Idioma original: polaco
Título original: Cesarz
Año de publicación: 1978
Valoración: muy recomendable
Persiste en mí el impacto de haber visto, hace cerca de un mes, Marley: película sobre la vida del músico jamaicano que me dejó extasiado. Aprovecho para recomendarla a todo el mundo. Siempre me resultó muy curiosa esa absurda idolatría de los rastafaris por Haile Selassie. Bueno: no vamos a pedirle coherencia a las religiones, así que si se empeñaban en adorar y considerar una divinidad a un dictador de un país africano, allá ellos.
El emperador dista mucho de mostrar adulación hacia la figura del mandatario etíope. Aunque el tono parezca grotesco, casi cómico, lo es solamente para escenificar más fielmente lo que parece una parodia, pero resulta ser una cruel realidad. Kapuscinski se aleja en este libro del tono de crónica periodística que impregna otras de sus grandes obras, como
Ébano o Un día más con vida. Adquiere en El emperador una óptica diferente. Se trata de sucesivas entrevistas con personas vinculadas a la vida en palacio de Haile Selassie. Testimonios de personas que, en muchos casos, prefieren ampararse en el anonimato por temor a ser represaliadas. A pesar de mostrar en todo momento su admiración y su reverencia, son perfectamente conscientes de que el emperador es un ser volátil y caprichoso, rodeado de un séquito, de un cortejo aún más volátil y caprichoso. Lo cual significa que, aunque se muestren prudentes, respetuosos, aduladores (el ramillete de expresiones usadas para loar a Selassie es realmente digno de diccionario de sinónimos), el miedo a la mala interpretación estaba presente: todos sabían que ello acarreaba la caída en desgracia, de consecuencias imprevisibles. Kapuscinski intercala esporádicamente su propio texto. La explicación progresiva de los hechos que se producen lejos y alrededor de ese mundo cerrado que es el palacio imperial.
De repente, apenas escribo esta última frase, caigo en la terrible actualidad de libros como éste. A pesar de hablar de hechos de hace cuatro décadas. El aislamiento, el ensimismamiento de esos líderes alienados a espaldas de la realidad. La conducta de sus entornos cercanos, temerosos a dos bandas: de perder los favores del superior y de ser acechados en sus poltronas por sus inferiores. Tentado estoy de contrastar con datos lo poco que debe haber cambiado la situación en un país como Etiopía, con un crecimiento desbocado de la población, con una baja tasa de alfabetización, con una economía dependiente de la agricultura.
Kapuscinski era mejor cronista que ensayista. El emperador puede que sea un libro único en su obra, no sólo por la curiosa adopción del lenguaje costumbrista de algunos de los entrevistados, sino por su enfoque en una persona y un país (que se repite en otra obra maestra reseñada en ULAD:
El Sha o la desmesura del poder ), y el curioso método, con el que Kapuscinski se limita a intercalar hechos objetivos entre los numerosos testimonios, sin que el lector se sienta empujado a otra cosa que a apreciar el absurdo absoluto intrínseco al poder concentrado en una sola persona. Se llega a esa conclusión sin la necesidad de la reflexión profunda; Kapuscinski nos ha sentado ante la realidad, con su soberbio estilo, nos ha convertido en espectadores de testimonios variados, desde gente sencilla hasta politiquillos arribistas. Lo ha hecho sin otra trampa que su formidable intención literaria.
También de Kapuscinski : Ébano, La jungla polaca, El imperio, El Sha o la desmesura del poder

6 comentarios:
La objetividad brilla por su ausencia. Creí que aquí se presentaban y recomendaban libros. Pero no queda ahí la cosa.
Pues el libro está presentado y recomendado, y el plus de entusiasmo por lo mucho que me ha gustado ya va en el paquete.
Rastafarismo no es una religion..informate antes de ver peliculas de produccion babylonica.
Bueno... no soy un entendido en temas religiosos. Religión, culto, cisma, secta, creencia, lo que sea. El caso es que veneraban a Selassie cuando no parece tener gran cosa que venerar. Aclarar, que ya no me acuerdo si llegaba a mencionarlo por algún lugar, que soy un fanático absoluto de la música de Bob Marley.
El libro es genial, y los rastafaris aduladores de Selassie me chupan un pie. Yo también soy amante de la música jamaicana.
Kapuscinski hacía interesante todo lo que relataba, aunque en El emperador abandonase un poco el tono de crónica periodística y se lanzara a un ejercicio algo más cargado de estilo literario.
Gracias por comentar.
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