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sábado, 4 de julio de 2026

Tochoweek VI #6 Elaine Vilar Madruga: La piel hembra

Idioma original: Español
Año de publicación: 2026
Valoración: Entre bastante recomendable y muy recomendable

Todas las mujeres de un pueblo aislado en lo alto de las montañas aseguran haber concebido al hijo de Dios. Esta es la premisa de La piel hembra, novela de la escritora cubana Elaine Vilar Madruga que me ha sorprendido gratamente. 

La piel hembra me ha sorprendido gratamente. En primer lugar, porque es extremadamente ambiciosa en su planteamiento: una epopeya que narra los acontecimientos vividos durante décadas por un numeroso elenco. En segundo lugar, porque combina buena factura, un fondo enjundioso, acontecimientos fascinantes, personajes memorables y reflexiones profundas.

También porque la ejecución de La piel hembra está muy lograda. Y es que la novela no sólo mantiene, de principio a fin, la calidad y el pulso narrativo, así como la atención del lector, pese a su desmesurada extensión (la friolera de 654 páginas en la magnífica edición de Barrett), sino que logra cumplir las altas expecativas que su propia ambición le ha impuesto.

Asimismo, la naturaleza híbrida de La piel hembra resulta de lo más atractiva. Aunque adscrita al realismo mágico, la novela de Vilar Madruga incorpora elementos místicos, dramáticos, psicológicos, humorísticos, bélicos y de crítica social, amén de una seductora pizca de "folk horror" a la cubana.

Otro de los muchos aspectos remarcables de La piel hembra es su mundo. Un mundo inusitadamente colorido, que mezcla la fantasía con lo cotidiano, en el que los milagros son posibles y la frontera entre los muertos y los vivos se desdibuja; un mundo en el que hay dientes deslumbrantes, cuerpos invulnerables, saliva con sabor a ron, sudor que hace brotar el verdor y pelos llenos de bocas. 

Además de por su colorido, el mundo de La piel hembra sorprende por su escala. Y es que si bien la acción de la novela parece, en un inicio, transcurrir casi exclusivamente en un único pueblo de montaña, el escenario no tarda en expandirse más allá de los límites de éste, hacia la manigua, el trillo, los maizales del olvido, el llano y sus respectivos pueblos y ciudades o la localidad vecina de La Cajusera.

Por último, destacaría que el mundo de La piel hembra se siente vivo e interconectado. A fin de cuentas, los grandes acontecimientos (por ejemplo, el estallido de una guerra de sucesión tras la muerte del presidente) alcanzan incluso la aislada cima de las montañas, y todas las acciones de los personajes tienen repercusiones y consecuencias, y a menudo se ramifican en direcciones inesperadas.

Los personajes de La piel hembra son otro punto álgido de esta novela coral. Pese a lo abundante que es el elenco, cada uno de ellos ha sido dibujado con precisión y goza de voz propia, de algún detalle singular, de algún misterio, de una caracterización compleja, de un arco narrativo que atravesar y de sinergias específicas con el resto. Asimismo, Vilar Madruga logra darle protagonismo a todos, incluso a aquellos que en un inicio parecía que no iban a tener mucho peso, como Janco Don, o aquellos que tardan casi quinientas páginas en adquirir relieve, como la Madrísima Doliente.

Otra virtud de La piel hembra es su prosa. Una prosa que combina sensibilidad, lirismo y plasticidad con potencia visual, y que está engalanada con localismos, palabras inventadas y campos semánticos propios que le otorgan una textura única.

En fin, podría seguir listando razones por las que pienso que La piel hembra es una novela extraordinaria. Sin embargo, me limitaré a añadir que resulta inevitable compararla con Cien años de soledad, otra epopeya latinoamericana coral e intergeneracional que transcurre durante varias décadas y en la que el realismo mágico convive con la cotidianidad de la miseria, la fe, el deseo, la violencia y la memoria. Dicha comparación es ciertamente odiosa, dado lo inalcanzable del clásico de Gabriel García Márquez, pero lo cierto es que la obra de Vilar Madruga tampoco sale mal parada al hacerla.


También de Elaine Vilar Madruga en ULAD: Aquí

jueves, 10 de abril de 2025

Laura Esquivel: Como agua para chocolate

 Idioma original: Español

Año de publicación: 1989

Valoración: Recomendable


A raíz de la nueva adaptación de Netflix, me animé a releer este libro del que guardaba muy buenos recuerdos. Lo había leído en dos ocasiones, la última hace apenas unos años. No estoy seguro de que valga la pena releerlo; no considero que una relectura aporte algo nuevo a nivel intelectual, pero sí posee un componente nostálgico para quienes vivimos lejos de México y mantenemos una conexión con nuestro hogar a través de la comida de nuestras madres y abuelas.

La trama es sencilla, propia de una telenovela mexicana de época: Tita es la hija menor de una familia de puras mujeres (como buen mexicano, el padre abandonó el hogar, o se murió, no tiene mayor importancia). La madre, estricta en el cumplimiento de los mandamientos de la Iglesia y de las buenas costumbres, le impide a Tita casarse, destinándola a atender la casa y, sobre todo, a la propia madre. Sin embargo, esto no es impedimento para el amor. El novio de Tita, al ver que no puede desposarla, decide casarse con la hermana mayor con el pretexto de permanecer cerca de Tita (muy astuto), lo que provoca un drama familiar lleno de rencores, envidias y celos. No revelaré el desenlace de la historia, pero resulta bastante predecible.

Lo verdaderamente importante del libro es el papel que juega la comida. Al inicio de cada capítulo se presenta la receta de algún platillo o postre, cuya preparación o degustación desencadena los distintos episodios de la vida de Tita. Cuando ella prepara el pastel para la boda de su hermana mayor con su propio enamorado, no puede contener las lágrimas de desamor, que caen inadvertidamente sobre la masa. Al comer el pastel, los invitados se ven invadidos por una profunda melancolía que los lleva a llorar sin consuelo. Otro episodio memorable es el de la codorniz en salsa de pétalos de rosa, que ejerce un efecto afrodisiaco en quienes la prueban, al punto de que la hermana de Tita no puede contener su deseo, se despoja de su ropa y huye con un soldado revolucionario en un arrebato de pasión. Como se darán cuenta, esta novela está llena de elementos fantásticos que contrastan de manera interesante con la simpleza de la vida de campo (aunque las comparaciones con Cien años de soledad resultan inevitables).

Como agua para chocolate conserva para mí su encanto y su capacidad para evocar nostalgia a través de la cocina y las tradiciones familiares. La película está bien, a secas. Aunque la escena de las codornices es perfecta. La nueva serie de Netflix no la he visto aún, aunque no tiene muy buenas críticas. Además, me encanta el título de libro, que uno esté 'como agua para chocolate' significa que le hierve la sangre, ya sea por ira o, en este caso, debido a la pasión.

Por cierto, cuando alguien en Japón me pide que le recomiende una novela mexicana, siempre les recomiendo ésta (está traducida al japonés como 'La leyenda de la salsa de rosas'). Es fácil de leer, tiene el toque exótico que puede ser del gusto de un extranjero, y tiene un final feliz.

martes, 2 de enero de 2024

Angela Carter: La companyia dels llops

Idioma original de los cuentos:
Inglés
Traducción (al catalán): Martí Sales
Año de publicación de este volumen: 2023
Valoración: Recomendable alto

La companyia dels llops es una antología editada por Comanegra. Recoge trece de los relatos más representativos de la bibliografía de Angela Carter, escritos entre 1965 y 1993. La impecable traducción al catalán de los mismos se la debemos a Martí Sales, quien no teme interpretar algunos pasajes cuando se tercia.

Aunque mi disfrute de este volumen debe mucho al oficio técnico y la intuición creativa de Sales, la principal responsable de su calidad es sin duda alguna la propia Carter. ¡Menuda destreza narrativa esgrimía en sus piezas breves! ¡Qué manejo del lenguaje, qué dominio tonal, qué capacidad de evocar atmósferas, qué maestría para el perfil personajístico! ¡Cuánta identidad tiene su microcosmos, atravesado por temas comunes, escenarios recurrentes, ideas siempre coloridas y la lógica interna de los cuentos de hadas o del realismo mágico!

Empecemos hablando de "Una gran dama i el seu fill a casa", relato que inaugura la colección. Su desafiante a la par que estimulante opacidad lo convierten en uno de mis favoritos.

A continuación tenemos "Endinsar-se al cor del bosc" y "La filla preciosa del botxí", cuyas premisas abordan el tema del amor entre hermanos desde ángulos complementarios. Aunque a mi juicio no se cuentan entre lo mejor del libro, resultan igualmente piezas de una entidad literaria considerable.

"Els amors de la Princesa Carmesina" tiene un argumento algo plano, al menos para los estándares de Carter. Sin embargo, la autora logra darle textura con su incomparable pluma, y especiarlo con su particular concepción del erotismo.

"La cambra sanguinolenta" es, probablemente, el relato más famoso de Carter, compilando originalmente en una antología homónima caracterizada por reinterpretar diversos cuentos de hadas. Aunque lo he disfrutado sobremanera, me parece inferior a otros, pues creo que no logra harmonizar exitosamente los dos registros que combina. 

"La promesa del tigre" es genial. Su desenlace, oscuro y conmovedor al mismo tiempo, resuena como el rugido de una bestia salvaje en la selva.

"La dama de la casa de l’amor" se hace un poco cuesta arriba al principio, pero no tarda en subyugar. Supone una experiencia estética de esas que sólo un escritor con la habilidad de Carter puede transmitir.

"Licantropia" funciona porque es breve y contundente, aunque admito que me ha decepcionado porque para los estándares de Carter se antoja plano y carece de esa perversidad tan característica de la autora.

"La companyia dels llops" es otra de las muchas obras maestras con que nos obsequia este volumen. Tanto su atmósfera como su mensaje crudo e incómodo respecto a la naturaleza humana son sumamente inteligentes.

"El petó" es una especie de fábula con toques metaliterarios. Sólo por lo curiosa que resulta ya merece la pena paladearla.

"El gabinet d’Edgar Allan Poe" y "El tigre de la Lizzie" aprovechan el sustrato biográfico de dos personajes históricos para crear literatura con mayúsculas. El primero de ambos cuentos quizá no gustará a todo el mundo, porque su vocación abstracta y experimental se come, por momentos, a la historia narrada. En cambio, el segundo es más lineal en su planteamiento y familiar en su despliegue argumental, y aun así resulta un texto brillante que alcanza asombrosas cotas de originalidad.

"Reflejos" es, probablemente, la pieza más extraña del conjunto, y por ello se cuenta sin duda entre mis favoritas. Su planteamiento e imaginería dejan de lado el fantástico por el que Carter siente debilidad y beben de ese surrealismo que hizo posible la obra de Leonora Carrington o Remedios Varo.

En resumen: la calidad y variedad de las piezas breves de Carter ameritan la lectura de la colección editada por Comanegra. Sólo por esas joyas que son "Una gran dama", "La promesa del tigre", "La companyia dels llops", "El tigre de la Lizzie" o "Reflexos" ya recomiendo adquirir el libro. Además, insisto en que catar la traducción de Sales no tiene desperdicio.


También de Angela Carter en ULAD: Aquí 

domingo, 28 de mayo de 2023

Irene Solà: Et vaig donar ulls i vas mirar les tenebres

Idioma original: catalán
Título original: Et vaig donar ulls i vas mirar les tenebres
Traducción: sin traducción al castellano de momento (próximamente en Anagrama)
Año de publicación: 2023
Valoración: recomendable

Después de la inmensa novela que es «Canto yo y la montaña baila» tenía muchas ganas y curiosidad por averiguar qué camino emprendía la autora así como ver si podía mantener el altísimo nivel alcanzado con su anterior obra. Y el resultado de tanta espera es dual, bajo mi punto de vista, lo cual me causa una altísima dificultad a la hora de reseñarla y valorarla. Vayamos a ello.

Irene Solà empieza de manera directa ubicando el inicio del relato en una escena dura, cruda, en una habitación que uno intuye muy oscura, umbría, sumida en una gran cerrazón, con un olor enrarecido, viciado, mohoso. Allí, en medio, está Bernadeta, muriéndose, luchando en cada respiración. En una silla, junto a su cama, está Margarida, quien más que hacerle compañía «sobre todo la vigilaba. Porque cuando Bernadeta se muriera, Margarida quería estar ahí. Y lo quería ver. Quería ver cómo la gracia y la salvación divinas le eran negadas por haberse mezclado tantas veces con el diablo». Y la casa, lúgubre, espera el momento. Porque «las sombras se paseaban sin pies por la casa. Cada rincón tenía una negritud propia, pesada, cavernosa y profunda. La habitación donde dormía Bernadeta era tétrica. La sala era lóbrega. Las escaleras parecían un pozo. La entrada era siniestra. La cocina era la garganta de un lobo. Sin fondo». En ese escenario de imagen prácticamente aterradora, la autora centra la historia en la casa, una historia que sucede durante un día entero en el cual trascurren siglos de penas y tragedias en una masía que asume el papel de personaje principal, desde donde evoca el resto de personajes que, de manera coral, visitan Bernadeta en sus últimos instantes de vida; es en ese lecho de muerte donde recibe la visita de las mujeres, unas mujeres que forman parte del presente pero también del pasado del pueblo, del territorio y que, de una manera u otra, a lo largo de varios siglos han tenido relación con esa misma casa. Esas diferentes mujeres tejen un mosaico coral en el que cada una de ellas cuenta su historia, un conjunto de vivencias que giran en consonancia con el territorio, el entorno y la casa. 

Irene Solà abandona parcialmente su estilo poético y su mirada caleidoscópica para centrarse en la brutalidad, hablándonos de tragedias, de familias destrozadas por la muerte de algunos de sus miembros a manos de famélicos lobos, de feroces criaturas existentes en los bosques que, más que rodear sus casas, las acechan y las cercan, ahogándolas, ciñéndose sobre ellas, en tierras pobladas por animales y por hombres brutos, salvajes, adustos, que someten a mujeres desesperanzadas y deseosas de marido, que buscan tener un hombre a su lado, cualquiera vale, «un hombre entero, que sea heredero y tenga un trozo de tierra y un trozo de techo. El demonio aceptó el trato. El alma de Joana a cambio de casarla». Un pacto con el demonio que originó, siglos atrás, toda una serie de infortunios y desgracias que aún siguen y persiguen y encierran las vidas de una estirpe de mujeres que de manera trágica establecen una relación con el destino que rodea el relato con un aurea de realismo mágico.

Así, en este libro la autora parece acercarse más al estilo de Bendicho y sus «Tierras muertas» (o en ocasiones a la Lana Bastašić y sus «Dientes de leche») que al suyo propio, más luminoso, pues el relato, aunque bien construido parece girar plenamente en torno a la tierra, los animales, la dureza y la crudeza de unas mujeres que viven en un entorno hostil es sus diferentes aspectos y facetas. Hay crueldad, hay criaturas deformes, hay niños sin pestañas, hombres a los que le falta un dedo, hay mucha brutalidad y abominación en un relato que roza lo grotesco y lo zafio y en el que abundan escenas de animales despellejados listos para ser cocinados en una cocina donde uno intuye suciedad, polvo e insalubridad en una casa cerrada y sumida en la oscuridad, una oscuridad en la que «no había hombres sin orejas, ni mujeres sin cara, ni niños hinchados llenos de excrementos, ni bebés amarillos, ni víboras, ni lobos, ni ahorcados, ni desmembrados, ni mujeres forzadas, ni apuñalados. Solo llamaradas. Solo un cielo siempre de noche. Y, de golpe, carcajadas, fulgores. Y estrellas. Y después un temporal sin fin. Llovía y llovía, y llovió tanto, que de la lluvia incansable se hicieron los mares y los ríos y los lagos. El agua era negra y avanzaba. Después se retiraba. Y el mar de abría y de la herida salía fuego. Como sangre». 

De esta manera, Irene Solà sigue dirigiendo su atenta mirada al folklore, a las narraciones orales, a las leyendas y rondallas, pero en este caso desde una mirada más lúgubre, menos jovial y alegre, agudizando su penetrantes mirada hacia un realismo mágico restringiendo a la vez el público al cual dirigirse en una narración puramente terrenal en la que el lector se encuentra buscando una trama y una continuidad argumental teniendo que sortear por el camino animales despellejados algunos, feroces otros y tierra árida que seca la boca de un lector sediento de encontrar algo de la luz, simbólica y estilística, que aportaba su anterior novela.

Y por ello mis sensaciones encontradas. Quizá sea una novela para disfrutar más del estilo, enfoque y estructura multicapa que de un argumento difícilmente perceptible. Porque uno puede reconocer la gran capacidad de la autora, su atrevimiento y su entrega, que se evidencia en la gran cantidad de bibliografía que ha utilizado (y que añade al final del libro) en aspectos referentes al territorio, a los cuentos populares, a las recetas de cocina y a logros sobre prácticas medievales de comadronas en las que se basa al hablar de partos. El trabajo es ingente y se nota, y permite constatar que Irene Solà tiene un talento inmenso y una gran capacidad para crear atmósferas y tejer a la vez un relato multicapa donde las frases fluyen y envuelven el texto. Pero puede suceder que, a la vez, uno no se sienta atraído por lo que cuenta porque a pesar que sea evidente que el estilo de la autora permanece intacto, y escribe bien, muy bien, otra cosa es que el argumento o la temática encaje en el gusto lector. Y en este aspecto el libro no lo pone fácil. Así que me cuesta hacer una valoración única del libro, pues a pesar de estar perfectamente escrito no me ha suscitado más interés que el de disfrutar de la imaginación y el talento de la autora. Que tampoco es poca cosa.

También de Irene Solà en ULAD: Canto yo y la montaña baila, Los diques

miércoles, 10 de junio de 2020

Juliana Kálnay: Breve crónica de una paulatina desaparición

Idioma original: Alemán 
Título original: Eine kurze Chronik des allmäblichen Verschwindens
Año de publicación: 2017
Valoración: Recomendable (aunque no para todo el mundo) 


Breve crónica de una paulatina desaparición, ganadora de los premios Aspekte 2017 y Hebbel 2018, es la primera novela de Juliana María Kálnay. La propia autora ha sido la encargada de traducir su obra del alemán a nuestro idioma. Acantilado, cuyo criterio es prácticamente infalible, es la editorial patria que ha apostado por ella.

Mescolanza de realismo mágico, surrealismo y literatura absurda, esta ficción no deleitará a todos los paladares. A fin de cuentas, estamos frente a un experimento en toda regla, un experimento alejado de la mayoría de zonas de confort. Aún así, lo recomiendo a amantes de la narrativa lo suficientemente abiertos de mente como para darle un tiento. Que luego guste ya es cosa de la sensibilidad estética de cada uno.

De Breve crónica de una paulatina desaparición destacaría:

  • Muchos de sus capítulos, que funcionan perfectamente a modo de estampas autónomas. Mi favorito: «Escalera, noche», seguido por «Escalera, entrada al sótano: impostores».
  • La vanguardista maquetación de varias de sus páginas. Es, cuanto menos, curiosa. 
  • Sus personajes. Y con esto me refiero tanto a los habitantes del número 29 como el propio edificio. 
  • Su atmósfera enrarecida por inteligentes toques fantásticos. A veces, propios del realismo mágico (un hombre se convierte en árbol), otras rayanos al horror sobrenatural (hay presencias fantasmagóricas). 
  • Su implementación de la ambigüedad. Algunos de sus elementos están difuminados o enfocados de forma deliberadamente confusa para que sea imposible percibirlos con nitidez. Maia, por ejemplo. ¿Es realmente una niña (como se especifica en la contracubierta) o un animal? Quién sabe. 
  • Sus potentes imágenes. En especial, la de los niños quemando cosas. Menuda pandilla. 
  • Su eclectismo formal. Kálnay señala en una nota los referentes estilísticos que han inspirado diversos pasajes de la novela, y creedme cuando os digo que éstos son variados a más no poder.

Por otro lado, a un lector, llamémoslo "mainstream", se le puede atragantar:

  • El acabado opaco del conjunto. 
  • La primera mitad del libro, algo episódica. 

Pero bueno, ya hemos aclarado que Breve crónica de una paulatina desaparición no es para todo el mundo. Kálnay lo sabe y hay que valorar que haya dado prioridad a la faceta expresiva de su criatura literaria, y no a la comercial. Este proceder es sumamente arriesgado, pues al mismo tiempo que enfatiza tu visión artística, aleja a gran parte del público potencial.  

miércoles, 27 de mayo de 2020

Gabriel García Márquez: Ojos de perro azul

Idioma original: español
Año de publicación: Dispersos: 1947-
1955, en forma de libro: 1974.
Valoración: Muy recomendable




Una vez leí en algún manual que la semilla del árbol contiene el árbol completo, con sus raíces, tronco, ramas en que se va dividiendo y hasta la menor de sus yemas, sin olvidar las flores y los frutos. No es que vayamos a ver, claro está, una maqueta de ese árbol, ni siquiera microscópica, lo que posee esa semilla son las instrucciones para transformarse en algo muy grande, igual que un joven que busca su primer trabajo puede, si lo lleva en sus genes y siempre que las circunstancias no lo impidan, convertirse en un genio. Ojos de perro azul es algo más que una semilla del Gabriel García Márquez posterior, los relatos que componen el volumen son en realidad pequeños poemas en prosa –y si esperamos que nos cuenten una historia coherente quizá nos defrauden un poco– en donde se encuentran perfectamente definidos: el realismo mágico tal como el autor lo concibió y desarrolló en su obra más madura, sus mecanismos mentales, fuentes de inspiración, obsesiones y recursos característicos de una prosa perfectamente reconocible. En ellos no vamos a encontrar una historia al uso porque no ocurre nada que pueda describirse con palabras, y cuando creemos estar tocando, por fin, algo concreto, el desenlace se nos desintegra entre los dedos ya que pertenece, una vez más, al reino de lo simbólico. El que se cuenta a sí mismo es el propio autor, a él, sus contemporáneos y al devenir de la sociedad, y lo hace mediante metáforas y símbolos, con el lenguaje ancestral de los relatos de su tierra, que pertenecían al reino de lo mítico hasta que él los desenterró y los dotó de una nueva vida, a su medida y a la de le época que le tocó vivir.
No creo que nadie tuviese nunca la menor duda de que allí había talento, de que ese misterio y esa magia debían darse a conocer, de que la belleza del lenguaje y esa realidad tan íntima e inasible encerraban un valor evidente. Pero aunque había precedentes, pues el boom latinoamericano estaba empezando a ser un hecho e incluso contaba con precursores que habían anunciado su eclosión, G.M. no era aún más que un joven periodista que escribía raro en el fondo y en la forma. Raro y bonito, sí, pero en definitiva raro. Y difícil de entender, que casi es peor. (Y menos mal que en esa época lo monetario no era tan prioritario como hoy día). Por eso fueron publicándose pero esporádicamente en la prensa, y no llegaron a reunirse en un volumen hasta 1974, cuando el éxito de Cien años de soledad (1967) era clamoroso y el autor tenía ya otras obras en su currículum.
Así que, para situar a quien todavía no se haya acercado a ellos ni conozca demasiado a G.M., podríamos decir que, en lugar de catorce relatos, Ojos de perro azul reúne catorce fogonazos de ingenio, tan extraños y herméticos que solo hay una forma de abordarlos: dejarse llevar por su belleza, por ese torrente verbal e imaginativo concebido hace tres cuartos de siglo, como si escuchásemos una melodía, sin hacernos preguntas para no interrumpir su trayectoria. Solo entonces –y tampoco aseguro nada– lograremos encontrarle algún sentido.
Pero la prosa de G.M., sobre todo la de este libro, no solo se acerca a la poesía moderna por su hermetismo, su carácter simbólico, su ritmo y la belleza de sus imágenes, coincide también en la temática –amor y muerte– y en el propósito de descubrir algo que permanece secreto y nunca pertenecerá al mundo cotidiano. Y esto solo se consigue utilizando recursos rítmicos comunes a la lírica: repeticiones, paralelismos, contradicciones, vueltas atrás en la línea temporal etc., porque estas piezas son una pregunta continua acerca de esas dos cuestiones que, por otra parte, son las que siempre han interesado a los poetas y que se repetirán como un mantra a lo largo de toda su obra. Pues ¿qué es Cien años de soledad sino una oda a lo efímero?
Es evidente que quien se hace preguntas es porque no tiene las respuestas, de ahí que todo sea confuso, relativo y contradictorio. Los muertos piensan (Eva está dentro de su gato), no saben si lo están (La tercera resignación, Tubal-Caín forja una estrella y La otra costilla de la muerte) o no lo están del todo (Alguien desordena estas rosas), hay quien está muerto en vida (La noche de los alcaravanes y Amargura para tres sonámbulos) o quien se vive a través de un espejo porque está sepultado en la rutina y necesita un doble para desahogar con él su frustración (Diálogo del espejo) o quien ha sido enclaustrado durante décadas y acumula energía para resucitar de repente y con fuerzas renovadas (Nabo, el negro que hizo esperar a los ángeles, donde encontramos, creo, la mayor crítica social de todo el libro) o la vida no es vida porque consiste en una espera permanente de algo que nunca llega a ocurrir (Un hombre viene bajo la lluvia y Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo, donde utiliza ya el topónimo que luego convertiría en mítico) o porque es imposible comunicarse con el otro (De cómo Natanael hace una visita). En cuanto al amor, se vive como una danza entre dos seres que van y vienen por el tiempo y el espacio observándose mutuamente (Ojos de perro azul) y si hay algún amor auténtico acaba frustrándose frente a quien lo utiliza como moneda de cambio (La mujer que llegaba a las seis).
El tono es melancólico pero no triste, desencantado sin caer en la desesperación. Y es que siempre nos salvará la belleza.

Todas nuestras reseñas de Gabriel García Márquez: Aquí

viernes, 27 de marzo de 2020

Olga Tokarczuk: Un lugar llamado Antaño

Idioma original: polaco
Título original: Prawiek i inne czasy
Traducción: Bogumiła Wyrzykowska y Ester Rabasco Macías (ed. en castellano), Anna Rubió y Jerzy Sławomirski (ed. en catalán)
Año de publicación: 1996
Valoración: recomenable

Después de la lectura de «Los errantes», tocaba realizar una exploración más a fondo de la obra de Olga Tokarczuk, tras su proclamación como ganadora del Premio Nobel de Literatura en 2018. Su estilo reflexivo, fragmentado, en determinadas ocasiones incluso poético, invitaban a profundizar en la obra de la autora polaca. Y decidí emprender mi propio viaje a Antaño, un viaje a una tierra inconcreta, pero especialmente un viaje a lo largo del tiempo.

A diferencia de «Los errantes», donde la historia englobaba todo el mundo y sus protagonistas eran personas errantes que viajan por todo el planeta, aquí nos encontramos con lo opuesto. Los protagonistas están todos ubicados en Antaño, región imaginaria que podríamos situar en medio de Polonia, y quien viaja no son sus personajes, sino el tiempo, que llega, deja su marca, su huella, y sigue su camino, barriendo vidas en ocasiones, sueños en otras, y dejando a su paso dos guerras mundiales, una ocupación rusa y múltiples atrocidades e infinitas desilusiones. De hecho, su título original («Prawiek i inne czasy») podría traducirse como «Antaño y otros tiempos», título más acorde al contenido del libro y a la idea que sobrevuela la narración.

Cabe indicar, de entrada, que uno no debe sentirse abrumado por la descripción geográfica del territorio que abre el libro ni los arcángeles que lo custodian. Su incidencia en la novela es mínima. Aun así, la autora, nos marca los límites geográficos de Antaño, para ubicarnos en el escenario donde se desarrollará toda la historia, para dejarnos claro que no nos moveremos de ahí y deja un ligero poso mental de límites geográficos, de encierro, de reclusión, de sitio. Y nos sitúa también temporalmente en el inicio de la historia de manera clara: año 1914, justo en el inicio de la primera guerra mundial.

Con esta premisa, la autora parte de uno de los personajes principales, Genowefa, que ve como su marido va a la guerra antes de que pudiera decirle que esperaban un hijo. Partiendo de este acontecimiento, y con capítulos cortos y altamente fragmentados (algo que parece ser un sello estilístico en la autora), Tokarczuk ya da una primera pincelada de qué nos quiere presentar: la vida de diferentes personas del pueblo, que de manera entrelazada tejen un mosaico desde el que nos hablan de la guerra, de la espera, del infortunio, de la vida y de la muerte. Así, los diferentes personajes aparecen y desaparecen, mientras la vida sigue para unos y se detiene para otros, sumergidos en una idea global de penurias y dificultades.

El estilo de Tokarczuk nos transmite escenas cotidianas, pequeñas historias que se entrelazan en un entorno muy delimitado, donde los personajes son retratados con personalidad muy propia sin que ninguno de ellos cope el protagonismo de manera absoluta, sino que es el entorno y las relaciones entre ellos los que ocupan el núcleo central de la novela, aunque sin dejar de lado las propias historias de cada uno; leer este libro es como echar una ojeada a las vidas y a lo que ocurre en las distintas casas, con la añadidura que, a las historias de sus habitantes, se les unen las de algunos animales (como una serpiente) que también participan de manera activa en la historia y nos la cuentan desde su punto de vista; salvando las distancias, me ha recordado en este aspecto a «Canto yo y la montaña baila» de Irene Solà por la fragmentación y el relato distribuido que caracterizan ambas novelas, aunque el tono y el estilo es muy diferente.

Los episodios (muy breves en algunos casos) o fragmentos empiezan por un «Tiempo de...» porque en el fondo, ese es el propósito de la autora, narrar sobre el tiempo, sobre cómo trascurre incidiendo en la vida de unas personas con vidas sencillas, en un lugar cualquiera. En una narración que roza en ocasiones lo místico, lo religioso y lo onírico como elementos orgánicamente integrados en los propios personajes, en el propio territorio y cultura popular, y que han hecho de Tokarczuk una autora clave en el realismo mágico; el estilo de la autora es muy terrenal, muy arraigado a un paisaje y es, a partir de él, donde la narración coge forma y se expande a través de unos personajes que nacen y mueren, viven y sueñan, anhelan y sufren. Porque esta novela trata de ilusiones y desesperos, dificultades y logros, pérdidas y éxitos.

Antaño se convierte en esta novela en una tierra de paso, de tropas alemanas primero, rusas después, pero también una tierra de paso de sus habitantes, de vidas cortas y alteradas, de fugaces deseos que la realidad explosiona y difumina; Antaño es realmente una tierra de paso, pero de paso del tiempo, que deja su marca en los elementos que, de manera transitoria, coinciden en un tiempo y una tierra, transitando en el devenir de una era de guerras y penurias. Un paso casi efímero, que tal y como indica Tokarczuk en uno de los pasajes del libro «el rasgo más característico de todo aquello que vio Izydor era la temporalidad».

Por todo ello, a pesar de ser un libro algo irregular, al que cuesta entrar al principio por la narración fragmentada y por algunas historias que en principio no tienen suficiente interés más allá del potente estilo narrativo de Tokarczuk, el libro mejora a partir de su mitad, volviéndose más duro y contundente. Es en su segunda mitad donde la narración avanza de manera firme e implacable con sus personajes, pero sin perder ni un ápice de su proximidad emocional. Porque, a pesar de esa contundencia y de las desgracias narradas, Tokarczuk consigue que conectemos con los personajes, que suframos con ellos, con Misia, con Izydor, y nos encariñamos de ellos mientras somos testigos que el tiempo avanza de manera inexorable haciendo mella en sus vidas y en sus deseos, y también en la de todos nosotros.

También de Olga Tokarczuk en ULAD: Los errantes

jueves, 10 de mayo de 2018

José Eduardo Agualusa: El vendedor de pasados


Idioma original: portugués
Título original: O vendedor de passados
Año de publicación: 2009
Traducción: Rosa Martínez Alfaro
Valoración: está bien

Para que luego alguien dude de la utilidad de este epatante y bienaventurado blog: yo, por ejemplo, no tenía ni idea sobre ningún escritor angoleño en lengua portuguesa (bueno, ni africano en lengua portuguesa y sobre  pocos en lengua portuguesa, en general), hasta que nuestro compañero Santi, a quien la Audiencia Nacional salvaguarde muchos años, reseñó hace no mucho una novela de José Eduardo Agualusa; como tenía a mano otro libro del susodicho y tenía buena pinta, pues ahí que me lancé, a ver qué tal...

Una vez leído este El vendedor de pasados, el caso es que no sé muy bien qué decir. Había pensado pergeñar un discurso más o menos aparente sobre el fondo, la forma y el estilo que le viniera al pelo a esta reseña y le dotara de un cierto empaque teórico, pero me temo que no seré capaz... Aunque, bueno, tira que te va: por de pronto, sobre el estilo cabe señalar que Agualusa, sin llegar a ser un virtuoso, "escribe bonito"; un pelín abarrocado, si se quiere, pero algún exceso florido le viene bien a una historia que se desarrolla en la tropical Luanda y en un escenario -una vieja casa abarrotada de libros y recuerdos- cuyo ambiente tira a cierta decadencia.

Además, en principio el estilo parece adecuarse bien a una novela en la que encontramos elementos que podemos adscribir, más o menos,  al "realismo mágico": desde la propia figura del narrador -no diré aquí de quién se trata, aunque tampoco es un misterio que se mantenga mucho rato-, la frecuente alusión al mundo  onírico o el personaje que da título al libro, Félix Ventura, un albino adoptado por un librero y que tiene como curioso oficio inventarse para sus clientes pasados y ancestros ilustres o al menos resultones. Bien mirado, esta dedicación más parece sacado de un relato de Borges -de hecho, la novela se abre con una cita de este autor-; es más, frente a la exuberancia argumental que cabría esperar, pronto la historia se revela como la relación casi geométrica entre unos pocos personajes, cuatro sin contar con el testigo-narrador, que componen una trama casi abstracta, una jugada de billar francés (sí, ya sé que se juega sólo con tres bolas...), que funcionaría con independencia del lugar donde se encontrase ambientada: es Angola, pero podría ser en la España post-franquista, en la Yugoslavia de ahora mismo o en Argentina tras la dictadura militar... 

De ahí mi despiste: un estilo barroco y tropical no parece lo más adecuado para una historia que resulta más apta para un drama teatral stridbergiano. Sin embargo, también debo decir que la impresión final no es negativa: de algún modo se impone la calidad de la prosa sobre esta disociación que puede haber (o no, no deja de ser una impresión subjetiva) entre el fondo y la forma. Eso sí, cierto desconcierto no lo he podido evitar.


Más títulos de José Eduardo Agualusa reseñados en Un Libro Al Día: A feira dos assombrados, Teoría general del olvidoUn extraño en Goa

jueves, 16 de noviembre de 2017

Nuestros autores olvidados #11: El día de los prodigios de Lídia Jorge

Idioma original: portugués
Título original: O dia dos prodígios
Año de publicación: 1980
Valoración: Muy recomendable

A diferencia de mis colegas, que han hecho justicia a determinados autores individuales olvidados hasta ahora por nosotros, con esta entrada yo me propongo hacer un desagravio colectivo: por ULAD han pasado ya muchos de los grandes escritores (hombres) que han marcado la historia de la literatura portuguesa (Camões, Eça de Queirós, Pessoa, Saramago, Cardoso Pires, Lobo Antunes, Gonçalo M. Tavares...), pero no así las escritoras (mujeres) que marcan, sobre todo, el siglo XX: la poetisa y narradora Sophia de Mello Breyner, la multifacética Natália Correia, Agustina Bessa-Luis, hermética y exigente, o la imaginativa y no menos exigente Lídia Jorge, que con obras como El día de los prodigios o La costa de los murmullos vino a representar la apertura de una nueva fase en las letras portuguesas tras la Revolución de los Claveles.

El día de los prodigios, publicada en 1980, trata precisamente, aunque de una forma tangencial e irónica, sobre la revolución del 25 de abril. La acción se sitúa en un pequeño pueblo del Algarve, Vilamaninhos, en el que en los mismos días de la revolución se están produciendo fenómenos asombrosos: una serpiente que vuela, una mula que huye, unos soldados que llegan al pueblo ataviados con claveles en las armas... Así, los grandes acontecimientos de la Historia quedan diluidos, por no decir anulados, en el contexto de la pequeña historia de la aldea, sus conflictos y relatos cotidianos y su cosmovisión mítica y mágica.

Por esta visión imaginativa en la que lo real y lo mítico se mezclan, El día de los prodigios ha sido comparado muy frecuentemente con el realismo mágico latinoamericano; quizás exista una influencia directa o una coincidencia en la perspectiva narrativa, pero creo que esta obra también conecta con una tradición propiamente portuguesa: la de la representación del mundo rural interior, como un microcosmos cerrado en el que operan reglas (morales, mentales e incluso naturales) diferentes a las de la gran ciudad o el gran mundo: así, Vilamaninhos podría ser perfectamente la villa en la que transcurre Humus, de Raul Brandão, o un primo hermano de la Gafeira de El Delfín de Cardoso Pires, que comparte con esta novela también la búsqueda estilística y técnica más exigente.

Porque, efectivamente, ningún comentario de esta novela puede dejar de lado la belleza y la eficacia del estilo de la autora, que mezcla la reproducción del habla de los habitantes de la aldea (con alteraciones fonéticas, por ejemplo) con una imaginación metafórica y una experimentación formal y estilística sorprendentes: las voces de los personajes se confunde a veces en largos párrafos en estilo indirecto y sintaxis entrecortada; otras veces aparecen indicados en forma de diálogo, o a doble columna, o con una indentación inferior al resto del texto.

Y el estilo: compacto, poético, trabajado como con un cincel. Copio un párrafo del principio de la novela, como ejemplo:

Carminha parecía fazer adeus, mas apenas lavaba janelas. Um pano branco na mão. O braço adejando de encontro ao vidro. Alguidarzinho ajoujado de espuma cremosa, um alguidar maior de pura água macia. Novelo de saias entre pernas. Cadeira de tábua ajaezada de nódoas, flores vermelhas. Os pés aí juntos no fundo côncavo. As pernas de leve penugem rasinha. Então Carminha empertigava-se de encontro à mancha renitente entre a unha e o vidro. Minúscula, fruto de mosca palhetando asas em tempo vazio, compondo um ovo de esterco redondo. E ali impregnado no vidro da quadrícula despintada de branco. Zing zing de encontro à lisura espelhada.

Que si soy capaz de traducirlo bien (Camões me perdone si no), significaría:

Carminha parecía decir adiós, pero solo lavaba ventanas. Un trapo blanco en la mano. El brazo agitándose al encuentro del cristal. Palanganita coronada de espuma cremosa, otra palangana mayor de pura agua suave. Embrollo de faldas entre piernas. Silla de tabla enjaezada de manchas, flores rojas. Los pies ahí juntos en el fondo cóncavo. Las piernas de leve plumaje rasito. Entonces Carminha se yergue al encuentro de la mancha persistente entre la uña y el cristal. Minúscula, fruto de mosca paleteando alas en tiempo vacío, componiendo un huevo de estiercol redondo. Y allí impregnado en el cristal de la cuadrícula despintada de blanco. Zing zing al encuentro de la lisura espejada.

Lídia Jorge tiene en Portugal un estatuto de clásico contemporáneo, de clásico vivo, del que no disfruta tanto fuera de sus fronteras. De hecho, El día de los prodigios no está todavía traducido al español (sí en cambio, entre otras obras, La costa de los murmullos). Esperemos que lo sea en breve, y Lídia Jorge deje de ser una autora solo conocida en Portugal.

También de Lídia Jorge en ULAD: Los tiempos del esplendor

jueves, 18 de mayo de 2017

Miguel Bonnefoy: El viaje de Octavio

Idioma original: francés
Título original: Le voyage de'Octavio
Año de publicación: 2015
Traducción: Amelia Hernández Muiño
Valoración: entre recomendable y está bien


Curiosa combinación, la de esta novela, que corresponde además con la biografía de su autor; francés hijo de padres hispanoamericanos, en éste su debut literario ha elegido como escenario el país de su madre, Venezuela. Y no sólo para la ambientación: también ha escogido para ello un léxico y una contexto histórico -quizá sería más exacto decir la contextualización que debe hacer el lector... y perdón por el palabro- inequívocamente venezolanos... sólo que escribiendo en francés. La combinación, ya digo, resulta interesante, pues la exuberancia y hasta el barroquismo tropical se ve domeñado o, mejor aún, encauzado por el rigorismo cartesiano galo, dando como resultado una prosa firme al tiempo que colorista y perfumada (la mezcla ha de ser más sugerente aún en la lengua original, supongo).

Por otra parte, también resulta algo chocante el formato elegido para esta contarnos esta historia, que ya desde el título parece remitir a la "epopeya" y, sin embargo, se despacha en poco más de cien páginas. Aclaro que si he escrito epopeya entre comillas no se debe a un ánimo irónico, sino porque la novela no se ajusta, claro está, a la definición exacta de este género literario, pero sí creo que bebe de él, de forma que trata de otorgarle un carácter simbólico, de explorar a través de la narración el concepto de "mito fundacional" de todo un pueblo, más allá de la realidad histórica. Y eso que el argumento de la novela parte de unos presupuestos bien modestos: el protagonista es don Octavio, un maduro y fornido lugareño de un pueblo de los alrededores de Caracas, devenido en barrio de "ranchos", en la segunda mitad del siglo XX. Analfabeto, entabla una relación con una actriz retirada y llamada -mira tú qué cosas- nada menos que Venezuela. A resultas de una falta cometida contra ella -no quiero especificar más para no estropearle la lectura a nadie-, don Octavio se autoexilia y comienza un periplo que le lleva por buena parte del país y que le transforma de una manera que ni él ni los lectores pueden imaginar. Junto a él, encontraremos además los consabidos personajes peculiares, desde ladrones de intachable profesionalidad a niños mendigos, ermitaños menguantes o patriarcas que reinan entre la chatarra. Ni que decir tiene (llevo toda la reseña tratando de evitarlo, pero no queda otra que admitirlo) que la novela es hija y nieta de esa corriente literaria que tanto éxito y grandes obras ha dado a la literatura latinoamericana (aunque no sólo); sí, ése que empieza por "real-" y acaba en "-ágico"... En fin, ¿hace falta explicarlo?

Lo cierto es que resulta algo complicado valorar esta novela; por un lado, es indudable el talento literario, la capacidad narrativa que tiene Bonnefoy; por otro, en esta su primera novela ha transitado por senderos ya bien abiertos, por campos ya trillados. Es evidente que ningún autor novel tiene la obligación, per se, de revolucionar la literatura, innovar o simplemente buscar el riesgo, ni mucho menos, pero es algo que se agradece o al menos se valora. Verdad es, también, que esta novela no deja de trasmitir cierta ambición, al pretender, como he mencionado antes, al proponer un relato que sirva como metáfora mítica de la Historia venezolana (o eso creo... y, por favor, no me estoy refiriendo a la Historia más pegada a la actualidad). Pero lo hace con unos límites tan marcados, en un espacio tan exiguo, que quizás la intención que se le adivina quede tan sólo esbozada; apenas unos trazos de carboncillo sobre un dibujo ya bastante apretado. Esta novela hubiese necesitado más aire y más piel libre que permitiese respirar al tatuaje; más tiempo de reposo para que los sabores se mezclasen adecuadamente y desplegasen todo su potencial en las papilas del degustador... Aún así, no deja de ser un debut notable de un autor que promete. El tiempo dirá si esta promesa se confirma.




lunes, 30 de mayo de 2016

Ramiro Pinilla: Seno

Idioma: Español
Año de publicación: 1972 (Finalista Premio Planeta 1971)
Valoración: Imprescindible

La sociedad vasca es, esencialmente, una sociedad matriarcalista. Ojo, no confundir con matriarcal. Es decir, no es una sociedad dominada por la Mujer o la Madre (con mayúsculas), sino una sociedad con una serie de estructuras psicosociales centradas en la figura de la Madre – Mujer, figura fundamentalmente simbólica. Ejemplos de estas estructuras serían la estructura psicomítica (sociedad y mitología que giran en torno a la Gran Madre, representadas en la etxekoandre y en la Diosa Madre Mari), la estructura social, la anímica, la simbólico-lingüística, etc.

Pero tampoco vamos a aburrir al personal. Sobre este tema hay un interesantísimo trabajo de Andrés Ortiz-Osés y Franz Karl Mayr, titulado “Matriarcalismo vasco”, que fue publicado allá por los años 70-80.

Todo esto viene al caso porque “Seno”  es una novela vasca y es una novela en la que están presentes la mayoría de los elementos que configuran ese matriarcalismo. Una novela en la que, pese a que la mayoría de los personajes son hombres, la Mujer ocupa el centro de todo. La Mujer o representaciones simbólicas de la Mujer, en sus diferentes versiones: Madre, esposa, amante, hermana, compañera.

Su argumento, a grandes rasgos, es el siguiente:

Isidro Zanurruza, patriarca de la familia, dispone en su testamento que dejará el caserío de Arrigunaga a la Mujer de la familia que le haga nacer un tataranieto el día de San Isidro en dicho caserío. La noticia la hace llegar un año antes a todos los rincones del País donde hay algún Zanurruza.

Entre los Zanurruza, está la familia de Sergio (nieto de Isidro, viudo desde el nacimiento de los gemelos Tad y Agus, apostador y perdedor, para más señas), compuesta por el propio Sergio y sus hijos Damián, Yosan, María, Fabiana, los ya citados gemelos Tad y Agus y el sobrino José.

Cada uno de los hijos simboliza valores o virtudes diferentes: el instinto maternal en María, la pureza en José, la inocencia en Damián, la sexualidad en Fabiana, la virilidad en Yosan, el desamparo más absoluto en Tad y Agus.

Pero todos ellos son personajes desmadrados, abandonados, huérfanos (en sentido literal y en sentido figurado). Todos en busca de una sustituta para la Madre muerta. Una sustituta que encuentran fundamentalmente en una vaca, símbolo total de la maternidad, ya que no solo alimenta con su leche a sus crías, sino a toda la humanidad. Pero también la encuentran en una talla de la Virgen o en una niña retrasada o en cualquier Mujer.

Con la noticia del testamento, el delirio se apodera de Sergio, que comienza su campaña de apareamientos por la que hará que Paula (esposa de Yosan), Fabiana y la vaca-Madre queden embarazadas para poder dar a luz el día de San Isidro.

A medida que se acerca el 15 de mayo, la familia comienza su viaje del interior a la mar, donde se juntarán los 532 Zanurruzas con sus 95 embarazadas en un final también de delirio.

La novela es un cruce entre “Mientras agonizo” y “Cien años de soledad”, Faulkner y García Márquez. Y que cada uno lo interprete como quiera. Se mueve en esa delgada línea en la que un paso en falso puede hacerla descarrilar, pero, pese a la dificultad debida al continuo uso de símbolos, Pinilla consigue llevarla a buen puerto convirtiéndola en una novela imprescindible por varios motivos.

En primer lugar, el libro por sí solo lo merece. Las descripciones de los personajes con toda su simbología a cuestas, el clima de delirio en que se mueven, el abandono y el desamparo en que se encuentran y el retrato, en el fondo, que hace del pueblo vasco forman un conjunto de lo más recomendable.

En segundo lugar, contiene elementos que hallaremos en toda la obra posterior de Ramiro Pinilla. Un autor que logró construir un universo muy personal, que aparece prefigurado en “Seno”. Vaya, que si os gustaron obras como “La higuera” o la monumental “Verdes valles, colinas rojas”, debéis leer “Seno”. Pero teniendo en cuenta que es mucho más simbólica, más fantástica que las ya citadas.

Por último, toda valoración es subjetiva. Y esta lo es en mayor medida que otras. Por un lado, es una autor al que tengo un especial cariño, casi vecino y que habla en gran parte de sus obras de un mundo que, por suerte o  por desgracia, creo conocer bien. Por otra parte, el libro físico que he leído es la primera edición, publicada allá por 1972 por Planeta, y…¡¡FIRMADA POR EL AUTOR!!. Y, ante eso, poco más puedo decir.

Bueno, sí. Puedo decir, tal como cantaba Lesley Gore: “It´s my party and I´ll cry if I want to…”

miércoles, 1 de enero de 2014

Toni Morrison: La canción de Salomón

Idioma original: inglés
Título original: Song of Solomon
Año de publicación: 1977
Valoración: Muy recomendable (como mínimo)





Para quien todavía no conozca a Toni Morrison, puede que esta novela –galardonada con el National Critics Awards en 1978– constituya un buen comienzo. Ya hablamos aquí de Beloved (premio Pulitzer 1988) que, probablemente, la supera en excelencia literaria, pero esta tiene la ventaja de ser menos abstrusa, de proporcionar más facilidades al lector. También dijimos que recibió el Nobel en 1993. Eso sí, hay que tener en cuenta que, como en cualquier exponente del realismo mágico –de la negritud americana en este caso–, realidad y fantasías ancestrales se combinan en un todo imposible de delimitar so pena de perder gran parte de la magia.

Decir que la acción se desarrolla en los años sesenta no es exacto del todo, más correcto sería situar en esa época el desenlace y el núcleo; pero el pasado tiene aquí un papel fundamental, e ignorarlo o confundirlo acaba desorientando a los personajes y dando lugar a imprevisibles  consecuencias. Con el territorio ocurre algo parecido: los hombres y mujeres que, cada uno a su manera, intentan sobrevivir de la mejor manera posible se han establecido en Michigan desde hace años, pero sus raíces están en otro sitio, mucho más al sur. Aquel que consiga remontarse a épocas pasadas, acercarse al lugar que habitaron sus mayores, hallará la clave de su propia idiosincrasia. Aunque abrir la caja de los truenos ha sido peligroso siempre.

Morrison es una narradora extraordinariamente eficaz. No solo por su capacidad para desplegar un argumento complejo sin dejar un cabo suelto, consigue además diseñar un conjunto de caracteres tan coherentes como contradictorios, cada uno con su parte de razón y verdad, en una confrontación continua y casi siempre soterrada que va progresando y complicándose a medida que pasa el tiempo. Y todo ello sin presentar los hechos linealmente, al contrario: abundan las idas y venidas a diferentes tramos del pasado que junto al consumado manejo de los diferentes hilos de la historia produce una sensación de complejidad que  se acerca mucho a las vivencias.

Los conflictos éticos están presentes de continuo. Por ejemplo, el apego a los bienes materiales del padre de Lechero, un rasgo que lo deshumaniza y separa de su excéntrica y vigorosa hermana Pilatos pero a la vez aporta bienestar a su familia; o el egoísmo despreocupado del propio Lechero, tan connatural a él como exento de mala intención. Pero es ese diálogo constante con la vida de ultratumba y las circunstancias que la sociedad les impone (segregación, pobreza, ignorancia, un pasado sin libertad con la consiguiente sumisión que produce) lo que está presente en cada párrafo y condiciona los actos de la gente. De la mayoría pues, como ya he dicho, algunos asumen los valores de los blancos, unos su afán de prosperidad, otros su violencia.

Relaciones familiares pero también amistad y hasta amor. Sentimientos que no se idealizan, al contrario. Cuanto mayor es la implicación emocional más propensión a destruir –mediante violencia, rencor, morbo, lo que sea– y más facilidad para hacerlo. La realidad es tan áspera como estoy dando a entender, pero quizá la salvación esté en la búsqueda, puede que la auténtica tragedia se produzca, precisamente, cuando ya no hay razón para buscar.

Todo esto quedaría desdibujado si la traducción no reprodujese en correcto castellano las sutilezas de lenguaje y pensamiento, sus resonancias misteriosas, el complejo mundo interior de Toni Morrison.


También de Toni Morrison en ULAD: Beloved, Sula, VolverEl origen de los otros, La noche de los niños

domingo, 25 de septiembre de 2011

José Eduardo Agualusa: A Feira dos Assombrados

Idioma original: portugués
Título original: A Feira dos assombrados
Año de publicación: 1992
Valoración: Recomendable


Creo que con esta reseña estoy incumpliendo una de las normas implícitas de ULAD (mea culpa, mea culpa, mea culpa) al reseñar un libro que, hasta donde he podido averiguar, no ha sido todavía traducido al español (y debería: editores a la caza de buenos libros, esta es vuestra oportunidad). Por eso, también, no me atrevo a poner un título en español en el encabezamiento, porque ¿qué pasaría si pongo uno, y luego la traducción española pone otro? Quedaría poco serio. Y ULAD, si es algo, es la seriedad personalizada, o mejor, bloguizada. Además, la palabra "assombrados" del título no significa, como podría pensarse, "asombrados", sino más bien "embrujados, hechizados, encantados"... A saber por cuál van a optar los futuros traductores (o editores) españoles... Mejor dejarlo como está, por si acaso...

Pero bueno, vamos al contenido: A Feira dos Assombrados es una mezcla de Miguel Street, de Naipaul, y casi cualquier relato de García Márquez (por ejemplo "Un señor muy viejo con unas alas enormes"). Creo que el realismo mágico latinoamericano tiene aquí su contrapunto africano; no digo que Agualusa copie a los maestros del boom, sino que quizás sus realidades americana y angoleña, y el modo en que esas realidades son interpretadas, tienen elementos comunes que se trasladan a la literatura. En el caso de Agualusa, el mensaje (ya desde el subtítulo "y otras historias verdaderas e inverosímiles") es bastante evidente: no importa tanto lo que realmente suceda o haya sucedido, como la narración de los hechos (narrar es explicar y dominar al mismo tiempo) que se construya y que consiga perdurar.

En esta novela -o ciclo de relatos con un escenario común, la aldea de Dondo, en Angola, en pleno cambio del siglo XIX al siglo XX-, lo maravilloso se inicia con la aparición en el río de una serie de cadáveres cada vez menos humanos, que el sacerdote del pueblo se niega a enterrar en suelo sagrado. Los capítulos dedicados a los cadáveres-pez se entrelazan con otros dedicados a los habitantes del pueblo: el niño criado por monos; el cacique enamorado de la muchacha más bonita; el hipnotizador milagroso... Todo ello (no es por repetirme, pero: como en el realismo mágico latinoamericano o, por qué no, en Kafka) contado con el mismo estilo desapasionado y rutinario con que contaría que alguien sale a comprar el periódico en cualquier ciudad europea una mañana de miércoles.

A los relatos que componen el núcleo principal del libro se añaden todavía cuatro o cinco fragmentos narrativos independientes que, tal y como yo lo interpreto, insisten en la misma idea general: no importa la verdad de los hechos, sino la narración de los hechos. Quien controla la memoria y sus construcciones, tiene el poder.

lunes, 25 de julio de 2011

Toni Morrison: Beloved

Idioma original: inglés
Título original: Beloved
Año de publicación: 1987
Valoración: Muy recomendable

Cuando el mundo real, los sueños y deseos, los ritos mágicos, la imaginación, las creencias, las habladurías se condensan en un único discurso, cuando el sufrimiento, los recuerdos dolorosos, la conciencia de la propia dignidad pisoteada nos asaltan dormidos y despiertos, cuando el pragmatismo y la crueldad más irracional se han aliado contra nosotros, no hay palabras ni sintaxis ni relato al uso que pueda contar nuestra historia.

Porque somos el negro americano que se ha convertido en mercancía si es útil y en mera basura si no lo es. Porque nuestra humillación es tan grande que el lenguaje convencional no puede explicarla. Porque cualquier experiencia: la miseria, el hambre pero sobre todo la muerte es preferible al hecho de ser cosificados. Porque hay circunstancias en que la vida no vale nada y desaparecer es preferible, con mucho, a seguir existiendo.

En momentos así, cuando todo parece haberse perdido, lo sobrenatural no nos puede amargar la existencia por mucho que lo intente poniendo en marcha todos sus artificios macabros, sino hacerla más llevadera porque nos acompaña cuando estamos solas, y corre el siglo XIX, y somos mujeres, y pobres, y para colmo negras, y puede que la desesperación nos haya hecho asesinas. Pero sobre todo somos madres. Y todo esto nos convierte en lo más bajo de los parias de este mundo.

Y si al espíritu vengativo no le basta con provocar fenómenos extraños en su antigua casa para amedrentar a sus habitantes o alguien más fuerte que ellos ha debilitado su influencia, quizá tomen apariencia humana y nos hagan compañía una temporada mostrándose amistosos y presentando un aspecto inofensivo con el único propósito de acabarnos de destruir. En ese caso, nada más que un milagro podría salvarnos del desastre. Y el milagro sólo puede venir de alguien tan enérgico, abnegado y tenaz que sea capaz de amarnos en esas circunstancias.

Esto es lo que viene a contarnos Toni Morrison, una de las mejores plumas estadounidenses que, narrando el drama de la mujer negra americana, ganó el premio Nobel en 1993, y antes el Pulitzer por esta novela (llevada a la gran pantalla en 1998 por el director Jonathan Demme con Oprah Winfrey en el papel protagonista) impregnada de realismo mágico, realidad descarnada y salvaje y un profundo conocimiento del ser humano, hasta de la ráfaga más inconfesable que cruza su mente. Una obra que podríamos considerar difícil por el dramatismo que encierra pero también porque mezcla fantasía y realidad, porque está llena de metáforas y alusiones para evitar lo más desagradable e incómodo sin dejar de mencionarlo, porque plantea los dilemas éticos más escabrosos sin tomar partido y porque alterna varios planos temporales, pero merece la pena el esfuerzo. Una obra áspera, cruel, angustiosa a veces, en la que el misterio no logra suavizar nada de lo que cuenta pero sí impregnarlo de encanto y poesía y en la que el amor es tan intenso y generoso que destruye todo lo que toca: a Halle, a Sethe, a Baby Suggs y a los hijos que engendran, aunque quizá en manos de Paul D. se convierta en un sentimiento fructífero, quizá con su nueva llegada al 124 la esperanza tenga por fin un lugar.

También de Toni Morrison en ULAD: La canción de SalomónSula, Volver, El origen de los otros, La noche de los niños 

sábado, 22 de enero de 2011

John Nichols: Rebelión en Milagro

Idioma original: inglés
Título original: The Milagro Beanfield War
Fecha de publicación: 1974
Valoración: muy recomendable

Esto de las traducciones es lo que tiene, que se copian las malas costumbres del cine a la literatura y los títulos se cambian con total tranquilidad. Así que "la guerra del campo de frijoles de Milagro" se quedo en una simple rebelión en la edición española.

Y la verdad es que es una pena, porque es una verdadera guerra la que nos cuentan en este delicioso libro. La presentación ya da inmediatamente el tono del tema, magia incrustada en la realidad sin ningún esfuerzo. En el escenario de las montañas de Nuevo México. Con los descendientes de colonizadores españoles que aun hoy día mantienen litigios con el gobierno federal de los EE.UU. por la propiedad de las tierras, basados en un cédula de Carlos IV. Y con todas las tradiciones importadas por estos, sumadas a las de mexicanos llegados del sur y a las de los anglos de la zona, dueños efectivos de las tierras y de la economía estatal.

La novela cuenta la que se lía en el pueblecito de Milagro, cuando Joe Mondragón tiene la idea de regar un campo que había pertenecido a su padre, terco campesino que había sido el único que se había negado a vender al cacique anglo del lugar. Los terrenos del lado de allá de la acequia principal habían perdido convenientemente sus derechos de agua (que bien se lo hubieran pasado por aquí los del Tribunal de las Aguas de Valencia) y habían sido adquiridos a bajo precio, al objeto de convertirlos en una urbanización de lujo para yankis, para lo cual serían convenientemente recalificados en cuanto estuvieran en manos de Ladd Devine, heredero del imperio familiar que controla la vida de la ciudad. Con lo que la acción lo deja al descubierto, y en connivencia con el gobernador del Estado deciden seguir la máxima que rige la vida pueblerina: esperemos y veamos que pasa.

Y pasa de todo y a todos. Las relaciones de poder, que nunca habían sido muy fuertes entre los hispanos, se empiezan a desmoronar poco a poco, para estupefacción del sheriff Bernabé Montoya y del resto de hombres y mujeres del pueblo, de los animales y hasta de los ángeles coyote que se paran a charlar de vez en cuando con Amarante Cordova, centenario ex sheriff y actualmente inmortal borracho oficial del pueblo; de Ruby Archuleta, atractiva empresaria varias veces viuda y cabeza de un pequeño clan; de Charlie Bloom, abogado anglo escapado a la vida rural y lleno de complejos; de un estudiante que cae por allí en un programa de voluntariado que le servía para escapar de la guerra de Vietnam y hasta de la cerda de Pacheco, gigantesco animal que campa por todo el pueblo.

Salpicada por frases en castellano en toda su extensión, es divertidisima de leer por su gran número de personajes secundarios admirablemente retratados y a los que echamos de menos en cuanto cerramos el libro. Si es que se puede.

Posteriormente a este libro, Nichols completó una trilogía de Nuevo Méjico con las novelas The Magic Journey y The Nirvana Blues, de las que desconozco traducción española, pero a las que me gustaría echar el guante.

«No digo ni que sí, ni que no. Esperemos y veamos que pasa.»

sábado, 13 de noviembre de 2010

Wenceslao Fernández Flórez: El bosque animado

Idioma original: español
Año original de publicación: 1943
Valoración: muy recomendable

No encuentro mejor manera de presentarme en estas páginas que con una novela que trata sobre Galicia.

¿Queréis saber lo que es Galicia? ¿Queréis de verdad penetrar en el alma gallega? Entonces dejadme que os recomiende la excelente obra de mi paisano Wescenlao Fernández Flórez, una de las precursoras del realismo mágico. El bosque animado es una descripción por la que no pasan los años, aunque la Galicia rural y sometida a los caciques ya no exista como tal. ¿O sí?

El bosque animado narra la vida de un pequeño lugar cercano a la capital, Cecebre, donde actualmente está situado el pantano que abastece de agua a toda la comarca. Pero en tiempos de nuestro buen Wescenlao , era una fraga, atravesada por caminos humedos y sombrios por donde huían las criaturas que lo habitaban, al más mínimo rumor de nuestra presencia. Porqué el bosque es animado por la animación de la vida que lo envuelve, pero principalmente es animado por las ánimas de los seres que en ella viven, sean estos los árboles que no dejan ver el bosque, sean los animales que se desenvuelven entre ellos, sean las de los vivos y muertos que a su alrededor o de él viven.

Pero primero tendré que deciros lo que es una fraga. Una fraga es un bosque compuesto de diversas especies de árboles, sin que exista una especie mayoritaria. Los árboles, los matorrales, los insectos, las aves, los pequeños mamíferos, cantan todos juntos una canción que mece interiormente sus vidas. Vidas suaves y plácidas, solo interrumpidas por el paso del hombre, al que acompaña la tragedia, empujado por la explotación del bosque y por su codicia . También es la historia de estos hombres y mujeres, de Marica da Fame, del bandido Fendetestas, del alma en pena de Fiz de Cotobelo, de los señores D'abondo, caciques del lugar. Pero principalmente es la historia del bosque, de sus árboles y de sus criaturas, que se deslizan silenciosamente por sus veredas, intentando siempre pasar desapercibidos a la especie humana y que le dejen vivir sus pequeñas vidas, inmersas en la canción de los árboles. No os dejéis engañar por la película que se hizo, basada en la novela, pero alejada de su contenido. Es la historia de un mundo que ya no es, pero que de seguro se conserva en el alma común de la naturaleza, además de en estas páginas. En ellas Fernández Flórez consigue el milagro de traspasarnos con la poesía que envuelve las raíces de eso tan difícil de explicar que es Galicia.

Que el hombre te ignore, dijo Abrenoite.