viernes, 3 de agosto de 2012

Ramiro Pinilla: Verdes valles, colinas rojas 1: La tierra convulsa

Idioma original: español
Año de publicación: 2004
Valoración: recomendable

Sí, es verdad que Verdes valles, colinas rojas es una unidad y que no se debería reseñar volumen a volumen, sobre todo porque la trama no está completa y es difícil saber si determinados elementos que ahora parecen algo tangenciales luego cobrarán importancia; pero bueno, me arriesgo, sobre todo porque hacer una sola reseña para una novela de 2400 páginas parece poco...

Con esta novela, Ramiro Pinilla parece haber querido escribir la gran narración épica del País Vasco en el tránsito crucial entre el siglo XIX y el XX. Para conseguirlo, se centra en la historia de dos familias de Getxo, pertenecientes por tanto al mismo entorno humano pero a clases sociales diferentes: los aristócratas Baskardo-Onaindia, y los baserritarras Altube. Con una estructura polifónica y compleja cronológicamente, Pinilla nos presenta las historias más o menos entrelazadas de diversos personajes pertenecientes a ambas familias en un amplio periodo de tiempo (entre 1880 y 1940, aproximadamente, al menos en este primer volumen).

Verdes valles... está estructurada a partir de varias dicotomías bastante evidentes, ya desde su título: clase alta / clase obrera; Getxo / Arboleda; margen derecha / margen izquierda; vida rural / vida urbana, y sobre todo nacionalismo / socialismo. Esta oposición de dos cosmovisiones opuestas ("lo de aquí, lo de siempre, lo bueno", frente a "lo de fuera, lo nuevo, lo malo") es fundamental, ya que estructura casi toda la novela, y condiciona el comportamiento y el destino de varios de los personajes, si no todos. Por ejemplo, la incapacidad de Roque Altube para comprender y asimilar los movimientos obreristas de las minas, y su rechazo a renuncia a su universo Getxotarra, provocará su caída en desgracia, la de Isidora y la de su hija Teresa.

Curiosamente, Pinilla (un acérrimo opositor del nacionalismo como ideología) cuestiona pero no desactiva completamente algunos de sus tópicos esenciales: de hecho, es una "extranjera", la misteriosa Ella, quien viene a romper el paradisíaco equilibrio del Getxo rural (los paralelismos bíblicos son bastante fáciles de encontrar, y probablemente deliberados), introduciendo la semilla del rencor, la envidia y la lujuria -además de la mercantilización de la tierra, algo nunca visto "entre vascos". Tampoco las figuras del maketo impotente Román, o de la exuberante Anaconda, parecen dar una visión excesivamente positiva de todo lo llegado de fuera.

Así contada, puede dar la impresión de que la novela es una cosa demasiado intelectual y demasiado conceptual, y es verdad que a ratos es así, que se nota por momentos la mano de Pinilla moviendo el universo narrativo para "llevar el agua a su molino". Pero también hay que decir que en otros momentos Pinilla demuestra ser un narrador con mayúculas, capaz de crear personajes, diálogos y escenas verdaderamente memorables: la cacería de llamas, el naufragio, el momento de la revelación de Ella como germen de todo mal...

El mayor defecto que le veo (por ahora) a Verdes valles, como era de esperar, es su verbosidad: no solo se incluyen en la novela todo tipo de materiales e historias distintos, a veces poco relacionados con la ya de por sí vaga trama argumental, sino que cada uno de ellos se cuenta con morosidad y detenimiento, con una alergia peligrosa al resumen o la elipsis. Ciertas situaciones (por ejemplo, las sucesivas huelgas mineras) resultan repetitivas y demasiado demoradas; otros capítulos -especialmente los que se remontan a una especie de pasado mitológico vasco- parecen entorpecer la narración más que enriquecerla.

Y como esta es solo la reseña del primer volumen de la novela no puedo dejar aquí conclusiones, sino solo un "Continuará...". Continuará... cuando termine de leerme el tomo 2: Los cuerpos desnudos (el título promete, desde luego...).

2 comentarios:

Paula dijo...

A mi padre le encantó esta primera parte de la trilogía, pero le costó mucho terminarla (imagino que por motivos relacionados con esa verbosidad de la que hablas). Tanto le costó que, por mucho que le gustara -hago hincapié en eso-, todavía no se ha animado con la segunda parte. Como que tiene que hacer acopio de fuerzas y eso...

Seguramente ya lo haya mencionado, y puesto el mismo ejemplo, pero a mí no sé si Pinilla me termina de convencer... y me da pena, que para algo es de mi pueblo :-D En Las ciegas hormigas tenía una forma de narrar rarísima, en primera persona y en presente, cosa que me parece casi incompatible. Decía cosas como: "Ahí está la amama, pelando patatas". ¿De verdad que un personaje piensa eso? Más bien, lo ve, simplemente. No me cuadraba nada de nada de nada, y la empecé y abandoné en dos ocasiones.

Santi dijo...

A mí Pinilla me parece un muy buen narrador. Es verdad que a veces tiene ciertos patinazos, y en La higuera también los hay, pero en general me parece un escritor muy sólido. De hecho, creo que debería tener más reconocimiento del que tiene.

Ahora, estos Verdes valles, me parece que se esfuerza demasiado por escribir la "Biblia de los vascos", y se extiende demasiado. Hay historias muy buenas, muy poderosas y bien contadas, pero con algo de concisión habrían estado todavía mejor...