entre las sombras, de Edogawa Rampo, La estancia oscura, de Leonard Cline, y Paperbacks from hell, de Grady Hendrix.
Novelas destacables: Gente adinerada, de Joyce Carol Oates, y Posesión, de A. S. Byatt.
Novelas que logran dar una visión panorámica de su mundo: El gusano, de Luis Carlos Barragán, y La fábrica de Absoluto, de Karel Čapek.
Antología destacada: Ni una palabra, de Caroline Blackwood.
Mejor novela gráfica: La formidable invasión mongola, de Shintaro Kago (aunque Insolitus y Los reinos silenciosos, de VV.AA., están muy bien).
Mejor libro de no ficción: Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt.
Mejor volumen ecléctico: Madurar hacia la infancia, de Bruno Schulz.


Koldo:

Novelas: Minimosca, de Gustavo Faverón Patriau, Camino de sirga, de Jesús Moncada, y El siguiente en el paraíso de Marek Hlasko
Autobiografía (o similar): Antes que anochezca, de Reinaldo Arenas, En las kátorgas del zar, de H. Leyvik, y Triste tigre, de Neige Sinno
Cuentos: Cada lunes de aguas, de Juan Montiel, y Mentirosos enamorados, de Richard Yates
Viajes: Los viajes de Júpiter, de Ted Simon
Poesía: Mientras tanto cógeme la mano, de Kirmen Uribe
Crónica (o similar): No matarían ni una mosca, de Slavenka Drakulic

Juan:

Un 2025 muy prolífico en lecturas, aunque como de costumbre y curiosamente (ignoro la causa), las mejores concentradas sobre todo en la última parte del año. A saber:

Libros de miedito: HEX de Thomas Olde Heuvelt, Negro tal vez de Attila Veres y Fundido a negro de Jesús Cañadas (éste, en libertad provisional).
Noir a pleno sol: Los niños están mirando de Laird Koenig y Peter L. Dixon.
Distopía chanante: La infancia del mundo de Michel Nieva.
Distopía no tan chanante: Las indignas de Agustina Bazterrica.
Cómic Novela gráfica más divertida del año: Consumida de Alison Bechdel.
Biografía: Revelando a Vivian Maier de Ann Marks.
Ensayos del año: Quiero y no puedo de Raquel Peláez, Pornocracia de Jorge Dioni López y (quizás) Catedral de escombros de Pedro Torrijos...
Una batalla tras otra: Se acabó el recreo de Darío Ferrari, Operación Apolo de Sergi Moyano Hurtado, El corazón revolucionario del mundo de Francisco Serrano y Ovni 78 de los Wu Ming.
Novela por la que deberían darle al autor algún premio o algo: Tango satánico de László Krasznahorkai.

 

Francesc:

Ensayo: Sin centrarme en una obra específica, creo que el europeísmo escéptico/pragmático de Finkielkraut es algo que hay que reivindicar (porque hacerlo con Huxley ya sería demasiado, ¿no?)

Narrativa de largo: La obra de Catherine Lacey me ha ofrecido ciertas esperanzas.

Narrativa de corto: María Bastarós, una escritora que busca camorra (o sea, que no es de sofá, mantita y libro).

Expectativa superada (tanto con tan poco) :El comandante yanqui de David Grann

Expectativa defraudada (aunque temida): Sally Rooney en concreto con Intermezzo, pero creo que cualquiera serviría.

Comentario que no viene a cuento: alejaos, por favor, de libros que cuenten con esas irritantes fajas empeñadas en asignar y etiquetar. A la papelera, ya.

  

Marc:
Año flojo en cuanto a mi elección de las lecturas pero, aun y no habiendo acertado en general, sí hay algunos libros a destacar:

Libro del año: «Animals inexpressius», de Xavier Mas Craviotto
Ensayo del año: «La passió dels estranys», de Marina Garcés
Autobiografía del año: «Dietarios», de Mircea Cărtărescu
Experimentos exitoso del año: «La niña a la que le gustaban demasiado las cerillas», de Gaétan Soucy, por el estilo y lenguaje utilizados, y «El volumen del tiempo», de Solvej Balle, por planteamiento y argumento.
Reencuentros satisfactorios: Philip Roth, Jon Fosse, Henrik Ibsen
Caerán más libros de: Pol Guasch, Xavier Mas Craviotto, Siri Hustvedt, Jon Fosse
Propósitos para el 2026: aumentar el ritmo de lecturas, más poesía y recuperar algun clásico pendiente

Félix:
Resumen del año: bastante bien hasta mitad de año, leyendo un par de imprescindibles y, en general, de todo un poco. Luego decayó en frecuencia y calidad, aunque dejando, todavía, algún que otro libro muy recomendable.

Top 3 del año: 
- Bella del señor, de Albert Cohen.
- Minimosca, de Gustavo Faverón Patriau.
- Middlesex, de Jeffrey Eugenides, o El quinto hijo, de Doris Lessing.
Accésit: La higuera, de Ramiro Pinilla, Hacedor de estrellas, de Olaf Stapledon, o la serie el Cuarteto de Buru, de Pramoedya Ananta Toer.
Cuento del año: El cuento más hermoso del mundo, de Ruydard Kipling.
Ensayo del año: hago trampa porque es una relectura, pero la maravilla de Esculpir en el tiempo, de Andrei Tarkovski, no puede obviarse nunca.
Cómic del año: El Eternauta, de Oesterheld y Solano López.
Decepciones (sonadas): 
- El loco de Dios en el fin del mundo, de Javier Cercas (por el tema y las ínfulas que se carga el texto).
- La invención de todas las cosas, de Jorge Volpi (ni ganas de reseñarlo me dan).
- El ayudante, de Robert Walser.
Lo leí aunque casi lo tiro por la ventana: Cómo leer y por qué, de Harold Bloom.
Abandonos: Hay ríos en el cielo, de Elif Shakar (por tratarme de tonto varias veces).
Amor-odio excesivo: los dos libros de Renaissance, de J.J. Lucas.
Descubrimientos: Albert Cohen, Pramoedya Ananta Toer, Olaf Stapledon, Ramiro Pinilla.
Constatación de lo pésimo que es el marketing para la calidad de una obra: los pesos pesados de la literatura argentina contemporánea.
Esperanza del 2026: leer algo del calibre de Bella del señor o Minimosca.

Carlos:

En un año que en general ha sido de lecturas más bien flojas, esto es lo poco que he podido rescatar:

Novela: La aventura de un fotógrafo en La Plata, de Adolfo Bioy Casares; La guerra de nuestros antepasados, de Miguel Delibes; El evangelio según Jesucristo, de José Saramago. Al final tres clásicos, o casi.
Novela gráfica (y quizá descubrimiento del año): El color de las cosas, de Martin Panchaud
Novela corta: Relato soñado, de Arthur Schnitzler
Humor: Alacranes en su tinta, de Juan Bas
Autobiografía: Pretérito imperfecto, de Carlos Castilla del Pino
Música: Quadrophenia, de Àlex Oró
Clásico: El crimen de Lord Arthur Savile, de Oscar Wilde
Ensayo ligero (pero muy logrado): La radio puesta, de Javier Montes
Libro de relatos: Lazos de familia, de Clarice Lispector (reseña en breve)
Y por no dejarlo con apariencia tan limitada, haré mención a otros tres que se quedaron cerca del galardón, quizá un pasito por detrás: La liebre con ojos de ámbar, de Edmund De Waal; El callejón de los milagros, de Naguib Mahfuz; Crónica de Dalkey, del admirado Flann O´Brien

Alain:
Este año, trabajar en el blog me produjo muchas satisfacciones: poder entrevistar a escritores y artistas, enfocarme en la lectura y la escritura, trabajar en una app del blog (solo disponible por el momento en App store, esperen un poco más para usarla en Android), y lo más importante, pertenecer a una comunidad de amantes de la literatura y de la creación humana. A pesar de que las vistas del blog son mínimas comparadas con booktokers, booktubers, bookstagramers…, hemos mantenido un año más la independencia y la honestidad en las reseñas. Cuando el internet y las redes sociales exploten debido a la inteligencia artificial y a los intereses de esos billonarios hijos de puta, aquí seguiremos. ¡Qué chinguen a su madre los que usan la IA para socavar la creatividad humana, y que chingue a su madre Elon Musk!

Aquí mi resumen del año:
Texto revelador: Historia general de las drogas, Antonio Escohotado.
Noir que me regresó la esperanza en este género: El gran desierto, James Ellroy.
Descubrimiento: La obra de Shintaro Kago (por cortesía de Oriol). Pueden ver una entrevista con él aquí.
Libro contra el que tenía un prejuicio y me sorprendió: The stand, Stephen King.
Decepción por hacerle caso a las voces de las masas: Cadaver esquisito, Agustina Basterrica.
Libro con sountrack: Héroes del Blues, Jazz y Country, Robert Crumb.
Relecturas que me conmueven como la primera vez: Mañana en la batalla piensa en mi, Javier Marías; El juego de Abalorios, Hermann Hesse; Música de cañerías, Charles Bukowski.
Adaptada al cine con spice lésbico: Arenas movedizas, Junichiro Tanizaki.
Decepción del año: Retratos de jazz, Haruki Murakami y Makoto Wada

José Miguel:
Estimados seguidores de Ulad, en estas fechas tan señaladas me llena de orgullo y satisfaccion entrar en vuestros hogares para dejaros mi lista de mejores lecturas del año.

Novelas:
Calabobos de Luis Mario. Original, delicada, poética.
Los recuerdos del porvenir de Elena Garro. Hipnótica. Cómo he podido desconocer esta maravilla? 
Cuentos:
60 relatos de Dino Buzzati. Inquietantes, desasogantes y muy bien escritos.
Cuentos de Pio Baroja. Sólo por la preciosidad de Mari Belcha, ya merece la pena volver a Baroja.
Ensayo:
Mapa de soledades de Juan Gomez Barcena. Barcena hace tiempo que dejo de ser una joven promesa. Siempre buscando nuevos temas y nuevos enfoques. Muy recomendable cualquier novela suya.
El hombre horizontal de Bruno Remaury. Cuestionando el espacio q ocupa el ser humano en este mundo enloquecido.
Clasico incontestable:
Almas muertas de Nicolai Gogol. Ahhhh, los rusos.
Decepciones (no hay que comprar a lo loco):
Bruno Schulz, Madurar hacia la infancia. En la pagina 429 nos da la clave de su escritura "el tema como siempre, sin importancia y dificil de narrar". Pues, no esperes a la pagina 429 para decirnoslo, avisanos en la 1.
Adan y Eva de Aarto Paasilina. Humor finlandes, no trasladable a estas latitudes. Si ellos se rien con esto, es que somos muy, pero que muy diferentes.

Pues eso es todo. 
Felices fiestas y buenas lecturas para el proximo año.

Santi:
Un año muy irregular en cuanto a lecturas: un verano inusualmente descansado en el que por fin pude leer hasta (casi) hartarme, y un resto del año usualmente ocupado en el que casi solo he (re)leído lo que me exigía mi trabajo. A pesar de ello, ha habido unas cuantas muy buenas lecturas, y otras más decepcionantes... Aquí va mi lista: 
 
Mejores novelas: Todo empieza con la sangre de Aixa de la Cruz, Limpia de Alia Trabucco Zerán, El acontecimiento de Annie Ernaux
Mejor 2x1: Literatura infantil de Alejandro Zambra y Linea nigra de  
Mejor cuento: "El ojo en la garganta", incluido en El buen mal de Samanta Schweblin
Mejor libro de poesía: Amor y pan de Paula Melchor 
Mejor ensayo: Lo que una ama de Miren Billelabeitia
Clásico recuperado: Tea rooms de Luisa Carnés
Clásico que no me convenció: Todos los nombres de Saramago 
Decepción del año: La península de las casas vacías de David Uclés