sábado, 4 de julio de 2026
Tochoweek VI #6 Elaine Vilar Madruga: La piel hembra
jueves, 10 de abril de 2025
Laura Esquivel: Como agua para chocolate
Año de publicación: 1989
Valoración: Recomendable
martes, 2 de enero de 2024
Angela Carter: La companyia dels llops
domingo, 28 de mayo de 2023
Irene Solà: Et vaig donar ulls i vas mirar les tenebres
Título original: Et vaig donar ulls i vas mirar les tenebres
Traducción: sin traducción al castellano de momento (próximamente en Anagrama)
Año de publicación: 2023
Valoración: recomendable
Después de la inmensa novela que es «Canto yo y la montaña baila» tenía muchas ganas y curiosidad por averiguar qué camino emprendía la autora así como ver si podía mantener el altísimo nivel alcanzado con su anterior obra. Y el resultado de tanta espera es dual, bajo mi punto de vista, lo cual me causa una altísima dificultad a la hora de reseñarla y valorarla. Vayamos a ello.
Irene Solà empieza de manera directa ubicando el inicio del relato en una escena dura, cruda, en una habitación que uno intuye muy oscura, umbría, sumida en una gran cerrazón, con un olor enrarecido, viciado, mohoso. Allí, en medio, está Bernadeta, muriéndose, luchando en cada respiración. En una silla, junto a su cama, está Margarida, quien más que hacerle compañía «sobre todo la vigilaba. Porque cuando Bernadeta se muriera, Margarida quería estar ahí. Y lo quería ver. Quería ver cómo la gracia y la salvación divinas le eran negadas por haberse mezclado tantas veces con el diablo». Y la casa, lúgubre, espera el momento. Porque «las sombras se paseaban sin pies por la casa. Cada rincón tenía una negritud propia, pesada, cavernosa y profunda. La habitación donde dormía Bernadeta era tétrica. La sala era lóbrega. Las escaleras parecían un pozo. La entrada era siniestra. La cocina era la garganta de un lobo. Sin fondo». En ese escenario de imagen prácticamente aterradora, la autora centra la historia en la casa, una historia que sucede durante un día entero en el cual trascurren siglos de penas y tragedias en una masía que asume el papel de personaje principal, desde donde evoca el resto de personajes que, de manera coral, visitan Bernadeta en sus últimos instantes de vida; es en ese lecho de muerte donde recibe la visita de las mujeres, unas mujeres que forman parte del presente pero también del pasado del pueblo, del territorio y que, de una manera u otra, a lo largo de varios siglos han tenido relación con esa misma casa. Esas diferentes mujeres tejen un mosaico coral en el que cada una de ellas cuenta su historia, un conjunto de vivencias que giran en consonancia con el territorio, el entorno y la casa.
Irene Solà abandona parcialmente su estilo poético y su mirada caleidoscópica para centrarse en la brutalidad, hablándonos de tragedias, de familias destrozadas por la muerte de algunos de sus miembros a manos de famélicos lobos, de feroces criaturas existentes en los bosques que, más que rodear sus casas, las acechan y las cercan, ahogándolas, ciñéndose sobre ellas, en tierras pobladas por animales y por hombres brutos, salvajes, adustos, que someten a mujeres desesperanzadas y deseosas de marido, que buscan tener un hombre a su lado, cualquiera vale, «un hombre entero, que sea heredero y tenga un trozo de tierra y un trozo de techo. El demonio aceptó el trato. El alma de Joana a cambio de casarla». Un pacto con el demonio que originó, siglos atrás, toda una serie de infortunios y desgracias que aún siguen y persiguen y encierran las vidas de una estirpe de mujeres que de manera trágica establecen una relación con el destino que rodea el relato con un aurea de realismo mágico.
Así, en este libro la autora parece acercarse más al estilo de Bendicho y sus «Tierras muertas» (o en ocasiones a la Lana Bastašić y sus «Dientes de leche») que al suyo propio, más luminoso, pues el relato, aunque bien construido parece girar plenamente en torno a la tierra, los animales, la dureza y la crudeza de unas mujeres que viven en un entorno hostil es sus diferentes aspectos y facetas. Hay crueldad, hay criaturas deformes, hay niños sin pestañas, hombres a los que le falta un dedo, hay mucha brutalidad y abominación en un relato que roza lo grotesco y lo zafio y en el que abundan escenas de animales despellejados listos para ser cocinados en una cocina donde uno intuye suciedad, polvo e insalubridad en una casa cerrada y sumida en la oscuridad, una oscuridad en la que «no había hombres sin orejas, ni mujeres sin cara, ni niños hinchados llenos de excrementos, ni bebés amarillos, ni víboras, ni lobos, ni ahorcados, ni desmembrados, ni mujeres forzadas, ni apuñalados. Solo llamaradas. Solo un cielo siempre de noche. Y, de golpe, carcajadas, fulgores. Y estrellas. Y después un temporal sin fin. Llovía y llovía, y llovió tanto, que de la lluvia incansable se hicieron los mares y los ríos y los lagos. El agua era negra y avanzaba. Después se retiraba. Y el mar de abría y de la herida salía fuego. Como sangre».
De esta manera, Irene Solà sigue dirigiendo su atenta mirada al folklore, a las narraciones orales, a las leyendas y rondallas, pero en este caso desde una mirada más lúgubre, menos jovial y alegre, agudizando su penetrantes mirada hacia un realismo mágico restringiendo a la vez el público al cual dirigirse en una narración puramente terrenal en la que el lector se encuentra buscando una trama y una continuidad argumental teniendo que sortear por el camino animales despellejados algunos, feroces otros y tierra árida que seca la boca de un lector sediento de encontrar algo de la luz, simbólica y estilística, que aportaba su anterior novela.
Y por ello mis sensaciones encontradas. Quizá sea una novela para disfrutar más del estilo, enfoque y estructura multicapa que de un argumento difícilmente perceptible. Porque uno puede reconocer la gran capacidad de la autora, su atrevimiento y su entrega, que se evidencia en la gran cantidad de bibliografía que ha utilizado (y que añade al final del libro) en aspectos referentes al territorio, a los cuentos populares, a las recetas de cocina y a logros sobre prácticas medievales de comadronas en las que se basa al hablar de partos. El trabajo es ingente y se nota, y permite constatar que Irene Solà tiene un talento inmenso y una gran capacidad para crear atmósferas y tejer a la vez un relato multicapa donde las frases fluyen y envuelven el texto. Pero puede suceder que, a la vez, uno no se sienta atraído por lo que cuenta porque a pesar que sea evidente que el estilo de la autora permanece intacto, y escribe bien, muy bien, otra cosa es que el argumento o la temática encaje en el gusto lector. Y en este aspecto el libro no lo pone fácil. Así que me cuesta hacer una valoración única del libro, pues a pesar de estar perfectamente escrito no me ha suscitado más interés que el de disfrutar de la imaginación y el talento de la autora. Que tampoco es poca cosa.
miércoles, 10 de junio de 2020
Juliana Kálnay: Breve crónica de una paulatina desaparición
Título original: Eine kurze Chronik des allmäblichen Verschwindens
Año de publicación: 2017
Valoración: Recomendable (aunque no para todo el mundo)
Mescolanza de realismo mágico, surrealismo y literatura absurda, esta ficción no deleitará a todos los paladares. A fin de cuentas, estamos frente a un experimento en toda regla, un experimento alejado de la mayoría de zonas de confort. Aún así, lo recomiendo a amantes de la narrativa lo suficientemente abiertos de mente como para darle un tiento. Que luego guste ya es cosa de la sensibilidad estética de cada uno.
De Breve crónica de una paulatina desaparición destacaría:
- Muchos de sus capítulos, que funcionan perfectamente a modo de estampas autónomas. Mi favorito: «Escalera, noche», seguido por «Escalera, entrada al sótano: impostores».
- La vanguardista maquetación de varias de sus páginas. Es, cuanto menos, curiosa.
- Sus personajes. Y con esto me refiero tanto a los habitantes del número 29 como el propio edificio.
- Su atmósfera enrarecida por inteligentes toques fantásticos. A veces, propios del realismo mágico (un hombre se convierte en árbol), otras rayanos al horror sobrenatural (hay presencias fantasmagóricas).
- Su implementación de la ambigüedad. Algunos de sus elementos están difuminados o enfocados de forma deliberadamente confusa para que sea imposible percibirlos con nitidez. Maia, por ejemplo. ¿Es realmente una niña (como se especifica en la contracubierta) o un animal? Quién sabe.
- Sus potentes imágenes. En especial, la de los niños quemando cosas. Menuda pandilla.
- Su eclectismo formal. Kálnay señala en una nota los referentes estilísticos que han inspirado diversos pasajes de la novela, y creedme cuando os digo que éstos son variados a más no poder.
- El acabado opaco del conjunto.
- La primera mitad del libro, algo episódica.
Pero bueno, ya hemos aclarado que Breve crónica de una paulatina desaparición no es para todo el mundo. Kálnay lo sabe y hay que valorar que haya dado prioridad a la faceta expresiva de su criatura literaria, y no a la comercial. Este proceder es sumamente arriesgado, pues al mismo tiempo que enfatiza tu visión artística, aleja a gran parte del público potencial.
miércoles, 27 de mayo de 2020
Gabriel García Márquez: Ojos de perro azul
Idioma original: españolAño de publicación: Dispersos: 1947-
1955, en forma de libro: 1974.
Valoración: Muy recomendable
viernes, 27 de marzo de 2020
Olga Tokarczuk: Un lugar llamado Antaño
Idioma original: polacoTítulo original: Prawiek i inne czasy
Traducción: Bogumiła Wyrzykowska y Ester Rabasco Macías (ed. en castellano), Anna Rubió y Jerzy Sławomirski (ed. en catalán)
Año de publicación: 1996
Valoración: recomenable
A diferencia de «Los errantes», donde la historia englobaba todo el mundo y sus protagonistas eran personas errantes que viajan por todo el planeta, aquí nos encontramos con lo opuesto. Los protagonistas están todos ubicados en Antaño, región imaginaria que podríamos situar en medio de Polonia, y quien viaja no son sus personajes, sino el tiempo, que llega, deja su marca, su huella, y sigue su camino, barriendo vidas en ocasiones, sueños en otras, y dejando a su paso dos guerras mundiales, una ocupación rusa y múltiples atrocidades e infinitas desilusiones. De hecho, su título original («Prawiek i inne czasy») podría traducirse como «Antaño y otros tiempos», título más acorde al contenido del libro y a la idea que sobrevuela la narración.
Cabe indicar, de entrada, que uno no debe sentirse abrumado por la descripción geográfica del territorio que abre el libro ni los arcángeles que lo custodian. Su incidencia en la novela es mínima. Aun así, la autora, nos marca los límites geográficos de Antaño, para ubicarnos en el escenario donde se desarrollará toda la historia, para dejarnos claro que no nos moveremos de ahí y deja un ligero poso mental de límites geográficos, de encierro, de reclusión, de sitio. Y nos sitúa también temporalmente en el inicio de la historia de manera clara: año 1914, justo en el inicio de la primera guerra mundial.
Con esta premisa, la autora parte de uno de los personajes principales, Genowefa, que ve como su marido va a la guerra antes de que pudiera decirle que esperaban un hijo. Partiendo de este acontecimiento, y con capítulos cortos y altamente fragmentados (algo que parece ser un sello estilístico en la autora), Tokarczuk ya da una primera pincelada de qué nos quiere presentar: la vida de diferentes personas del pueblo, que de manera entrelazada tejen un mosaico desde el que nos hablan de la guerra, de la espera, del infortunio, de la vida y de la muerte. Así, los diferentes personajes aparecen y desaparecen, mientras la vida sigue para unos y se detiene para otros, sumergidos en una idea global de penurias y dificultades.
El estilo de Tokarczuk nos transmite escenas cotidianas, pequeñas historias que se entrelazan en un entorno muy delimitado, donde los personajes son retratados con personalidad muy propia sin que ninguno de ellos cope el protagonismo de manera absoluta, sino que es el entorno y las relaciones entre ellos los que ocupan el núcleo central de la novela, aunque sin dejar de lado las propias historias de cada uno; leer este libro es como echar una ojeada a las vidas y a lo que ocurre en las distintas casas, con la añadidura que, a las historias de sus habitantes, se les unen las de algunos animales (como una serpiente) que también participan de manera activa en la historia y nos la cuentan desde su punto de vista; salvando las distancias, me ha recordado en este aspecto a «Canto yo y la montaña baila» de Irene Solà por la fragmentación y el relato distribuido que caracterizan ambas novelas, aunque el tono y el estilo es muy diferente.
Los episodios (muy breves en algunos casos) o fragmentos empiezan por un «Tiempo de...» porque en el fondo, ese es el propósito de la autora, narrar sobre el tiempo, sobre cómo trascurre incidiendo en la vida de unas personas con vidas sencillas, en un lugar cualquiera. En una narración que roza en ocasiones lo místico, lo religioso y lo onírico como elementos orgánicamente integrados en los propios personajes, en el propio territorio y cultura popular, y que han hecho de Tokarczuk una autora clave en el realismo mágico; el estilo de la autora es muy terrenal, muy arraigado a un paisaje y es, a partir de él, donde la narración coge forma y se expande a través de unos personajes que nacen y mueren, viven y sueñan, anhelan y sufren. Porque esta novela trata de ilusiones y desesperos, dificultades y logros, pérdidas y éxitos.
Antaño se convierte en esta novela en una tierra de paso, de tropas alemanas primero, rusas después, pero también una tierra de paso de sus habitantes, de vidas cortas y alteradas, de fugaces deseos que la realidad explosiona y difumina; Antaño es realmente una tierra de paso, pero de paso del tiempo, que deja su marca en los elementos que, de manera transitoria, coinciden en un tiempo y una tierra, transitando en el devenir de una era de guerras y penurias. Un paso casi efímero, que tal y como indica Tokarczuk en uno de los pasajes del libro «el rasgo más característico de todo aquello que vio Izydor era la temporalidad».
Por todo ello, a pesar de ser un libro algo irregular, al que cuesta entrar al principio por la narración fragmentada y por algunas historias que en principio no tienen suficiente interés más allá del potente estilo narrativo de Tokarczuk, el libro mejora a partir de su mitad, volviéndose más duro y contundente. Es en su segunda mitad donde la narración avanza de manera firme e implacable con sus personajes, pero sin perder ni un ápice de su proximidad emocional. Porque, a pesar de esa contundencia y de las desgracias narradas, Tokarczuk consigue que conectemos con los personajes, que suframos con ellos, con Misia, con Izydor, y nos encariñamos de ellos mientras somos testigos que el tiempo avanza de manera inexorable haciendo mella en sus vidas y en sus deseos, y también en la de todos nosotros.
jueves, 10 de mayo de 2018
José Eduardo Agualusa: El vendedor de pasados

Más títulos de José Eduardo Agualusa reseñados en Un Libro Al Día: A feira dos assombrados, Teoría general del olvido, Un extraño en Goa
jueves, 16 de noviembre de 2017
Nuestros autores olvidados #11: El día de los prodigios de Lídia Jorge
Título original: O dia dos prodígios
Año de publicación: 1980
Valoración: Muy recomendable
A diferencia de mis colegas, que han hecho justicia a determinados autores individuales olvidados hasta ahora por nosotros, con esta entrada yo me propongo hacer un desagravio colectivo: por ULAD han pasado ya muchos de los grandes escritores (hombres) que han marcado la historia de la literatura portuguesa (Camões, Eça de Queirós, Pessoa, Saramago, Cardoso Pires, Lobo Antunes, Gonçalo M. Tavares...), pero no así las escritoras (mujeres) que marcan, sobre todo, el siglo XX: la poetisa y narradora Sophia de Mello Breyner, la multifacética Natália Correia, Agustina Bessa-Luis, hermética y exigente, o la imaginativa y no menos exigente Lídia Jorge, que con obras como El día de los prodigios o La costa de los murmullos vino a representar la apertura de una nueva fase en las letras portuguesas tras la Revolución de los Claveles.
El día de los prodigios, publicada en 1980, trata precisamente, aunque de una forma tangencial e irónica, sobre la revolución del 25 de abril. La acción se sitúa en un pequeño pueblo del Algarve, Vilamaninhos, en el que en los mismos días de la revolución se están produciendo fenómenos asombrosos: una serpiente que vuela, una mula que huye, unos soldados que llegan al pueblo ataviados con claveles en las armas... Así, los grandes acontecimientos de la Historia quedan diluidos, por no decir anulados, en el contexto de la pequeña historia de la aldea, sus conflictos y relatos cotidianos y su cosmovisión mítica y mágica.
Por esta visión imaginativa en la que lo real y lo mítico se mezclan, El día de los prodigios ha sido comparado muy frecuentemente con el realismo mágico latinoamericano; quizás exista una influencia directa o una coincidencia en la perspectiva narrativa, pero creo que esta obra también conecta con una tradición propiamente portuguesa: la de la representación del mundo rural interior, como un microcosmos cerrado en el que operan reglas (morales, mentales e incluso naturales) diferentes a las de la gran ciudad o el gran mundo: así, Vilamaninhos podría ser perfectamente la villa en la que transcurre Humus, de Raul Brandão, o un primo hermano de la Gafeira de El Delfín de Cardoso Pires, que comparte con esta novela también la búsqueda estilística y técnica más exigente.
Porque, efectivamente, ningún comentario de esta novela puede dejar de lado la belleza y la eficacia del estilo de la autora, que mezcla la reproducción del habla de los habitantes de la aldea (con alteraciones fonéticas, por ejemplo) con una imaginación metafórica y una experimentación formal y estilística sorprendentes: las voces de los personajes se confunde a veces en largos párrafos en estilo indirecto y sintaxis entrecortada; otras veces aparecen indicados en forma de diálogo, o a doble columna, o con una indentación inferior al resto del texto.
Y el estilo: compacto, poético, trabajado como con un cincel. Copio un párrafo del principio de la novela, como ejemplo:
Carminha parecía fazer adeus, mas apenas lavaba janelas. Um pano branco na mão. O braço adejando de encontro ao vidro. Alguidarzinho ajoujado de espuma cremosa, um alguidar maior de pura água macia. Novelo de saias entre pernas. Cadeira de tábua ajaezada de nódoas, flores vermelhas. Os pés aí juntos no fundo côncavo. As pernas de leve penugem rasinha. Então Carminha empertigava-se de encontro à mancha renitente entre a unha e o vidro. Minúscula, fruto de mosca palhetando asas em tempo vazio, compondo um ovo de esterco redondo. E ali impregnado no vidro da quadrícula despintada de branco. Zing zing de encontro à lisura espelhada.
Que si soy capaz de traducirlo bien (Camões me perdone si no), significaría:
Carminha parecía decir adiós, pero solo lavaba ventanas. Un trapo blanco en la mano. El brazo agitándose al encuentro del cristal. Palanganita coronada de espuma cremosa, otra palangana mayor de pura agua suave. Embrollo de faldas entre piernas. Silla de tabla enjaezada de manchas, flores rojas. Los pies ahí juntos en el fondo cóncavo. Las piernas de leve plumaje rasito. Entonces Carminha se yergue al encuentro de la mancha persistente entre la uña y el cristal. Minúscula, fruto de mosca paleteando alas en tiempo vacío, componiendo un huevo de estiercol redondo. Y allí impregnado en el cristal de la cuadrícula despintada de blanco. Zing zing al encuentro de la lisura espejada.
Lídia Jorge tiene en Portugal un estatuto de clásico contemporáneo, de clásico vivo, del que no disfruta tanto fuera de sus fronteras. De hecho, El día de los prodigios no está todavía traducido al español (sí en cambio, entre otras obras, La costa de los murmullos). Esperemos que lo sea en breve, y Lídia Jorge deje de ser una autora solo conocida en Portugal.
También de Lídia Jorge en ULAD: Los tiempos del esplendor
jueves, 18 de mayo de 2017
Miguel Bonnefoy: El viaje de Octavio
Idioma original: francésTítulo original: Le voyage de'Octavio
Año de publicación: 2015
Traducción: Amelia Hernández Muiño
Valoración: entre recomendable y está bien
Por otra parte, también resulta algo chocante el formato elegido para esta contarnos esta historia, que ya desde el título parece remitir a la "epopeya" y, sin embargo, se despacha en poco más de cien páginas. Aclaro que si he escrito epopeya entre comillas no se debe a un ánimo irónico, sino porque la novela no se ajusta, claro está, a la definición exacta de este género literario, pero sí creo que bebe de él, de forma que trata de otorgarle un carácter simbólico, de explorar a través de la narración el concepto de "mito fundacional" de todo un pueblo, más allá de la realidad histórica. Y eso que el argumento de la novela parte de unos presupuestos bien modestos: el protagonista es don Octavio, un maduro y fornido lugareño de un pueblo de los alrededores de Caracas, devenido en barrio de "ranchos", en la segunda mitad del siglo XX. Analfabeto, entabla una relación con una actriz retirada y llamada -mira tú qué cosas- nada menos que Venezuela. A resultas de una falta cometida contra ella -no quiero especificar más para no estropearle la lectura a nadie-, don Octavio se autoexilia y comienza un periplo que le lleva por buena parte del país y que le transforma de una manera que ni él ni los lectores pueden imaginar. Junto a él, encontraremos además los consabidos personajes peculiares, desde ladrones de intachable profesionalidad a niños mendigos, ermitaños menguantes o patriarcas que reinan entre la chatarra. Ni que decir tiene (llevo toda la reseña tratando de evitarlo, pero no queda otra que admitirlo) que la novela es hija y nieta de esa corriente literaria que tanto éxito y grandes obras ha dado a la literatura latinoamericana (aunque no sólo); sí, ése que empieza por "real-" y acaba en "-ágico"... En fin, ¿hace falta explicarlo?
Lo cierto es que resulta algo complicado valorar esta novela; por un lado, es indudable el talento literario, la capacidad narrativa que tiene Bonnefoy; por otro, en esta su primera novela ha transitado por senderos ya bien abiertos, por campos ya trillados. Es evidente que ningún autor novel tiene la obligación, per se, de revolucionar la literatura, innovar o simplemente buscar el riesgo, ni mucho menos, pero es algo que se agradece o al menos se valora. Verdad es, también, que esta novela no deja de trasmitir cierta ambición, al pretender, como he mencionado antes, al proponer un relato que sirva como metáfora mítica de la Historia venezolana (o eso creo... y, por favor, no me estoy refiriendo a la Historia más pegada a la actualidad). Pero lo hace con unos límites tan marcados, en un espacio tan exiguo, que quizás la intención que se le adivina quede tan sólo esbozada; apenas unos trazos de carboncillo sobre un dibujo ya bastante apretado. Esta novela hubiese necesitado más aire y más piel libre que permitiese respirar al tatuaje; más tiempo de reposo para que los sabores se mezclasen adecuadamente y desplegasen todo su potencial en las papilas del degustador... Aún así, no deja de ser un debut notable de un autor que promete. El tiempo dirá si esta promesa se confirma.
lunes, 30 de mayo de 2016
Ramiro Pinilla: Seno
Idioma: EspañolAño de publicación: 1972 (Finalista Premio Planeta 1971)
Valoración: Imprescindible
Pero tampoco vamos a aburrir al personal. Sobre este tema hay un interesantísimo trabajo de Andrés Ortiz-Osés y Franz Karl Mayr, titulado “Matriarcalismo vasco”, que fue publicado allá por los años 70-80.
miércoles, 1 de enero de 2014
Toni Morrison: La canción de Salomón
domingo, 25 de septiembre de 2011
José Eduardo Agualusa: A Feira dos Assombrados
Título original: A Feira dos assombrados
Año de publicación: 1992
Valoración: Recomendable
Creo que con esta reseña estoy incumpliendo una de las normas implícitas de ULAD (mea culpa, mea culpa, mea culpa) al reseñar un libro que, hasta donde he podido averiguar, no ha sido todavía traducido al español (y debería: editores a la caza de buenos libros, esta es vuestra oportunidad). Por eso, también, no me atrevo a poner un título en español en el encabezamiento, porque ¿qué pasaría si pongo uno, y luego la traducción española pone otro? Quedaría poco serio. Y ULAD, si es algo, es la seriedad personalizada, o mejor, bloguizada. Además, la palabra "assombrados" del título no significa, como podría pensarse, "asombrados", sino más bien "embrujados, hechizados, encantados"... A saber por cuál van a optar los futuros traductores (o editores) españoles... Mejor dejarlo como está, por si acaso...
Pero bueno, vamos al contenido: A Feira dos Assombrados es una mezcla de Miguel Street, de Naipaul, y casi cualquier relato de García Márquez (por ejemplo "Un señor muy viejo con unas alas enormes"). Creo que el realismo mágico latinoamericano tiene aquí su contrapunto africano; no digo que Agualusa copie a los maestros del boom, sino que quizás sus realidades americana y angoleña, y el modo en que esas realidades son interpretadas, tienen elementos comunes que se trasladan a la literatura. En el caso de Agualusa, el mensaje (ya desde el subtítulo "y otras historias verdaderas e inverosímiles") es bastante evidente: no importa tanto lo que realmente suceda o haya sucedido, como la narración de los hechos (narrar es explicar y dominar al mismo tiempo) que se construya y que consiga perdurar.
En esta novela -o ciclo de relatos con un escenario común, la aldea de Dondo, en Angola, en pleno cambio del siglo XIX al siglo XX-, lo maravilloso se inicia con la aparición en el río de una serie de cadáveres cada vez menos humanos, que el sacerdote del pueblo se niega a enterrar en suelo sagrado. Los capítulos dedicados a los cadáveres-pez se entrelazan con otros dedicados a los habitantes del pueblo: el niño criado por monos; el cacique enamorado de la muchacha más bonita; el hipnotizador milagroso... Todo ello (no es por repetirme, pero: como en el realismo mágico latinoamericano o, por qué no, en Kafka) contado con el mismo estilo desapasionado y rutinario con que contaría que alguien sale a comprar el periódico en cualquier ciudad europea una mañana de miércoles.
A los relatos que componen el núcleo principal del libro se añaden todavía cuatro o cinco fragmentos narrativos independientes que, tal y como yo lo interpreto, insisten en la misma idea general: no importa la verdad de los hechos, sino la narración de los hechos. Quien controla la memoria y sus construcciones, tiene el poder.
lunes, 25 de julio de 2011
Toni Morrison: Beloved
Título original: Beloved
Año de publicación: 1987
Valoración: Muy recomendable
Cuando el mundo real, los sueños y deseos, los ritos mágicos, la imaginación, las creencias, las habladurías se condensan en un único discurso, cuando el sufrimiento, los recuerdos dolorosos, la conciencia de la propia dignidad pisoteada nos asaltan dormidos y despiertos, cuando el pragmatismo y la crueldad más irracional se han aliado contra nosotros, no hay palabras ni sintaxis ni relato al uso que pueda contar nuestra historia.
Porque somos el negro americano que se ha convertido en mercancía si es útil y en mera basura si no lo es. Porque nuestra humillación es tan grande que el lenguaje convencional no puede explicarla. Porque cualquier experiencia: la miseria, el hambre pero sobre todo la muerte es preferible al hecho de ser cosificados. Porque hay circunstancias en que la vida no vale nada y desaparecer es preferible, con mucho, a seguir existiendo.
En momentos así, cuando todo parece haberse perdido, lo sobrenatural no nos puede amargar la existencia por mucho que lo intente poniendo en marcha todos sus artificios macabros, sino hacerla más llevadera porque nos acompaña cuando estamos solas, y corre el siglo XIX, y somos mujeres, y pobres, y para colmo negras, y puede que la desesperación nos haya hecho asesinas. Pero sobre todo somos madres. Y todo esto nos convierte en lo más bajo de los parias de este mundo.
Y si al espíritu vengativo no le basta con provocar fenómenos extraños en su antigua casa para amedrentar a sus habitantes o alguien más fuerte que ellos ha debilitado su influencia, quizá tomen apariencia humana y nos hagan compañía una temporada mostrándose amistosos y presentando un aspecto inofensivo con el único propósito de acabarnos de destruir. En ese caso, nada más que un milagro podría salvarnos del desastre. Y el milagro sólo puede venir de alguien tan enérgico, abnegado y tenaz que sea capaz de amarnos en esas circunstancias.
Esto es lo que viene a contarnos Toni Morrison, una de las mejores plumas estadounidenses que, narrando el drama de la mujer negra americana, ganó el premio Nobel en 1993, y antes el Pulitzer por esta novela (llevada a la gran pantalla en 1998 por el director Jonathan Demme con Oprah Winfrey en el papel protagonista) impregnada de realismo mágico, realidad descarnada y salvaje y un profundo conocimiento del ser humano, hasta de la ráfaga más inconfesable que cruza su mente. Una obra que podríamos considerar difícil por el dramatismo que encierra pero también porque mezcla fantasía y realidad, porque está llena de metáforas y alusiones para evitar lo más desagradable e incómodo sin dejar de mencionarlo, porque plantea los dilemas éticos más escabrosos sin tomar partido y porque alterna varios planos temporales, pero merece la pena el esfuerzo. Una obra áspera, cruel, angustiosa a veces, en la que el misterio no logra suavizar nada de lo que cuenta pero sí impregnarlo de encanto y poesía y en la que el amor es tan intenso y generoso que destruye todo lo que toca: a Halle, a Sethe, a Baby Suggs y a los hijos que engendran, aunque quizá en manos de Paul D. se convierta en un sentimiento fructífero, quizá con su nueva llegada al 124 la esperanza tenga por fin un lugar.
También de Toni Morrison en ULAD: La canción de Salomón, Sula, Volver, El origen de los otros, La noche de los niños
sábado, 22 de enero de 2011
John Nichols: Rebelión en Milagro
Título original: The Milagro Beanfield War
Fecha de publicación: 1974
Valoración: muy recomendable
Esto de las traducciones es lo que tiene, que se copian las malas costumbres del cine a la literatura y los títulos se cambian con total tranquilidad. Así que "la guerra del campo de frijoles de Milagro" se quedo en una simple rebelión en la edición española.
Y la verdad es que es una pena, porque es una verdadera guerra la que nos cuentan en este delicioso libro. La presentación ya da inmediatamente el tono del tema, magia incrustada en la realidad sin ningún esfuerzo. En el escenario de las montañas de Nuevo México. Con los descendientes de colonizadores españoles que aun hoy día mantienen litigios con el gobierno federal de los EE.UU. por la propiedad de las tierras, basados en un cédula de Carlos IV. Y con todas las tradiciones importadas por estos, sumadas a las de mexicanos llegados del sur y a las de los anglos de la zona, dueños efectivos de las tierras y de la economía estatal.
La novela cuenta la que se lía en el pueblecito de Milagro, cuando Joe Mondragón tiene la idea de regar un campo que había pertenecido a su padre, terco campesino que había sido el único que se había negado a vender al cacique anglo del lugar. Los terrenos del lado de allá de la acequia principal habían perdido convenientemente sus derechos de agua (que bien se lo hubieran pasado por aquí los del Tribunal de las Aguas de Valencia) y habían sido adquiridos a bajo precio, al objeto de convertirlos en una urbanización de lujo para yankis, para lo cual serían convenientemente recalificados en cuanto estuvieran en manos de Ladd Devine, heredero del imperio familiar que controla la vida de la ciudad. Con lo que la acción lo deja al descubierto, y en connivencia con el gobernador del Estado deciden seguir la máxima que rige la vida pueblerina: esperemos y veamos que pasa.
Y pasa de todo y a todos. Las relaciones de poder, que nunca habían sido muy fuertes entre los hispanos, se empiezan a desmoronar poco a poco, para estupefacción del sheriff Bernabé Montoya y del resto de hombres y mujeres del pueblo, de los animales y hasta de los ángeles coyote que se paran a charlar de vez en cuando con Amarante Cordova, centenario ex sheriff y actualmente inmortal borracho oficial del pueblo; de Ruby Archuleta, atractiva empresaria varias veces viuda y cabeza de un pequeño clan; de Charlie Bloom, abogado anglo escapado a la vida rural y lleno de complejos; de un estudiante que cae por allí en un programa de voluntariado que le servía para escapar de la guerra de Vietnam y hasta de la cerda de Pacheco, gigantesco animal que campa por todo el pueblo.
Salpicada por frases en castellano en toda su extensión, es divertidisima de leer por su gran número de personajes secundarios admirablemente retratados y a los que echamos de menos en cuanto cerramos el libro. Si es que se puede.
Posteriormente a este libro, Nichols completó una trilogía de Nuevo Méjico con las novelas The Magic Journey y The Nirvana Blues, de las que desconozco traducción española, pero a las que me gustaría echar el guante.
«No digo ni que sí, ni que no. Esperemos y veamos que pasa.»
sábado, 13 de noviembre de 2010
Wenceslao Fernández Flórez: El bosque animado
Año original de publicación: 1943
Valoración: muy recomendable
No encuentro mejor manera de presentarme en estas páginas que con una novela que trata sobre Galicia.
¿Queréis saber lo que es Galicia? ¿Queréis de verdad penetrar en el alma gallega? Entonces dejadme que os recomiende la excelente obra de mi paisano Wescenlao Fernández Flórez, una de las precursoras del realismo mágico. El bosque animado es una descripción por la que no pasan los años, aunque la Galicia rural y sometida a los caciques ya no exista como tal. ¿O sí?
El bosque animado narra la vida de un pequeño lugar cercano a la capital, Cecebre, donde actualmente está situado el pantano que abastece de agua a toda la comarca. Pero en tiempos de nuestro buen Wescenlao , era una fraga, atravesada por caminos humedos y sombrios por donde huían las criaturas que lo habitaban, al más mínimo rumor de nuestra presencia. Porqué el bosque es animado por la animación de la vida que lo envuelve, pero principalmente es animado por las ánimas de los seres que en ella viven, sean estos los árboles que no dejan ver el bosque, sean los animales que se desenvuelven entre ellos, sean las de los vivos y muertos que a su alrededor o de él viven.









