sábado, 4 de agosto de 2012

Andrea Camilleri: El campo del alfarero

Idioma original: italiano
Título original: Il campo del vasaio
Año de publicación: 2008
Valoración: recomendable

Ya en otras entradas me he confesado fan (casi) incondicional de Andrea Camilleri: he perdido la cuenta de cuántas novelas del comisario Montalbano me he leído, y a estas hay que añadir tres o cuatros libros más que no pertenecen a esta serie (El traje gris, Las ovejas y el pastor, La intermitencia...). Así que cuando cojo una de sus novelas, muy especialmente si son de la serie policiaca, no busco que me sorprenda, sino todo lo contrario: volver a encontrarme con viejos conocidos: el socarrón y epicúreo comisario Montalbano, la siempre esquiva Livia, el torpe Catarella, Mimì y Fazio... y ese ambiente entre corrupto y cutre de la Italia retratada por Camilleri.

Y eso es exactamente lo que se encuentra en El campo del alfarero, una más (la número trece en orden cronológico, aunque no creo que nadie las lea en orden cronológico) de las novelas protagonizadas por Montalbano. En este caso, la trama arranca con la aparición de un cadáver descuartizado en un campo de arcilla (de ahí el título), que mezcla a la mafia con los cartel de droga colombianos y que lleva a Montalbano a enfrentarse a la traición dentro de su propio equipo. El argumento policial, como suele ser el caso con Camilleri, está bien llevado, aunque nunca alcanza la complejidad de un Mankell, por ejemplo.

Pero como siempre lo mejor, lo que hace que Camilleri sea diferente -y mejor, a mi parecer- que la mayoría de los escritores de novela policiaca que hay por ahí, es el humor cínico y ligeramente cruel que abunda en la novela: sobre todo en Montalbano, que como es más inteligente que casi todos los que le rodean puede reírse o jugar con ellos casi a voluntad -lo que no quiere decir que siempre se salga con la suya-; pero también en la descripción de personajes, a veces estereotípicos, sin duda (como esa Dolores colombiana, un leopardo sensual de olor a canela) o caricaturescos, como el inspector Lattes, al que apodan Latte e mele por su empalagosa amabilidad.

Un detalle curioso de esta novela es que, además de las ya habituales intertextualidades que tanto le gustan a Camilleri -a lo mejor para demostrar que, aunque escriba novela policiaca, es un hombre culto-, en este caso también se pone "cervantino" y autoficcional, al incluir en el texto una referencia, que se demostrará clave, a una de sus propias novelas (no de la serie Montalbano, claro): La desaparición de Patò. 

En fin, que es una buena novela policiaca, en la línea de casi todas las de Camilleri. Nada más, y nada menos.

También de Andrea Camilleri en ULAD: Aquí

2 comentarios:

Antonio F. Rodríguez dijo...

Enhorabuena por el blog, es muy interesante. Y enhorabuena también por la reseña de esta novela de Camilleri, es una de la smejores y el autor me parece un genio. Al que le guste la novela negra, que no deje de leer a Camilleri.

Salud y libros

Anónimo dijo...

Adoro a Camilleri.
Resuelve tanto el asunto policiaco propiamente dicho, como el lío sentimental de su colega